Introduce tu búsqueda

Seminci 2026
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Críticas Blu-ray. Mostrar todas las entradas
    Críticas Blu-ray
    Críticas Blu-ray

    Edición de La Aventura. Máster restaurado por Spirit Datacine a partir de una copia en positivo de 35mm.
    Audio: DTS 2.0 Mono a partir de una copia en magnético de 35mm.
    Imagen: 1.33:1. 1080p.

    “Soy Abraham Lincoln, sin más”, comienza su discurso como representante político del pequeño pueblo de New Salem, Illinois, en los Estados Unidos de 1832, un joven de gestos tímidos que lo primero que hace, antes de comenzar a hablar, es introducir sus manos en los bolsillos del pantalón, un hombre común pero con pensamientos y convicciones firmes según nos va mostrando el desgranar de sus palabras. Ideas elevadas de libertad e igualdad expresadas de manera sencilla en un plano medio frontal con un leve contrapicado muy sutil que pone al espectador ante Lincoln como si estuviera allí, escuchando su discurso con cercanía pero también con veneración. Un contraplano mostrando a una niña y a un niño, el futuro de la nación, que asienten y sonríen con lo que ese joven simpático les cuenta les sirve a Lamar Trotti, guionista, y John Ford, director, para reforzar las nociones de inocencia y pureza que subyacen en el mensaje de Abe. Porque en esta fantástica película de Ford, El joven Lincoln (Young Mr. Lincoln, 1939), aquel que con el tiempo se convertirá en el presidente de la nación será más Abe que el señor Lincoln del título original. Ya desde los títulos de crédito se juega con estas representaciones de los grandes valores con la utilización de la canción Glory, Glory, Aleluya, con fuertes referencias a la libertad como principio fundamental de un país que tenía reciente su independencia del Reino de Gran Bretaña. Y al mismo tiempo con la sencillez reflejada en el poema de Rosemary Benét que da fin a esta introducción en el que leemos las palabras de la madre de Lincoln dirigidas a su hijo. Patria, madre (como representación de la familia bajo el código fordiano) y libertad son los grandes conceptos que sustentan el credo de esta joven nación que tendrá en Abraham Lincoln a uno de su más míticos líderes. Apenas cinco minutos de metraje y en nuestra mente todo este aluvión ideológico está ya más que claro y comprendido.

    Las bucólicas imágenes de Abe en el campo, tumbado sobre la hierba al pie de un árbol, leyendo un libro de leyes nos transmiten a través del contacto y la identificación con la naturaleza las mentadas sencillez y pureza que son un espejo del carácter del protagonista. En todo momento El joven Lincoln sabe fundir con una perfección modélica su contenido conceptual con una narrativa fluida y elegante. También el uso de la música ayudará a remarcar los sentimientos creando el estado determinado a cada tramo del filme preparando el camino al espectador, abriendo sus emociones a lo que las imágenes colmarán. Así en el paseo de Abe con su enamorada Ann Rutledge por la ribera del río, donde la música sentimental compuesta por Alfred Newman para esa secuencia acompañará su conversación de sueños de futuro y amor incipiente con gran emotividad. O más oscura cuando contemplemos junto a Abe, casi tocando su hombro con el nuestro, la tumba de Ann mientras deposita unas flores sobre ella y le habla acerca de sus dudas y temores, de qué hacer con su vida, como si la joven estuviera aún viva. El mismo río que vio nacer su idilio corre ahora cargado de trozos de hielo entre el paisaje nevado. Esa fidelidad y ese recuerdo constantes hacia las figuras no solo de Ann, el amor puro de juventud, sino también hacia su madre, el lazo familiar, serán recurrentes a lo largo de toda la película. La figura mítica también tuvo sus momentos de indecisión y dolor, pero serán superados con fuerza y convicción gracias a esos fuertes ideales son los de los propios Estados Unidos, los de cada uno de sus ciudadanos libres, construyendo la historia de una nación al estilo de Hollywood. El mismo Hollywood que apenas cinco años hubo de ser reprimido sin piedad por el contundente Código Hays por reflejar con verdadera libertad los Estados Unidos de su época.

    por José Luis Forte
    septiembre 10, 2017

    The Collection: El joven Lincoln (1939)

    por José Luis Forte | septiembre 10, 2017

    Edición de A contracorriente Films. Máster restaurado & nuevo tránsfer digital por StudioCanal.
    Audio: DTS HD 2.0 Mono.
    Imagen: 4/3 – 1.37:1. 1080p.

    La productora británica Ealing Studios realizó entre los años 1947 a 1957 una serie de comedias que a día de hoy constituyen todo un ciclo mítico del cine clásico inglés. Recordadas y admiradas, estas dieciséis películas (diecisiete según las fuentes que consideran Davy, dirigida por Michael Relph en 1958, la última de ellas) tienen en común su forma de abordar el sentido del humor de una manera amable pero jamás exenta de cierta ironía al mostrar la forma de ser de los habitantes de las islas y su peculiar idiosincrasia, siempre teñidas de una melancólica añoranza por un tiempo pasado arrollado por un presente que deja atrás un estilo de vida más humano anclado en la tradición. Producidas por Michael Balcon y con un equipo técnico, entre los que comenzaron a brillar directores como Alexander Mackendrick y Charles Crichton, y otro artístico, con figuras como Alec Guinness y Stanley Holloway, que se repetían de una película a otra ayudaron a consolidar un estilo elegante y tradicional que, sumado a la originalidad de sus guiones, conformaron una manera única y característica de abordar el género de la comedia. Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets, 1949), dirigida por Robert Hamer, supuso uno de sus primeros éxitos importantes, pese a que en un principio Balcon no estaba muy convencido de la conveniencia de un libreto a todas luces vitriólico basado en una novela de Roy Horniman (Israel Rank: The Autobiography of a Criminal, 1907) muy influida por la obra de Oscar Wilde.

    La noche antes de su ejecución pública, en la celda en la que se halla confinado, el joven Louis Mazzini escribe sus memorias. Con una tranquilidad impropia de su situación, vestido con un elegante batín y dando muestras de unos exquisitos modales, Louis es el reflejo perfecto de la clase a la que pertenece, un noble de alta cuna que espera con dignidad la hora de su muerte. El mismo verdugo que lo ejecutará se muestra orgulloso de su tarea: ahorcará, como manda la tradición, a un duque con una soga de seda, lo que será tal vez el fin de su carrera pues ya no podrá volver, como confiesa al director de la prisión, a usar una cuerda de cáñamo. Observa a su futura víctima desde la mirilla de la puerta del calabozo y Hamer introduce un plano de la nuca de Louis, ante lo cual el verdugo asiente como si diera por buenas las medidas que ha tomado para su tarea. Así queda dibujado el tono de humor negro que dominará toda la película. Louis está sentado ante los papeles donde está detallando su vida y de manera sutil se nos sumerge en un largo flashback, la historia de Louis desde su nacimiento al momento actual. La voz en off del protagonista nos acompañará en una travesía que ya en su inicio nos muestra por qué su destino estará marcado por la venganza y el odio a los de su propia clase. Su madre era un miembro de los D’Ascoyne, familia de rancio abolengo de la cual es repudiada al casarse con un cantante de ópera italiano de pobres recursos. Al morir este, ella buscará reconciliarse con sus familiares, pero estos la rechazan sin miramientos. Así, el niño Louis crecerá obsesionado por la genealogía y el puesto que le corresponde en el árbol de sucesión. Los sufrimientos de su madre por subsistir y los esfuerzos de esta para que no olvide su origen noble lo harán vivir en un sueño de grandeza del que se verá privado al tener que ganarse el pan trabajando como dependiente en una tienda de ropa femenina. Jamás un posible heredero de un título nobiliario se vio sometido a tal humillación. La negativa familiar a que su madre sea enterrada en el castillo de Chalfont, el hogar ancestral de los D’Ascoyne según su deseo confesado a Louis en el lecho de muerte, hará germinar la semilla criminal en el corazón de este. Fantasea con la muerte de todos los miembros de la familia que lo anteceden en la línea sucesoria, y en ocasiones las esquelas necrológicas de los periódicos que no deja jamás de consultar le dan una buena noticia: poco a poco se ve más cerca de su herencia mientras va tachando los nombres que le anteceden en el árbol genealógico. El hecho de ser repudiado entre risas por la joven de la que se ha enamorado debido a su pobreza será la gota final que colmará su vaso repleto de sed de venganza. Hay ocho personas entre el ducado y él, y las eliminará a todas una por una hasta recuperar lo que le pertenece. Con una paciencia y frialdad estremecedoras Louis pondrá en marcha su plan.

    por José Luis Forte
    septiembre 10, 2017

    The Collection: Ocho sentencias de muerte (1949)

    por José Luis Forte | septiembre 10, 2017

    Edición 65 aniversario de A contracorriente Films. Máster restaurado por StudioCanal.
    Audio: Dolby Digital 2.0 Mono.
    Imagen: 4/3 – 1.37:1. 1080p.

    Para muchos la gran obra maestra de Jacques Becker, París, bajos fondos (Casque d’Or, 1952) se abre con una de las escenas que quizá más recuerde a Jean Renoir, de quien Becker fuera ayudante de dirección en ocho películas en la década de los 30 como ya se ha comentado, de toda su filmografía: un grupo de hombres y mujeres descienden por un río en barca, llegan a la orilla, tocan tierra y se dirigen a un merendero donde se sientan en la terraza. Una banda de música desgrana tonadas populares y todos los presentes bailan, ríen y aspiran la vida a borbotones en una nube casi irreal de felicidad. Solo nos ha sorprendido que con la irrupción de nuestro grupo algunas señoras se han mostrado escandalizadas y no han dudado en definir a las recién llegadas como fulanas, y que una de las jóvenes, Marie (una deslumbrante como nunca Simone Signoret), no anda a buenas con su pareja, el chulesco Roland (William Sabatier). Ellos conforman una banda de delincuentes, de apaches como se los conocía en el París de principios del siglo XX que tan bien reflejara Louis Feuillade en su serial Fantomas (Fantômas, 1913-14). El vértigo del momento irrepetible pero también la fugacidad de una mirada que puede marcar el destino son retratados al detalle. En apenas diez minutos Becker nos ha presentado a un buen montón de personajes y ha establecido las relaciones de amistad y servidumbre, de amor y conveniencia que existen entre todos ellos. Un joven carpintero, Manda (Serge Reggiani), es reconocido por un miembro del pequeño clan, Raymond (Raymond Bussières en una magnífica caracterización, mostrando en cada gesto el cariño que siente por su pasado compañero de aventuras), un antiguo amigo de tiempos más salvajes. Ambos se muestran un afecto sincero fruto de haber compartido días difíciles. El lacónico Manda pronto fija su vista en Marie y esta corresponde en una hermosa escena que Becker rueda girando la cámara al compás de la joven que baila con Roland, a cada vuelta ella volviendo sus ojos a Manda. Sin que apenas hayan cruzado aún una sola palabra ya han comenzado a hacerse el amor.

    Nace así una historia de un romanticismo exacerbado, dulcificando la algo sórdida historia real en la cual se basa el filme, insuflando su relación de un aliento poético que se mantendrá irreductible hasta el dramático final. El bueno de Manda se verá implicado en una serie de intrigas amorosas en la que no solo Roland se interpondrá entre él y Marie, sino el sardónico Leca (Claude Dauphin), el jefe de los apaches, que también la desea. Personajes arrastrados por sus pasiones, egoísta la de Roland, posesiva la de Leca y pura la de Manda, que llevará a que este deba enfrentarse en una pelea barriobajera con el engreído Roland. Manda es callado y siempre mantiene su pose de hombre tranquilo que ya ha abandonado la mala vida, pero a poco que se le empuja sale de él ese tipo peligroso e irreductible que fue. Becker parece moverse dentro de un clasicismo elegante en la realización, pero es a la hora de mostrar los breves instantes de felicidad que podrán vivir Marie y Manda cuando rompe con la tradición y subvierte el ritmo narrativo tradicional para detenerse en los plácidos meandros de los encuentros furtivos de los amantes parando el tiempo, delectándose en los cuerpos de los jóvenes abrazándose junto a un río o amándose en una cabaña alejada del bullicio de las calles de París. No solo para ellos parece que el tiempo se toma un respiro, sino que Becker nos hace partícipes de esa burbuja temporal en la que las horas se suceden al ritmo de los amantes y todo lo que sucede fuera de su mundo no importa, ni tan siquiera existe en el paraíso de los enamorados. Pero el mundo no muestra piedad. Leca buscará la manera de apartar a Manda de Marie, y para ello acusa de un crimen, el de Roland, a Raymond, y Manda no podrá resistirse a acudir en su ayuda pues el asesino no es otro que él. La amistad, la fidelidad, la complicidad entre hombres que se respetan y que se admiran por encima de cualquier otra consideración, una constante temática que se repetirá en otras obras de Becker, cobran una fuerza y una intensidad incontenibles pues Manda renunciará a su felicidad para asistir a su amigo. El encanto romántico se rompe con la desesperación del mal inevitable. Manda se enfrentará a Leca persiguiéndolo desde la calle hasta el mismo corazón de una comisaría de policía donde se refugia el cobarde jefe apache. Becker va aislando a Leca en el plano cada vez en espacios más pequeños en su huida, de una habitación a otra, encuadrando desde el marco de una ventana asfixiándolo, arrinconándolo contra la pared sin espacio donde huir acosado por el implacable Manda. La oscuridad cae sobre un final que anega todo resquicio a la prometida dicha de una vida mejor. La guillotina implacable caerá sobre el cuello de quien soñó con el amor y con ella el rostro de Marie anegado en lágrimas.

    por EAM
    septiembre 10, 2017

    The Collection: París, bajos fondos (1952)

    por EAM | septiembre 10, 2017
    Blue Heron
    PUBLICIDAD

    Estrenos

    Mostra de Valencia
    PUBLICIDAD

    Circuito

    Diputación
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción