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    Crítica | Notre corps

    || Críticas | L'Alternativa | ★★★☆☆
    Notre corps
    Claire Simon
    Exposición pública


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Francia, 2023. Título original: Notre corps. Dirección y guion: Claire Simon. Fotografía: Claire Simon. Montaje: Luc Forveille. Sonido: Flavia Cordey, Nathalie Vidal, Elias Boughedir. Música: Elias Boughedir. Producción: Kristina Larsen. Compañías: Madison Films, France 2 Cinéma. Duración: 168 min.

    Reciente ganadora de los festivales L’Alternativa y Márgenes, resulta especialmente complicado escribir sobre una película que penetra en la intimidad ajena y pega fuego al principio de confidencialidad médico-paciente. Y esa dificultad proviene, entre otras cosas, de la individualidad de cada supuesto que se presenta ante nuestra mirada, de cómo cada cuerpo es distinto y las reacciones de mentes tan diversas, aparte de que asistimos a aquello que no tendríamos derecho a conocer si no existiera una cámara intrusa de por medio. La cotidianeidad hospitalaria puede filmarse de muy diferentes maneras, desde la del espectáculo televisivo de series que se transforman en películas de acción, donde la medicina se ejerce a contrarreloj o que buscan la excusa del espacio para centrarse en el retrato íntimo y sentimental del personal sanitario, o bien decidir someter al espectador a la crudeza de la intervención médica bisturí y pinzas por delante. Simon decide que todo esto no le interesa sino de manera tangencial, el punto central de su narración son los pacientes, sus realidades, sus reacciones, sus deseos y, fundamentalmente, sus frustraciones. Simon pone el foco de manera principal en las mujeres, porque los hombres se convierten en meros acompañantes o prescriptores durante el recorrido.

    La película se publicita desde la falsa premisa de encontrarnos en una clínica ginecológica; no es cierto. Estamos en un hospital público de la capital francesa y es la mirada de Simon la que busca, intencionadamente, esa visión femenina en los pacientes. Alrededor del ciclo vital, y de manera esencial sobre el eje sexualidad-reproducción, y a veces podríamos unir ambos términos en sexualidad reproductiva, la directora se asoma a diferentes servicios del hospital para acompañar a adolescentes que quieren abortar, personas atrapadas en cuerpos diferentes al de su sexualidad orgánica, mujeres que quieren evitar embarazos o que se someten voluntariamente a un calvario de pruebas e intervenciones precisamente intentando perpetuar el rol impuesto socialmente de mujer igual a madre. Asistimos también al hecho mismo de la maternidad y el parto como uno de los momentos centrales y, también hay que decirlo, más emotivos, de la historia, o acompañamos a mujeres que no pueden disfrutar plenamente del sexo por el dolor, o asaltadas de improviso por una enfermedad mortal que impone un paréntesis incierto en el día a día, hasta llegar al ocaso y al último momento, filmado con mucha delicadeza, es cierto, pero interfiriendo en algo tan personal como es morir.

    Existiendo una voluntad femenina indudable en el retrato uno no deja de sentir que, frente al intento de acercarse al cuerpo de la mujer desde un punto de vista alejado del estereotipo publicitario, es lo reproductivo lo que centra el mayor esfuerzo en la mirada de la directora, puede incluso que de manera sobrevenida, pero indirectamente, me provoca una reacción contraria al propósito de la obra como es el mantenimiento de los roles que llevan a la mujer a convertirse en un contenedor obligado a ser madre. Siendo un elemento imprescindible e insustituible de la perpetuación de la especie, de hecho ahora mismo ya el único de los dos géneros todavía insustituible, la película se mantiene al margen de otro tipo de mirada femenina, la de la mujer que opta por no someterse al trauma físico y psicológico de la maternidad o de la imposibilidad de alcanzarla sin sentirse incompleta, muchas de las mujeres filmadas aparecen así, como madres en sí mismas, con la finalidad de serlo para sentirse socialmente aceptadas y felices, incompletas y frustradas si no lo consiguen.

    Frente al modelo Philibert o Wiseman, que terminan dibujando a la perfección el funcionamiento interno y externo de las instituciones que filman, el de Simon rehúye lo organizativo y asistencial para centrarse en las pacientes. Afortunadamente su visión del cuerpo rechaza el modelo Castaing-Paravel y evita la exposición de sangre, vísceras, bisturíes y órganos de manera prudente. A Simon le interesa más la psicología unida a esos cuerpos femeninos que el funcionamiento interno de los mismos por más que, en ocasiones, sea inevitable seguir la mirada de los médicos hacia el interior (fundamentalmente el cuerpo de la propia Simon, que termina convirtiéndose en víctima-protagonista de su propio experimento). Es así Notre corps una mirada médica prudentemente alejada del entorno en el que se desarrolla la amplia filmación, exhaustiva y cronológicamente dispuesta hacia lo inevitable de nuestra existencia y su fin. Siento pudor y malestar invadiendo la intimidad de tantas personas, incluso en esos momentos definitivos donde ya se ha abandonado toda esperanza, por más que hayan consentido las filmaciones, la idea de ser un intruso me arruina parte de la experiencia porque es completamente ajena. Es difícil aprender algo de la experiencia filmada por Simon, cada cuerpo es diferente, cada paciente es único, cada respuesta ante la enfermedad muy personal, como la reacción ante la misma, que hasta que no se sufre no se conoce si se afrontará con naturalidad o con derrumbamiento, pero lo que parece evidente es que siempre se sentirá el miedo inherente a dejar de existir. ♦


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