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    Juan Antonio Bayona
    Juan Antonio Bayona
    || Críticas | ★★☆☆☆
    La sociedad de la nieve
    J.A. Bayona
    En la montaña


    Kevin Rodrigo Pérez
    Madrid |

    ficha técnica:
    España, 2023. La sociedad de la nieve. Dirección: J.A. Bayona. Guion: J.A. Bayona, Bernat Vilaplana, Jaime Marques-Olearraga, Nicolás Casariego. Compañías productoras: Apaches Entertainment, Misión de Audaces Films. Fotografía: Pedro Luque. Montaje: Jaume Martí, Andrés Gil. Música: Michael Giacchino. Diseño de Producción: Alain Bainée. Producción: Belén Atienza, Sandra Hermida, J.A. Bayona. Reparto: Enzo Vogrincic, Matías Recalt, Agustín Pardella, Tomas Wolf, Diego Vegezzi, Esteban Kukuriczka, Francisco Romero, Rafael Federman, Felipe Otaño, Agustín Della Corte, Valentino Alonso, Simón Hempe, Fernando Contigiani, Benjamín Segura. Duración: 144 minutos.

    Al comienzo de La sociedad de la nieve, una voz en off nos advierte: «El pasado es lo que más cambia». Es Numa Turcatti, uno de los pasajeros del avión que se estrelló en los Andes en 1972, y su voz nos guía a través de las semanas. En la montaña, el tiempo es como la nieve, la certeza de que empieza y termina se desvanece si caminas lo suficiente. Y es inevitable preguntarse si quien nos dirige la frase con grandilocuencia y poca claridad es el propio Bayona, que se autojustifica en la revisión de esta historia.

    Bayona escribe, dirige y produce esta película, cuyo punto de partida es el libro de Pablo Vierci en el que los protagonistas de la tragedia la narran en primera persona. Tras ser dados por muertos y suspendidas las labores de búsqueda, sobrevivieron durante setenta y tres días a las condiciones extremas alimentándose de los cadáveres de los pasajeros fallecidos.

    Imagino difícil adaptar un material como ese. Y son evidentes los peligros de ficcionar una vez más algo que de tan contado es ya mito, imaginario colectivo. Tal vez por eso mismo se ha olvidado de dejar un mínimo espacio a los espectadores en la película, y al inicio uno respira con ese montaje fragmentario, los cortes antes de tiempo que nos dejan entrar. Pero pronto cae en la autocomplacencia y traza una ruta inequívoca, no cuestiona ni revela. Señala con violencia, reproduce con más bien poco gusto. En ningún momento entendemos qué le interesa a Bayona de todo esto y se vuelve frío, un poco grotesco, lo contrario a los relatos en primera persona de los que parte. La película se vuelve algo así como un artefacto Baudrillardiano que fagocita y oculta tras de sí la realidad que representa, un letrero de neón que deslumbra y no ilumina.

    Hablar de poética del canibalismo o de la tensión relato-Historia, que parecen apuntarse al inicio, no tiene mucho sentido cuando la película termina de desplegar su aparato narrativo: si bien La sociedad de la nieve es un buen ejercicio de ritmo y Bayona nos deja un par de secuencias en las que saca pecho y demuestra su dominio del género, lo cierto es que resulta verdaderamente vacía. La sinopsis del libro de Vierci dice sobre esta historia: «Si fuera ficción, resultaría inverosímil». Tal vez sí, tal vez no. Pero hay historias que quizás no lucen más en forma aristotélica. ♦

    por Kevin Rodrigo Pérez
    diciembre 14, 2023

    Crítica | La sociedad de la nieve

    por Kevin Rodrigo Pérez | diciembre 14, 2023

    Cuando los dinosaurios dominen la Tierra

    Crítica ★★★ de Jurassic World: El reino caído (Jurassic World: Fallen Kingdom, Juan Antonio Bayona, 2018).

    Estados Unidos. 2018. Título original: Jurassic World: El reino caído. Director: Juan Antonio Bayona. Guion: Colin Trevorrow, Derek Connolly (Personajes: Michael Crichton). Productores: Belén Atienza, Patrick Crowley, Frank Marshall. Productoras: Universal Pictures / Amblin Entertainment / The Kennedy/Marshall Company / Perfect World Pictures / Legendary Pictures. Distribuida por Universal Pictures. Fotografía: Óscar Faura. Música: Michael Giacchino. Montaje: Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Andy Nicholson. Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Isabella Sermon, Justice Smith, Daniella Pineda, Rafe Spall, Ted Levine, James Cromwell, Toby Jones, BD Wong, Geraldine Chaplin, Jeff Goldblum.

    A pesar de que en 1990 Michael Crichton ya era un novelista acostumbrado a que sus best-sellers fuesen trasladados a la gran pantalla con gran éxito, poco podía imaginar que Parque Jurásico, la obra que acababa de publicar, supondría el origen de una de las sagas cinematográficas más taquilleras de todos los tiempos. Steven Spielberg, a partir de esta fábula de ciencia ficción que alertaba de los peligros de la ingeniería genética cuando el hombre juega a ser Dios, confeccionó el blockbuster perfecto, una estupenda cinta de aventuras para toda la familia, repleta de maravillosas set pieces y unos efectos visuales absolutamente revolucionarios en su momento. El invento de esa isla Nublar convertida en parque temático habitado por criaturas extintas hace 65 millones de años por obra y gracia de la manipulación de ADN de un dinosaurio encontrado en un mosquito fosilizado, cautivó a un público que acudió en masa a los cines, convirtiendo a Jurassic Park (1993) en la película más taquillera de la Historia del Cine –hasta la llegada del Titanic de James Cameron cuatro años más tarde– y en un auténtico filón que Hollywood no estaba dispuesto a dejar de explotar. Ni que decir tiene que el sentido de la maravilla del filme inaugural jamás volvería a ser alcanzado, ni en El mundo perdido: Jurassic Park (1997), por la que Spielberg recibió críticas más bien mediocres (aun cuando se trata de una secuela cumplidora y con algunos momentos brillantes en los que se nota la buena mano del director detrás), ni mucho menos en aquella Jurassic Park 3 (2001) en la que el maestro entregó el testigo a un artesano como Joe Johnston, artífice de entretenimientos tan ligeros como Cariño, he encogido a los niños (1989) o Jumanji (1995). Esta tercera entrega, tan funcional como desprovista de cualquier atisbo de creatividad, cerró, momentáneamente, una trilogía en la que parecía que ya estaba todo contado. ¿Todo? Para nada. 18 años más tarde, la franquicia comenzó a vivir una segunda juventud gracias al éxito arrollador de Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015), un tardío reinicio que, protagonizado por unos Chris Pratt y Bryce Dallas Howard que derrochaban química como sustitutos de Sam Neill y Laura Dern en la cabeza de cartel, apelaba al factor nostalgia y a numerosos guiños a los capítulos anteriores para ganarse el cariño (y el dinero) de sus incondicionales.

    Pero la sombra de Spielberg es alargada y, pese a que Trevorrow hizo una buena labor al timón de un macroproyecto de 150 millones de dólares –sobre todo, teniendo en cuenta que su única experiencia previa en el campo del largometraje había sido una cinta tan indie como Seguridad no garantizada (2012)–, Jurassic World dejaba cierta sensación de no ser más que una hábil actualización de la fórmula ya conocida. La misma historia contada de forma más grande, más ruidosa y, por qué no decirlo, menos auténtica. Divertida e irreprochable como montaña rusa de acción, sí, pero muy lejos de rozar la genialidad de la primera Jurassic Park. Más de 1600 millones de dólares de recaudación en todo el mundo fueron un botín demasiado goloso como para detenerse ahí y ahora nos llega la inevitable continuación, Jurassic World: El reino caído (2018), con la que el realizador español Juan Antonio Bayona ha dado el salto a las superproducciones norteamericanas después de los éxitos consecutivos de El orfanato (2007), Lo imposible (2012) y Un monstruo viene a verme (2016). Era de esperar que los grandes estudios terminasen poniendo sus ojos sobre él, dado su comprobado talento para un cine de género que sabe tocar los resortes de la emotividad de un modo que recuerda al Spielberg de sus primeros tiempos. Él era, sin lugar a dudas, el hombre adecuado para insuflar nuevos aires a una reiniciada saga que corre el riesgo de agotarse en breve por falta de ideas. La idea central de la película, en esta ocasión, es bastante buena y plantea un interesante debate ético y moral. Los dinosaurios han quedado abandonados a su suerte en una isla Nublar que tiene las horas contadas a causa de la inminente erupción de su volcán, mientras que la sociedad se divide entre quienes defienden el derecho de estos animales (equiparándolos a cualquier otro) a ser protegidos y, por consiguiente, evacuados de la isla, y quienes piensan que la naturaleza está actuando con justicia y debe acabar extinguiendo a unos seres que nunca debieron volver a pisar el planeta. Y es que, preguntado por su opinión sobre el tema, el matemático Ian Malcolm (Jeff Goldblum recuperado para la causa en un cameo breve pero contundente por el mensaje que transmite), escarmentado por sus experiencias pasadas con estas criaturas, no lo duda ni un instante: “Estaban aquí antes que nosotros y, si no tenemos cuidado, estarán aquí después”.

    por José Martín León
    junio 10, 2018

    Crítica | Jurassic World: El reino caído

    por José Martín León | junio 10, 2018
    Sigourney Weaver

    Tres kilómetros

    Crónica de la quinta jornada de la 64ª edición del Festival de San Sebastián.

    Tres kilómetros separan nuestro apartamento en San Sebastián, situado en las faldas del Monte Ulía, del núcleo del festival. Un segmento que, tras la medianoche, condensa decenas de sensaciones recopiladas durante una jornada donde la retina es golpeada de forma incesante. Son unos cuarenta minutos caminando que, bien por relajación, bien por simple entretenimiento, funcionan como germen del posterior trabajo que ven ustedes tras las líneas de este prólogo. Unas líneas que brotan con los párpados oblicuos a las seis de la mañana, cuatro horas después de la llegada. ¿Es el momento más apropiado para hacer una valoración? Claro que no. La respuesta se reduce a la pasión, a ese deseo irrefrenable de comunicar, de compartir una experiencia elaborada con el lector. No obstante la labor del crítico se basa en inspirar al público potencial, en darle ese empujón hacia a la sala proponiéndole la oportunidad de descubrir por sí mismo un nuevo mundo y de provocar su ese debate interno que ha convertido al cine en arte. Formular una reflexión no entiende de tiempo, pero cierto es que este recompensa a una paciencia que en la época que vivimos se ha convertido en una quimera. Las redes sociales mandan, y un evento como este, dotado de cierta exclusividad, las convierte en el perfecto altavoz del ego. En el día que aparecía en escena Sigourney Weaver, Premio Donostia 2016, y la polémica se recrudecía con el pase de prensa de la cinta polaca Playground, uno de los impactos mediáticos del certamen, las redes estallaban tras la primera proyección de Un monstruo viene a verme, la esperada tercera película de Juan Antonio Bayona. Sobre las diez menos cuarto de la noche, los tweets –algunos incluso antes de su final— surgieron dictando sentencia. Un torrente de exhibicionismo donde detractores y seguidores recurrían a la sorna para defender su postura. Eyaculadores precoces cuyo discurso y labor comienza y termina ahí, en los aledaños del cine. Hay que marcar tendencia y, con suerte, que algún distribuidor elija tu frase para un teaser promocional. Porque en el Festival de San Sebastián no solo se promocionan largometrajes, también Narcisos reflejados en el pequeño cristal que ansían sus tres segundos de fama.

    por EAM
    septiembre 21, 2016

    Festival de San Sebastián 2016 | Día 5. Críticas: Un monstruo viene a verme, As you are, Frantz, Lumières d'été, Porto & Pinamar

    por EAM | septiembre 21, 2016
    Opinión de Lo imposible, de Juan Antonio Bayona
    HUMANIDAD
    Lo imposible (The Impossible, Juan Antonio Bayona, 2012)
    Columna para El Periódico Extremadura

    Demasiados adjetivos grandilocuentes acompañaron al estreno de ‘Lo imposible’ (The Impossible, 2012), el nuevo trabajo de Juan Antonio Bayona (‘El orfanato'). Es parte de la enorme campaña mediática de una productora – Mediaset – que apuesta toda la baraja al talento de un joven director que promete trascender más allá de nuestras fronteras. Es aparente ‘cine espectáculo’ y como tal así debe ser publicitado. Una campaña que ha dado sus frutos viendo la tumultuosa acogida del público.

    Dejando a un lado estos excesos, ausentes en el metraje por otra parte, ‘Lo imposible’ es toda una experiencia para el espectador. Lo es porque hace vivir en primera persona el dolor y la confusión de una catástrofe de estas dimensiones. Pero no es lo único. El filme de Bayona irradia la esperanza y el tesón de una familia, no sólo por sobrevivir sino por ese anhelo de reencuentro que funciona como leitmotiv improvisado en una situación límite.

    por Emilio M. Luna
    noviembre 08, 2012

    LO IMPOSIBLE | COLUMNA CRÍTICA

    por Emilio M. Luna | noviembre 08, 2012

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