Introduce tu búsqueda

Guardián
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Rithy Panh. Mostrar todas las entradas
    Rithy Panh
    Rithy Panh
    El equipo de Nightlife en Karlovy Vary

    Los límites de la cinefagia

    Crónica de la sexta jornada de la 51ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    En el último día de la pasada edición, ya esperando la resolución del palmarés, que a la postre lideró la norteamericana Bob and the Trees, tres películas engrosaron el programa personal y se convertieron en el broche de la entrega número cincuenta: la rumana El tesoro, de Corneliu Porumboiu; la estadounidense Langosta, de Yorgos Lanthimos; y, la islandesa Rams, el valle de los carneros, de Grímur Hákonarson. Las tres completaban un listado de 36 cintas vistas en el certamen; una media de 4,5 al día. Por supuesto, en esa definitiva jornada el cansancio era ciclópeo, una losa que afectó a su visionado. De hecho, meses después, con su estreno en España, aterró su segunda oportunidad. Y, aunque la primera visión fue positiva, nada tuvo que ver con esa segunda cita. Sobre todo a niveles de disfrute. Un festival no es, quizá, el mejor lugar posible para establecer una opinión ponderada de una creación artística. Pesan muchos condicionantes, entre ellos, el capital, el tiempo. Por otra parte, hay películas que no están hechas para eventos de este calado por mucho que sea su principal parapeto. En la jornada de hoy ha pasado por nuestras miradas Exil, el nuevo documental del camboyano Rithy Panh. Al comienzo de la sesión habría unas 400 personas en el Narodni Dum. Al término, no más de 80. La desbandada fue de tal magnitud que no fue fácil concentrarse ante el bello poema de Panh. Y eso que este duraba solo 75 minutos. La gente se levantaba entre las risas cómplices de los valientes que permanecían impertérritos. Hubo espectadores que huyeron tres minutos antes de acabar, como si desconocieran la extensión del metraje del filme. Esto nos lleva a la última divagación de este prólogo: hay gente que no está preparada para disfrutar el cine de un festival. El KVIFF, por su carácter juvenil, atrae a muchos postadolescentes a sus salas. Y estos acuden con fervor, como un acto social más… hasta que se persona el sobresalto. Antes de todo ello, arriba esa iluminación estrellada tan en boga, apreciable desde un plano cenital. El cine se ha convertido en un acto mágico desde su frontalidad y un planetario desde su cénit. Hay que decir que el uso del teléfono móvil no es exclusivo en la República Checa (y, que conste, de la gente joven), ya el hablábamos de ello hace diez meses en el Festival de San Sebastián. Cuestión de reeducación… y de ojear el programa antes del primer fundido.

    por Emilio M. Luna
    julio 07, 2016

    Festival de Karlovy Vary 2016 | Día 6. Críticas: My father's wings / Nightlife / Complete unknown / Exil

    por Emilio M. Luna | julio 07, 2016
    La máquina de la muerte de Khmer Rouge, de Rithy Panh

    El cénit de la crueldad

    crítica de La máquina de la muerte de Khmer Rouge | S-21, la machine de mort Khmère rouge, de Rithy Panh, 2003

    Entre la suma de hambruna y los asesinatos, el genocidio camboyano provocó 7 millones de pérdidas humanas entre 1975 y 1979, uno de los más cruentos episodios de toda la historia moderna. La máquina de la muerte de Khmer Rouge es un duro documental realizado hace una década por Rithy Panh y basado en los hechos acontecidos durante esta franja por los Jemeres rojos en el Centro de detención y torturas S-21, ubicado en el centro de Phnom Penh, capital de Camboya. Otrora una escuela secundaria, convertida en núcleo de exterminio en manos del líder del régimen Pol Pot y el Khmer Rouge (Jemeres rojos en francés, la organización guerrillera camboyana tras la caída del Phnom Penh), en este centro fueron interrogados, mutilados y asesinados 17.000 prisioneros, una cifra escalofriante con una cifra de supervivientes ínfima y todavía más escalofriantes, pues sólo tres salieron de allí con vida. Este indispensable documental, 27 años más tarde de tal cruenta desgracia reúne a dos de estas víctimas junto a varios sus carceleros torturadores, a fin de realizar un análisis exhaustivo de la masacre que en nombre del Khmer Rouge se perpetuo en Camboya mediante el asesinato masivo, las violaciones y abusos y las torturas indiscriminadas sobre gente inocente. La máquina de la muerte de Khmer Rouge es una radiografía del salvajismo deshumanizador, de la frialdad aterradora que insufla el abuso de poder, y del despojo absoluto de ética como recurso fundamental que los totalitarismos emplean para lavar el cerebro de sus “súbditos” y así llevar a cabo aniquilaciones en masa; lo que se da en llamar “sistema de anulación de la conciencia”.

    Indagando previamente en la base histórica de esta meritoria obra documental, las primeras causas del genocidio camboyano se fundamentan en la formación de la Kampuchea Democrática, un régimen totalitario de gobierno que con apariencia de República Popular de inspiración maoísta, fundó en la práctica un sistema económico agrario de tipo radical, que requería destruir por entero la civilización urbana “burguesa” y recuperar la cultura ancestral camboyana, lo que se dio en llamar Camboya Año Cero. Así, la despótica dirección del líder Pol Pot persiguió la consigna de la llamada “búsqueda del enemigo interno” en la población civil, que vivió una pesadilla auténtica en la que se vio deshumanizada, vilipendiada y torturada hasta la extenuación. Este documental sencillo pero valiente, cercano y valiosísimo no se sirve de recreaciones ficcionales a modo de flashbacks, ni de voces en off, ni de otros elementos narrativos, sino que el eje conductor son las entrevistas e interacciones entre torturadores y víctimas, reviviendo los protocolos de detención, interrogatorio y asesinato, y mostrando las fotografías y documentos reales pertenecientes a la tragedia.

    por Anónimo
    noviembre 27, 2013

    Crítica | La máquina de la muerte de Khmer Rouge

    por Anónimo | noviembre 27, 2013
    L'image manquante

    UNA LECCIÓN IRREPETIBLE

    crítica de La imagen perdida | L’image manquante, de Rithy Panh, 2013

    48º Festival de Karlovy Vary

    Ganadora de la competición Una Cierta Mirada en el festival de Cannes de este año, L’image manquante es una película particularmente complicada de analizar, sintetizar y valorar. Para entenderla hay que tener en cuenta que su creador, Rithy Panh, tiene una trayectoria documentalista contrastada, casi siempre enfocada a las tragedias ocurridas en Camboya durante el régimen de los jemeres rojos. El propio Panh, nacido en la capital camboyana, las padeció durante su infancia, sufriendo durante cuatro años las experiencias de los campos de rehabilitación hasta que en 1979 pudo huir del país. Un año después se trasladó a Francia, donde reside desde entonces y donde ha realizado la mayor parte de su trabajo en distintas facetas del mundo del cine (desde los distintos departamentos y procesos de producción de una película hasta la profesión de profesor en la prestigiosa escuela La Fémis). Por tanto, este cineasta comprometidísimo ha optado por extraer el mayor jugo posible de las posibilidades que ofrece el cine para compartir con sus espectadores aquella época que les tocó vivir a él y a sus compatriotas: sus películas ya no son meramente biográficas o autobiográficas, sino que surgen por una necesidad casi catártica de exteriorizar una y otra vez sentimientos arraigados y traumáticos. Este último filme mantiene pues ese comentario histórico a la vez que opta por un tratamiento visual único y arriesgado.

    En efecto, el viaje hacia el pasado que nos propone aquí Panh se materializa durante gran parte del metraje en decorados habitados por impasibles figuras de plastilina. Estas representan a la familia del director y a otros habitantes de la Camboya rural de los años setenta, aunque la constante narración en off, en primera persona, corre a cargo de una voz imparcial, la del desconocido actor Randal Douc. Este nos va explicando en tono relativamente neutral los distintos episodios que van afectando a estos personajes, desde acciones cotidianas como las labores agrícolas hasta sucesos más temerosos o sangrientos, bajo la progresiva amenaza de los guerrilleros; aunque también se detiene para comentar pausadamente su visión del fenómeno bajo parámetros políticos, sociales, morales o filosóficos, por lo que la película adquiere un insistente carácter didáctico. A su vez, esta recomposición en miniatura se ve acompañada de imágenes de archivo del mencionado contexto, a veces de forma separada y a veces de forma intercalada, de manera que los coloridos personajes de barro son insertados en localizaciones reales en blanco y negro para unificar en mayor medida el relato, dotarles a aquellos de mayor significado y situarlos con mayor claridad en ese oscuro pasado. Por último, a estas dos categorías gráficas se les unen, con menor frecuencia, imágenes reales y actuales, sobre todo al principio del metraje cuando se nos esboza el proceso de diseño y construcción de las figuras y de los decorados; y al final cuando se intenta concluir el discurso con una mirada a la herencia de nuestros días.

    por Ignacio Navarro
    julio 28, 2013

    Crítica | La imagen perdida

    por Ignacio Navarro | julio 28, 2013

    Estrenos

    Lady Nazca

    Circuito

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción