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    Gaspar Noé
    Gaspar Noé

    Cannes 2021 (#10)

    Décima crónica de la 74ª edición del Festival de Cannes.

    ▼ Críticas
    «Memoria», Apichatpong Weerasethakul.
    «Nitram», Justin Kurzel.
    «Les intranquilles», Joachim Lafosse.
    «Vortex», Gaspar Noé.
    «Marx puè aspettare», Marco Bellocchio.

    Hoy termina la 74ª edición del Festival de Cannes con el anuncio esta tarde de un palmarés que, como siempre nos gusta subrayar, es lo de menos. Es probable que mientras Spike Lee, presidente del jurado de esta entrega, pronuncie la ganadora de la Palma de Oro –se cumplen algo más de dos años desde la última—, la mayoría de compañeros y asistentes a Cannes estén bien empacando, bien volviendo a casa, bien ya en sus hogares, descansando por fin de un evento ya de por sí extasiante, que este año ha subido un jalón su nivel de exigencia física y mental. A pesar de todo ello, de las medidas restrictivas, no podemos más que reverenciar la labor de la organización del festival, ejemplar a todas luces. El Cannes de la resurrección también es el de la reafirmación de una industria que no ha dejado de readaptarse –aunque, todo hay que decirlo, la efervescencia del market no tenía nada que ver con la de otros años.

    Por nuestra parte, esta es nuestra última crónica de esta edición. Una cobertura muy especial que han llevado a cabo con una enorme entrega Miguel Muñoz Garnica, Mariona Borrull Zapata, Ignacio Navarro Mejía y Rubén Seca Carol. Finalizamos, sí, nuestras crónicas pero nuestro especial dedicado a Cannes continúa: primero llegará el análisis del palmarés; segundo nuestro habitual top 10 con las diez mejores películas de esta edición según nuestros redactores acreditados; y, durante la próxima semana, en SundanceTV España haremos balance de este nuevo capítulo del festival más importante del mundo. Muchas gracias a nuestros lectores por acompañarnos en este precioso viaje. À bientôt.

    por VV. AA.
    julio 17, 2021

    Cannes 2021 (#10) | Críticas: «Memoria», «Nitram», «The Restless (Les intranquilles)», «Vortex» & «Marx può aspettare»

    por VV. AA. | julio 17, 2021

    El renacimiento de la luz

    Quinto capítulo de la crónica de la 72ª edición del Festival de Cannes.

    La exigua carrera, con tres títulos filmados hasta entonces en treinta años, de Terrence Malick alcanzó su cénit en el Festival de Cannes en 2011. Su Palma de Oro con El árbol de la vida (The Tree of Life), supuso el reconocimiento definitivo a un autor en constante transformación. Este filme, además, ofrecía una mirada única de la obsesión que ha roturado su filmografía: el existencialismo. Una temática inherente a los títulos posteriores que conformaron la trilogía WeightlessTo the Wonder (2012), Knight of Cups (2015) y Song to Song (2017)— y en el documental Voyage of Time (2016). Elegías al amor y la fe perdida y reencontrada que, si bien, contenían muchas de las virtudes del director tejano, también derivas insatisfactorias que denotaban cierto estancamiento semántico. Lo cierto es, que algunos de sus excesos aparecen en su último trabajo, A hidden life –anteriormente conocida como Radegund, en referencia al pueblo de procedencia del protagonista Franz Jägerstätter (August Diehl), un hombre que renuncia a combatir por el bando nazi en la II Guerra Mundial—, unidos a un excesivo metraje –con una narrativa excesivamente engolada—, pero que, sin embargo, quedan en un tercer plano gracias, primero, a su bellísimo continente; segundo, y más importante, al poderoso mensaje que porta. Un mensaje, por otro lado, que arriba a Cannes en pleno debate sobre el auge de la ultraderecha en el mundo occidental, algo que podría tener como traducción la presencia de la película en el palmarés final. A Almodóvar, con Malick y Sciamma, por tanto, le aparecen rivales por el máximo galardón. Tampoco importa demasiado, con o sin premios, con cintas como las suyas gana el cine. E.L.

    por EAM
    mayo 20, 2019

    Cannes 2019 (V) | Críticas: La Gomera, Portrait of a lady on fire, Room 212, Liberté, Lux Aeterna

    por EAM | mayo 20, 2019

    Extraordinary experience

    Crítica ✷✷✷✷ de Climax (Gaspar Noé, Francia, 2018).

    Francia, 2018. Título original: Climax. Director: Gaspar Noé. Guion: Gaspar Noé. Duración: 95 minutos. Edición: Denis Bedlow, Gaspar Noé. Fotografía: Benoît Debie. Música: Ken Yasumoto. Productora: Arte France Cinéma / Rectangle Productions / Wild Bunch. Intérpretes: Adrien Sissoko, Alaia Alsafir, Alexandre Moreau, Alou Sidibe, Ashley Biscette, Claude Gajan Maull, Giselle Palmer, Kendall Mugler, Kiddy Smile, Lakdhar Dridi, Lea Vlamos, Mamadou Bathily, Mounia Nassangar, Naab, Romain Guillermic, Sarah Belala, Sharleen Temple, Sofia Boutella,Souheila Yacoub, Strauss Serpent, Taylor Kastle, Thea Carla Schøtt, Tiphanie Au, Vince Galliot Cumant. Presentación oficial: Cannes Film Festival, 2018.

    La llegada de Gaspar Noé a la Quincena de Realizadores es un acontecimiento tan inquietante como desconcertante. Es difícil saber a lo que el espectador se va a enfrentar, aunque lo que está claro es que, con gran seguridad, será algo que no le deje indiferente. En cualquier caso, la primera escena de Climax consiste en una larga toma aérea de una mujer agonizando en la nieve tratando de alcanzar una salvación que parece poco probable. Inmediatamente a después, aparece la dedicatoria del filme y los títulos de crédito. Se acabó, ése ha sido el final de la película, aunque ésta no haya hecho más que empezar. Como ya hiciera anteriormente en obras como Irreversible, Noé comienza contándonos el final, un final violento y desasosegante que da paso a una serie de entrevistas divertidas y relajadas en lo que parece un casting de bailarines para entrar en una academia de danza o algún tipo de evento artístico-musical. De nuevo se produce un corte y, ahora sí, aparece en pantalla la que puede ser la primera escena lógica de la cinta, protagonizada por el mismo grupo de entrevistados que acabábamos de contemplar, ahora realizando una suerte de coreografía frenética. Noé deja claro que su asociación al lenguaje audiovisual no habrá de establecerse bajo la sedimentación de lo literal y denotativo, sino de lo asociado. El baile es una forma de expresión que, en un escenario, una sala de ensayo, una escuela de danza, o algún entorno similar de asociación artística, podría sugerir una manifestación dialéctica o semántica en sí mismo; sin embargo, en una especie de nave industrial o una finca de grandes dimensiones, esta forma de expresión corporal resulta incierta; la connotación surge de un ejercicio hermético y difuso, por lo que cada gesto, cada interacción entre bailarines, se trata como una vuelta hacia el interior de una forma dialéctica todavía dudosa, a la espera de que se arroje algo de claridad sobre lo hiperbólico de una propuesta hipertrofiada. Tras la intensa y extenuante secuencia coreográfica, volvemos a una fase de diálogo fraccionado. La acción queda subdivida en varios grupos de personajes que comparten entre sí su opinión sobre el resto mientras una mujer, a la que asociamos el rol de organizadora, reparte vasos de sangría junto a su hijo pequeño. Las conversaciones van subiendo poco a poco de tono al tiempo que entendemos que los protagonistas llevan tres días encerrados en ese lugar, sin comunicación con el exterior y, aunque la relación entre todos ellos parece cordial, poco a poco y desinhibidos por el efecto de la sangría, su coloquio se vuelve más explícito y obsesivo. Todo parece apuntar ahora a rencores, paranoia y, casi por entero, al sexo. Con cada descripción de las constantes fantasías eróticas de estos bailarines se hace más notable la incompatible figura de ese niño que actúa como testigo del ritual de apareamiento que parece estar cocinándose.

    Esa visión inocente e ingenua consigue incrementar el aire de inquietud y malestar que presentimos, incluso cuando su madre lo lleva a la cama, y escuchamos el sonido de los altavoces amortiguados por las finas paredes de la habitación, sabemos que ese chico no debería estar ahí. El conjunto forma parte de ese juego de sensaciones propuesto por Noé. La violencia en que nos ha sumergido desde el primer momento es un recurso tosco, natural, alejado de cualquier espectacularidad artificiosa, y por ello utilizará cada elemento cinematográfico a su alcance para potenciarla y darle salida en un mundo tan cercano, tan abrumadoramente similar al que deambulamos a diario, que llega a meterse en nuestro interior como en un lugar conocido y terrorífico. Entonces regresa la danza, ahora una danza visceral y ceremoniosa, sin ningún tipo de estructuración o regla, sino que todo se produce mediante movimientos espasmódicos en un orden no establecido. La vehemencia del gesto es tan angustiosa como hipnótica. El director emplea una larguísima toma cenital en la que se encuadra al bailarín protagonista, que irá cediendo constantemente su turno a otro, y se mantiene un perseverante movimiento circular al tiempo que el encuadre otorga una gran relevancia al fondo, rojo, sucio, premonitorio. Pese a lo impetuoso de la escena, todo se mantiene dentro de los límites del disfrute y la alegría mientras estos bailarines danzan hasta el éxtasis y los confines de su agotamiento, hasta que nos asaltan, nuevamente, los títulos de crédito de actores y músicos empleados en la sesión del DJ justo antes de que la pantalla funda a negro. Mantenemos en este momento una sensación de gran entusiasmo a causa de lo ardoroso de los últimos compases, incluso se respira en el ambiente cierto buen rollo que, conociendo a este director, no pinta nada bien si tenemos en cuenta lo que es capaz de hacer. Con nuestro ánimo en su punto álgido entramos en lo que será el desenlace definitivo y la apertura de las puertas a lo brutal y lo atroz.

    por Alberto Sáez Villarino
    octubre 11, 2018

    Crítica | Climax

    por Alberto Sáez Villarino | octubre 11, 2018
    Love

    Passion neon

    Crónica de la cuarta jornada de la 48ª edición del Festival de Sitges.

    Hoy, 12 de octubre, Sitges ha amanecido con una densa y variada agenda, que no pierde ni un ápice de solidez y frescura, aun en el cuarto día de proyecciones. La crítica cinematográfica y el público continúan muy atentos a cada uno de los eventos; claro ejemplo es la alta cantidad de asistentes a la película que abrió la jornada. Resulta bastante sencillo realizar juicios a priori, basarse en un conocimiento aproximado o en determinada apreciación de una representación estética para construir un muro a su alrededor, sin dar pie a la duda. Porque no hay comportamiento más humano que la búsqueda de certezas, sobre todas las cosas. Maggie (2015) [crítica], la primera película de Henry Hobson —vinculado al mundo cinematográfico desde los confines tangenciales como diseñador de créditos—, parecía no tener demasiado que ofrecer, más allá de los consabidos mecanismos de una película de género, el azote de una infección masiva. Y tal juicio preliminar, estaría equivocado. Esta historia, protagonizada por un Arnold Schwarzenegger diametralmente alejado de los papeles con los que configuró y sostuvo un tipo de modelo representativo muy concreto, encarna aquí, de manera convincente, a un padre de familia que intenta mitigar el sufrimiento de su hija, tras ser contagiada del virus mortal. Y es este el elemento sorpresivo: la posibilidad de construir, con una buena fotografía y un guión ligeramente distinto a lo habitual, una correcta película de zombies, que perfectamente podría tratar sobre el SIDA o una enfermedad terminal.

    Pero, a pesar del correcto resultado de Maggie, hoy la expectación general estaba concentrada específicamente en un director particular, cuyas credenciales hablan por sí solas, generando siempre tanta polémica y rechazo como admiración, allá dondequiera que vaya. El cineasta argentino residente en Francia Gaspar Noé ha estrenado hoy su más reciente película, en un festival no tan acostumbrado a recibir este tipo de producciones tan personales de cine de autor —pero recuérdese la apuesta del director Ángel Sala por equilibrar y fundir de manera orgánica el género fantástico y de terror con algunos de los grandes nombres de la cinematografía mundial—. Love (2015), en formato 3D, venía precedido de cierta controversia, debido a la presencia de escenas de sexo real y explícito en las más de dos horas de metraje. Hubo quienes lo definieron como porno, cometiendo, en opinión del que suscribe estas letras, una equivocación, pues la pornografía tiene unos códigos intrínsecos y una intencionalidad definida y, en cambio, en esta película se ahonda en una reflexión acerca de a pérdida, el relativismo y la ambigüedad en las relaciones humanas.

    Para completar una muestra de la amplitud de posibilidades ofrecidas, en la sección Noves Visions Plus tuvimos la oportunidad de asistir a una no tan ambiciosa ni polémica, pero sí interesante producción cinematográfica. El director indio Patho Sen-gupta ha estrenado su seguunda película, Sunrise (2014), tras su paso por el Festival de cine de Tribeca, donde obtuvo críticas favorables. En una lluviosa y lóbrega Bombay —auténtico protagonista del filme—, un oficial de policía busca sin descanso a su hija desaparecida, colocándose en la difícil situación de no desfallecer ante la angustia y registrar los barrios marginales, luchando por encontrar sosiego a su torturada alma. Por si fuera poco, hoy en la tarde Sitges enseñó una parte su apuesta por alcanzar un marco de entretenimiento y artes audiovisuales más amplio. Se presenta especial atención a las más interesantes series de televisión, productos que han dejado atrás el complejo de pequeño formato, elevando progresivamente su prestigio y calidad. Hoy le ha tocado el turno a Fear the walking dead, una serie paralela —no exactamente un spin off ni una precuela— a The walking dead, que emplea un acercamiento más íntimo al conflicto provocado por la reciente diseminación del virus. Durante los próximos días veremos avances de las nuevas temporadas de, por citar dos ejemplos, The knick, la esteticista aproximación a la medicina de principios del siglo pasado dirigida por Steven Soderbergh, o Fargo, brillante versión libre del microcosmos creado por los hermanos Coen, cuya segunda temporada se enfrenta a cumplir las expectativas generadas por el gran éxito de la primera.

    por EAM
    octubre 13, 2015

    Festival de Sitges 2015 | Día 4. Críticas: Love 3D + Sunrise

    por EAM | octubre 13, 2015

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