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    Atom Egoyan
    Atom Egoyan

    Los traicioneros recovecos de la memoria

    crítica de Remember (Atom Egoyan, Canadá, 2015).

    El caso del director armenio-canadiense Atom Egoyan comienza a resultar preocupante. De ser considerado uno de los cineastas más fascinantes y reputados, sobre todo en los 90, cuando cautivó con exquisiteces de la categoría de El liquidador (1991), Exótica (1994), El dulce porvenir (1997) o El viaje de Felicia (1999), ha pasado a acomodarse dentro de un tipo de cine bastante decepcionante que poco (o nada) difiere en argumentos y formas a cualquier telefilme de sobremesa más o menos decente. Después de dos thrillers criminales tan poco estimulantes como Condenados (2013) y Cautivos (2014), en los que el sello su autor es casi imperceptible, Egoyan intenta recobrar parte del crédito perdido con Remember (2015), una cinta que tiene un punto de partida cuando menos arriesgado y para la que recupera algunos temas que fueron constantes en su obra anterior, como la soledad, el cómo los actos del pasado repercuten en el presente o las debilidades de la justicia. Si en Ararat (2002) –su último trabajo verdaderamente notable–, Egoyan trató el genocidio armenio de los años veinte a manos de los turcos, desde una óptica contemporánea, para Remember desentierra las heridas de un capítulo de la historia de la humanidad tan vergonzoso como fue el Holocausto de la Alemania nazi, a través de los vestigios que aún perduran en nuestros días.

    El último filme de Egoyan da voz a los últimos judíos supervivientes de Auschwitz que quedan en la actualidad, presentando la historia de dos nonagenarios que sobrellevan sus últimos años de existencia en una residencia de ancianos. Zev padece alzheimer, por lo que los recuerdos de su juventud o las décadas de matrimonio junto a su esposa (de quien acaba de enviudar) han comenzado a difuminarse hasta el punto de confundir lo que es realidad de lo que no es más que la alucinación propia de la demencia. Su compañero, postrado en una silla de ruedas, insiste en que Zev no olvide la promesa que hizo a su mujer en el lecho de muerte: la de vengar el daño irreparable que un criminal de guerra les infringió, más de setenta años atrás, cuando acabó con sus respectivas familias en el campo de exterminio polaco. Con cuatro direcciones (de las que sólo una de ellas corresponde al buscado Rudy) anotadas en un papel junto a las razones que le mueven a ejecutar su venganza –elemento que recuerda mucho a los planteamientos de Memento (Christopher Nolan, 2000), en donde su protagonista, también aquejado de trastornos de memoria, debía tatuarse en el cuerpo las pistas que le llevarían hasta el asesino de su mujer–, Zev huye del centro para comenzar una búsqueda que le lleva a recorrer gran parte del norte de los Estados Unidos. A priori, la idea de un vengador de noventa años, armado con una pistola –pasmosa la facilidad con la que se le vende un arma a un anciano con las facultades mentales visiblemente menguadas–, y con la firme idea de hacer justicia asesinando a un nazi que ha vivido todo este tiempo en libertad (tal vez, construyendo su propia familia y tratando de ocultar los horrores cometidos), resulta tan curiosa como poco creíble, por lo que sostener sobre ella un thriller mínimamente convincente era una misión casi imposible.

    por José Martín León
    marzo 06, 2016

    Crítica | Remember

    por José Martín León | marzo 06, 2016
    The Captive

    Ocho años de cautiverio

    crítica a Cautivos (Captives) | dirigida por Atom Egoyan, 2014

    Hubo un tiempo en que Atom Egoyan era una apuesta segura para quienes buscaban un cine independiente de calidad, con obras tan fascinantes como Exótica (1994), El dulce porvenir (1997) o El viaje de Felicia (1999), acaparadoras, todas ellas de prestigiosos galardones en los festivales más importantes del mundo. Tristemente, la estrella del director armenio-canadiense parece haberse apagado lentamente en los últimos años, encadenando un título fallido tras otro, en donde resulta casi imposible atisbar el talento que se le presuponía. Con Chloe (2009), remake de una cinta francesa, a Egoyan ya se le detectó cierto afán por convertirse en un director más comercial, aprovechando la generosidad de Amanda Seyfried para desnudarse como principal reclamo. Tras los desastrosos resultados artísticos del drama criminal Condenados (2013), muy mal recibido en San Sebastián, parecía que el cineasta había tocado fondo. Desafortunadamente, aquí está The Captive (2014) para demostrar que siempre se puede ir a peor.

    La historia gira alrededor de la misteriosa desaparición de Cassandra, una niña a la que su padre vio por última vez en el asiento trasero de su coche, cuando la deja sola durante breves minutos al entrar a un restaurante a comprar comida para llevar. Asistimos a la desesperación de los progenitores, los inevitables reproches sobre quién tiene la culpa de la desgracia, la investigación abierta por un grupo de agentes especializados en delitos de carácter pedófilo y, curiosamente, el encierro de la chica en una habitación durante ocho años, a manos de un delincuente sexual. Podría parecer que estoy destripando demasiado el argumento pero no es así. De hecho, en los primeros minutos de metraje ya se nos muestra la suerte que ha corrido Cassandra y la identidad de su captor. Una elección discutible de David Fraser y el propio Egoyan desde el guión, que arruina cualquier oportunidad de generar una mínima intriga a lo largo de sus largas dos horas de película. Es cierto que la premisa –una especie de cruce entre la magnífica Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013) y La mujer que arañaba las paredes (Mikkel Nørgaard, 2013)–, tiene papeletas para atraer la atención del espectador en un principio. A pesar de su escabrosidad, el tema de los pederastas que logran ganarse la confianza de los niños a través de internet para convertirlos en víctima de sus más bajos instintos, está de plena actualidad. Si, además, el filme cuenta con un reparto encabezado por solventes estrellas como Ryan Reynolds o Rosario Dawson, parece que el éxito de la empresa está casi asegurado. Nada más lejos de la realidad.

    por José Martín León
    septiembre 30, 2014

    Crítica | Cautivos

    por José Martín León | septiembre 30, 2014
    Condenados, de Atom Egoyan

    El incierto porvenir

    crítica de Condenados | Devil’s Knot, Atom Egoyan, 2013

    La cobertura mediática que actualmente se lleva a cabo sobre los más trágicos y escabrosos sucesos de nuestra chismosa sociedad, es el resultado de un interés atávico y malsano por las desgracias ajenas. El ser humano, morbosamente entrometido e indiscreto por naturaleza, ha buscado saciar esa curiosidad obsesiva hacia el dolor por medio de, no sólo el simple conocimiento de los trágicos hechos —horrible enfermedad, crimen espantoso, brutal venganza—, sino también de las reacciones y la forma de afrontar el período de duelo experimentado por los seres allegados a la víctima. Thomas De Quincey lo denominó como El asesinato considerado como una de las bellas artes (On Murder Considered as one of the Fine Arts, 1827), y su oscura temática ha estado presente en nuestra sociedad desde que el arte es considerado como tal —desde el clasicismo mitológico de Miguel Angel y su Pietá, hasta las tétricas pinturas de Caravaggio, pasando por los oscuros versos románticos de Rubén Darío—. Pero lo que antes era una representación profunda, fundamentada y estéticamente sublime del dolor, hoy no es más que un circo hediondo que se lucra de las peores desgracias por medio del embrutecimiento cultural. Casos como el de los crímenes de Alcácer, Madeleine McCann o West Memphis Three, en el que se basa Condenados (Devil’s Knot), son fieles representantes de esta degeneración demagógica que no hace más que exaltar la ira del pueblo por medio de falsas acusaciones y ningún tipo de documentación.

    Atom Egoyan se olvida de las cuatro etapas restantes del duelo descritas por la doctora Elisabeth Kübler-Ross, para centrarse en esa segunda (ira) como motor principal de su película. Para ello, el armenio nacionalizado canadiense, nos traslada a la “redneck” América con el objetivo de relatar los hechos sucedidos en un pequeño pueblo de Arkansas en 1993, donde 3 niños fueron asesinados, y torturados a manos de tres adolescentes —supuestamente—. La cinta sorprende por el ingenuo y redundante punto de vista escogido por un director que normalmente gusta de buscar nuevas formas de expresión, focalizando sus historias en aquellos que han renunciado a su identidad para encontrar la verdad existencial, incluso en esas ocasiones en las que la propia verdad es la que miente (Where the Thruth Lies, 2005). Un realizador cuya perspectiva hermética y distante siempre había buscado la originalidad, la controversia en los temas tabú y el naturalismo de unos personajes con una vida marcada por el sufrimiento resultante del inexorable egoísmo del ser humano, como el mostrado en La vida en video (Family Viewing, 1987). Coincidiendo con su primera producción estadounidense, presenta ahora un ejercicio banal, condescendiente y narrativamente mediocre que recurre a los clichés sentimentaloides como medio para llegar a un público fácilmente engañadizo.

    por Alberto Sáez Villarino
    junio 17, 2014

    Crítica | Condenados

    por Alberto Sáez Villarino | junio 17, 2014
    Winter Sleep, de Nuri Bilge Ceylan

    De autores e injusticias

    crónica de la segunda jornada de la 67ª edición del Festival de Cannes | 
    Críticas: The Captive (Atom Egoyan), Winter Sleep (Nuri Bilge Ceylan), Le chambre bleue (Mathieu Amalric)
    y Relatos salvajes (Damián Szifrón).

    Tercera jornada. Los ánimos están un poco decaídos. Aunque el Festival ha entregado obras destacadas, ninguna de ellas ha impresionado en exceso. The Captive ha dejado frío, tanto como sus paisajes. Por aquí ya empiezan a cuestionar la autoría de Egoyan y el crédito que se le sigue dando. El respetable seguía esperando esa gran película que les hiciera tomar partido y han aprovechado la menor oportunidad que les ha dado Ceylan para arrancarse a aplaudir su propuesta en el primer pase. Pura cinta conversacional, desolada y aislada en su extrañeza que llama por su esteticismo y por sus reflexiones pero que no resulta sencilla. Winter Sleep, a pesar de las reservas de cierto sector americano de la crítica, ha sido recibida en general como una de las primeras contendientes a premio. Mucho se ha hablado del jurado. Jane Campion, Sofía Coppola y Winding Refn tienen peso y cuesta verles dando por ganadora a una cinta como la de Ceylan. Todavía queda mucho cine por ver. Ceylan nunca se ha ido de vacío de Cannes y Winter Sleep no es la cinta que vaya a dejarle tirado. Por su parte, Matthew Amalric parte como un interesante aspirante a premio en Un Certain Regard. La chambre bleue ha sido recibida con buenos comentarios merced a una dirección que ha tomado decisiones llamativas. 4:3, desencuadres y montaje fragmentado para la recomposición de un affair amoroso contado en perspectiva, desde los recuerdos. Por último, el día se cerraba de manera inigualable con una propuesta gamberra y muy divertida. Relatos salvajes de Damián Szifrón. Una película por episodios conectados por la idea de la perdida de control y la venganza, a la que casi el 100% de los críticos han cuestionado el por qué de su presencia en la Sección Oficial. Dato gracioso cuando pocos se han parado a cuestionar en voz alta a The Captive, a pesar de que todo el mundo se haya reído de ella y no con ella. Relatos salvajes ha hecho disfrutar a su audiencia como no se había escuchado en ninguna cinta hasta ahora. Pero así funciona Cannes y así se valora su cine cara al público.

    por Unknown
    mayo 17, 2014

    Cannes 2014 | Tercera jornada. Críticas: 'Winter Sleep', 'Relatos salvajes', 'The Captive' y 'La habitación azul'

    por Unknown | mayo 17, 2014
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