De la rivalidad a la solidaridad femenina
crítica ★★★★★ de Big Little Lies.
HBO | EE.UU., 2017. 1 temporada / 7 episodios. Creador: David E. Kelley. Director: Jean-Marc Vallée. Guion: David E. Kelley. Fotografía: Yves Bélanger. Montaje: David Berman, Maxime Lahaie-Denis, Sylvain Lebel, Justin Lachance, Véronique Barbe y Jim Vega. Música: Susan Jacobs. Reparto: Reese Witherspoon, Nicole Kidman, Shailene Woodley, Alexander Skarsgård, Laura Dern, Zoë Kravitz, Adam Scott, James Tupper, Iain Armitage, Ivy George, Darby Camp, Chloe Coleman, Cameron Crovetti, Nicholas Crovetti, Santiago Cabrera, Jeffrey Nordling, Kelen Coleman, Kathryn Newton, Larry Bates, Kathreen Khavari, David Monahan y Larry Sullivan.
El primer capítulo de
Big Little Lies nos presenta la anodina existencia de cinco madres del norte de California, así como la de los hombres que forman parte —o no— de sus vidas y la de los acomodados hijos nacidos de tales lazos. La cuidada fotografía de Yves Bélanger y la reposada música de Susan Jacobs nos sumergen en un universo apacible, de forma que nos dejamos envolver por el aroma del mar y sentimos la brisa acariciar nuestra piel. Pero la paz dura poco, porque un acontecimiento de apariencia banal, una simple rencilla escolar, pone patas arriba el espejismo idílico que la suma de los elegantes parajes burgueses californianos y la mimada puesta en escena nos ha hecho experimentar, aunque sólo fuera por unos minutos, como un regalo con ticket de forzada devolución. Así, una acusación exenta de pruebas apoyada por esa mentira de que «los niños siempre dicen la verdad» lastra de golpe y porrazo las esperanzas de los recién llegados —Jane y su hijo Ziggy Chapman, o sea, la cada vez más popular Shailene Woodley y el pequeño Iain Armitage— por empezar de cero, confirmando cuán difícil resulta rehuir el pasado. Sin demasiado convencimiento, la pequeña Annabella Klein (Ivy George) acusa al joven Ziggy de haberla atacado bajo la atenta mirada de su progenitora, la altiva Renata (Laura Dern), quien emprende entonces una cruzada en contra de la madre soltera y su aparentemente inocente hijo. Suerte que nada más llegar al pueblo estos habían hecho buenas migas con Madeline Martha Mackenzie (Reese Witherspoon), para quien toda excusa es buena para plantar cara a Renata, aun cuando haya de hacer uso de la popularidad de su propia hija Chloe (Darby Camp) para lograr sus propósitos (cuando se posee el dinero suficiente, tan fácil es organizar la mejor fiesta de cumpleaños imaginable como aguarla). El quinteto de madres se completa con la admirada Celeste Wright (Nicole Kidman), madre de los gemelos Josh y Max (Cameron y Nicholas Crovetti), y la nueva pareja del exmarido de Madeline, Bonnie Carlson (Zoe Kravitz), madre a su vez de Skye (Chloe Coleman). Entre mujeres y niños —sí, el sector de la sociedad al que anticuadamente se insta a poner a salvo primero en casos de emergencia— se fragua el conflicto, con los hombres sirviendo de inútiles complementos cuando no constituyen ellos mismos el problema.
Presentada de este modo, la trama (o, mejor dicho, la suma de subtramas) puede antojarse espinosa, pero lo cierto es que los numerosos personajes son introducidos con suma elegancia por el guion de David E. Kelley, quien, manteniéndose fiel a la novela de Liane Moriarty, aprovecha las siete horas que le granjea la miniserie para sumir al espectador en los universos particulares de las cinco mujeres involucradas, de modo que, al término del primer capítulo, ya sintamos un fuerte aprecio por todas y cada una de ellas, así como máxima curiosidad por sus prometedores secretos. Además, la intriga es amplificada por la “crónica de una muerte anunciada” que envuelve toda la obra, al presentarse esta como un flashback explicativo de un crimen que sólo conoceremos al final (¡y qué final!). Las rencillas de Madeline y compañía se alternan así con las declaraciones de los testigos, presentadas en forma de pequeñas cápsulas que, más que aportar información, dotan a la serie de un perenne carácter enigmático a la vez que la envuelven en ingeniosa hilaridad. Tal y como aprendimos con
Mujeres desesperadas (2004-2012), nada hay más divertido y empático que las desventuras cotidianas del día a día de las mujeres burguesas, y eso es algo que guionista, director y reparto saben bien cómo explotar. De hecho, pese a la oscuridad que alberga,
Big Little Lies jamás deja de lado el humor, presente especialmente en la lucha de egos entre Renata y Madeline, la cual resulta curiosa al recordar la relación materno-filial que unía hace nada a Dern y Witherspoon en
Alma salvaje (2014), donde ambas fueron fantásticamente dirigidas —tanto, que renacieron de sus cenizas y optaron a sendos Oscars— por el canadiense Jean-Marc Vallée, quien, por deseo expreso de Witherspoon (que, al igual que Kidman, es productora del show) no es otro que el realizador de los siete episodios de la obra que nos ocupa. El que también es director de las aclamadas
C.R.A.Z.Y. (2005) y
Dallas Buyers Club (2013) abordó la miniserie como si de un largometraje se tratase, dedicando un día de rodaje por cada cuatro páginas de guion, lo que resulta clave del deslumbrante resultado obtenido a niveles tanto técnico como interpretativo.