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    Festival de Cannes 2018 | Día 8. Críticas: Burning, Mirai, Han Solo: Una historia de Star Wars, Sofia y The Dead and the Others

    Stuka

    Crónica de la octava jornada de la 71ª edición del Festival de Cannes.

    Comenzamos la introducción de esta octava crónica hablando de aviones. Y no de unos aviones cualquiera, sino de los stuka. Es el sobrenombre con el que se conocían a los bombarderos Junkers Ju 87 de fabricación alemana, que causaron pavor en la II Guerra Mundial. Más allá que fueran una de las insignias del ejército nazi, o de su equipamiento balístico, los stuka alcanzaron la fama por un sonido que emitían justo cuando lanzaban su ataque: cayendo en picado buscando su objetivo. Dicho bramido provenía de su sirena, apodada la trompeta de Jericó, que infundía terror en las tropas de infantería francesas e inglesas. ¿Y por qué hablamos de esto?, pensarán. La respuesta se halla en el metraje de una de las mejores películas del festival, The House that Jack Built. En ella, su protagonista, el Jack del título, habla de estas aeronaves como forma de imponer respeto de forma no visual, de cómo funciona el poder de sugestión en el ser humano a través de mecanismos tan simples. La referencia a Jericó tampoco es baladí, porque la caída de esta ciudad, que ahora forma parte de Cisjordania, es uno de los episodios más conocidos de la Biblia. Así pues, stukas, caída y terror. Tres sustantivos que acompañan a la personalidad y el presente emocional de Lars Von Trier. El inefable cineasta danés volvía a Cannes tras ocho años de destierro, debido a sus palabras a favor del nazismo en la edición de 2011, donde presentó Melancolía. Desde entonces, una declaración de persona non grata por parte de la organización, cruce de palabras y, finalmente, reconciliación. Una entente firmada con este trabajo que demuestra su inmenso talento, más allá de su carga polémica o de los titulares que complete. Pese a que su luz creativa entró en decadencia hace algo más de una década, Von Trier no solo sigue siendo parte importante del Festival de Cannes, sino también del cine europeo, demasiado pendiente que repetir patrones y cuestionar su propia existencia. La presentación fuera de concurso de su filme ha eclipsado a la competición, incluso la premiere de Han Solo: Una historia de Star Wars. Eso solo lo pueden hacer los grandes. Von Trier lo es y lo será.

    Prólogo: Emilio M. Luna.
    Críticas de Han Solo: Una historia de Star Wars y Burning: Alberto Sáez Villarino.
    Crítica de Mirai: Ignacio Navarro Mejía.
    Críticas de Sofia y The Dead and the Others: Víctor Blanes Picó.

    BURNING

    버닝, Lee Chang-Dong, Corea del Sur | COMPETICIÓN.

    Lee Chang-dong fue uno de esos grandes realizadores que surgieron del Boom del cine coreano de los 90. Un autor que comenzó con valentía al evidenciar los principales problemas y defectos de su propia sociedad, pero que poco a poco fue refinando su estilo y su mensaje para ofrecernos un cine lleno de pasión y sensibilidad en el que toma a la mujer como protagonista de un relato de gran profundidad dramática. Como paradigma de este modelo cinematográfico encontramos a Mija (Poetry, 2010), una mujer anciana que combate el Alzheimer mediante poemas con los que intentará que el resto del mundo evite, pues sabe que ella no lo logrará, olvidar quien fue. Chang-dong se arriesga para formular la necesidad de las mujeres de su país de permanecer unidas a un hombre, y las dificultades a las que se enfrentam cuando esa figura masculina desaparece, ya no sólo en al ámbito sentimental, afrontando el dolor tras la pérdida como cualquier otra persona del planeta, sino también en su propia condición humana, pues serán olvidadas por una sociedad machista que no permite su adaptación al mundo y espera su reclusión como muestra de duelo constante. Así, en su nueva película, Burning, el realizador presenta a Hae-mi como una mujer necesitada de la compañía del sexo opuesto, que haría todo lo que estuviera en su mano por estar siempre en presencia de una figura masculina, aunque para ello tuviera que recurrir a una relación triangular con dos de ellos.

    Desde la elección de Chang-dong como ministro de cultura de su país, su mirada se ha parcializado de modo inexorable, ya no puede, aunque quisiera, ser tan objetivo como cuando no tenía vínculo alguno con el gobierno al que criticaba. Deja pues, desde ese momento, un poco de lado la fuerte influencia que Hou Hsiao-hsien tenía en sus creaciones y se lanza hacia una visión, no menos solidaria, pero sí más comedida y narrativa. Será justo en esta preocupación lírica donde su nueva película alcance la sublimación artística. El realizador construye una intriga de forma brillante, sin precipitaciones ni enredos innecesarios, conciso pero sin dejarse nada en el tintero; el surcoreano erige su estructura narrativa con esmero, prestando tanta atención al desarrollo de los personajes como a la interacción entre ellos, al espacio o a la retórica. Cada secuencia va alimentando a la anterior, y dejando la siguiente estructuralmente preparada para que el salto entre escenas sea lo más imperceptible posible. En este aspecto parece que el director supera con creces el estilo divagante del escritor al que adapta: Haruki Murakami. A Lee no le preocupa tanto el hipotético sentido de la vida y el constante análisis discursivo existencialista de Murakami, como el motivo de la propia vida, la forma en la que los personajes han decidido aprovechar ese tiempo de existencia sin caer en la fácil filosofía barata que tiende a degenerar en el porqué de ese período. Sí percibimos en el desenlace, cierta propensión a prolongar una intriga que ya había quedado lo suficientemente clara; recurso que parece haber adoptado del escritor y su tendencia a eternizar retóricas filosóficas en un diálogo entre el protagonista y el propio narrador-escritor, sobre la conexión que los une de forma ineludible. Por fortuna, el realizador consigue reponerse de este lapsus antes de que sea demasiado tarde, justo a tiempo para enarbolar un desenlace fascinante en el que no utilizará ni una palabra ni una imagen más de las necesarias, la estable y bien sólida percepción de transitoriedad que se había construido comienza a desmoronarse a consecuencia de unas imágenes que se contradicen y nos harán dudar de la veracidad de lo ocurrido. Es aquí cuando todo tendrá sentido; el gato, el reloj, los invernaderos... todo encontrará su lugar en el relato. 80|100

    Corea del Sur, 2018. Título original: Buh-ning. Director: Lee Chang-Dong. Guion: Lee Chang-Dong, Jungmi Oh (Historia: Haruki Murakami). Duración: 148 minutos. Edición: Da-won Kim, Hyun Kim. Fotografía: Kyung-Pyo Hong. Música: Mowg. Productora: Pine House Film / NHK / Now Films. Intérpretes: Steven Yeun, Kang Dong-won, Yoo Ah In, Jong-seo Jeon. Presentación oficial: Cannes Film Festival, 2018.

    HAN SOLO: UNA HISTORIA DE STAR WARS

    Solo: A Star Wars Story, Ron Howard, EE.UU. | FUERA DE COMPETICIÓN.

    No parece Cannes el mejor escenario posible para un blockbuster de estas características. Sin embargo, Star Wars ha alcanzado una magnitud de tales dimensiones que es imposible no encontrar, en cualquier espacio con más de 5 personas, al menos un fanático imperial. Para muchos, esta película será una traición a la historia, para otros, una experiencia paroxística; y es que con un título así, es difícil encontrar una respuesta sincera e imparcial. Ahora bien, desde la afortunada ignorancia de no conocer la saga galáctica más allá del clásico de 1977 y algún videojuego de naves espaciales, podemos confirmar que Solo: Una historia de Star Wars, funciona, y funciona realmente bien, al menos, insistimos, como ejercicio de acción independiente. Por supuesto, para aquellos que sepan de memoria el diálogo de las nueve películas oficiales de la saga, seguro que habrá conexiones intertextuales con las que fantasear y saciar su apetito biográfico, sin embargo, los menos iniciados en el asunto es indudable que sabrán apreciar el romanticismo que destila el inicio de la relación de una de las parejas más icónicas del cine: Han Solo y Chewbacca.

    Apuntando ahora a cuestiones más cinematográficamente pertinentes, podríamos destacar el filme como un fantástico relato de aventuras, con un manejo de la acción muy oportuno y un ritmo, en general, bastante alto y atractivo. Como era de esperar de una cinta que se mueve dentro de unas cifras de producción astronómicas, la experiencia visual es impresionante; no obstante, no podemos pasar por alto ciertas escenas demasiado sobrecargadas de trucos artificiosos que llegan a resultar excesivos y, por momentos, restan espectacularidad a la fantástica construcción de escenarios galácticos. Asimismo encontramos un sonido demasiado potente y generoso de bajos que dificulta en algunas escenas el entendimiento dialógico de los personajes. Un elenco en el que destacaremos a los estupendos secundarios, como a un Donald Glover que parece convertir en oro todo lo que toca y a un siempre carismático Woody Harrelson, quienes sirven de perfecto acompañamiento a la gran estrella de show: Alden Ehrenreich, como Han Solo. Es comprensible que, buscando mostrar los inicios de este personaje, Ron Howard haya optado por un rol más ingenuo, lo que permite contemplar una evolución verosímil en su papel actual, que popularizaría Harrison Ford, mucho más rebelde y deslenguado. En cualquier caso, uno de los grandes logros de esta cinta es otorgar, no ya el protagonismo real, sino una relevancia vital en la trama a los roles femeninos, con una sublime Emilia Clarke y la transformación femenina del androide, hasta la fecha siempre caracterizado con atributos masculinos. Ejercicio de gran entretenimiento y nostalgia que ofrecerá al público –sin grandes pretensiones o exigencias desmesuradas– justo lo que espera. 50|100

    Estados Unidos, 2018. Título original: Solo: A Star Wars Story. Director: Ron Howard. Guion: Lawrence Kasdan, Jon Kasdan (Personaje: George Lucas). Duración: 135 minutos. Edición: Pietro Scalia. Fotografía: Bradford Young. Música: John Powell. Productora: Lucasfilm / Walt Disney Pictures / Allison Shearmur Productions / Imagine Entertainment. Intérpretes: Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Donald Glover, Woody Harrelson, Thandie Newton, Phoebe Waller-Bridge, Warwick Davis, Clint Howard, Paul Bettany, Richard Dixon, Joonas Suotamo, Sarah-Stephanie, Deepak Anand, Slim Khezri, Ian Kenny, Douglas Robson, Omar Alboukharey, Sean Gislingham, Nathaniel Lonsdale. Presentación oficial: Cannes Film Festival, 2018.

    MIRAI

    未来のミライ, Mamoru Hosoda | QUINCENA DE REALIZADORES.

    Con la reciente muerte de Takahata y la falsa retirada de Miyazaki, la animación japonesa o anime, asociada para el gran público con estos dos fundadores del estudio Ghibli, parecería haber perdido su mayor talento. Sin embargo hay otras voces que vienen surgiendo en los últimos años y que reclaman un reconocimiento parejo: es el caso de Mamoru Hosoda, que en su haber cuenta ya con al menos cuatro grandes películas. En particular son de destacar La chica que saltaba a través del tiempo y Los niños lobo, ambas combinando con mayor o menor énfasis la experiencia de la juventud y los elementos de fantasía. Ahora, en Mirai, Hosoda aprovecha al máximo su propia paternidad y lógica madurez para dar protagonismo propio a ambas dimensiones. Con ello consigue algo que quizá ningún otro anime anterior ha logrado con tanta profundidad, pues normalmente se nos cuenta una historia familiar en un mundo imaginado o se introducen notas de ciencia ficción en un relato cotidiano.

    En su última película, Hosoda disocia y a la vez armoniza ambos mundos: la casa (y otras escasas localizaciones) donde vive la familia a la que seguimos, y aparte el jardín en aquella desde donde nuestro pequeño héroe se traslada a otras dimensiones. En otras palabras, se van alternando y retroalimentando ambos niveles, utilizando el segundo para que el niño interprete de otra forma el primero, vea cómo puede mejorar su comportamiento y tratar mejor a sus padres y a su hermana pequeña, que le guía desde el futuro. Y es que hasta entonces él había sido el único centro de atención, hasta el nacimiento de esa hermana hacia la que siente más enojo que cariño, más envidia que complicidad. Tendrá que aprender rápido, gracias a los recuerdos de los demás miembros de su familia, que más que añorar el pasado o desear el futuro, lo importante es disfrutar de esos pequeños momentos presentes en los que se recrea el cineasta japonés. Con ello une en cierto modo las tramas principales de esas dos películas anteriores suyas que mencionábamos, caracterizadas la primera por los viajes temporales y la segunda por la conflictiva fraternidad. La emoción está entonces garantizada en una propuesta que va acumulando desarrollos dramáticos tan sencillos como efectivos, hasta desembocar en un último acto donde asistimos con fascinación a la variada maestría visual de Hosoda: véanse por ejemplo sus rápidos travelings, el detalle de los escenarios o incluso los inesperados gráficos del desenlace cronológico, que recuerdan a su otra cinta Summer Wars. Estamos en definitiva ante una obra cumbre que debería proporcionar a su director ese mayor reconocimiento que tanto viene mereciendo. 90|100

    Japón, 2018. Título original: 未来のミライ. Dirección: Mamoru Hosoda. Guion: Mamoru Hosoda. Productora: Studio Chizu. Montaje: Shigeru Nishiyama. Fotografía: Ryo Horibe. Música: Masakatsu Takagi. Duración: 100 minutos. Presentación oficial: Quincena de Realizadores.

    SOFIA

    Meryem Benm’Barek, Marruecos | UN CERTAIN REGARD.

    Marruecos es un país que se debate entre la tradición y la modernidad. Por un lado, encontramos una sociedad dispuesta a imitar y aceptar los modos de occidente para alcanzar la élite y la prosperidad. Por otro lado, conceptos ligados a la tradición y a la religión como el honor todavía tienen mucho peso no solo desde un punto de vista social, sino también legal. El artículo 490 del código penal marroquí castiga las relaciones sexuales mantenidas de mutuo acuerdo entre personas de distinto sexo que no estén casadas con una pena de entre un mes y un año de prisión. Esto provoca que muchas mujeres sufran el trastorno conocido como negación del embarazo, una patología en la que el cuerpo de la mujer no da las señales típicas de una gestación y, en algunos casos, no toma consciencia del embarazo hasta el final, hasta el momento de dar luz. Sofia, la ópera prima de la directora Meryem Benm’Barek, narra el caso de una de estas jóvenes que un día, en medio de una comida familiar, rompe aguas ante el estupor de su prima.

    La película se abre con Sofía mirando de espaldas su ciudad, Casablanca, presidida por el imponente minarete, como un símbolo del poder tradicional que otea a todos los habitantes. La familia de Sofía está a punto de cerrar un contrato con unos socios que les proporcionará una oportunidad para subir de clase social, tal y como ha hecho su tía al casarse con un europeo que tiene un negocio de importación. El embarazo de Sofía y la obligación de encontrar al padre para realizar el casamiento sin que nadie se entere responde más a una cuestión de honor que de convicción. Nadie debe enterarse de lo ocurrido, todo se tiene que llevar con secreto no sea que los rumores echen a perder los planes de negocio. Benm’Barek acierta al retratar cómo son los propios personajes los que dejan a un lado el conflicto personal para centrarse en que su reputación quede intacta. Y lo hace evitando gritos y discusiones y mostrando los silencios y los rostros de incomprensión entre la familia, mostrando como la mirada de cada uno de ellos se va tornando más triste sin necesidad de expresarlo en palabras. En su elección visual es donde se adivina una directora con sensibilidad, que se acerca a sus personajes con respeto para retratar a través del nacimiento del bebé las presiones sociales a las que se ven sometidos los habitantes de Marruecos. Por ello, puede que sus escasos 80 minutos se le queden cortos para madurar todas esas ideas e imágenes que encuentra y, sobre todo, para redondear un final donde parece desvirtuar el foco sobre la víctima del conflicto tras el giro final. 65|100

    2018. Francia, Qatar. Dirección: Meryem Benm’Barek. Guion: Meryem Benm’Barek. Fotografía: Son Doan. Montaje: Céline Perreard. Producción: Curiosa Films, Versus production. Reparto: Sara Elhamdi Elalaoui, Lubna Azabal, Faouzi Bensaïdi, Nadia Niazi, Said Bey.

    THE DEAD AND THE OTHERS

    Chuva é cantoria na aldeia dos mortos, João Salaviza, Renée Nader, Portugal | UN CERTAIN REGARD.

    Entendemos la selva como un lugar salvaje, indómito y peligroso. El cine ha retratado este espacio como un lugar donde el ser humano se ve sometido a una amenaza constante de muerte: un lugar no apto para el hombre. Quizás sea por eso, o quizás sea simplemente por el magnetismo de cada uno de sus planos, el tiempo de Chuva é cantoria na aldeia dos mortos, de João Salaviza y Renée Nader Messora, nos transporta directamente a otra dimensión, a un lugar donde la experiencia de vivir surge de un modo tranquilo y relajado. La película se inicia de noche, con el joven Ihjãc, miembro de la comunidad indígena Krahô, abriéndose camino entre los arboles bañados por la luz de la luna. Cuando llega a la cascada grande, una voz le habla: su padre, fallecido recientemente, le dice que ya llegó la hora de organizar la ceremonia fúnebre que concluye el duelo para que su espíritu puede viajar hasta el pueblo de los muertos. Es una pesadilla recurrente a la que se debe enfrentar. Pero antes tendrá que preparar los campos de su padre, realizar una serie de rituales… y aceptar los signos que le empieza a enviar su cuerpo para indicarle que está preparado para convertirse en un chamán.

    La mirada de Salaviza y Nader Messora adopta el ritmo de la vida de esta comunidad. La cámara se cuelga literalmente de una imagen, de un rostro, de un gesto, de un rito, para no soltarlo, para acompañar su desarrollo hasta adentrarse totalmente en su esencia. Es como sumergirse en la selva amazónica y otear tranquilamente como el tiempo esculpe cada segundo, algo que capturan a la perfección gracias a la preciosa y granular fotografía de la que se encarga Nader Messora. Sin embargo, parece que Ihjãc no está preparado para lo que el futuro le depara y decide huir a la ciudad. En ese momento la película muta y pasa de una representación tranquila de la magia inherente de este lugar y sus tradiciones a poner de manifiesto las dificultades y trabas a las que se tiene que enfrentar el pueblo indígena en la Brasil contemporánea. La película entonces se vuelve ruidosa, la imagen se contagia del bullicio de la ciudad, esos planos donde el ritmo de la selva ocupaba el espacio fílmico con tranquilidad se convierten en un ir y venir de formas y luces. Los dos directores captan a la perfección a través del sonido y la imagen ese contraste entre los dos mundos, entre la tranquila existencia de la selva y la burocracia salvaje y alienante de la ciudad. A caballo entre el estudio antropológico y la imagen suspendida, Chuva é cantoria na aldeia dos mortos es el ejemplo paradigmático de cómo acercarse a otras realidades y retratar sus formas de vivir y los problemas a los que se enfrentan integrando la mirada dentro de su cosmovisión. 85|100

    2018. Brasil, Portugal. Dirección: João Salaviza, Renée Nader Messora. Guion: João Salaviza, Renée Nader Messora. Fotografía: Renée Nader Messora. Montaje: João Salaviza,Renée Nader Messora, Edgar Feldman. Reparto: Henrique Ihjãc Krahô, Raene Kôtô Krahô.

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