Somos siempre principiantes
Crónica de la séptima jornada de la 64ª edición del Festival de San Sebastián.
Ha querido la organización concentrar en un mismo día dos de las películas más potentes a competición (y también de las más esperadas por el equipo mohicano) que aportan visiones distintas sobre el amor pero comparten una idea principal: la de acercarnos a él despojados de complejos, como si lo hiciéramos por primera vez sin importar cuantas veces lo hayamos hecho anteriormente. Como principiantes. Y ahora que el cansancio ya empieza a hacer mella tras varios intensos días de festival, uno se pregunta si no es eso lo que hemos intentado hacer cada vez que poníamos un pie en el Kursaal, el teatro Principal o el Victoria Eugenia, nuestras verdaderas casas desde hace ya una semana. Es la idea de acercarse a cada película como quien no sabe nada, algo muy complicado en estos tiempos modernos donde las noticias viajan de continente a continente a golpe de tuit. Lo cierto es que hemos comprobado como en demasiadas ocasiones las expectativas nos jugaban una mala pasada a la hora de disfrutar de una película, algo que afecta sobremanera a las opiniones que cada noche vertemos sobre ellas. Por ello, y aunque ahora pueda parecer un poco tarde, reivindicamos desde aquí la necesidad de ser siempre principiantes. De enfrentarnos a cada experiencia fílmica como auténticos ignorantes, como torpes aprendices de un mundo que se despliega ante nosotros. Solo así lograremos que cada película sea un aprendizaje.