Roma locuta, causa finita
crónica de la octava jornada de la 68ª edición del Festival de Cannes
Parece que el festival se guardaba lo mejor para la recta final. La mañana comenzó fuerte con la presentación de la esperadísima nueva película de Sorrentino, La juventud. Una muy discutida obra que ha sido la protagonista de la gran controversia del día. La crítica se ha dividido nuevamente para debatir sobre el contenido de un filme que, en sus formas, resulta indiscutiblemente majestuoso.
Posteriormente, pudimos asistir a dos largometrajes de la sección de Una cierta mirada: Madonna y Je suis un soldat, dos dramas protagonizados por mujeres a los que les ha faltado un poco de agilidad en sendos guiones. Pero, sin duda, la gran sorpresa estaba preparada para la mítica sesión de las siete en la sala Debussy. The Assassin, del maestro Hou Hsiao-Hsien, ha impresionado a la prensa con un sublime ejercicio histórico-ficticio-poético. De momento, a él le otorgamos, de forma provisional, nuestro personal título de favorito a la Palma de Oro.
«La única alternativa a interpretar a ancianos es encarnar a muertos y prefiero elegir a los ancianos. Hace años supe que había entrado en una nueva fase de mi carrera cuando tras leer un guion le dije al productor que mi parte era muy pequeña. Y él me respondió que no leyera la del amante sino la del padre. Bueno ha ido bien, porque después hasta he ganado el Oscar[...] Este es el único cuerpo que tengo, no quería hacer la parte de Miss Universo. El cuerpo envejece y eso te va a pasar también a ti, no te hagas la listilla [respondiendo a una joven periodista]... Es curioso: para las nuevas generaciones soy el mayordomo de Batman. Me paran niños de 12 años por la calle solo por eso y ni siquiera saben quién soy. Me encanta La giovinezza. La hubiera hecho gratis, pero no se lo dije a los productores». Michael Caine.