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    Y que el público se levante

    crítica de El viento se levanta | Kaze tachinu, Hayao Miyazaki, 2013

    Parece que Miyazaki se despide del cine. La noticia llegaba en el pasado festival de Venecia, en el que presentaba El viento se levanta (Kaze tachinu, 2013). Su canto del cisne. Si se confirma (pues no es la primera vez que Miyazaki dice retirarse para luego volver), no debería sorprendernos tanto a su edad, sobre todo por el esfuerzo mayor del habitual que supone ponerse al frente de una película de los estudios Ghibli. Pero seguiría siendo una jubilación demasiado anticipada para un señor que a sus 72 años desprende todavía una gran vitalidad e ilusión, atributos que lógicamente ha contagiado a su cine. Un cine en el que destacan los largometrajes, que son los que le han otorgado prestigio y reconocimiento, pero cuyos primeros pasos se hallan en dos series de televisión: Lupín (1971-72) y Conan el niño del futuro (1978), y que en la pasada década se ha orientado también en gran parte hacia el mundo del cortometraje. No hay que olvidar además que Miyazaki ha colaborado igualmente en los grandes proyectos de algunos de sus compañeros, como esa cuasi desconocida obra maestra titulada Recuerdos del ayer (Isao Takahata, 1991), o la maravillosa Susurros del corazón (Yoshifumi Kondô, 1995), sin contar con sus inevitables inicios en el departamento de animación propiamente dicho. Son datos que enriquecen la aportación al cine de este maestro, que en su medio siglo de carrera ha permanecido fiel a unos principios que el público casi siempre ha sabido apreciar.

    Y son datos que igualmente justifican todo homenaje que se le pueda hacer a este director con motivo de su último estreno. Por ahora, en la temporada de premios que ha empezado hace unas semanas, le está yendo bastante bien, pero por méritos exclusivos de una película que, lo adelantamos ya, está a la altura de las expectativas. El viento se levanta nos narra la historia real de Jiro Horikoshi, un diseñador japonés de aviones de combate durante la segunda guerra mundial. Un tema espinoso con el que conscientemente Miyazaki pretende rodar su película más madura y adulta, aunque la misma funciona sobre todo cuando toca temas de imaginación e inocencia, cuando se deja llevar por los encantos de las fantasías juveniles y del primer amor. En efecto, en la narración juegan un papel destacado los sueños que el protagonista tiene desde pequeño, en el que se imagina pilotando naves increíbles junto a su ídolo Caproni. En ellas la meticulosidad y el ingenio de los animadores de Ghibli se explotan de manera apabullante, contraponiéndose a la estética más sobria del resto del metraje, aunque en él tampoco falten otras secuencias visualmente elocuentes como esa recreación de un terremoto en Tokio. En cuanto a la subtrama romántica, se desarrolla sobre todo en una segunda parte, y consigue sortear de manera asombrosa toda cursilería gracias a que en ella también sentimos que el protagonista vuelve a ser un niño, como en sus sueños, abandonando sus preocupaciones profesionales. El hilo que pueda establecerse entonces entre esa relación tan espontáneamente íntima y las secuencias oníricas otorga a la película su verdadera magia.

    por Ignacio Navarro
    enero 25, 2014

    Crítica | El viento se levanta

    por Ignacio Navarro | enero 25, 2014

    La mágica delgadez de los cabezas-gordas

    crítica de Frozen: El reino del hielo | Frozen, de Chris Buck y Jennifer Lee, 2013

    ¿Qué hace la nieve en verano?, se pregunta el muñeco Olaf. Poética cuestión con una respuesta elemental: morir. Broncearse hasta convertirse en una voluta de humo. Fssss, pausada y lentamente y a modo de último estertor. El agua que inicia su camino hasta el océano, donde todas las aguas se reúnen para celebrar una carrera de (y con) fondo. Abajo, abajo, abajo. Y arriba, pues el frío —así en caliente— no cede a la temporada estival, y las princesas sólo dejan de existir en sueños. Y los sueños, que dirían los guionistas, Disney son. Con mucho cine. Con un poco de lo de siempre, como casi nunca. Fin. Una vez aprovechada la cuestión poética, toca ensuciarse con la presente crítica de Frozen: El reino del hielo, última obra de los estudios Disney; a día de hoy, la productora más impredecible (sí) de la industria cinematográfica. Que tras encadenar dos títulos dispares en forma (a medias) y en fondo (más o menos) como son Enredados y Rompe Ralph, desembarca ahora con una alegre comedia musical que recupera el embrión gestado por Walt Disney. Factótum creativo del imperio hecho Imperio Sin Costuras, mediante un simple roedor con pantalones cortos y pupilas lisérgicas negras, en el barco de vapor de Stemboat Willie. Fue ese pie izquierdo —rupturista y rompedor de malos augurios y viejos mitos ya rotos—, esa manera de marcar felizmente el compás al tiempo (y sin salirse de él) que silbaba navegando en línea recta aun sin ir en esa dirección o a ninguna en concreto, ya que Mickey navegaba por navegar (como quien mira la hora en su móvil pero no la ve y tres segundos más tarde vuelve a consultarla) a través de un río americano. Casi pantanoso y sin nubes en el horizonte. Timón con timonel, ciego de maaagia, aquel barco supondría el comienzo de algo tan grande como inasumible. O quizá tan solo la construcción de un mundo alternativo, a donde acudir en épocas lógicamente felices, esto es, ingenuas. El universo en donde crecer sin hacernos mayores, a expensas de una decisión forzada por (el) Garfio. El taller de un carpintero que nunca mentía, y a cuyo hijo-recién-labrado se le notaba mucho el acto mismo de mentir no tan piadosamente como hubiera mentido cualquiera de nosotros, ya talludos inmersos en la tarea más ardua: desclavar Excalibur, cuya hoja permanecía enterrada en la fría piedra, junto a Camelot. Y así, título tras título, dibujo a dibujo. Y sin CGI. Todavía sin conocer el Nuevo Mundo, ignorantes de la otra gran mitad; sin Pocahontas ni su capitán Smith; sin Bella ni Bestia (realmente la auténtica bestia murió en 1933, en lo alto del Empire State Building de Nueva York. Ya saben aquello de: "No han sido los aviones").

    por Anónimo
    noviembre 28, 2013

    Crítica | Frozen: El reino del hielo

    por Anónimo | noviembre 28, 2013
    Anina

    crítica de Anina | Alfredo Soderguit, Uruguay, 2013.
    Competencia oficial (Sección Generation) en Festival de Berlín 2013
    Selección por Uruguay para los Premios Oscar
    Mejor Película y Mejor Dirección (Sección Colombia 100%) en Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI).

    Alfredo Soderguit, que dedicó gran parte de su vida a ilustrar libros infantiles, cuenta que un día se encontró con el libro infantil Anina Yatay Salas (2003), del escritor uruguayo Sergio López Suárez. Quedó tan encantado por la historia mientras realizaba las ilustraciones que, instintivamente, pensó en llevarla a la pantalla grande. Y fue así como inició un largo proceso de trabajo creativo y de producción que duró aproximadamente ocho años; en los que trabajó arduamente en la que sería su ópera prima y la primera película animada de Uruguay. El resultado, inmejorable, ya que fue seleccionada para participar en el prestigioso Festival de Berlín (Sección Generation), donde tuvo una cálida y positiva acogida, y fue elegida como representante uruguaya en la próxima edición de los Oscar. Su debut en una plaza, además, de esa importancia como la Berlinale vino con una gran anécdota. Cuenta el director que en la primera exhibición contaban con un público mayoritariamente infantil y como el filme no contaba con subtítulos había un narrador que se encargaba de traducir al alemán por encima del sonido original. A pesar de ese inconveniente, el largometraje divirtió a todo el público, contagiándose los adultos de la experiencia de los más jóvenes. Un entusiasmo que se volvió a repetir en el FICCI (Festival Internacional de Cine de Cartagena), donde también tuve la oportunidad de verla con muchos niños en sala. Decir que con esta ilustre compañía Anina se convierte en toda una experiencia que rememora momentos de nuestra añorada infancia.

    Ambientada en Uruguay, cuenta la historia de Anina, una niña con un nombre bastante particular Anina Yatay Salas. Un nombre y apellidos que nace como homenaje de su propio padre a su afición: los palíndromos. Pero esa elección tan particular le pasará factura a Anina que tiene problemas en el colegio debido a las bromas pesadas de sus compañeros; algo que repercutirán en su autoestima y relación con su progenitor. Un día Anina tiene una pelea en la escuela con una de sus compañeras, llamada Yisel, por lo que ambas son llevadas a la dirección de la escuela, en donde la directora les dará un reto para cumplir en una semana: Les entrega a cada una dos sobres negros y sellados, los cuales deben cuidar y llevar consigo durante los sietes días, sin abrir. A partir de ahí, cada una intentará cumplir con su respectivo castigo enfrentándose a distintos obstáculos y se conocerán un poco más de cada una de ellas pero, sobre todo, de sí mismas.

    por Anónimo
    noviembre 20, 2013

    Crítica | Anina

    por Anónimo | noviembre 20, 2013
    Futbolín, de Juan José Campanella

    ARRANCANDO A TOPE Y LUEGO ESPECULANDO CON EL RESULTADO

    crítica de Futbolín | Metegol, Juan José Campanella, 2013

    Es la primera vez que el festival de San Sebastián se inaugura oficialmente con una película de animación, circunstancia que habría sorprendido mucho más hace unos años, pero que últimamente, con la diversificación del cine y de sus géneros y, por qué no añadirlo, con la importancia creciente del merchandising, no es tan extraño. Recordemos por ejemplo que Up (Pete Docter, 2009) ocupó la misma plaza en aquel festival de Cannes, mientras que este mismo año otra cinta animada, The Wind Rises (Hayao Miyazaki, 2013), ha competido en la Mostra de Venecia. A estos dos títulos ejemplificativos se puede unir pues el de Futbolín (Metegol, 2013), la cual no tiene nada que envidiarle a nivel de producción a aquellos, por mucho que éstos provengan respectivamente de los dos estudios con mayor reconocimiento en el medio. El acercamiento se produce sobre todo con el cine de Pixar, y como acabamos de decir el intento técnicamente se ha saldado con éxito, pero lo ha hecho a costa de renunciar a cualidades más propias. En otras palabras, estamos ante una aventurada incursión de un cineasta tan querido y consagrado como Campanella en la animación en 3D, y el resultado es meritorio pero bastante impersonal, algo decepcionante teniendo en cuenta la premisa de la que parte.

    En efecto, el propio título adelanta que la historia se centra en el mundo del futbolín, esa adictiva simulación a la que casi todos hemos sucumbido alguna vez de pequeños, esa caja de metal y madera en la que se han podido gastar muchos duros y varias horas jugando a ser Dios. Un Dios al mando de once muñecos inexpresivos con un único objetivo entre ceja y ceja: el de enchufar el balón a la escuadra. El fútbol mueve pasiones y algunos incluso le encuentran elementos divinos, pero es en su caricaturesca miniatura donde éstos quedan más patentes. Sin embargo, como ha dicho por lo demás el propio Campanella en la conferencia de prensa posterior al pase, este juego y este deporte le han servido simplemente de excusa para tratar temas más amplios como los de superación y amistad. Él además ha negado ser muy futbolero, pese a existir otro antecedente en su filmografía que nos podría indicar lo contrario, como es ese memorable plano secuencia del estadio en El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2013). Aprovechando esta mención podemos en cualquier caso desarrollar la crítica apuntada inicialmente, y es que en la película objeto de la misma cuesta identificar señas de identidad de su director, al margen precisamente de algunos planos secuencia y momentos de ingenio. Pero también cuesta relacionarla con el origen de una coproducción hispano-argentina (hay dos versiones originales, cada una doblada por actores de un país), uniendo un número de seguidores incomparable del deporte rey, apostando en cambio por una universalidad intencionada pero desilusionante.

    por Ignacio Navarro
    septiembre 21, 2013

    Crítica | Futbolín

    por Ignacio Navarro | septiembre 21, 2013
    Epic: El mundo secreto

    GAIA, LA TOP MODEL EVANESCENTE

    crítica de Epic: El mundo secreto | Epic, Chris Wedge, 2013

    Si el cartel no miente, a continuación nos someterán —previo desembolso en taquilla, no se confíen— a las peripecias de unos diminutos muy coloridos que siempre dejan tras de sí la impronta de la fábula, del encanto, del riesgo, de la amabilidad, del eminente uso de la física ("vuela, vuela alto") en una metáfora que cuenta por quincuagésima vez aquello de la lucha entre el bien y el mal, o sea, entre la luz y la oscuridad más insondables: al bueno sólo le falta un cartel en el pecho con la palabra "Bondad" y al malo, otro con la palabra "Maligno". Y si hay que declarar una guerra, pues se declara. No me vengan con chiquitas. Todo sea por mantener el statu quo del bosque, una suerte de oasis para los cientos de seres fantásticos que pueblan cada rincón salpicado de árboles y plantas cuyo embaucador y resplandeciente tono acaba saturando incluso al más agradecido de los espectadores. Así, su público potencial —que no supera los 10 años— se verá inmerso en la batalla no ya definitiva, sino cíclica a causa del cambio de ciclo en el último escalafón que dirige la naturaleza, aquí una reina con la fisonomía de una Barbie elegante que hace feliz a su guardia pretoriana y a su capitán, quien bebe los vientos por ella —casi literalmente, pues estamos ante una historia que gira y se sustenta en torno al oxígeno, y sus personajes tan solo lo procuran, y procuran también que no se agote—. Y como bien señala el cartel (imaginen que se hubieran equivocado y en vez de su verdadero nombre comercial, no sé, cosa de un desliz humorístico, apareciera el de Pixar), Epic proviene de una productora, Blue Sky, que tras década y media facturando películas como la triunfal Ice Age y esa otra medianía titulada Robots, junto con algún cortometraje —el ganador del Oscar, Bunny— equívocamente anecdótico, aún no ha logrado desprenderse la etiqueta de supletoria, como si fuera el Salieri (Godard en su analogía cinematográfica) del cine de animación, persiguiendo una estela incalcanzable. Y, sin embargo, Blue Sky se resiste a las comparaciones porque ni quiere, ni puede enfrentarlas. Quizá quieran afianzarse como creadores de un cierto estándar basado en la eficacia más que en el relato dispuesto a perdurar.

    por Anónimo
    agosto 28, 2013

    Crítica | Epic: El mundo secreto

    por Anónimo | agosto 28, 2013
    Lily and Jim

    EL ADÁN Y EVA DE DON HERTZFELDT

    crítica de Lily & Jim | cortometraje dirigido por Don Hertzfeldt, Estados Unidos, 1997

    Lily and Jim es el inicio de un profundo estudio del ser humano mediante una animación única.

    notas de producción| Don Hertzfeldt estrenó en Estados Unidos hace unos meses su primer largometraje de animación, It’s Such a Beautiful Day, que era la suma de tres cortometrajes (Everything will be ok, I am so proud of you y It’s Such a beautiful day). Y también ese año fue incluido en la dieciseisava posición del top 100 de personas más influyentes en el mundo de la animación. Pero lo cierto es que lleva muchos años en el panorama más alternativo del cine de animación. Sus cortometrajes han pasado por muchos festivales, entre ellos Sundance, y poco a poco se ha ido haciendo un nombre en el panorama más independiente. En el año 2000 con la nominación de su corto Rejected en los Oscar logró abrir ese vano que muchos ansían y que le ha llevado a convertirse en un referente. Graduado en 1998 en la Universidad de Santa Barbara, California, escribió y dirigió tres cortometrajes como estudiante. Entre ellos, en 1997, escribió, dibujó, animó y dirigió Lily and Jim, un cortometraje de doce minutos muy humilde que esconde muchísimas virtudes. El cortometraje nos cuenta la cita a ciegas entre un chico, Jim, y una chica, Lily a quienes no les ha ido nunca demasiado bien el amor. A pesar de que su estilo parezca animación tradicional en 2D, lo cierto es que tiene un estilo totalmente propio y bastante poco ortodoxo. Muchos de sus cortometrajes son creados sin guión; empieza con un concepto creado y moldeado tras meses pensando en él. Eso le permite experimentos creativos, improvisación y espontaneidad en sus producciones.

    por Unknown
    agosto 21, 2013

    Cortometraje | Lily and Jim, de Don Hertzfeldt

    por Unknown | agosto 21, 2013
    Kotonoha no Niwa

    LLUVIA DE SENTIMIENTOS

    crítica de The Garden of Words | Kotonoha no Niwa, Makoto Shinkai, Japón, 2013

    Makoto Shinkai es un mangaka, escritor, productor y director, considerado como uno de los más grandes animadores japoneses de la actualidad. Gran heredero del maestro Hayao Miyazaki, Shinikai inició su carrera a finales de los años 90, cuando presentó su recordado cortometraje Ella y su gato (1999), en donde ya empezaría a mostrar el tema más recurrente en su filmografía como es el romance, bajo una técnica de dibujo muy interesante que mezclaba el dibujo normal a mano con técnicas tridimensionales. Tres años después, presentó un mediometraje titulado Voces de una estrella distante (2002), un trabajo donde aborda nuevamente el melodrama mezclándolo con un poco de ciencia ficción. Lo interesante de esta composición es que el director lo concibió prácticamente él solo con su computador, la escribió, dirigió, dibujó y animó digitalmente con su Macintosh. En 2005, presentaría, finalmente, su primer largometraje animado, que, como siempre, dirigió, dibujó, escribió y animó, titulado Más allá de las nubes (2004), película donde se mezcla nuevamente la ciencia ficción con las relaciones humanas, en esta oportunidad con la amistad. Shinkai recibió diversos reconocimientos y fue declarado oficialmente como uno de los firmes sucesores del maestro Miyazaki.

    Una comparativa que le perseguirá siempre y de la que él declara como todo un honor. Una inspiración que se convirtió en simple anécdota, cuando presentó su segunda obra de larga duración titulada A 5 centímetros por segundo (2007). Una película que mostraba la evolución de un realizador con un estilo impecable, donde tres historias románticas como eje servían para remarcar la enorme sensibilidad de un cineasta llamado a grandes empresas. Con A 5 centímetros por segundo estableció las bases que lo caracterizarían en el futuro y lo reafirmaría como uno de los animadores y poetas visuales de la animación más talentosos del cine actual. En el año 2011, regresaría nuevamente con su tercer largometraje y el más ambicioso hasta el momento, Children Who Chase Lost Voices From Deep Below o Viaje a Agartha, en donde nuevamente dirige y escribe una historia épica de fantasía con cierto misticismo, romance y aventuras, haciendo un homenaje a algunas de las películas de Hayao Miyazaki, en donde nuevamente construye una historia muy solida con personajes entrañables y de una enorme belleza visual. Sin dudas es una de las joyas del director. La cinta recorrió muchos festivales en el mundo y fue ampliando la fama y el reconocimiento del director y animador nipón.

    por Anónimo
    agosto 20, 2013

    Crítica | The Garden of Words

    por Anónimo | agosto 20, 2013
    Ernest & Célestine

    DOS MUNDOS, CORAZÓN IDÉNTICO

    crítica de Ernest & Célestine | Benjamín Renner, Stéphane Aubier, Vincent Patar, Francia, 2012.

    Mejor Película de Animación en Premios César 2012.
    Mención especial (Quinzena de Realizadores) en Festival de Cannes 2012.

    El cine de animación francés tiene una enorme tradición tras sus espaldas. Casi desde sus mismos orígenes, con cineastas como Emile Cohl o el mismísimo George Méliés, quienes experimentaron e introdujeron nuevas técnicas en esta novedosa forma de hacer cine. Posteriormente, autores como Jean Image, Paul Grimault y sobre todo René Laloux, empezaron a adaptar cuentos infantiles y novelas, como Laloux que en 1973 estrenaría La planéte sauvage (El planeta salvaje), basada en una novela del escritor francés Stefan Wul, que logró el Premio Especial de Jurado en Cannes en 1973, y se convirtió en uno de los grandes clásicos del sector en el viejo continente. Un auge devuelto en el nuevo milenio ya que en los últimos años la animación francesa ha tenido un resurgir con cintas como Persépolis (2007), El ilusionista (2010), Le tableau (2011), El gato del rabino (2011) y en el 2012 con la película que nos ocupa Ernest & Célestine. Una cinta basada en la serie de libros para niños del mismo nombre, escrito por Gabrielle Vincent, una reconocida ilustradora belga, y cuyo guión para el largometraje está adaptado y escrito por el reconocido escritor francés Daniel Pennac. Dirigida por un trío de cineastas, habituales en el cine animado, encabezado por el francés Benjamín Renner, conocido por dirigir y escribir el cortometraje La queue de la souris (2008), un corto con una delineación muy curiosa e imaginativa, que retrata la historia de un león y un ratón que se encuentran en una situación complicada. Argumento que curiosamente coincidiría con el de Ernest y Célestine. Acompañando a Renner, están Stéphane Aubier y Vincent Patar, orfebres del dibujo en movimiento en Bélgica, reconocidos principalmente por la película animada Pánico en la granja (2009), una historia de aventuras que estuvo de candidata a la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

    Ernest y Célestine cuenta la historia de Ernest, un oso perezoso, independiente, rebelde y talentoso; y Célestine, una pequeña ratoncita, curiosa, independiente e igualmente dotada para las artes. Ambos seres con características tan similares, pero con grandes diferencias, en cuanto a su apariencia y naturaleza, son el eje central de esta historia, de este cuento lleno del espíritu de las narraciones infantiles, que enmarcan y resaltan valores, pero a la vez con un fondo muy interesante y sutil de crítica y hasta burlesca de la estructura de las narraciones infantiles tradicionales. Ernest y Célestine viven en mundos diferentes: Los grandes osos viven en la superficie de la ciudad, en donde conviven en una sociedad tradicional como la de los humanos, y debajo de la superficie, tras bajar por las alcantarillas, nos encontramos con el pequeño pero organizado mundo de los ratones, quienes también conviven bajo las reglas y normas de la ciudad de los osos. Dos mundos completamente iguales, separados simplemente por un gran pedazo de tierra, por prejuicios y las mismas tradiciones. Todo transcurre normalmente hasta que por azares del destino Ernest conoce a Célestine, quienes a pesar de empezar la relación con dificultades, poco a poco tratarán de marcar y hacer la diferencia entre los de su especie para demostrar que se pueden acortar las distancias y convivir con la divergencia.

    por Anónimo
    agosto 20, 2013

    Crítica | Ernest & Célestine

    por Anónimo | agosto 20, 2013
    Aviones (Disney)

    EL BISNIETO PACIFISTA DEL BARÓN ROJO

    crítica de Aviones | Planes, Klay Hall, 2013

    Dos aviones de combate mutilan las nubes, todo blanco y azul entre lenguas de humo casi incorpóreas, rompiendo la barrera del sonido a velocidad creciente. Hay un objeto volante no identificado que se acerca como una exhalación, y que los sobrepasa de manera asombrosa: un fumigador con aspas por nariz, risueño y nacido para fumigar hasta el último de sus días. Un avión ocioso que se resiste a cumplir los designios de la madre mecánica, sabedor de que sus habilidades a la hora de surcar el cielo no son nada groseras, más bien al contrario. Bastaría un tenaz entrenamiento por unos meses antes de embarcarse en la gran aventura soñada. Dar la vuelta al mundo en competición oficial frente a otros bólidos aéreos que (sí) han nacido para ganar, sin miedos o fobias que desgasten su talento, ya sea éste impropio de campeones y deportistas que preparan las carreras en beneficio del espectáculo y una cierta ética de trabajo que se presupone han de tener esos intrépidos a diez mil pies de altitud. Y, cuando despierta, el fumigador sigue fumigando a no más de cien metros sobre la superficie, dejando atrás la bruma propia de la ensoñación. Nunca rebasó épicamente a ningún caza, ni voló tan alto como para no sentir miedo, ya que sufre un indescriptible mal de alturas. El sur le queda ya pequeño, tan minúsculo o más que ese pueblecito que se abre en los márgenes de la carretera. Podríamos afirmar que estamos en Radiador Spring, humilde cuna del narcisista Rayo McQueen de Cars —embrión del proyecto que nos acontece, pero en modo road movie pedagógica y más estimable—, aunque la historia de Dusty nos traslada a una latitud menos polvorienta.

    El sol poniente descarga por encima de los maizales, tiñéndose de púrpuras y naranjas los pastos y el horizonte en su conjunto, mientras el citado Dusty y su compañero apuran su jornada laboral. No muy lejos de allí se celebrarán las pruebas clasificatorias para el campeonato alrededor del globo, con salida y llegada en Nueva York. Así, Aviones se revela en reflejo casi instantáneo de esa otra película que fagocitó esta nueva pero recurrente epopeya infantil. La secuela de Cars, tan innecesaria como sintomática del bajón creativo que (no) padece Pixar, abrió camino a una serie de hipótesis acerca del futuro inminente de esa productora, tal vez demasiado subordinada a los intereses mercadotécnicos del contemporáneo ratón Mortimer, aquí con una voz curtida por la sinusitis, y demás iconos Disney. Conviene decir, sin embargo, que este último giro con afán recaudatorio tiene una razón lógicamente empresarial: a falta de un estreno que concite a público y crítica, como ya hicieran Wall-E, Up o Toy Story 3, los creativos de Emeryville facturan precisos instrumentos de transición que, si bien no engañan al ojo ávido de relatos apasionantes, sí funcionan durante su estancia en la cartelera mundial. Por ello, Aviones —bajo el sello único de los estudios Disney— incide también en la realidad de Pixar: un negocio, incrustado a base de sentimientos en el imaginario colectivo cinéfilo, que nunca ha dejado de responder a la esencia amable del marketing.

    por Anónimo
    agosto 14, 2013

    Crítica | Aviones

    por Anónimo | agosto 14, 2013
    Zarafa

    NO SIN MI JIRAFA

    crítica de Zarafa | Rémi Bezançon & Jean-Christophe Lie, 2012

    En Thai Dragon (Tom yum goong, Prachya Pinkaew, 2005), el entonces emergente Tony Jaa interpretaba a Kham, un joven criado en una pequeña aldea de la jungla tailandesa que debía embarcarse en una aventura cuando, de manera cruel, unos piratas del marfil le robaban sus elefantes y se los llevaban a Sidney, Australia. El muchacho emprendía entonces un viaje cargado de peligros para poder devolver los paquidermos a su hogar, luchando contra quien hiciera falta para conseguirlo, aunque su vida corriera verdadero peligro en el intento. Con un carácter mucho menos violento pero igualmente primario, ahora nos llega una película animada que parte de una situación similar para acabar convirtiéndose en una bella oda a sentimientos como la amistad, la solidaridad, la constancia, la libertad, el amor o la superación de barreras. Se trata de Zarafa, el primer trabajo conjunto de Rémi Bezançon y Jean-Christophe Lie (este más versado en el campo de los dibujos animados que el primero), que nos presenta la historia del joven Maki, un niño africano de 10 años que huye de unos esclavistas y se encuentra con Zarafa, una jirafa que, como él, escapa de la muerte por los pelos. En su trayecto de huída ambos van a parar a Egipto, que está sufriendo la invasión de los turcos; el pachá entonces decide ofrecer a Zarafa como regalo a Carlos X, Rey de Francia, para que le ayude a expulsar a los turcos. Demostrando su amistad inquebrantable, Maki escapa con los encargados de proteger a la jirafa, comenzando el largo trayecto hacia París y viéndose envuelto en una peripecia en la que tendrá que enfrentarse al peligro en más de una ocasión. Por si todo eso fuera poco, Maki debe ayudar también a Soula, la niña que conoció en el campamento de esclavos y con la que surgió un amor inocente y puro (algo que constituye otra de las bases más importantes del relato).

    Puede que alguno no entienda del todo bien a qué venía la mención inicial a Thai Dragon, pero supongo que ya os habrá quedado más claro al leer el argumento de Zarafa (inspirado, por cierto, en los hechos reales sobre la primera jirafa que se vio en Europa). Al fin y al cabo, ambas construyen su discurso a partir de ideas similares: las dos presentan a protagonistas capaces de remover cielo y tierra con tal de no separarse de sus animales, yendo más allá del concepto que tenemos en occidente de ellos como mascotas para abrazarlos como amigos insustituibles, incluso hermanos de sangre que hay que proteger con nuestra propia vida, sin importar que pertenezcamos a especies distintas (y sí, ese es otro de los mensajes del largometraje). La diferencia es que, premisa e intenciones aparte, si en la película tailandesa el máximo reclamo para el público residía en las artes marciales, en Zarafa el mayor atractivo es el arte pictórico. Esta co-producción franco-belga es la cinta de animación más cara que se ha filmado en Europa (8 millones de euros de presupuesto y un equipo de más de 250 personas trabajando en ella). Y eso se nota, y mucho, en el mimo que se ha puesto en todos y cada uno de sus planos, que aportan una belleza y serenidad que se aleja considerablemente de la sobreexplotación digital a la que parece condenado el cine animado por culpa de (y, a veces, gracias a) el éxito de Pixar, DreamWorks Animation o Blue Sky Studios. Es esa exuberancia visual y auditiva (magnifica partitura de Laurent Perez) el verdadero atractivo de la película, más incluso que su historia, tan cargada de valores y buenos sentimientos como de tópicos (los indígenas bondadosos, los aristócratas perversos y de dientes amarillos, los piratas simpaticos, etc.). Dicho eso, hay que reconocer que funciona bastante bien en su intento de resultar interesante para los adultos y para los niños al mismo tiempo, si bien es cierto que posiblemente resulte demasiado pausada para los más pequeños (a los que se intenta animar con algunos running gags facilones y que, a veces, tienen que ver con la escatología… que eso siempre hace gracia). Así que, en resumen, podríamos decir que si bien Zarafa no es una película memorable, sí que es recomendable. Y eso es más de lo que se puede decir de muchos de los títulos que adornan las carteleras. ★★★★★

    por Unknown
    julio 23, 2013

    Crítica | Zarafa

    por Unknown | julio 23, 2013
    Blue Heron
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