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    L'Alternativa 2023
    L'Alternativa 2023
    || Críticas | L'Alternativa 2023 | ★★★☆☆
    Between Revolutions
    Vlad Petri
    Más allá de la distancia


    Agus Izquierdo
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Rumanía, Catar, Irán, Croacia, 2023. Título original: Între revoluții. Dirección: Vlad Petri. Guion: Lavinia Braniste, Vlad Petri. Música: Filip Sertic. Compañías: Activ Docs, Restart and Fade In. Distribuidora: DAFilms. Duración: 69 min.

    Historia de distancias y de distanciamiento. Del dolor y la aflicción que lo acompañan. De la añoranza y de la cicatriz que deja, como poso, de forma permanente, el abatimiento de la insurrección ciudadana. La huella que deja el vacío, en una especie de cruel duelo invisible. Retrato de una época a partir de un cuento tramposo que recrea una ficción mediante la transfiguración de la realidad. Tremebunda, certera, inteligente y, sobre todo, cruda, con Between Revolutions, el rumano Vlad Petri conquistó algunos corazones (como mínimo, el mío) y resquebrajó alguna alma (al menos, la mía) en su paso por L’Alternativa de Barcelona. Es la fotografía de una bifurcación inevitable y no por eso menos devastadora, donde dos vidas dialogan en una nebulosa que disipa las fronteras del espacio-tiempo. Después de separarse, dos jóvenes mantienen una correspondencia epistolar donde intercambian sensaciones, recuerdos y esperanzas. Una es Maria, la otra Zahra, y se conocen mientras estudian en la universidad de Bucarest. Se sobreentiende que han mantenido una estrecha e intensa relación, y que el amor que se profesan es recíproco y aparentemente indestructible. La realidad, por desgracia, tiene sus propios ritmos y deambula caprichosamente a su bola, imponiendo su naturaleza, de manera que siempre acaba traicionando, de una forma intransigente, nuestros deseos y voluntades. Pero vayamos por partes.

    Esta película empieza, precisamente, en ese distanciamiento físico. La brecha espacial se expande cuando Zahra regresa a Irán después de finalizar los estudios, para reunirse con su familia y sus amistades. Algo grande va a pasar, vaticina a su compañera. Estamos en los setenta, de manera que no habla en vano y ese «algo que va a pasar» no es otra cosa que la revolución iraní que derrocará al sah Mohammad Reza Pahleví. No está nada mal. Por su parte, Maria se queda en la capital rumana y alrededores, viviendo como puede entre trabajos y reasignaciones y a trompicones, siempre expectante de las misivas de su compañera. Siempre preocupada, y con una incesante sensación de angustia. Hasta que la revuelta le explota, también, a ella: en este caso, no es otra que la que provocó la caída de Ceaușescu, años más tarde.

    A medida que avanza el metraje, los escritos entre amigas se intensifican, incrementando su dramatismo tonal. En la debacle de sus respectivas sociedades, la densidad aumenta in crescendo, e irrumpen episodios y anécdotas que envenenan y tiñen de negro las vidas de las protagonistas, poniendo en manifiesto la peligrosidad incipiente de un mundo incansablemente amenazante. Para elaborar el texto, el cineasta y su coguionista, Lavinia Braniste, trabajaron los documentos, registros y archivos de la temida policía secreta de la dictadura rumana, la Securitate, que combinan con poemas de Nina Cassian y Forugh Farrokhzad. A partir de ese cotejo, se edifica una historia aciaga que, pese a que en un principio se endulza con el poder de la amistad y la esperanza de las protestas civiles, acaba intoxicándose por la desilusión y el terror de dos movimientos sociales que se ven aplastados por la quimera del poder hegemónico y la brutalidad de gobiernos agonizantes, y aun así, implacables en la respuesta violenta contra «la energía en las calles», como explica Zahra.

    Hay algo también atemporal en Between Revolutions. Primero, por la masculinidad que ocupa la pantalla y cobra significativo peso a través de una presencia salvaje e iracunda. Por otra parte, también se dilatan los tiempos de respuestas entre cartas, hecho que genera en las mujeres, y también en los espectadores, una calamitosa sensación de preocupación y nerviosismo: «Dónde estás. Por lo menos dime que estás bien», pregunta la una a la otra en cierto momento. Además, tiene su momento de gloria la pesadumbre provocada por un ser querido desaparecido: Zahra vive la persecución de su família en primera persona, hecho que acaba llegando a su cúspide cuando su padre es detenido, y deja de dar señales de vida: «Mi padre fue mi revolución». El argumento de la cinta sirve, por esto mismo, para reflejar y mostrar un feminismo autoconsciente y estrictamente actual, que golpea en nuestra concepción prejuiciosa que tiende a ver a la historia como algo pasado de moda, y a su gente como personas obsoletas y con mentalidades antiguas. Contra la esperanza primigenia, surge un sentimiento de decepción e incertidumbre que se puede traducir al desamparo de nuestros días.

    En el documental de Petri, es la imagen la que complementa la prosa, que adquiere un carácter absolutamente protagonista y que manda narrativamente en todos sus espacios. Las dos voces femeninas adoptan un rol principal, y Between Revolutions utiliza el maravilloso y retrospectivo material de archivo precisamente para crear, desde la literalidad y lo documental, una ficción solo a medias. En este cuento triste y estrictamente destructivo, se establece un diálogo gratificante por lo que aporta y por cómo se entabla, aunque se hace a la vez espeluznante: el sufrimiento se sublima dando lugar a un amor sin márgenes, a una conexión interpersonal que transfiere emociones y que insiste en el hecho que, pese a que el tiempo pase, el mundo siempre será un lugar mezquino, injusto y atroz. ♦


    por Agus Izquierdo
    enero 23, 2024

    Crítica | Between Revolutions

    por Agus Izquierdo | enero 23, 2024
    || Críticas | L'Alternativa | ★★★☆☆
    Notre corps
    Claire Simon
    Exposición pública


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Francia, 2023. Título original: Notre corps. Dirección y guion: Claire Simon. Fotografía: Claire Simon. Montaje: Luc Forveille. Sonido: Flavia Cordey, Nathalie Vidal, Elias Boughedir. Música: Elias Boughedir. Producción: Kristina Larsen. Compañías: Madison Films, France 2 Cinéma. Duración: 168 min.

    Reciente ganadora de los festivales L’Alternativa y Márgenes, resulta especialmente complicado escribir sobre una película que penetra en la intimidad ajena y pega fuego al principio de confidencialidad médico-paciente. Y esa dificultad proviene, entre otras cosas, de la individualidad de cada supuesto que se presenta ante nuestra mirada, de cómo cada cuerpo es distinto y las reacciones de mentes tan diversas, aparte de que asistimos a aquello que no tendríamos derecho a conocer si no existiera una cámara intrusa de por medio. La cotidianeidad hospitalaria puede filmarse de muy diferentes maneras, desde la del espectáculo televisivo de series que se transforman en películas de acción, donde la medicina se ejerce a contrarreloj o que buscan la excusa del espacio para centrarse en el retrato íntimo y sentimental del personal sanitario, o bien decidir someter al espectador a la crudeza de la intervención médica bisturí y pinzas por delante. Simon decide que todo esto no le interesa sino de manera tangencial, el punto central de su narración son los pacientes, sus realidades, sus reacciones, sus deseos y, fundamentalmente, sus frustraciones. Simon pone el foco de manera principal en las mujeres, porque los hombres se convierten en meros acompañantes o prescriptores durante el recorrido.

    La película se publicita desde la falsa premisa de encontrarnos en una clínica ginecológica; no es cierto. Estamos en un hospital público de la capital francesa y es la mirada de Simon la que busca, intencionadamente, esa visión femenina en los pacientes. Alrededor del ciclo vital, y de manera esencial sobre el eje sexualidad-reproducción, y a veces podríamos unir ambos términos en sexualidad reproductiva, la directora se asoma a diferentes servicios del hospital para acompañar a adolescentes que quieren abortar, personas atrapadas en cuerpos diferentes al de su sexualidad orgánica, mujeres que quieren evitar embarazos o que se someten voluntariamente a un calvario de pruebas e intervenciones precisamente intentando perpetuar el rol impuesto socialmente de mujer igual a madre. Asistimos también al hecho mismo de la maternidad y el parto como uno de los momentos centrales y, también hay que decirlo, más emotivos, de la historia, o acompañamos a mujeres que no pueden disfrutar plenamente del sexo por el dolor, o asaltadas de improviso por una enfermedad mortal que impone un paréntesis incierto en el día a día, hasta llegar al ocaso y al último momento, filmado con mucha delicadeza, es cierto, pero interfiriendo en algo tan personal como es morir.

    Existiendo una voluntad femenina indudable en el retrato uno no deja de sentir que, frente al intento de acercarse al cuerpo de la mujer desde un punto de vista alejado del estereotipo publicitario, es lo reproductivo lo que centra el mayor esfuerzo en la mirada de la directora, puede incluso que de manera sobrevenida, pero indirectamente, me provoca una reacción contraria al propósito de la obra como es el mantenimiento de los roles que llevan a la mujer a convertirse en un contenedor obligado a ser madre. Siendo un elemento imprescindible e insustituible de la perpetuación de la especie, de hecho ahora mismo ya el único de los dos géneros todavía insustituible, la película se mantiene al margen de otro tipo de mirada femenina, la de la mujer que opta por no someterse al trauma físico y psicológico de la maternidad o de la imposibilidad de alcanzarla sin sentirse incompleta, muchas de las mujeres filmadas aparecen así, como madres en sí mismas, con la finalidad de serlo para sentirse socialmente aceptadas y felices, incompletas y frustradas si no lo consiguen.

    Frente al modelo Philibert o Wiseman, que terminan dibujando a la perfección el funcionamiento interno y externo de las instituciones que filman, el de Simon rehúye lo organizativo y asistencial para centrarse en las pacientes. Afortunadamente su visión del cuerpo rechaza el modelo Castaing-Paravel y evita la exposición de sangre, vísceras, bisturíes y órganos de manera prudente. A Simon le interesa más la psicología unida a esos cuerpos femeninos que el funcionamiento interno de los mismos por más que, en ocasiones, sea inevitable seguir la mirada de los médicos hacia el interior (fundamentalmente el cuerpo de la propia Simon, que termina convirtiéndose en víctima-protagonista de su propio experimento). Es así Notre corps una mirada médica prudentemente alejada del entorno en el que se desarrolla la amplia filmación, exhaustiva y cronológicamente dispuesta hacia lo inevitable de nuestra existencia y su fin. Siento pudor y malestar invadiendo la intimidad de tantas personas, incluso en esos momentos definitivos donde ya se ha abandonado toda esperanza, por más que hayan consentido las filmaciones, la idea de ser un intruso me arruina parte de la experiencia porque es completamente ajena. Es difícil aprender algo de la experiencia filmada por Simon, cada cuerpo es diferente, cada paciente es único, cada respuesta ante la enfermedad muy personal, como la reacción ante la misma, que hasta que no se sufre no se conoce si se afrontará con naturalidad o con derrumbamiento, pero lo que parece evidente es que siempre se sentirá el miedo inherente a dejar de existir. ♦


    por Miguel Martín Maestro
    diciembre 17, 2023

    Crítica | Notre corps

    por Miguel Martín Maestro | diciembre 17, 2023
    || Críticas | L'Alternativa 2023 | ★★★☆☆ ½
    Un volcán habitado
    David Pantaleón, José Víctor Fuentes
    Bajo el volcán


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    España. 2023. Título original: Un volcán habitado. Dirección: David Pantaleón, José Víctor Fuentes. Guion: David Pantaleón, José Víctor Fuentes, Fernando Alcántara, Isabel Arencibia. Fotografía: David Pantaleón, José Víctor Fuentes. Montaje: Fernando Alcántara. Sonido: Raúl Capote, Carolina Hernández. Productores: Isabel Arencibia, Virginia Park Shin. Compañía: Chukumi Studio. Duración: 66 minutos

    Había una vez un volcán, había una vez otro sensacionalismo, hubo una vez un recuerdo a los perjudicados; llegó una nueva catástrofe y se olvidó el volcán. Y así podemos seguir acontecimiento tras acontecimiento porque las noticias duran mientras venden o mientras interesa al poder de turno. Como llegan se marchan, pero las consecuencias y las desgracias permanecen, ahora ya sí, fuera de los focos y de la atención mediático-popular. Hubo una vez un volcán en la isla de La Palma de cuyo nombre ya no se acuerda más que quien convive con su realidad día tras día; durante dos o tres meses casi fue la noticia exclusiva que abría todo «programa informativo». Acostumbrados a vivir en un país sin excesivas catástrofes naturales, aquel espectáculo provocaba una innegable atracción porque el despliegue visual era inigualable, un imán para los ojos, toda una maravilla nocturna sin fin. Hay turistas de volcanes como los hay de chiringuito. Ahora los dos podían combinarse para satisfacción de los amantes de los selfies y los «yonkis» del whatsapp con el consabido «aquí, sufriendo», acompañado de la visión hortera de un plato de comida, una copa o su cara tapando el paisaje. Con este panorama de rigor informativo y de infantilismo social, ¿cómo plantear una película sobre la catástrofe? Pues aunando lo que visualmente ofrece un espectáculo natural como éste con la realidad de nuestra nueva manera de relacionarnos, y así es como lo han hecho Pantaleón y Fuentes, imágenes y audios de whatsapp.

    Mi acercamiento al cine de Pantaleón ya viene de lejos, de Fuentes desconozco su película anterior. Desde La pasión de Judas sigo su cine, sí, porque cine es cualquiera que sea su formato (todavía duelen en los oídos esas expresiones de la presidenta de la asociación de la crítica cinematográfica distinguiendo entre cine y documental o entre películas y cortometrajes) aunque el desprecio generalizado hacia el cortometraje lo ha colocado en los márgenes de los festivales y fuera de las pantallas. El cine de Pantaleón es un cine apegado a su territorio y sus costumbres; a su gente y a su paisaje, como ocurre con otros cineastas canarios como Helena Girón, Samuel Delgado, Nayra Sanz Fuentes, Daylo Barco, Jairo López o Víctor Moreno. El becerro pintado y Rendir los machos no están tan separadas la una de la otra, y con Un volcán habitado Pantaleón y Fuentes dejan un testimonio para el futuro de lo que el ser humano, en situaciones de emergencia e incertidumbre, es capaz de hacer para preocuparse y ayudar a los demás. La estructura de la película es tan simple como eficaz, tan ligera como honesta. Recopilar conversaciones de los mensajes enviados por audio entre el grupo de amigos y familiares de los directores y superponerlos a las imágenes de ese momento. Incertidumbre, ignorancia, desesperación, desinformación, lamentación, soledad, pérdida, aislamiento, solidaridad, reencuentro; son fases por las que van pasando estas personas anónimas mientras la ansiedad por querer saber y prevenir choca contra la realidad de un fenómeno caprichoso e imprevisible.

    Los directores superponen así la fortaleza de unas imágenes que impresionan, con toda la virulencia de los chorros de magma emergiendo del interior de la tierra en una noche iluminada por los ecos del infierno, con las reflexiones más o menos espontáneas o los miedos sin respuesta de todos los habitantes cuya vida diaria se ve afectada por un suceso inesperado pero siempre latente. La película se convierte en un canto a la amistad, en la necesidad del ser humano de sentirse parte de una comunidad que lo sostenga. Ajeno a su fragilidad e insignificancia, cuando el problema se vuelve irresoluble surge la paralización y la búsqueda de un alivio, de un apoyo; por irrelevante que pueda parecer, una palabra calmada de alguien puede hacer mucho más que saber que a 100 metros una patrulla de la Guardia Civil vigila cualquier posibilidad de daño humano, ya que el material es imposible de frenar mientras la naturaleza no detenga su vómito destructor. En las antípodas del cine de Herzog, buscador de lo espectacular y del ejemplar humano contracorriente, la película de Pantaleón-Fuentes se transforma en un canto humanista próximo y, para la mayoría, lleno de coherencia vital y no sólo de supervivencia física, sino emocional. La película concluye con el reencuentro, las semanas de aislamiento forzado dan paso a que conozcamos los rostros de las personas que durante una hora hemos escuchado en su zozobra y en su desencanto. Cuando llega el reencuentro se apaga la voz, porque la intimidad de ese grupo no tenemos derecho a invadirla; de manera simultánea el espectáculo del volcán también se ha apagado, el magnetismo de ese río de lava queda en nuestra memoria impreso a fuego. Cuando acaba el espectáculo el seguimiento general termina, atrás quedan los habitantes de La Palma, obligados a convivir con una nueva realidad y a reestructurar sus rutinas por culpa del capricho natural. ♦


    por Miguel Martín Maestro
    noviembre 29, 2023

    Crítica | Un volcán habitado

    por Miguel Martín Maestro | noviembre 29, 2023
    || Críticas | L'Alternativa 2023 | ★★★★☆
    The Mountains
    Christian Einshøj
    Reparar el alma


    Carles M. Agenjo
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Dinamarca, 2023. Título original: Bjergene. Dirección: Christian Einshøj. Guion: Christian Einshøj. Compañías productoras: Made in Copenhagen. Fotografía: Christian Einshøj, Søren Einshøj. Música: Toke Brorson Odin. Producción: Mathilde Hvid Lippmann. Reparto: Alexander Einshøj, Christian Einshøj, Eva Einshøj, Frederik Einshøj, Kristoffer Einshøj, Søren Einshøj. Duración: 89 minutos.

    UEn una de las mejores escenas de Los Fabelman (2022), el actor Gabriel LaBelle –en la piel de un adolescente Steven Spielberg– descubre algo cautivador entre las imágenes que ha filmado durante una excursión veraniega. La mirada atenta del joven Sammy en primerísimo primer plano y el detalle de sus dedos, analizando fotogramas sobre la mesa de su habitación a través de la pantalla de su moviola, culmina en un triste hallazgo. Al principio, los gestos pasan desapercibidos. Necesita ver y volver a ver lo registrado con su cámara Bolex para entender qué ocurre. Sammy gira la manivela hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, hasta que se da cuenta. Dos amantes pasean sin percatarse de que su mirada confiesa. Mitzi (Michelle Williams), la madre de Sammy, comparte aventura con un amigo de la familia (Seth Rogen). Las imágenes duelen, dificultan el habla, pero lejos de generar distancia, el joven acaba armándose de valor para contarle a su madre lo que ha visto. Ella se convierte en espectadora única encerrada en un armario y la sesión termina con un fuerte abrazo de reconciliación entre madre e hijo. De repente, el montaje se revela como herramienta útil para expresar sin palabras, comunicar lo prohibido y soltar lastre. Como en la proyección final de Cinema Paradiso (1988) que reescribía la historia a través del beso, los encuadres conforman un marco insólito e hipnótico, vibrante y sombrío, donde quedan grabados los secretos del alma.

    Quizá el director danés Christian Einshøj no sería el mejor ejemplo de un cine sincronizado con Spielberg o Tornatore. A simple vista, sus documentales no parecen conectar con el autor de Amblin’ (1968), que hace décadas dejó atrás la producción independiente para convertirse en marca. No obstante, es justo reconocer que podría servir como primer bloque de un diálogo entre lo global y lo íntimo, lo mainstream y lo específico, lo que se observa y lo que se monta. Y es que, por muy corporativo que se haya vuelto Spielberg y por muy codificadas que sean sus ficciones, Los Fabelman destila una idea magnífica que no es exclusiva. El montaje es el espejo de una vulnerabilidad en la que reconocernos y un proceso de acercamiento a la realidad para destapar su poder oculto. Esta reflexión no entiende de fronteras. Ya sea en una habitación oscura en la Arizona de los años 60 o en un estudio de pospo en la Copenhague de 2022. La relación estrecha con lo visual se mantiene intacta. Quizá por esto resulta tan complicado resistirse a la digresión ante una película tan extraordinaria como The Mountains, ganadora del premio Don Quixot en L’Alternativa. ¿Tan absurdo sería pensar en este primer largometraje de Einshøj como respuesta low-cost al drama autobiográfico de Spielberg? La película no está filmada con una Bolex ni montada con moviola. Tampoco puede definirse como la coming of age de un cineasta consolidado. Más bien es el debut de alguien que entiende el cine como ejercicio de empatía. Una crónica que se abre como un cuaderno de viaje y termina con unas entrevistas y reencuentros al calor de la hoguera que, según Einshøj, son lo más parecido a unas sesiones informales de terapia.

    Todo empieza con la entrañable estampa en plano medio de tres superhéroes enfrentados a su propia melancolía. Christian, el director, aparece en el centro disfrazado de Batman. Su hermano Frederik, a su izquierda, lleva el uniforme de Robin y Alexander, el pequeño, viste de Spider-Man. Lógicamente, su objetivo consiste en vencer al mal, que no es otro que la distancia de una familia que está a punto de perder su hogar común. Los padres quieren vender la casa de Oslo donde sus hijos crecieron para volver a Dinamarca. El motivo de este distanciamiento es una tragedia que el tiempo se encargó de sepultar. Einshøj rompe su silencio para expresarse a golpe de tijera a partir de fragmentos de cintas Hi8 que su padre, Søren, filmó en los años 90 como un acto de resistencia contra la muerte. Estas cintas tenían la función principal de atrapar los últimos días de vida de un cuarto hermano afectado de histiocitosis. Kristoffer es el bebé que humedece los ojos en este retrato plural. Lo más curioso es que las imágenes donde aparece son el resultado de más de 15 años de análisis de material fílmico por parte del director, que también se encarga del montaje. Su edición exhaustiva se complementa con grabaciones en presente para reagrupar a sus seres queridos en un trabajo que, en el fondo, se acerca antes al espíritu sanador de Carla Simón en su enigmática Carta a mi madre para mi hijo (2022) o a Laura García Pérez –que abre en canal sus emociones reforzando lazos maternos en su intenso debut Sóc filla de ma mare (2023)– que a las ediciones domésticas del mentado Sammy Fabelman. El montaje, de nuevo, manifiesta su condición de espejo que refleja la vida, nuestros miedos y un sentir frágil de la existencia.

    Einshøj rompe su silencio para expresarse a golpe de tijera a partir de fragmentos de cintas Hi8 que su padre, Søren, filmó en los años 90 como un acto de resistencia contra la muerte.


    Asimismo, The Mountains se lee como un acto de exploración contemporánea. Einshøj intercala fragmentos del baúl paterno en un trayecto redentor a través de Oslo, el sur de España y el círculo polar ártico. El humor es otro elemento acertado que oxigena la densidad de esta road movie de discurso existencial. Especialmente, cuando presenta a sus personajes. No obstante, lo que más cala es la entrevista a su hermano Frederik, un adicto al trabajo empresarial que suelta una confesión de las que hielan la sangre. De hecho, según Einshøj, sus padres no sabían nada de dicha confesión hasta que vieron el documental por primera vez. Como si éste cobrara una nueva dimensión al otro lado de la pantalla para contar una verdad ignota. Menos profunda, en cambio, es la figura materna. Eva Einshøj queda desdibujada en un conjunto dominado por hombres. Suya es la mirada perdida en uno de los momentos de duelo más amargos de la propuesta donde camina rumbo a ninguna parte. Como si Noruega le resultara confusa. El problema es que Einshøj no le presta demasiada atención. El motivo, tal vez, hay que buscarlo en su anterior documental. Precisamente, Haunted (2018) le concedía todo el protagonismo. En este mediometraje, Eva asegura haber visto una silueta espectral en la entrada de la habitación donde Christian y Frederik dormían de pequeños. Einshøj propone un relato de fantasmas que sigue de cerca sus rutinas. La filma tumbada en el sillón de una terraza, leyendo el periódico en el comedor o disfrutando de una puesta de sol mientras los pájaros cantan. Su mirada y sus gestos quedan radiografiados en una crónica que también incluye fragmentos de Hi8 como si el director sumara una capa más de memoria a su propio archivo familiar.

    En este sentido, Haunted y The Mountains componen un díptico personalísimo. Una saga nórdica dividida en capítulos que, tal vez, se necesitan el uno al otro para rellenar –no todos– los huecos de una narración descompensada. A pesar de ello, Einshøj despunta en el retrato de una realidad en la que es fácil reconocerse y emocionarse. La capacidad que demuestra en su debut para invocar la ternura es infinita. Lo consigue mediante una atmósfera tupida que encuentra en la música electrónica de Toke Brorson Odin y sus melodías de teclado su mejor aliada. Todos estos elementos alimentan la potencia de un documental ambicioso de experiencia catártica. El cine, en definitiva, se expone como un acto de redención compartida gracias a una cámara que despeja su apariencia de intrusa y ayuda a reparar el alma. ♦


    por Carles M. Agenjo
    noviembre 24, 2023

    Crítica | The Mountains (Bjergene)

    por Carles M. Agenjo | noviembre 24, 2023
    || Críticas | L'Alternativa 2023 | ★★★☆☆
    Il pleut dans la maison
    Paloma Sermon-Daï
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    Agus Izquierdo
    Barcelona |

    ficha técnica:
    Bélgica, Francia, 2023 Duración: 82 min. Dirección: Paloma Sermon-Daï. Guion: Paloma Sermon-Daï. Reparto: Makenzy Lombet, Purdey Lombet, Donovan Nizet, Amine Hamidou, Louise Manteau, Claude Bays. Fotografía: Frédéric Noirhomme. Compañías: Michigan Films, Visualantics, Kidam.

    Supongo yo que el Edén tendrá sus casitas y, como en todas partes, esas casitas tendrán sus respectivos trapos sucios. El paraíso, no por ser paraíso, se librará del drama. La directora belga Paloma Sermon-Daï plantea en Il pleut dans la maison una crepuscular oda sobre la soledad y la melancolía estival donde Purdey y Makenzy, dos hermanos adolescentes, se arrastrarán en el bochorno y árido verano para enfrentarse a un feroz sentimiento de desamparo. Lenta y pesada (adjetivos no usados aquí de forma para nada peyorativa), esta película estrenada en la Semana de la Crítica de Cannes (Premio del Jurado French Touc) y ahora en L’Alternativa de Barcelona, está concienzudamente filmada, alternando los planos intimistas con un paisaje bucólico infestado de turistas y las secuencias en el interior del hogar monoparental, donde residen los protagonistas. Como en la aclamada y demoledora Aftersun de Charlotte Wells, los personajes rellenan ese vacío doméstico (y por eso, más real, más palpable, más terrorífico) como buenamente pueden.

    De hecho, la realizadora ya había explorado esa aciaga e inestable figura materna con Petit Samedi, un documental sobre la adicción desde el punto de vista del vínculo entre una madre y su hijo. Il pleut dans la maison nos permite, ahora en clave de ficción (eso sí, con un ligero toque documentalista), descubrir y manosear el cráter que deja el abandono, que ahonda y cala a su vez en la fraternidad de los protagonistas, haciéndola difícil y minada de baches, pero por eso mismo convirtiendo esa comunión en algo puro, honesto y genuino. Purdey, la mayor, de diecisiete años, trabaja limpiando en un complejo hotelero, mientras que Makenzy, el menor, de quince, mata el tiempo junto a un amigo robando y revendiendo bicicletas a los turistas, más por hastío existencial que por instinto de supervivencia. La primera se parte el lomo para sustituir a la madre cuando esta desaparece, adoptando su rol cuidador e interrumpiendo cualquier sueño de futuro. El pequeño, en cambio, sucumbe a su dependencia maternal, capitulando a lo emocional, viéndose su humor y su vigor mental afectados.

    Il pleut dans la maison es un film disfrazado de válvula cuya presión va inflando la manguera de rabia contenida, de manera los personajes van sosteniendo la aflicción de forma inocente, sin perder del todo la esperanza ante la desdicha. La desesperación nunca llega a ser irrespirable e insoportable, aunque eso no signifique que la película no sea corrosiva. La relación de los dos hermanos en torno al mundo también cambia según el contexto: cuando falta la madre, se fortalecen y se empoderan. Pero al principio y al final del metraje, cuando todo parece normal, los dos chicos se pueden permitir el lujo (porque sí, es un lujo) de volver a ser adolescentes, soñadores e inmaduros, y actuar sincronizados con su edad.

    La principal baza de este cruel cuento veraniego es que el ritmo no descarrila: su delicadeza narrativa y las secuencias rurales, ocupados con lagos y gente disfrutando en contraposición al dolor de los protagonistas, no lo permiten. Además, el drama y la tensión, casi al nivel de un thriller, acaban conquistando un relato que sirve también como fotograma generacional, y que no se conforma con una coming of age de manual, como también hacia a su manera (en una dimensión más fantástica) la canadiense Falcon Lake, de Charlotte Le Bon. Todo esto se logra mediante una mirada punzante y empática, a través de la cual Paloma Sermon-Daï consigue encandilar al espectador con aparentemente poco. Sea como sea, el paraíso campestre donde se ambienta la película es solo el envoltorio de un bombón envenenado con licor barato. No solo todos los hogares tienen sus goteras, sino que cada cual las tapa como quiere y con lo que tiene a mano, a veces con auténticas chapuzas. Y de hecho, para más inri, la casa no siempre tiene que cumplir con su función de nido acogedor y confortable. Por eso, al final de Il pleut dans la maison, Purdey y Makenzy se confiesan el uno al otro que no tienen ganas de regresar a la suya. Es liberador y terapéutico asumir tal intención. ♦


    por Agus Izquierdo
    noviembre 22, 2023

    Crítica | Il pleut dans la maison

    por Agus Izquierdo | noviembre 22, 2023
    || Festivales
    l'Alternativa 2023
    Palmarés
    Cuadro de honor de la 30ª edición


    Emilio M. Luna
    Cáceres |

    fechas
    | Del 10 al 19 de noviembre de 2023. |

    El retrato de la cotidianidad en una clínica ginecológica de París, plasmado en Notre Corps, de Claire Simon, ha conseguido el premio a mejor largometraje internacional de la 30ª edición de L’Alternativa. La pieza peruana El polvo ya no nubla nuestros ojos, de Colectivo Silencio (Cortometraje internacional) y el filme documental Soc filla de ma mare, de Laura García Pérez (Nacional), han sido los otros trabajos ganadores de la secciones competitivas del certamen barcelonés.

    • Premio largometraje internacional: Notre corps, Claire Simon, Francia.
    • Mención especial del jurado de largometraje internacional: Tótem, Unidad de Montaje Dialéctico, México.
    • Premio cortometraje internacional: El polvo ya no nubla nuestros ojos, de Colectivo Silencio, Perú.
    • Mención especial de cortometraje internacional: Aqueronte, Manuel Muñoz Rivas, España.
    • Premio film Nacional: Soc filla de ma mare, de Laura García Pérez, España.
    • Premio cortometraje Nacional: Máxica Neves no Nadal, de Víctor Soho, España.
    • Mención especial del jurado de Nacional: Zinzindurrunkarratz, de Oskar Alegría, España.
    • Premio DOCMA: Un volcán habitado, de David Pantaleón y José Víctor Fuentes, España.
    • Mención especial DOCMA: Soc filla de ma mare, de Laura García Pérez, España.
    • Premio Don Quijote al largometraje internacional: Bjergene, Christian Einshøj, Dinamarca.

    por Emilio M. Luna
    noviembre 19, 2023

    30ª edición de l'Alternativa | Palmarés: «Notre Corps», de Claire Simon, premio a la mejor película

    por Emilio M. Luna | noviembre 19, 2023
    || Festivales
    l'Alternativa 2023
    Introducción
    Anotaciones sobre la 30ª edición


    Emilio M. Luna
    Cáceres |

    fechas
    | Del 10 al 19 de noviembre de 2023. |

    cabecera: Between Revolutions,
    Vlad Petri, Rumanía.

    L’Alternativa de Barcelona se ha convertido en un clásico por derecho propio del otoño cinematográfico español. Lo ha hecho de forma transversal, añadiendo a su cuidada selección programática una parrilla de actividades divulgativas –masterclasses, talleres, roundtables y coloquios profesionales— que completan una panorámica sectorial que incide, como el subtítulo del certamen indica, en el cine independiente nacional e internacional. La 30ª edición, que se desarrollará del 10 al 19 de noviembre de forma presencial; del 15 al 28 de enero online (en Filmin), abrirá con el magnífico último trabajo de Aki Kaurismäki, Fallen Leaves. Unas hojas caídas que retrata uno de los grandes directores europeos de todos los tiempos que, sin embargo, huye del escenario crepuscular para instalarse en una mirada vitalista; como la de un certamen repleto de primeras y segundas obras que demuestra que más allá del mainstream autoral sí hay cánones quebrados.

    El romance metaautoral del finés ejercerá de puerta abierta a una 30ª edición con, claro está, sus nombres propios. El de Tatiana Huezo, directora y documentalista mexicana a la que el festival le dedica una retrospectiva; el de Clara Roquet, que formará parte de un Satélite, en el cual se unen creadora y público para redescubrir luz dentro del proceso creativo; o el del propio treinta aniversario del evento, con una parrilla de títulos y actividades que celebran la historia del certamen. Actividades paralelas que envuelven tres competiciones que se dividen en largometrajes nacionales e internacionales y un concurso de cortometrajes.

    En su sección Nacional, encontramos filmes de Alberto Martín Menacho –Zabaltegi en el Zinemaldia—, Isabel Herguera –que compitió en la sección oficial del Festival de San Sebastián—, Lois Patiño –que llega tras haber formado parte la competición de la Seminci— o el colectivo Negu –mención especial de Cineasti del Presente del Festival de Locarno. En su apartado foráneo, destaca la selección del cuarto largometraje del belga Bas Devos, Here, que se alzó con el premio a la mejor película de Encounters de la Berlinale. Además, competirán trabajos del portugués João Rosas –con su debut en el gran formato tras un fructífero paso por el cortometraje—, la veterana documentalista francesa Claire Simon o el rumano Vlad Petri con su Between Revolutions, diálogo intergeneracional e interrevolucionario. Justamente, una revolución propone, dentro de la sección, otro colectivo, el de la Unidad de Montaje Dialéctico de México, en Tótem, para escarbar en los orígenes de una violencia que se ha convertido no solo en el eje del país norteamericano, sino también de la propia contemporaneidad.

    A continuación, la relación de largometrajes del programa a competicion:

    LARGOMETRAJES INTERNACIONALES


    • A morte de uma cidade, João Rosas, Portugal.
    • Bjergene, Christian Einshøj, Dinamarca.
    • El rostro de la medusa, Melisa Liebenthal, Argentina.
    • Here, Bas Devos, Bélgica.
    • Il pleut dans la maison, Paloma Sermon-Daï, Bélgica.
    • Between Revolutions, Vlad Petri, Rumanía.
    • Notre corps, Claire Simon, Francia.
    • O estranho, Flora Dias, Juruna Mallon, Brasil.
    • Tótem, Unidad de Montaje Dialéctico, México.
    • Up the River with Acid, Harald Hutter.

    NACIONAL


    • Antier Noche, Alberto Martín Menacho.
    • El sueño de la sultana, Isabel Herguera.
    • Negu Hurbilack, Colectivo Negu.
    • Samsara, Lois Patiño.
    • Soc filla de ma mare, Laura García Pérez.
    • Un volcán habitado, David Pantaleón, José Víctor Fuentes.
    • Zinzindurrunkarratz, Oskar Alegría.


    Soc filla de ma mare, Tótem
    Bjergene, A morte de uma cidade.

    por Emilio M. Luna
    noviembre 08, 2023

    30ª edición de l'Alternativa | Anotaciones sobre su programación

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