La 'bombita' del día
Crónica de la séptima jornada de la 62ª edición del Festival de San Sebastián
Una de las primeras señales que un festival está cerca de su conclusión proviene de la habitación donde te hospedas. Y no por su desorden (inherente, según cada uno) sino por el duro apego a la cama. Élla sabe que la necesitas más que nunca y hace todo lo posible porque no la abandones. En ese momento, con medio cerebro desconectado puede, aún, una responsabilidad que espera el feedback por el trabajo bien hecho. En un día como hoy, sin duda, el refuerzo es negativo y el perro de Pávlov se iría a jugar a la pelota sin pensarlo demasiado. Y es que levantarse con las últimas obras de Danis Tanovic y/o Pablo Malo ha sido un golpe bajo que, aunque siempre alerta, nunca te esperas. Cine con mosca en la esquina, con actores perdidos y con ideas que buscan malinterpretar. Ambas, dos causas judiciales de importante interés. Ambas, dos despropósitos, ahora sí puedo decirlo, indignos de cualquier festival. Llegan tarde, llegan mal.
Y más con el recuerdo perenne de Magical Girl, presentada en la mañana, que, como era de esperar, ha dejado huella en el respetable. Los componentes del equipo se han dado un baño de multitudes previo a la presentación. Entre esos profesionales reconocidos, asomaba la cabecita de una joven que emociona en la primera parte del largometraje de Vermut. El mundo ha sido suyo durante dos horas. A tanto no llegó Isaki Lacuesta, el enfant terrible del cine vasco. Ni siquiera salió de puerto. Murieron por encima de sus posibilidades fue la gran decepción del día. Un carrusel de bizarradas, válido, como mucho, para una noche de borrachera. Algo para lo que también pudiera funcionar Relatos salvajes, pero por razones muy diferentes. Todo un carnaval de violencia y humor que logra que su dos horas se pasen en un suspiro. El momento emotivo del día lo trajo el documental dedicado a Basilio Martín Patino. Más que por su factura, por su personaje, todo un símbolo viviente de nuestro de cine.