Desde que, dentro del marco del Festival de Sitges, se ha popularizado esto de la
Zombie Walk, siempre he pensado que la organización haría bien en llevarla al último día del certamen. Sobre todo por aquello del ambiente: estarían los zombis de pacotilla (dicho desde el cariño, entiéndase), aquellos que solo acuden ese día al festival a pasárselo bien disfrazados de muertos vivientes; y luego nos encontraríamos a los zombis auténticos, aquellos que tras 30, 40, 50 o 60 películas encima del cuerpo ya están a un paso de dejar de ser personas. En nuestro caso, nos propusimos que de Sitges nos íbamos a despedir a lo grande. Nada de caras largas, fuera cansancios (algo difícil después de llevar perdidas muchas horas de sueño) y mucha energía para el Día D del festival. El día en el que nos las íbamos a ver con lo nuevo de Joe Dante, Isao Takahata, Bruno Dumont y la polémica (pero no tan radical)
The Tribe, el debut en la dirección de un director ucraniano de apellido impronunciable. Casi nada. Por resumir mucho: floja la primera, hermosa la segunda, divertida bizarrada la tercera y algo decepcionante la cuarta. Nuestro último día en Sitges ha sido también el día en el que hemos conocido que
I Origins, de Mike Cahill, ha acabado llevándose el gato al agua dentro de la Secció Oficial Fantàstic, la sección más importante del festival. Y aunque no nos haya convencido del todo, nada comparado al horror de los galardones concedidos a una propuesta como
Cub, quizás una de las películas más flojas de un certamen cuyo palmarés se presenta anormalmente interminable.