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  • Cine Alemán Siglo XXI
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    Jean-Gabriel Périot
    Jean-Gabriel Périot
    || Críticas | ★★★★☆ ½
    Regreso a Reims
    Jean-Gabriel Périot
    Los restos del naufragio


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Francia, 2021. Título original: Retour à Reims. Dirección y Guión: Jean-Gabriel Périot. Documentalista: Emmanuelle Koenig. Fotografía: Julia Mingo. Voz: Adéle Haenel. Sonido: Yoland Decarsin, Xavier Thibault, Laure Arto. Montaje: Jean-Gabriel Périot. Música: Michel Cloup. Productora: Marie Ange Luciani. Compañías productoras: Les films de Pierre. Coproducción: ARTE Francia, INA. Duración: 83 minutos.

    En las primeras imágenes de Regreso a Reims, la cámara acompaña el recorrido desde el interior de un vehículo por grises carreteras, grises pueblos, pequeños núcleos urbanos desiertos. La voz de la narradora (Adéle Haenel, sustituta del escritor de la obra, Didier Eribon, utilizado para reforzar el recorrido histórico trazado por el director) desgrana su progresivo alejamiento del núcleo familiar, su desapego y falta de interés hacia un mundo que apenas reconoce y que se desvelará, posteriormente, cómo ha evolucionado hacia posiciones, si no ideológicas, sí de conformismo intelectual muy próximas a aquéllas contra las que se lucharon en los 60 y 70. Périot es uno de los directores más combativos del presente, la etiqueta de «cine político» nada aporta, porque siempre tiende a identificarse con una consigna cuando no con un argumentario prefijado. El cine de Périot denuncia y señala, la interpretación y el análisis no viene condicionado (o completamente condicionado) por las imágenes utilizadas ya que el espectador siempre tiene la facultad y la posibilidad de obtener múltiples perspectivas de lo narrado. Con su última obra se acerca, de manera personal y hasta novedosa, a una especie de historia del movimiento obrero desde la Francia de los 40 hasta el presente. Panorama y conclusión son desoladores, pero no muy alejados de lo que cualquiera puede presenciar a día de hoy a poco que se interese por escarbar sin necesitar profundizar demasiado.

    Es posible que esas imágenes iniciales sean las únicas, o casi, filmadas por Périot y su equipo, porque gran parte del cine del francés utiliza, sobre todo en sus pequeñas piezas, afiladas como dardos, imágenes de archivo, de cine, de televisión (el trabajo de la documentalista Emmanuelle Koenig contribuye notablemente al resultado elogioso del cine de Périot). Inicio y fín de la película podrían conducir a la originalidad del material, como un hermanamiento entre pasado y presente entre la clase obrera que ahora no se quiere reconocer como tal y siente esa condición como un insulto que ha terminado por conducirla a sostener a la extrema derecha en zonas donde, hasta no hace mucho, los partidos comunistas nacionales eran capaces de mantener una fortaleza que se evidenciaba en su poder de resistencia y combatividad. Périot divide la experiencia visual en dos partes y un epílogo, muy marcadas todas ellas y de innegable valor como documento. No es la primera vez que Périot se marca este desafío, sólo que con Regreso a Reims la compartimentación de la película en capítulos, divididos más subjetivamente en subepígrafes, cambia por completo el desarrollo de lo que hasta ese momento era crónica social de los desfavorecidos y su intento de mejora de vida hacia una crónica política en la que desde el PCF, la CGT y el socialismo miterrandiano se subvierten los términos identitarios para centrarse siempre en el capital como tótem intocable. Ya en Une jeunesse allemande las fases en las que se dividía la película eran utilizadas por Périot casi por el mismo motivo que con Regreso a Reims: mostrar la evolución de los personajes que justificaban aquélla, un grupo de jóvenes idealistas alemanes de los 60, intelectuales y artistas, que fueron girando su discurso y su oposición al mundo capitalista hasta justificar la violencia («la lucha armada») como único mecanismo para cambiar la orientación política de la sociedad esparciendo el terror bajo el sello de la «Baader-Meinhof».

    En Regreso a Reims se utiliza el entorno personal-familiar de la narradora para ir dibujando un retrato social muy parecido en una serie de generaciones que salieron empobrecidas, o muy empobrecidas, de la II Guerra Mundial, incluso más si de alguna manera fueron identificados como colaboradores de los ocupantes; con trabajos extenuantes de un desgaste físico inasumible que determinaba una esperanza de vida muy limitada, con salarios que no permitían vivir dignamente, cargados de hijos ante la ausencia de cualquier conocimiento sobre control de la natalidad y que venían a ingresar las nuevas levas de obreros sin fin dispuestos a relevar a sus padres en condiciones infames de trabajo. Périot va trazando un relato sugerente de la conciencia de clase obrera y de la necesaria solidaridad entre individuos y comunidades para poder plantar cara al capital y al poder político. Como es muy frecuente en su cine, y nota distintiva en obras como ésta, la citada Une jeunesse allemande o Nos défaites el uso de películas y programas televisivos de aquellos años complementa la palabra modulada y convincente de Haenel. La conciencia de clase termina siendo un campo limitado para el director, quien aumenta la apuesta para centrarse en el difícil papel de la mujer antes de la emancipación reivindicativa de finales de los 60, un mundo escasamente formado y muy limitado económicamente no podía pensar en revoluciones sexuales, el derecho al aborto o su evolución académica o política, pero eso fue calando en la sociedad siempre con el recelo masculino, incluso desde las filas del comunismo oficial. Sin necesidad de utilizar las piezas creadas a partir del manifiesto SCUM y de las obras de Delphine Seyrig y Carole Roussopoulos, La maternelle y Paris la nuit de Henri Diamant, Ménilmontant de Kirsanoff, Celles qui s’en Font de Dulac o De haut en bas de Pabst, Zéro de conduite de Vigo, sirven de soporte visual a la vieja historia de la abuela madre soltera, amante de soldados alemanes y de nula responsabilidad hacia sus hijos mientras Périot utiliza imágenes muchas veces vistas en su cine pero que no dejan de impactar, las filmaciones de las represalias hacia las mujeres llevadas a cabo tras la liberación, juicios sumarios y de marcado cariz machista donde se castigaba a mujeres solamente por disponer de su vida y su cuerpo como ya reflejó con Eut elle étè criminelle.

    por Miguel Martín Maestro
    junio 09, 2022

    Crítica | Regreso a Reims

    por Miguel Martín Maestro | junio 09, 2022
    Sigourney Weaver

    Tres kilómetros

    Crónica de la quinta jornada de la 64ª edición del Festival de San Sebastián.

    Tres kilómetros separan nuestro apartamento en San Sebastián, situado en las faldas del Monte Ulía, del núcleo del festival. Un segmento que, tras la medianoche, condensa decenas de sensaciones recopiladas durante una jornada donde la retina es golpeada de forma incesante. Son unos cuarenta minutos caminando que, bien por relajación, bien por simple entretenimiento, funcionan como germen del posterior trabajo que ven ustedes tras las líneas de este prólogo. Unas líneas que brotan con los párpados oblicuos a las seis de la mañana, cuatro horas después de la llegada. ¿Es el momento más apropiado para hacer una valoración? Claro que no. La respuesta se reduce a la pasión, a ese deseo irrefrenable de comunicar, de compartir una experiencia elaborada con el lector. No obstante la labor del crítico se basa en inspirar al público potencial, en darle ese empujón hacia a la sala proponiéndole la oportunidad de descubrir por sí mismo un nuevo mundo y de provocar su ese debate interno que ha convertido al cine en arte. Formular una reflexión no entiende de tiempo, pero cierto es que este recompensa a una paciencia que en la época que vivimos se ha convertido en una quimera. Las redes sociales mandan, y un evento como este, dotado de cierta exclusividad, las convierte en el perfecto altavoz del ego. En el día que aparecía en escena Sigourney Weaver, Premio Donostia 2016, y la polémica se recrudecía con el pase de prensa de la cinta polaca Playground, uno de los impactos mediáticos del certamen, las redes estallaban tras la primera proyección de Un monstruo viene a verme, la esperada tercera película de Juan Antonio Bayona. Sobre las diez menos cuarto de la noche, los tweets –algunos incluso antes de su final— surgieron dictando sentencia. Un torrente de exhibicionismo donde detractores y seguidores recurrían a la sorna para defender su postura. Eyaculadores precoces cuyo discurso y labor comienza y termina ahí, en los aledaños del cine. Hay que marcar tendencia y, con suerte, que algún distribuidor elija tu frase para un teaser promocional. Porque en el Festival de San Sebastián no solo se promocionan largometrajes, también Narcisos reflejados en el pequeño cristal que ansían sus tres segundos de fama.

    por EAM
    septiembre 21, 2016

    Festival de San Sebastián 2016 | Día 5. Críticas: Un monstruo viene a verme, As you are, Frantz, Lumières d'été, Porto & Pinamar

    por EAM | septiembre 21, 2016

    De las ideas a las piedras

    crítica de Une jeunesse allemande (Jean-Gabriel Périot, Francia, 2015).

    ¿Es capaz un alemán de hacer una película? Con esta desafiante y desconcertante pregunta se abre Une jeunesse allemande, una obra que bucea en los orígenes del RAF, la Fracción del Ejército Rojo también conocida como la banda Baader-Meinhof, para hablar de la evolución de una revolución, del paso de la palabra a la acción violenta y del terrorismo ideológico. Jean-Gabriel Périot, curtido cortometrajista que se lanza con este documental al largo, renuncia a cualquier intento de trasladar a ficción los hechos y se decanta por usar las imágenes de la época: extractos de programas, debates, entrevistas, noticiarios… y las primeras películas que grababan los jóvenes estudiantes de la renovada escuela de cine berlinesa. En los años 60, en un país destrozado por la guerra y por los bloques políticos creados en consecuencia, la producción de cine se había desmantelado por completo y la juventud de entonces, contrariada con las anteriores generaciones por haber apoyado o consentido en mayor o menor medida el nazismo, sentían la necesidad de producir su propio espacio crítico a través del cine. De este modo, la pregunta inicial que nos lanza Périot no constituye una mera provocación, sino una duda real dadas las circunstancias del país. Los jóvenes necesitan construir su propio cine para cambiar la sociedad como parte de ese deber moral a protestar que reivindica Ulrike Meinhoof en cada intervención televisiva. Esa cierta juventud alemana a la que hace referencia el título reivindica su innegable existencia crítica y revolucionaria y su urgencia por encontrar una manera de canalizar su pensamiento y sus mensajes a través de un medio que pueda hacer frente al status quo de la prensa generalista. Este punto de partida, por muchos años que hayan pasado, no nos es nada ajeno. Piérot consigue plasmar la manipulación de la prensa y el monopolio de la opinión pública, que continúan siendo temas candentes hoy en día, seleccionando y ordenando las imágenes fruto del momento que vivía la sociedad de aquel entonces. Une jeunesse allemande es una película construida en la sala de montaje de manera muy inteligente y medida, sin dejar al azar ninguna de las escenas que forman parte de ella, para lograr reconstruir la historia de cómo estos críticos y revolucionarios jóvenes pasaron de las ideas a la acción violenta. Pero, lo que es más importante, lo hace sin maniqueísmos, evitando el temible juego de buenos y malos y mostrando todas las caras de cada uno de los actores del conflicto. Justo por eso, resulta un interesante análisis de la radicalización de las ideas y la respuesta democrática frente a este hecho.

    «Une jeunesse allemande es una película construida en la sala de montaje de manera muy inteligente y medida, sin dejar al azar ninguna de las escenas que forman parte de ella, para lograr reconstruir la historia de cómo estos críticos y revolucionarios jóvenes pasaron de las ideas a la acción violenta».


    La cinta y sus protagonistas reales llegan a preguntarse cuándo es el momento de dejar la protesta tolerante y empezar a tirar piedras. Esta reflexión encapsula el viaje ideológico que retrata el filme desde el razonamiento a la violencia y cómo todos los implicados (intelectuales, prensa, manifestantes, opositores, ciudadanía…) actúan y juegan su papel. Esa transformación de la juventud crítica a la juventud destructora, o la materialización de una idea en terror, se nos presenta de manera muy ingeniosa, esquivando cualquier tipo de manipulación en su propio arco discursivo para obligarnos a no sacar conclusiones de manera precipitada. Lo cierto es que, a medida que vamos entendiendo la magnitud de los actos y consecuencias que se nos van mostrando, descubrimos una película que, pese a mirar al pasado, está completamente comprometida con el presente y sus imágenes nos hacen reflexionar no solo sobre lo que está ocurriendo hoy en día, sino sobre nuestra propia concepción de una sociedad democrática, concepto que a veces se prostituye en aras de un supuesto mensaje único que nadie debe discutir. Así, al final, más allá de los actos concretos de terrorismo, de las bombas, las piedras y los disparos, queda el miedo a las ideas que estos provocan en todos nosotros, hasta el punto de llegar a desear un «poder autoritario bueno, afable y justo». | ★★★★ |


    Víctor Blanes Picó
    © Revista EAM / L'Alternativa 2015


    Ficha técnica
    Une jeunesse allemande. Francia, Alemania, Suiza. 2015. Dirección: Jean-Gabriel Périot. Guión: Jean-Gabriel Périot. Producción: Local Films, Alina Films, Blinker Filmproduktion. Montaje: Jean-Gabriel Périot.

    por Anónimo
    noviembre 24, 2015

    Crítica | Une jeunesse allemande

    por Anónimo | noviembre 24, 2015

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