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    Ramin Bahrani
    Ramin Bahrani

    Aunque salga el sol

    Crónica de la quinta jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    El fin de semana sube el número de asistentes al Festival de Cannes. Profesionales de la industria o simples espectadores que trabajan el resto de la semana solo pueden acudir estos días, por lo que puede hacerse más difícil conseguir acceso a los pases, especialmente si se comparten entre varios acreditados. Sin embargo, este domingo también es el que la meteorología ha elegido para cumplir el día de lluvia de rigor del certamen, lo cual ha ocasionado bastantes embotellamientos en las entradas y ha disminuido la concurrencia en las calles. Ha habido que ir de un sitio a otro corriendo, sin apenas detenerse a disfrutar el paisaje de la ciudad, renovada cada día con sus invitados y sus galas.

    Suerte que dentro de la sala ya se está descansado y a resguardo, y en cuanto aparece en pantalla el encabezado de la competición, sabes que solo queda disfrutar. Esto es lo que pretenden incluso cineastas tan serios y comprometidos como Jafar Panahi, que en su última obra, más ficticia y menos documental que las anteriores, sortea con gracia y ligereza la censura que se le ha impuesto. También es lo que busca en cierto modo la italiana Alice Rohrwacher con su última obra, una amena fábula que no entiende de cronologías. En cualquier caso, sin duda la mayor diversión la ha proporcionado Gaspar Noé, que con cada provocación suya en Cannes enciende a la platea y extiende el acalorado debate por todo el Palais y alrededores. Aunque mañana salga el sol, quedará en la retina su muy turbia y oscura creación.

    Prólogo: Ignacio Navarro.
    Críticas de Lazzaro felice, Mandy y Fahrenheit 451: Alberto Sáez Villarino.
    Críticas de Three faces, Nos batailles y Muerte monstruo, muere: Víctor Blanes Picó.
    Crítica de Woman at war: Emilio Luna.

    por EAM
    mayo 14, 2018

    Festival de Cannes 2018 | Día 5. Críticas: Three faces, Lazzaro felice, Muere, monstruo, muere, Mandy, Fahrenheit 451, Weldi y Woman at war

    por EAM | mayo 14, 2018
    99 Homes

    Desde el desprecio

    crítica a 99 Homes (Ramin Bahrani, 2014)

    Con la llegada del nuevo milenio se cumplían —metafóricamente— los pronósticos que vaticinaban el fin del mundo. La iniciada recesión financiera era motivo suficiente para dar crédito a los malos augurios con los que hechiceros, agoreros, pitonisas y adivinos nos habían bombardeado durante los últimos años del siglo XX. Estados Unidos encontró un subterfugio muy efectivo contra esa crisis económica espoleada por el pinchazo de la burbuja del sector informático. Gracias al boom inmobiliario, mientras otros países comenzaban a notar los devastadores efectos producidos por su mala gestión y la corrupción, Norteamérica sufrió un nuevo ciclo de expansión económica a partir del año 2003. Sin embargo, como es habitual en este tipo de explosiones bursátiles, se exprimieron egoístamente hasta el completo agotamiento de recursos los posibles medios de regeneración global, originando, al comenzar la década actual, que la hegemonía financiera de los Estados Unidos llegara a un punto crítico. 99 Homes muestra los resultados directos de ese contexto, resultados que van desde el comportamiento de los agentes inmobiliarios y su degeneración moral, hasta las consecuencias en las familias de clase media, una clase media que fue suprimida por completo, con lo que la sociedad quedaría dividida tan solo en ricos y pobres, como en los sistemas de castas más arcaicos. La nueva película de Ramin Bahrani examina esta debacle inmobiliaria y sus consecuencias más devastadoras, yugos hipotecarios ocultos en una letra pequeña que condenaba de manera deshonesta e impúdica a familias que firmaban, por medio de contratos con intereses de auténtica usura, su propia sentencia de muerte.

    En Estados Unidos es admisible un concepto que en España se lleva reclamando desde hace tiempo: La dación en pago. Un acto por el cual la entrega de la vivienda sirve como pago total de la hipoteca cuando el propietario se ve incapaz de afrontarla. No obstante, ese “lujo” también está sujeto a una legislación concienzuda que siempre beneficia al banco. Si la reventa o subasta de la vivienda no cubre la deuda acumulada, el banco continuará embargando más propiedades o, en su defecto, se incluiría al ciudadano en una lista de morosos con la que se le bloquearía durante años el acceso a cualquier ingreso. Por este motivo surgieron, como una plaga de comadrejas, agentes inmobiliarios de la calaña de Rick Carver, dispuestos a sacar beneficio de las desgracias ajenas. Su estrategia consiste en comprar todas las casas que han pasado a ser propiedad del banco a precios muy reducidos, para posteriormente revenderlas por mucho más dinero. En ocasiones, el especulador ofrece una liquidación de 3500 dólares a los propietarios que van a perder su hogar, pagando posteriormente el resto de la deuda y logrando un beneficio mucho mayor. Dennis Nash es un joven obrero que, víctima de la recesión laboral, se queda sin trabajo y, por lo tanto, sin modo alguno de pagar su hipoteca. El señor Carver es el encargado de arrebatarle su vivienda, en la que se había criado y en la que vive junto a su madre y su hijo. Sin embargo, y por un irónico giro del destino, ese malvado hombre se convertirá también en su salvador al ofrecerse a convertirlo en su mano derecha.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 23, 2015

    Crítica | 99 Homes

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 23, 2015
    Cumberbatch y Knightley en Toronto

    This is (almost) the end

    Crónica de la octava jornada del Festival de Toronto 2014

    El festival casi llega a su fin. Hoy viernes se terminan oficialmente los pases de prensa, reservando el último fin de semana solo para reestrenos públicos. Es interesante ver la dinámica decadente de Toronto, y lo digo sin ánimo de crítica. La gente asiste con entusiasmo. El cierre de calles es el punto álgido de la celebración y uno casi se siente caminando por la calle Preciados de Madrid en plena época navideña. Pero, aunque no sea agradable escucharlo, el ciudadano canadiense hace honor a los chistes, son de una amabilidad asombrosa y evidencian la calidad de vida de una urbe que presenta curiosos contrastes. El principal, el más llamativo, la mendicidad. Los precios, inusitadamente altos. Nada del otro jueves, por otro lado, en un coloso de este tamaño. Como ya dije uno de los primeros días, la modernidad de sus locales nocturnos, sus restaurantes y cafeterías, recuerda mucho al movimiento alternativo de enclaves en alza como Berlín, pero con el ensanche cuadriculado de una gran capital como Nueva York. El metro, del que tanto nos quejamos en Madrid, no es mucho mejor en Toronto, solo cuatro líneas, lo básico para llegar a los barrios periféricos; y el precio por un bono semanal ronda los 39 dólares canadienses, que al cambio son aproximadamente unos 27 euros por un pase de 7 días. Dos semanas, casi 80 dólares de bono. En el cine, un refresco mediano (que en España sería el tamaño grande) y una bolsa de Maltesers, 10 dólares, unos 7 euros. Aún con todo, es una ciudad que se disfruta, fácil de manejar y que busca la comodidad foránea.

    Dejando a un lado los elementos colaterales de un evento de estas dimensiones, el programa de estos últimos días está dejando propuestas y notas interesantes. La pasional 99 Homes, sobre la corrupción detrás de los desahucios; la conversacional Return to Ithaca, que se convertirá en la favorita de un sector de la crítica europea, o, la vibrante Hungry Hearts, una de las pocas muescas salvables en la 71ª edición de la Mostra de Venecia, son apuestas a tener en cuenta. La oferta estadounidense no mejora y The Imitation Game nos brinda un relato moroso en su tratamiento de la vida de Alan Turing, otra deudora más del filme de Ron Howard, Una mente maravillosa. Lo que sí nos ha dado Toronto a manos llenas son grandes interpretaciones y se nota en el nivel de los actores americanos, pues varias películas se han beneficiado mucho de tener a alguien de peso en el casting. A continuación, las impresiones del octavo día del TIFF.

    por Unknown
    septiembre 13, 2014

    Toronto 2014 | Día 8. Críticas: 'The Imitation Game', 'Hungry Hearts', '99 Homes' y 'Retorno a Ítaca'

    por Unknown | septiembre 13, 2014
    Andrew Garfield, 99 Homes

    La Ndrangheta visita el Lido

    Crónica de la tercera jornada de la 71ª edición de la Mostra de Venecia

    Italia este año quiere, de nuevo, el León de Oro. Sería el segundo consecutivo tras el gran triunfo de Gianfranco Rosi el año pasado con Sacro GRA. En esta edición apuesta de manera poderosa por Anime nere, un drama sobre uno de los círculos mafiosos más influyentes del país transalpino, la Ndrangheta. El filme de Francesco Munzi ha dejado un grato sabor de boca. No tanto Ramin Bahrani, que volvía a Venecia con 99 Homes, una cinta-denuncia sobre la situación económica mundial. Nada nuevo bajo el sol. Algo que sí portaba bajo el brazo Peter Bogdanovich, uno de los mayores eruditos de cine contemporáneo, que presentó She's funny that way, una comedia que cuenta con Owen Wilson, Imogen Poots y Jennifer Aniston en su reparto que ha logrado numerosos aplausos en los pases de prensa y público. Bogdanovich, que no compite por el máximo galardón, da una nueva lección a estos autores demasiado autoconscientes. A continuación, la acogida de las obras de la sección oficial.

    por Emilio M. Luna
    septiembre 02, 2014

    Mostra de Venecia 2014 | Tercera jornada

    por Emilio M. Luna | septiembre 02, 2014

    Intrascendencia entre cultivos

    crítica de A cualquier precio | At Any Price, de Ramin Bahrani, 2012

    El director Ramin Bahrani llevó a la Mostra de Venecia de 2012 un drama rural que reactualizaba la América profunda. Lo dotó de artilugios de última tecnología, de ingenieros agrícolas, de multinacionales del cultivo que monopolizan "la vida" en forma de semillas y de grandes propietarios armados con tablet y smartphones. Un dibujo de la decadencia del granjero clásico en favor del vanguardista. Cambió la fachada, modernizó el envoltorio. Aparentemente el fondo prevalece allende del tiempo. Los fenómenos sociológicos que contextualizan la película y que rodean al hombre del medio oeste americano son los mismos de hace medio siglo. Demográficamente débil y con idéntica organización y funcionamiento de instituciones como la familia y la Iglesia rural. En torno a ellas se mueve. Una como causante del conflicto y como refugio protector a partes iguales, la otra como elemento de articulación social de las relaciones de la comunidad. El realizador americano nos acerca con A cualquier precio una América rural modernizada materialmente pero inmóvil en sus tradiciones y costumbres –pese a coletazos de cambio–. Este es el paisaje de un pequeño pueblo de Iowa, especializado en el maíz, donde una familia capitaneada por el padre –Dennis Quaid–, tratará de perpetuar en su hijo –Zac Efron– lo que construyeron sus antepasados. La necesidad de huir, las ambiciones automovilísticas, la competitividad, la estafa, el engaño o el desaliento generacional serán motivo de beligerancia y harán temblar los cimientos de unas tierras que claman continuismo.

    El hecho de reflejar una realidad que responde al tópico no es razón suficiente para plagarla de lugares comunes. Es más, debería invitar a lo contrario. No parece pensar así Bahrani, pues decide torturar al espectador durante la primera mitad de la cinta. Casi una hora en la que se hace una escenificación un tanto ordinaria de temas manidos, descoloridos por su uso y abuso, todos resueltos con la originalidad de espaldas: Rivalidad entre familias que compiten por tierras, escenificada por ridículos enfrentamientos entre los hombres de las mismas y que se trasladan en su versión juvenil al deporte; problemas padre e hijo, por un progenitor que tiene planificado el futuro de sus descendientes, mientras éstos sueñan con volar solos; hijo rebelde con tendencia a llamar la atención; y por supuesto la infidelidad de turno. Unos ingredientes que parecen más propios de una telenovela barata de sobremesa que de una película de calidad. Las malas lenguas dicen que éste es el precio a pagar por tener a la estrellita de turno –Zac Efron– en el reparto. Serían algo así como los aderezos necesarios para darle el empuje comercial que el cine de Bahrani, hasta este momento reducido al circuito indie, no tenía.

    por Anónimo
    agosto 19, 2013

    Crítica | A cualquier precio

    por Anónimo | agosto 19, 2013

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