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    Crítica | Take This Waltz

    Take This Waltz

    ENTRE DOS AMORES

    crítica de Take This Waltz | Sarah Polley, 2011

    Sarah Polley es una de esas actrices que, sin ser especialmente bella, ni haber protagonizado un gran éxito de taquilla jamás, ha sabido granjearse el respeto de la industria gracias a una carrera de lo más interesante, dejando constancia de una gran profesionalidad y talento al tocar todo tipo de géneros y ponerse a las órdenes de directores tan interesantes como Terry Gilliam, David Cronenberg, Atom Egoyan o Wim Wenders. En España la conocemos, sobre todo, por esas dos maravillosas películas que rodó con Isabel Coixet, Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005). Sendos dramas íntimos de los que Polley debió tomar buena nota para su posterior faceta de directora. Sorprendió a propios y extraños en 2006 con Lejos del cielo, delicado filme sobre el Alzheimer que llevó a la veterana Julie Christie a las puertas del Oscar. La sensible actriz se había convertido en una realizadora con un universo muy personal, capaz de ofrecer excelentes retratos femeninos en la línea de su maestra Isabel Coixet. Cinco años nos ha hecho esperar Polley para comprobar si con su estimable ópera prima había sonado la flauta por casualidad o si en realidad está tan dotada para la dirección como allí apuntaba. Take This Waltz (2011), a simple vista, podría parecer una típica comedia romántica con triángulo amoroso, de las muchas que han inundado las carteleras en los últimos años. Que uno de sus protagonistas sea Seth Rogen, uno de los cómicos con más tirón comercial de la actualidad, invitaba a una nueva Lío embarazoso (2007), pero nada del humor gamberro de aquella vamos a encontrar en esta segunda incursión tras las cámaras de Sarah Polley.

    Con un título que toma prestada una canción de Leonard Cohen, Take This Waltz nos adentra en la rutina de Margot, una joven ama de casa que lleva cinco años de “feliz” matrimonio con Lou, un escritor de libros de cocina de carácter infantil y bromista, con una facilidad innata para sacarle a su esposa una sonrisa en cualquier momento, pero incapaz también de mantener la llama de la pasión del primer día. En un viaje, Margot conoce al imprevisible Daniel, artista ambulante con el congenia rápidamente, naciendo entre ambos una bonita amistad. Por caprichos del destino, los nuevos amigos descubren asombrados que son vecinos, por lo que están obligados a encontrarse cada día por la calle. Pese a que en un principio, Margot intenta luchar con todas sus fuerzas contra la irrefrenable atracción que despierta en ella el aventurero Daniel, la rutina junto a Lou la empuja a dar un importante paso en su vida. La película poco tiene de comedia. Si acaso, las puntuales ocurrencias de Rogen pueden hacer cierta gracia. El actor sorprende por su contención en un personaje que mantiene un equilibrio constante entre la ternura y la apatía. Podría decirse que salva con buena nota su incursión en los terrenos del melodrama romántico, alejándose de sus tics y gracietas fáciles a las que nos tiene acostumbrados.

    Take This Waltz

    Pero si hay alguien que brilla con luz propia en el filme, esa es la grandiosa Michelle Williams. Esta actriz, pese a su juventud, no deja de sorprendernos película tras película, con su enorme versatilidad y una inteligente elección de sus proyectos. Ha rozado el Oscar en tres ocasiones en poquísimos años –Brokeback Mountain (2005), Blue Valentine (2010) y Mi semana con Marilyn (2011)– y en su vulnerable papel de Margot encuentra una nueva oportunidad para su absoluto lucimiento. Un personaje que podría despertar antipatía (cómo puede plantearse engañar a un marido tan encantador), se gana la total complicidad del espectador, capaz de ponerse en la piel de una mujer que, pese a que quiere a su esposo, está cansada de ver cómo cocina pollo día tras día y descubre, durante su cena de aniversario, que ya no tienen nada que decirse. Cierto es que no le falta cada mañana un “te quiero” y que Lou siempre la hace reír con sus constantes juegos y bromas, pero todos necesitamos esa chispa para no hundirnos en la monotonía. El canadiense Luke Kirby está perfecto como el tercer vértice de este triángulo, logrando una fascinante química con Williams en todas las escenas que comparten. Los ojos con que Daniel mira a Margot cuando ésta le habla, son los de un auténtico enamorado. Los diálogos están cargados de verdad e ingenio, gracias al magnífico guión de la propia Polley (tal vez sea mejor guionista que directora), repleto de pequeños detalles en el dibujo de sus tres personajes principales. Escenas como la de Daniel y Margot en la atracción de feria, con la canción Killed the Radio Star de fondo, o la que comparten en la piscina, destacan por su gran tensión sexual y ayudan a darle gran verosimilitud a la historia.

    Take This Waltz

    El filme sigue los patrones del mejor cine independiente estadounidense, retratando de manera sutil y elegante los terribles estragos de la rutina en una pareja, al igual que lo hicieron otras obras recientes como Rabbit Hole (2010), Like Crazy (2011) o la misma Blue Valentine (2010). Polley no profundiza en las consecuencias de este desamor en toda su crudeza, pero tampoco se queda en la superficie ni cae en la cursilería. De hecho, el final deja un regusto insospechadamente amargo en el espectador. Aquí no hay cuentos de hadas, no existen los príncipes azules que te aseguren una vida de eterna aventura y, tarde o temprano, la pasión inicial da paso al mismo hastío de siempre. La canción Take This Waltz (Acepta este vals) es utilizada por Polley en una magnífica secuencia que resume a la perfección todas las etapas por las que pasa una pareja hasta llegar a ese punto de desencanto. En la última media hora, la directora, que ha sido muy generosa con el metraje de su película, rompe completamente el tono dulzón de la propuesta, desvelándonos la verdadera naturaleza anti-romántica de su mensaje. Al final, lo que cuenta es que Margot –una mujer que al principio del metraje reconoce tener miedo de perderse en una conexión entre dos vuelos– se encuentre a sí misma, dejando atrás su inmadurez y esa dependencia casi enfermiza de sus parejas. En definitiva, estábamos ante una cinta mucho menos convencional de lo que aparentaba y Sarah Polley demuestra un gran valor al dar esa vuelta de tuerca final que la aleja de cualquier pretensión comercial. No hizo demasiado ruido a su paso por los festivales de San Sebastián y Toronto, donde no levantó grandes pasiones, pero se trata de un trabajo muy estimable y conmovedor que no sería tan eficaz sin esa fuerza de la naturaleza llamada Michelle Williams. Ella es la película. ★★★★

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    Canadá. 2011. Titulo original: Take This Waltz. Directora: Sarah Polley. Guión: Sarah Polley. Productora: Joe´s Daughter/ Astral Media/ The Harold Greenberg Fund. Recaudación: 1.239.692 dólares. Fotografía: Luc Montpellier. Música: Jonathan Goldsmith. Montaje: Christopher Donaldson. Intérpretes: Michelle Williams, Seth Rogen, Luke Kirby, Sarah Silverman, Jennifer Podemski, Aaron Abrams. Presentación oficial: Festival de Toronto 2011.

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