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    Sarah Polley
    Sarah Polley
    || Críticas | ★★★☆☆
    Ellas hablan
    Sarah Polley
    Un (necesario) discurso repetido


    Juan Velis
    Buenos Aires (Argentina) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2022. Título original: Women Talking. Dirección: Sarah Polley. Guion: Sarah Polley. Compañías productoras: Orion Pictures, Plan B Entertainment, Hear/Say Productions. Música: Hildur Guðnadótti. Fotografía: Luc Montpellier. Montaje: Christopher Donaldson. Reparto: Frances McDormand, Ben Whishaw, Rooney Mara, Claire Foy, Jessie Buckley, Judith Ivey, Sheila McCarthy, Michelle McLeod. Duración: 104 minutos.

    Basada en la novela homónima que Miriam Toews publicó en el año 2018, en pleno estallido mediático y social del movimiento feminista #MeToo desde los Estados Unidos, la nueva película de Sarah Polley, protagonizada por un elenco coral de reconocidas actrices (Rooney Mara, Claire Foy, Jessie Buckley, Frances McDormand…) promulga enfáticamente una semblanza ética que bordea el carácter de lección didáctica de época. Recoge y abraza ciertos tópicos extremadamente recurrentes (vinculados por supuesto al feminismo) para recomponer un «estado de la cuestión» en un escenario local bien determinado, que funciona como recorte de un concepto cultural global.

    Narrativamente, se nos presenta un grupo de ocho mujeres de diversas edades en una colonia menonita aislada, quienes se ven obligadas a revisar sus prenociones religiosas y vivenciales tras la revelación de traumáticos episodios de abuso y violación por parte de los hombres de su comunidad. Lo que vuelve más brutal y tremendo este hecho es el descubrimiento de que estos ataques se sucedieron durante años, habiendo los hombres anestesiado y drogado a sus víctimas para luego atribuirle las agresiones a misteriosas maldiciones satánicas. Si bien al principio el contexto nos sugiere un marco cronológico distante, pronto nos enteramos de que corre el año 2010, y que esos inconclusos e invisibilizados territorios del mundo están más próximos de lo que pensamos. La cineasta Sarah Polley evita ahondar en el costado cínico de la violencia masculina para focalizar de lleno en el conjunto de mujeres y su ineludible toma de postura política ante dicha revelación. Casi a modo de asamblea, se reúnen en un granero para llevar a cabo un álgido y acalorado debate que descubre tres opciones definitivas: quedarse en la colonia y perdonar, permanecer para luchar y enfrentar al tórrido enemigo, o abandonar el lugar para redescubrirse y recomponer la esperanza. Este contexto particular, el del espacio-tiempo en donde se reúnen para debatir, acaba por consolidar un extraño tono teatral que predomina en la dinámica discursiva de las mujeres protagonistas, lo cual nos lleva a reiterar la cuestión de la declaración moral de la película.

    Detengámonos un momento en esclarecer este punto: si bien sigue siendo sumamente necesario atender a este tipo de planteamientos mediante la confluencia poético-conceptual que habilita el cine, lo cierto es que -desde un punto de vista espectatorial- cuesta cada vez menos identificar aquellas películas en donde la ampulosidad discursiva declamada supera lamentablemente al de la provocación artística. En Ellas hablan, hay pasajes en donde la desvaída y sombría puesta en escena visual (que podría ser muy coherente con el drama que se plantea) contrasta demasiado con los sermones un tanto impostados de sus personajes. De cualquier modo, Polley asienta su declaración ético-estética de manera sólida y ferviente: las mujeres, esas mujeres, hablan, se organizan, polemizan, desafían la propia ley divina y toman decisiones a propósito de lo que consideran próspero para ellas.

    La película se encarga de poner de relieve un pronunciado y subrayado dictamen que exclama que, inclusive en aquellos márgenes territoriales en donde se creería quimérica una alteración casi filosófica en pos del bienestar social común, la salida es posible. Y, como en toda toma de decisiones, hay conflictos y discrepancias, hay confrontaciones de puntos de vista que deberán problematizar para consolidar acuerdos. Por supuesto que también habrá sacrificios. A este último punto la directora le otorga un lugar privilegiado en la subtrama que gira en torno a los personajes de Ona (Rooney Mara) y August (Ben Whishaw) y su indisimulada tensión romántica, siendo éste último un joven y sensible maestro de la colonia que acompaña a las mujeres tomando nota de sus decisiones, ya que ellas no saben escribir.

    Sarah Polley elige también la fragmentación y el contraste como artilugios de montaje, con flashbacks que acentúan el pesar de las víctimas de los ataques, y evidencian la violencia y la crueldad aún sin mostrar de manera explícita a los victimarios. De hecho, los hombres no aparecen en cámara en ningún momento, eludidos por la perspectiva intrusiva de la cámara que opta impetuosamente por un énfasis en la expresividad de las protagonistas mientras debaten. Esta decisión formal puede significar el más grato hallazgo de la película: la no-mostración del verdadero oponente, cuya presencia en la ausencia palpita en los rincones no iluminados del granero y en la verborragia de la «asamblea» de mujeres. Hay también escenas de transición necesarias y bienvenidas, como aquel diálogo alegórico en el que August le explica a Ona la función de las comas en un texto escrito: «significan una pausa en el desarrollo del texto», una detención, un alto, un momento de pensar entre paréntesis -como diría Godard- para no dar por supuesto todo lo que nos rodea y lo que se nos asigna y presenta como normal: la propia violencia machista.

    Con todo, la sensación última que transmite el film es la de cierto desajuste en términos cronológico con respecto al perfilamiento de este tipo de debates en la actualidad. La película resalta y prioriza el discurso feminista de un modo didáctico-moralizante que opaca en cierta medida otros aspectos. La meticulosa atención que designa la directora hacia la acción dramática de sus personajes, muy sólidamente interpretados por las consagradas actrices protagonistas -con especial hincapié en Jessie Buckley-, nos impulsa a rememorar otras piezas recientes como La asistente (The assistant, 2020) de Kitty Green, mucho menos aplaudida, que profundiza muchísimo más -y de manera más implícita- en las tortuosas consecuencias de la violencia machista y la toma de decisiones desde el rol de la mujer. Inclusive, en este último título, también se despliega con notable eficiencia el recurso de sustituir la explicitación del agresor por la sugerencia, resaltando sin declamaciones la sombría certeza de que el patriarcado persiste y resiste solapadamente naturalizado.

    Sin dudas, Ellas hablan llega para promover también debates intensos sobre la revisión de eternos preceptos religiosos -que mucho tienen que ver con la violencia heteropatriarcal instituida- que solidifican fuertes cadenas morales deudoras de ser concienzudamente repensadas. Pero lo cierto es que prevalece cierta desarticulación entre los aspectos expresivos y lo narrativo, en donde la intencionalidad última en términos conceptuales se ratifica rápidamente en primer plano y en detrimento de otros interesantes niveles. La pregunta final, de todas maneras, nos fuerza a recoger la urgente premisa de la película: ¿cuántas más películas oscarizables que reúnan estas repetidas características se requieren para empezar a recomponer la consciencia frente a este tipo de violencias constantes en cualquier lado y, más aún, en recónditos y anacrónicos territorios silenciados?


    por Juan Velis
    marzo 20, 2023

    Crítica | Ellas hablan

    por Juan Velis | marzo 20, 2023
    Stories We Tell

    YO, MI, ME, CONTIGO... SARAH

    crítica de Stories We Tell | Sarah Polley, 2012

    La familia, ese concepto que resbala y nadie sabe definir con precisión. La familia son hilos de sangre que, también, resbalan (y mucho) como un cubito de hielo entre las manos. La familia es lo que está sin saber por qué; una forma atávica de menospreciar la esclerosis y sus consecuencias en el espacio-tiempo. La familia puede ser monótona y fugaz y reconfortante y molesta e invisible e inhóspita. Hay quien tras varias décadas de convivencia con la misma familia, decide que ésa no es la suya, o que se la cambiaron al nacer. No se reconocen en el espejo que ha enlazado generación tras generación rostros y caracteres que a duras penas si convergen en Navidad, cuando llega el mazapán y la Zambomba Juancarlista y el turrón con su absurda mofa del "Vuelve a casa vuelve / vuelve a tu hogar". Pero el hogar nunca ha existido porque es una hipoteca. La familia, también. Y hay que pagar por ello(s). Por la familia y por el hogar. Que te han elegido a ti, y no al contrario. De alguna manera, la familia es fruto del azar (que no azarosa). Una bonoloto que premia sin que nadie haya jugado: te cae y te jodes para siempre. Y es igual aun con sus mínimos cambios imperceptibles. Es azar, pues, sin arbitrariedad. Cuando se presenta ante ti, no hay giro posible. Ni se vende, ni se alquila, ni se descambia, ni siquiera se cuestiona el Matrix adherido a tan etéreo cálculo. Desgraciadamente, el capitalismo no triunfó en esa parcela de la economía doméstica. La familia nos comprende ("yo soy yo y mi circunstancia"), aunque más pronto que tarde nos daremos cuenta de que el núcleo sólo tiene tres patas cojas. El gato se convierte en tu celestina, el perro te da cariño y tu hermana a lo peor no es tu hermana, o sí, pero a medias, lo cual hace medio hermano por un error en la conexión; y el pez, que no tiene memoria, hace glup. Y es feliz.

    por Anónimo
    octubre 03, 2013

    Crítica | Stories We Tell

    por Anónimo | octubre 03, 2013
    Take This Waltz

    ENTRE DOS AMORES

    crítica de Take This Waltz | Sarah Polley, 2011

    Sarah Polley es una de esas actrices que, sin ser especialmente bella, ni haber protagonizado un gran éxito de taquilla jamás, ha sabido granjearse el respeto de la industria gracias a una carrera de lo más interesante, dejando constancia de una gran profesionalidad y talento al tocar todo tipo de géneros y ponerse a las órdenes de directores tan interesantes como Terry Gilliam, David Cronenberg, Atom Egoyan o Wim Wenders. En España la conocemos, sobre todo, por esas dos maravillosas películas que rodó con Isabel Coixet, Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005). Sendos dramas íntimos de los que Polley debió tomar buena nota para su posterior faceta de directora. Sorprendió a propios y extraños en 2006 con Lejos del cielo, delicado filme sobre el Alzheimer que llevó a la veterana Julie Christie a las puertas del Oscar. La sensible actriz se había convertido en una realizadora con un universo muy personal, capaz de ofrecer excelentes retratos femeninos en la línea de su maestra Isabel Coixet. Cinco años nos ha hecho esperar Polley para comprobar si con su estimable ópera prima había sonado la flauta por casualidad o si en realidad está tan dotada para la dirección como allí apuntaba. Take This Waltz (2011), a simple vista, podría parecer una típica comedia romántica con triángulo amoroso, de las muchas que han inundado las carteleras en los últimos años. Que uno de sus protagonistas sea Seth Rogen, uno de los cómicos con más tirón comercial de la actualidad, invitaba a una nueva Lío embarazoso (2007), pero nada del humor gamberro de aquella vamos a encontrar en esta segunda incursión tras las cámaras de Sarah Polley.

    Con un título que toma prestada una canción de Leonard Cohen, Take This Waltz nos adentra en la rutina de Margot, una joven ama de casa que lleva cinco años de “feliz” matrimonio con Lou, un escritor de libros de cocina de carácter infantil y bromista, con una facilidad innata para sacarle a su esposa una sonrisa en cualquier momento, pero incapaz también de mantener la llama de la pasión del primer día. En un viaje, Margot conoce al imprevisible Daniel, artista ambulante con el congenia rápidamente, naciendo entre ambos una bonita amistad. Por caprichos del destino, los nuevos amigos descubren asombrados que son vecinos, por lo que están obligados a encontrarse cada día por la calle. Pese a que en un principio, Margot intenta luchar con todas sus fuerzas contra la irrefrenable atracción que despierta en ella el aventurero Daniel, la rutina junto a Lou la empuja a dar un importante paso en su vida. La película poco tiene de comedia. Si acaso, las puntuales ocurrencias de Rogen pueden hacer cierta gracia. El actor sorprende por su contención en un personaje que mantiene un equilibrio constante entre la ternura y la apatía. Podría decirse que salva con buena nota su incursión en los terrenos del melodrama romántico, alejándose de sus tics y gracietas fáciles a las que nos tiene acostumbrados.

    por José Martín León
    agosto 09, 2013

    Crítica | Take This Waltz

    por José Martín León | agosto 09, 2013
    fecha de estreno| 17 de mayo en Estados Unidos.

    directora| Sarah Polley.

    notas| la tercera obra de Sarah Polley es un documental sobre los secretos de una familia contados según el prisma de cada integrante. Se presentó en la pasada edición del Festival de Toronto con una recepción más que positiva. Su segundo largometraje, ‘Take this Waltz’ (2011), aun está pendiente de fecha de estreno en España.

    por Emilio M. Luna
    marzo 07, 2013

    TRÁILER | STORIES WE TELL, DE SARAH POLLEY

    por Emilio M. Luna | marzo 07, 2013

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