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    Berlinale 2026
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    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    Salvation
    Emin Alper
    Una febril parábola sufí


    Carlos Ibarra Grau
    Berlín |

    ficha técnica:
    Turquía, Francia, Países Bajos, Grecia, Suecia, Arabia Saudí, 2026. Título original: «Kurtuluş» (Salvation). Dirección y guion: Emin Alper. Compañías: Liman Film, Nadir Öperli, Gloria Films, Horsefly Films, Lemming Film, Enigma Film. Festival de presentación: 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín (Sección Oficial - Oso de Plata a la mejor dirección). Distribución en España: Elástica Films. Fotografía: Barış Aygen, Ahmet Sesigurgil. Montaje: Özcan Vardar. Música: Christiaan Verbeek. Reparto: Caner Cindoruk, Berkay Ateş, Feyyaz Duman, Naz Göktan, Özlem Taş, Eren Demir, Selim Akgül, Hichi Demi, Nazmi Karaman. Duración: 120 minutos.

    Los cuentos sufíes son historias cortas, alegóricas y a menudo absurdas, que buscan transmitir enseñanzas espirituales y morales. Dentro de la tradición mística sufí, se rompe con los patrones de pensamiento lógico con el fin de despertar la conciencia y reflexionar sobre la vida cotidiana. Con una lucha de clanes inspirada por un hecho real acontecido en 2009 en una región kurda de Turquía - unos horribles acontecimientos de fatal magnitud – atendemos en Salvation (Kurtuluş, 2026) a dos aldeas, una más pobre en las montañas, otra más rica en el valle y una enemistad fermentada desde hace tiempo. Tras años de ataques por parte de terroristas en la región, el clan pobre de los Hazeran, pese a las numerosas bajas, resistió y consolidó la estabilidad en las dos aldeas, asumiendo el papel de protectores. Ahora que la zona es más segura, los Bezari, que antes emigraron a la ciudad, están regresando al pueblo del valle, exigiendo la entrega de unos campos que oficialmente les pertenece, pero que fueron cultivados por los Hazeran durante su ausencia. El factor del absurdo común a los cuentos sufís lo introduce el director presentando, de forma inusual, a una figura respetada en el sufismo y el Islam como la del sheik (jefe religioso) quién, con sobreesfuerzo y vigorosidad, preside las sesiones de culto. Se infiere por su gestualidad y comportamiento imperativo una máscara de debilidad para el cargo que ostenta. Sutil pero no evidente, sino perceptible. Al contrario de las espectaculares y vistosas coreografías musicales, donde la comunidad reza en un coro de voces al unísono mientras la cámara se eleva sobre ellos, girando, como un presagio de las consecuencias del fanatismo religioso.

    Una neurosis que el realizador Emin Alper trabaja a menudo en su cine mediante visiones febriles y desasosegantes secuencias oníricas. Estas suelen reflejar la paranoia y los miedos de sus personajes. Así sucede en Salvation con el hermano del sheik, nuestro protagonista Mesut –excepcionalmente interpretado por el actor Caner Cindoruk – quien comienza a sufrir sueños inquietantes. Interpretados éstos como órdenes divinas, comienza a desafiar el liderazgo de su hermano: las convicciones religiosas, las luchas de poder y las tensiones aumentan en la comunidad por el miedo a sufrir la invasión de la otra aldea. La de Caín y Abel es la disputa entre hermanos más antigua de todas. De hecho, en su anterior filme Burning Days (Kurak günler, 2022) la aparente relación homoerótica del protagonista con un periodista podría ser leída, en realidad, en clave fraternal ante un mundo dominado por hombres entregados al mal y habitados por el miedo. Si Mary Bronstein arriesgaba en su reciente Si pudiera te daría una patada (If I had legs i'd kick you, 2024) a que el espectador perdiera el contacto con la película a medida que su protagonista lo pierde con la realidad, el director turco eleva la apuesta cuando las experiencias extracorporales de Mesut se extienden al resto de aldeanos a modo de visiones pesadillescas. Un pensamiento grupal sin sentido, absurdo, que caracteriza a tantas sociedades hoy en día. No solo son fratricidas unos pocos individuos que controlan algunas de nuestras naciones, sino también las masas de poblaciones que, iracundas, los secundan, autoconvencidos de no desfilar hacia el abismo.

    A diferencia de la cinta de Bronstein, que llevaba al extremo el estilo “Dardenne” en su seguimiento del protagonista con cerrados primeros planos y cámara en mano, Alper introduce por primera vez en su cine el uso de planos cenitales mediante el uso de drones, ofreciéndonos en zooms perspectivas de la región y de las dos aldeas. Este recurso resulta tan artificial como en los habituales telefilmes y teleseries dirigidas a un gran público, un ejercicio de montaje que muestra el escenario en el que se desarrollará la acción. Lastrando un tanto el ritmo de la película, se advierte la inclinación del realizador por las imágenes bellas, que sin embargo ralentizan la narrativa.

    Pero debemos entender que el turco, con un relato complejo y heterogéneo que desafía el tamaño un tanto simplista de los cuentos sufíes, opta por algún recurso sobreexplicativo al dirigirse a un público occidental que suele desconocer las tensiones específicas de la Anatolia Oriental. Una región donde residen muchos kurdos y tienen una relación cambiante y difícil tanto con los extremistas armados de su entorno como con la policía estatal. Salvation parece ofrecer la instantánea de un momento en el que el terrorismo kurdo está en declive y la población local ayuda activamente a la policía como "guardianes" del territorio. Porque, en la apertura del filme, un grupo de hombres armados ha matado a dos supuestos terroristas en las colinas, cargando los cuerpos en un camión de policía como si fuera una expedición de caza. Tras felicitarse por una buena noche de trabajo, se dirigen al sermón exhaustivo y expositivo del sheik, quién explica la historia de las tensiones de los dos clanes, remontándose a generaciones atrás. Todo esto resulta, sin duda, útil para el espectador para entender un contexto ajeno.

    Alper está construyendo una filmografía en la que, más allá de la notable calidad de sus películas, su gran mérito radica en la habilidad de repetir una numerosa lista de elementos, géneros, temáticas y recursos sin que ello resulte en una sensación de algo ya visto. El turco es suficientemente inteligente para dibujar en cada obra unos protagonistas totalmente distintos a los que les mueve distintas motivaciones, con distintas respuestas al miedo que se terminará apoderando de ellos.

    Un giro ahora de tuerca en Salvation sobre su metáfora del enemigo invisible, pues cada vez que alguien muere, nunca queda del todo claro quién ha sido. Su debut, Beyond the Hill (Tepenin ardi, 2012), donde un viejo guardabosques y su familia se enfrentaban - presuntamente - a un enemigo que nunca vemos y que se esconde tras la colina, era un relato asomado al western y un suspense con tintes paranoides. Un filme pequeño, efectivo y muy compacto. Salvation no nos presenta a un anciano con dos hijos ante un enemigo fantasma, sino a todo a un pueblo que se entrega por completo al odio frente a los terroristas, al pueblo vecino y con la guarda militar de por medio. Visto ya como una especie de mesías por sus premoniciones, el insomne Mesut deambula por la aldea de noche, vagando por callejones y escaleras sinuosas por los que figuras sombrías pasan constantemente, como secuencias de terror, con ecos a la Viena de El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1950), uno de los clásicos de la paranoia por excelencia.

    En Alper hablamos de un director ávido en distintas representaciones de la imagen que introduce el elemento sobrenatural en la trama, no solo rompiendo la lógica como predica la mística sufí sino también el punto de vista de Mesut, al extenderse al de todos, lo que convierte el cuento en una suerte de inconsciente esquizoide colectivo donde las partes resultan indivisibles del todo. Un todo atravesado por la misoginia de los celos de Mesut respecto a rumores sobre su esposa. A los hombres, en realidad, no les preocupa proteger a sus mujeres e hijos, sino solo justificar su odio ciego contra la aldea enemiga.

    Un juego lúgubre de confusión febril tan alejado de la hermosísima A tale of three sisters (Kız Kardeşler, 2019), con la que Alper ya participó en la Competencia de la Berlinale. Aquella cinta es lo más cercano que ha estado de Nuri Bilge Ceylan ningún cineasta turco. Las tres hermanas del título habitaban un hogar al cobijo de un fuego que nunca se apagaba. Sus confidencias y sororidad, que emanaban de la dominación esclavista de los esposos, eran conversaciones que ahondaban con cautivadora atmósfera intimista en profundas tribulaciones humanas. Éstas se alternaban con planos exteriores de la cabaña entre las cumbres rocosas, filmados de forma impresionante en formato panorámico con la llegada de la nieve. Un bonito y triste cuento. Todo ello traía indefectiblemente al recuerdo a Winter Sleep (Kis Uykusu, 2014), con los diálogos existenciales entre el actor jubilado Aydin y su hermana y la sugestiva belleza con la que Ceylan filmó Anatolia, el escenario del que Alper es natal y ha rodado todas sus películas. Si aquello era un sueño de invierno, Salvation es una pesadilla, una que promete la destrucción a cambio de sumergirnos en el fanatismo místico. A manos de la imponente presencia y actuación de Caner Cindoruk, con su poblada barba a modo de profeta, la narración parabólica en torno a la instrumentalización de la religión y al odio heredado de generación en generación son un claro paralelismo del conflicto interminable en el Oriente Medio. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    marzo 05, 2026

    Crítica | Salvation

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | marzo 05, 2026
    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    The Day She Returns
    Hong Sang-soo
    Clase magistral de interpretación ante la cámara


    Ignacio Navarro Mejía
    Berlín |

    ficha técnica:
    Corea del Sur, 2026. Título original: «Geunyeoga doraon nal / 그녀가 돌아온 날» (The Day She Returns). Dirección, guion, fotografía, montaje y música: Hong Sang-soo. Compañía: Jeonwonsa Film. Producción ejecutiva / Jefe de producción: Kim Min-hee. Festivales: 76.º Festival de Berlín (Panorama). Distribución en España: Atalante Cinema. Reparto: Song Seon-mi, Cho Yun-hee, Park Mi-so, Ha Seong-guk, Shin Seok-ho, Kim Sun-jin, Oh Yoon-soo, Kang So-i. Duración: 84 minutos.

    Hoy en día, cualquiera puede rodar una película con un equipo muy limitado, usando incluso la cámara del móvil, rodeándose de colegas o conocidos y montando los archivos en el ordenador. La inmensa mayoría de las películas que llegan a nuestras salas siguen siendo el producto de una industria con ciertas exigencias de presupuesto y organización: al margen de lógicas variantes, asistimos siempre al resultado pulido de un trabajo en equipo, con múltiples departamentos y mucho dinero invertido, para asegurar que desde la iluminación hasta la decoración, pasando por el sonido o la edición, veamos una película donde todo queda ensamblado para deleite del espectador, que no es del todo consciente de esas partes previas que han concurrido a dicho resultado. Sin embargo, hay excepciones, como las películas de Hong Sang-soo. Este prolífico cineasta coreano, en efecto, plasma sus historias con un creciente minimalismo, cada vez más reducidas, en lo que podría llamarse una segunda etapa de su carrera (aunque sin romper abruptamente con la primera), en cuanto a metraje, actores, localizaciones, cambios de escenas o la mera resolución de la imagen, menos depurada y definida que en los estándares a los que estamos acostumbrados. Esta deriva no es por dejadez o escasez, sino consecuencia de una decisión tanto narrativa como estética, de rebeldía y en reacción a esos parámetros habituales del cine comercial. En algunas de sus cintas no se percibe tan claramente tal decisión, y para quien esto escribe no acaban entonces de funcionar como ejemplo marginal de una visión a contracorriente, sino que quedan en algo casi anodino.

    No es el caso de su última obra, recientemente presentada en la Berlinale, aunque en una sección paralela, no a competición, donde ha figurado en otras ocasiones. La relegación de categoría podría justificarse en esa frecuencia de producción que aconseja dar paso a otras voces, o en la consideración de esta como obra menor, algo que su somero análisis desmiente. The Day She Returns tiene, eso sí, una sencilla premisa: la vuelta al foco de una actriz reputada y algo olvidada, que acaba de rodar una película y que por ello es entrevistada de forma sucesiva, en la habitual jornada que suele dedicarse a estos menesteres de promoción, para en teoría compartir su experiencia de trabajo… lo que pronto se revela una suerte de MacGuffin. En concreto son tres las entrevistas a las que asistimos (se arranca in medias res), por lo que la película tendría una estructura en tres partes, aunque esto luego se trastoca para añadir otra dimensión interpretativa a la historia. En realidad, como es típico de Hong, la estructura es más cíclica o superpuesta que lineal, pues las tres entrevistas son como reflejos unas de otras, con la misma localización (en un restaurante de inspiración alemana, cuyas referencias autoconscientes suscitaron risas en todos los pases de la Berlinale), análoga puesta en escena (plano fijo general durante el diálogo, sin apenas cortes y con algún zoom in o zoom out marca de la casa, pues fuera de campo quedan el director y otros personajes invisibles del restaurante) y conversación en buena medida redundante. En efecto, la actriz protagonista habla de casi todo menos de la película que ha rodado, pero al mismo tiempo se cuida de trasladar un mensaje constante a sus interlocutoras, poco preocupadas igualmente de preguntarle acerca de dicha película, con variaciones de matiz en una conversación falsamente espontánea.

    En este sentido, a través de esta charla, Hong deja claro su desdén por el cine comercial, desde una posición, eso sí, que exige involucrar al espectador como un participante más de la acción, como si también estuviera sentado en esa mesa o como si estuviera asistiendo a lo que en ella se debate, desde la misma posición que el director. De ahí la correspondencia entre fondo y forma que vuelve especialmente brillante esta película, sobre todo porque, volviendo a los temas de conversación, no lo hace de manera didáctica, sino con unos diálogos que no parecen responder a una idea preconcebida (ni a la del director ni a la de una supuesta entrevista), sino surgir sobre la marcha según lo que se les vaya ocurriendo a los personajes, lo que les apetezca transmitir o lo que les suscite el intercambio de opiniones. En fin, como una conversación cotidiana cualquiera. Con todo, sí hay claramente un director que ordena lo que se expone (aunque su personaje permanezca fuera de campo, como decíamos, en un recurso metalingüístico genial, que incluso dota de cierto aire documentalista a la acción), condicionando tanto la duración de la charla como su punto de vista. Esto se confirma en lo que sigue a la sucesión de las tres entrevistas, revirtiendo una de las ocurrentes (y quizá hipócritas) afirmaciones de la actriz, contraria a que todo lo que se diga o se haga sea interpretado. Este añadido del metraje se sale de la estructura anterior, quiebra su coherencia intrínseca y resulta algo anticlimático, pero también es necesario para redondear la propuesta y emitir un juicio cabal sobre lo que ha antecedido. Con todo ello, The Day She Returns gustará a los fieles seguidores de Hong y atraerá, esperamos (pues así le ha sucedido a un servidor), a otros espectadores más inquietos (en el sentido más físico de la palabra), ya que estamos ante una película que lleva en sí misma el coloquio con la sala de cine, superando de esta manera sus múltiples y autoimpuestas limitaciones (al menos, de nuevo, en su sentido físico o material). ♦


    por Ignacio Navarro
    marzo 03, 2026

    Crítica | The Day She Returns (그녀가 돌아온 날)

    por Ignacio Navarro | marzo 03, 2026
    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    Yellow Letters
    İlker Çatak
    Bertolt Brecht y el exilio de los valores


    Carlos Ibarra Grau
    Berlín |

    ficha técnica:
    Alemania, Francia, Turquía, 2026. Título original: «Gelbe Briefe». Título internacional: Yellow Letters. Dirección: İlker Çatak. Guion: İlker Çatak, Ayda Meryem Çatak, Enis Köstepen. Compañías: Artes Productions, Haut et Court, Liman Film, ZDF, if… Productions. Festival de presentación: Festival Internacional de Cine de Berlín (Competición Oficial, Oso de Oro). Distribución en España: A Contracorriente Films. Fotografía: Judith Kaufmann. Montaje: Gesa Jäger. Música: Marvin Miller. Reparto: Özgü Namal, Tansu Biçer, Leyla Smyrna Cabas, İpek Bilgin, Aydın Işık, Aziz Çapkurt, Yusuf Akgün, Uygar Tamer, Jale Arıkan, Seda Türkmen, Emre Bakar. Duración: 128 minutos.

    Se le atribuye al dramaturgo alemán la cita «Primero viene la comida, luego la moral». Los ciudadanos turcos en el exilio, especialmente en Alemania, son hoy en día perseguidos políticos, académicos y creadores culturales que han abandonado su país tras represiones como el golpe de Estado de 2016, acaecido en Ankara y Estambul. Berlín es el punto de encuentro central de esta diáspora intelectual, que a menudo vive en condiciones precarias y se distancia del gobierno de Erdogan.

    Es en la capital alemana donde nació el director de raíces migrantes Ilker Çatak. Quizá debió pensar que, si viven en Alemania tantos exiliados, por qué no exiliar la película misma. Así comienza Gelbe Briefe (Cartas amarillas), con la pareja protagonista conduciendo un coche bajo la Puerta de Brandenburgo y se anuncia que Berlín interpretará a Ankara. Con la lengua túrquica como vertebradora, esta primera parte fue probablemente rodada en pleno Kreuzberg, el barrio berlinés de tal influencia turca que sus restaurantes, cafeterías, mercados y tiendas subvierten el paisaje urbano y cultural. Con un reparto enteramente turco y en este juego de atrezzos viven Derya (actriz) y Aziz (dramaturgo y profesor de universidad), una reconocida pareja de teatro de Ankara que lleva una vida asentada junto a su hija adolescente. Tras estrenar con gran éxito una obra crítica con la actualidad en su país, ambos recibirán las cartas que dan título a la obra y a la propia película. El amarillo de esas misivas no es baladí, pues su color, de uso común en toda Europa, suele advertir de un contenido relacionado con el Juzgado, donde se informa de que uno es parte en un procedimiento y del plazo para presentar una defensa. Así, la familia se convierte de la noche a la mañana en el blanco del Estado hasta el punto de ver amenazados sus trabajos y su apartamento.

    Gelbe Briefe
    se plantea hasta qué punto estamos dispuestos a llegar por nuestras convicciones a través de unos protagonistas que promueven su idealismo activista a través del arte. Y es que Çatak representa a la clase media frente a un cine generalista que suele optar por los extremos: clases muy acomodadas, cuando no ricas y clases bajas, cuando no pobres. Se apela aquí a esa frágil clase media de nuestros días, una en la que cualquier ciudadano o familia contraria al sistema sufra el azote del actual expansionismo de las políticas represoras. En su segundo tramo se moverá la película a otro exilio, esta vez hasta una Hamburgo que interpretará a Estambul. Aunque resulte un poco extraño ver dos ciudades alemanas con más de un millón de habitantes como metrópolis turcas, ello no reduce la inmersión en la historia. De hecho, Catak parece dejar deliberadamente algunas inserciones de letras alemanas en la película, cual ruptura estilística al estilo de Bertolt Brecht.

    La madre de Aziz presta su pequeña casa como hospedaje a toda la familia, reflejando la dura realidad en las que muchos hijos en edad adulta se ven forzados a volver a casa de sus padres. Todo se sustenta con las verosímiles actuaciones de su pareja protagonista, auténticas estrellas de cine, teatro y televisión en Turquía, pero aún desconocidos en Occidente: Özgü Namal (Derya) y Tansu Biçer (Aziz). La erosión de su relación matrimonial (İlker Çatak entiende que la represión es más devastadora cuando se filtra a través de la esfera doméstica) es latente en tanto que Derya lucha por mantener su dignidad y Aziz sopesa adaptarse a una nueva realidad alejada de los escenarios. Sus desacuerdos no son muy ruidosos; son agotadores, prácticos, desgarradoramente adultos. ¿Cómo se mantienen los principios y el sustento de una hija cuando escasea el dinero?

    Fuera del improvisado hogar, se filtra el griterío de manifestaciones del Estambul tumultuoso, que evoca a la iraní La semilla de la higuera sagrada (2024) donde Mohammad Rasoulof plasmaba la casa como cárcel, con luz tenue y atmósfera opresiva en la que la familia atendía tras la ventana al malestar ciudadano. Un segundo acto donde el filme sufre de cierta caída, girando el guion sobre algunas reflexiones ya expuestas, pero alzando el vuelo de nuevo en su tramo final.

    La nueva película de Çatak comparte con su anterior y exitoso filme Sala de profesores (2023) una apuesta por el suspense y paulatino in crescendo del drama que se torna en thriller. En aquella, las implacables estructuras se circunscribían al sistema escolar de Alemania y ahora, el cineasta berlinés, en un paso ambicioso, representa como los tentáculos de la autocracia se extienden a todos los ámbitos, traspasando territorios. Un sagaz relato de rabiosa actualidad cuya forma drástica evidencia lo que puede suceder cuando el espacio para el debate político se reduce. E incluso se cierra. Más allá de la analogía de ciudades y el uso de espejos, estamos ante un lúcido teatro verité a modo de presagio, una mirada al futuro próximo donde regímenes autoritarios podrían sustituir las democracias de nuestra Europa Occidental. Lo que termina elevando la cinta del cineasta alemán-turco es su pertinaz defensa de lo inconfiscable, del gran poder que alberga la vulnerabilidad de una desnudez que combate con el teatro un mundo tan absurdo que ha devenido en dramaturgia. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    febrero 25, 2026

    Crítica | Yellow Letters

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | febrero 25, 2026
    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    A New Dawn
    Yoshitoshi Shinomiya
    Luz que irrumpe en la oscuridad


    Ignacio Navarro Mejía
    Berlín |

    ficha técnica:
    Japón, Francia, 2026. Título original: «花緑青が明ける日に» (Hanakokusho ga Akeru Hi ni / A New Dawn). Dirección y guion: Yoshitoshi Shinomiya. Compañías: Asmik Ace, Miyu Productions, Studio Outrigger. Festival de presentación: 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín - Berlinale (Competición Oficial). Distribución: Asmik Ace (Japón); Charades (Ventas internacionales). Fotografía: Anna Tomizaki. Montaje: Megumi Uchida. Música: Shuta Hasunuma. Reparto (voces): Riku Hagiwara, Kotone Furukawa, Miyu Irino, Takashi Okabe. Duración: 76 minutos.

    El anime es un tipo de cine a menudo caracterizado por los extremos, ya sean de épica, de gestualidad o de manifestación emocional. Observamos en él con frecuencia escenas prolongadas de desafíos o peleas imposibles, expresiones exageradas de mandíbulas desencajadas u ojos desorbitados y, en general, sentimientos siempre a flor de piel, donde lo cotidiano se convierte en trágico o en catártico. Por eso es un marco idóneo (por supuesto, no exclusivo) para contarnos historias sobre algún interés, afición o conflicto llevado al extremo por quién lo sufre o padece. Desde el jazz en Blue Giant hasta las especies marinas en Los niños del mar, o incluso el oficio de luthier en Susurros del corazón, observamos como algo a priori inocuo o inofensivo se convierte en obsesión enfermiza para sus personajes, que hacen que toda su vida gire en torno a ello, y por tanto el grueso de la película que nos la narra. Hemos citado algunas películas, pero también hay otras tantas series de anime que, en el mismo sentido, se centran enfáticamente en talentos artísticos o deportivos muy concretos, como el dibujo, el voleibol o el golf. Sin embargo, el gusto por la fabricación de fuegos artificiales (más allá de su importancia cultural específica en Japón) ya es de otra naturaleza, pues cuesta más imaginar que dicho gusto pueda ser tan extremo como para atormentar a alguien y condicionar su existencia, y de suficiente entidad como para sostener la trama principal de un largometraje.

    Pues bien, esto es lo que sucede en A New Dawn, presentada recientemente en competición en la Berlinale. Estamos ante el debut en el guion y la dirección de largometraje de Yoshitoshi Shinomiya, que había trabajado hasta la fecha en el departamento de animación de otros conocidos largometrajes de anime, como Viaje a Agartha, Ancien y el mundo mágico o sobre todo Your Name, y esta experiencia como ilustrador se pone de manifiesto en esta ópera prima, visualmente esplendorosa, aunque en apariencia más errática en lo que al guion y la dirección se refieren. La historia, como decíamos, tiene que ver con la fabricación de fuegos artificiales, enfrentada a los nuevos tiempos, pues la localización principal es precisamente la de una fábrica abandonada, de donde ya no salta ninguna chispa. Un breve prólogo nos muestra las dificultades para mantener en pie este negocio familiar, frente a las presiones inmobiliarias y ambientales que van a transformar el espacio circundante en huerta solar. Otro elemento común del anime es el de la defensa de la naturaleza, cada vez más destruida por los avances del progreso industrial, y aquí esa reivindicación se extiende a la crítica a la instalación de fuentes de energía renovable, que en este espacio concreto pretende llevarse por delante el último reducto de tradición de una familia descompuesta. Dos hermanos huérfanos de padre y distanciados por la incomunicación se alían entonces con una amiga de la infancia para defender ese reducto, en una actitud más simbólica que eficaz o con visos de éxito material, para lanzar así una última erupción de pólvora que ilumine el cielo nocturno, como hace siempre el sol al despuntar cada mañana (de ahí el doble sentido del título).

    Este resumen de la trama clarifica algunos de sus elementos cuyo mero visionado hace parecer inconexos. Decíamos que el libreto y su ejecución se antojan erráticos, pero es una sensación provocada por la extrañeza, no por el error, pues Shinomiya apuesta por un montaje heterodoxo para desarrollar su estructura narrativa, engañosamente alambicada (que también se puede interpretar como plasmación del caos alienado de sus personajes), lo que genera confusión no porque las piezas no estén bien presentadas, sino por la falta de costumbre a que se nos presenten de esa manera. No hay una ausencia ni insuficiencia de información dramática, sino una condensación, que permite contar en 76 minutos escasos que dura el metraje lo que habitualmente se haría en mucho más tiempo, con una capacidad de síntesis que es de alabar. Y decíamos que no es un error porque, una vez superada la extrañeza inicial y hecho el esfuerzo como espectador de prestar atención a cada detalle, comprobamos que todos los planos y secuencias revelan algo coherente con la historia y se suceden con un ritmo sostenido, igual de coherente con toda esa estructura. Insistimos, la forma de contar esta historia puede criticarse, si no convence, pero no achacarse a un defecto de base, pues se trata de una opción estética intencionada, que funciona porque desarrolla e impulsa tal historia con todos los elementos necesarios, hacia un desenlace en que todas las piezas encajan. Dicho esto, lo más llamativo en cualquier caso de A New Dawn, y lo que sí puede generar más consenso apreciativo, es su estilo visual, una auténtica explosión de colores (otro ejemplo de la inteligente correspondencia entre fondo y forma de esta película) de tonos pasteles. Esta tonalidad podría, por ejemplo, retrotraernos a los flashbacks de Recuerdos del ayer, de Takahata, pero este podía considerarse en la animación el heredero de alguien como Ozu, mientras que Shinomiya es más moderno en su concepción de la puesta en escena, como atestiguan los ángulos o los encuadres que maneja, que distorsionan o sesgan lo que habitualmente compone un plano. Este trabajo, de hecho, también funciona como un puzle, que exige ir hilando fragmentos para componer el todo, y el resultado es plenamente satisfactorio. Todo este esfuerzo merece la pena, pues al final el efecto catártico se extiende al propio espectador, que partiendo quizá de la incomprensión ante lo que sucede acaba compartiendo, conmovido, el extraordinario destino de estos personajes igual de incomprendidos. ♦


    por Ignacio Navarro
    febrero 23, 2026

    Crítica | A New Dawn (花緑青が明ける日に)

    por Ignacio Navarro | febrero 23, 2026
    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★★ |
    Queen at Sea
    Lance Hammer
    Moralidad arquitectónica y cromática


    Carlos Ibarra Grau
    Berlín |

    ficha técnica:
    Reino Unido, Estados Unidos, 2026. Título original: «Queen at Sea». Dirección y guion: Lance Hammer. Compañías: The Bureau, Alluvial Film Company. Festival de presentación: 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín - Berlinale (Competición Oficial - Oso de Plata Premio del Jurado y Oso de Plata a la mejor interpretación de reparto para Anna Calder-Marshall y Tom Courtenay). Distribución: The Match Factory (Ventas internacionales). Fotografía: Adolpho Veloso. Montaje: Lance Hammer. Música: No acreditada (supervisión musical de ThinkSync Music). Reparto: Juliette Binoche, Tom Courtenay, Anna Calder-Marshall, Florence Hunt, Steven Cree, Cody Molko, Michelle Jeram. Duración: 121 minutos.

    Es probable que acercarse a Queen at Sea pueda producir cierto reparo, sino rechazo, quizás pereza a algunos: Amanda y su padrastro se enfrentan a la disyuntiva de qué hacer con la madre de ella, una anciana en un avanzado estado de demencia. Lance Hammer, el realizador de esta excepcional película, salpicada en su inicio de momentos muy serios que devienen, sin embargo, en un humor inesperado, tiene una igualmente excepcional (en este caso por anómala) filmografía: su largometraje anterior data de 2008 (Ballast) y desde entonces no había vuelto a dirigir.

    El director de fotografía Adolpho Veloso, cuyo imponente trabajo en Train Dreams (2025) le valió una nominación al Oscar, diseña un panal arquitectónico y cromático en el interior y exterior de la casa. Y lo hace encuadrando a los personajes de tal manera que irá reflejando tantos sus planteamientos y dilemas morales como la evolución de sus decisiones, con el blanco dominando en el hogar, que se despliega por escaleras, ventanas, paredes y mobiliario. La visión conceptual y estética del filme que Hammer tenía en la cabeza es llevada a cabo por Veloso con pericia merecedora de la bendición de Walter Carvalho, su laureado compatriota y heredero del Cinema Novo.

    Queen at Sea explora el consentimiento sexual en la demencia, en este caso de la anciana madre de Amanda (Juliette Binoche) con su actual marido, igualmente anciano pero en plenas capacidades mentales. Para perplejidad del espectador, el filme de Hammer nos llevará desde una inaudita denuncia policial al comienzo de la historia, pasando por las duras decisiones que Amanda tendrá que tomar e introduciéndonos poco a poco en el despertar de la sexualidad de su hija adolescente. Los finales y los inicios. Y viceversa. Las excelentes actuaciones de una veteranísima pareja cargada de ternura, interpretada por Tom Courtenay (nacido en 1937) y Anna Calder-Marshall (1947), empujan a a dar lo mejor de sí misma a una actriz de la talla de Juliette Binoche.

    La francesa es un ancla emocional formidable en un escenario ya de por sí abrumador. Madre soltera divorciada cuyo futuro laboral es incierto, está comprometida a hacer lo correcto por su madre, pero la situación es mucho más compleja de lo que quizá esperaba. Martin, el padrastro, es absolutamente imprescindible para proporcionar el mejor cuidado amoroso y consuelo posible a su madre, pero cada vez está más claro que no solo hay conflictos de intereses (que sigan teniendo sexo con la incertidumbre del consentimiento), sino también un empeoramiento de la anciana que requiera ser internada en un centro de cuidados asistidos.

    La demencia o el Alzheimer ya han sido tratadas en años recientes en formidables títulos como Amour (2012), The Father (2020), o Vortex (2021). Pero la obra de Hammer dista un continente del sadismo de Gaspar Noé, también de la inevitabilidad de Haneke hacia el desgarro implacable y se desmarca de la estructura teatral del debut de Florian Zeller. Porque aquí la narración parte de elegantes tomas estáticas en el apartamento, dominadas por ese blanco que provoca determinadas respuestas emocionales, para extenderse a un caos animado de las calles de Londres a través de la cámara en mano. De esta manera, se yuxtapone el amor difunto de los ancianos con el primer amor juvenil de la hija, marcado por el verde y el azul en ropas, lugares y paisajes. Paulatinamente, esos colores inundaran la casa cual revivir irisado, cual lucidez primaveral que lucha contra un ocaso estertóreo. Si Jonathan Glazer en The Zone of Interest ponía frente a frente arquitectura y moral, Hammer propone en Queen at Sea un viaje de tonalidades y variaciones cinematográficas, sabiendo cuándo salir a la superficie a respirar y así entrelazar microhistorias a la trama principal.

    La complejidad e inteligencia del guion se estira hasta el punto de que algunas decisiones erróneas o discutibles de nuestros personajes podrían ser de hecho idóneas. Aun frisando límites de ciertos preceptos éticos. En última instancia, resulta imposible hacerse preguntas al final de la película respecto a los caminos que hubiera tomado uno mismo, deseando formar parte de este viaje arquitectónico moral y cromático acompañando a cada uno de los protagonistas, cualesquiera que sea la dirección en la que se dirijan. Una película que no es un relato desgarrador sino un retrato con momentos virtuosos de experiencias humanas realistas, con personajes que están un poco perdidos en el mar – frase hecha que alude al título de la película – con Amanda al timón del cuidado de todos. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    febrero 23, 2026

    Crítica | Queen at Sea

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | febrero 23, 2026
    || Críticas | Berlinale 2026 | ★★★★☆ |
    Rose
    Markus Schleinzer
    La libertad de los pantalones


    Carlos Ibarra Grau
    Berlín |

    ficha técnica:
    Austria, Alemania, 2026. Título original: «Rose». Dirección: Markus Schleinzer. Guion: Markus Schleinzer, Alexander Brom. Compañías: ROW Pictures, Walker + Worm Film, Schubert Füm. Festival de presentación: 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín - Berlinale (Competición Oficial - Oso de Plata a la mejor interpretación protagonista). Distribución: Vértigo Films. Fotografía: Gerald Kerkletz. Montaje: Hansjörg Weißbrich. Música: Tara Nome Doyle. Reparto: Sandra Hüller, Caro Braun, Marisa Growaldt, Godehard Giese, Augustino Renken, Robert Gwisdek, Maria-Victoria Dragus. Duración: 93 minutos.

    Nadie hubiera previsto que el director de casting de películas perturbadoras como La pianista o La cinta blanca de Michael Haneke, como otras tantas del provocador Ulrich Seidl, fuera capaz de escribir y dirigir un filme alejado del desasosiego y la controversia, elementos tan habituales en sus compatriotas austriacos. Menos aún tras su debut en la dirección en 2011 con Michael, filme de apabullante frialdad que relataba la cotidianidad en la vida de un pedófilo que había secuestrado a un niño de diez años.

    Porque la Rose de Marcus Schleinzer es una película fabulística, calmada y hermosamente narrada. Rodada en la región de Harz en el corazón de Alemania, una zona mística y boscosa famosa por sus leyendas de brujas, es un entorno de cuentos de hadas irrumpido por una suave voz en off femenina; con cuidada cadencia, nos anuncia la llegada a una aldea humilde de una mujer, una que se hace pasar por un hombre en la Alemania del siglo XVII, terminada la Guerra de los Treinta Años. La herida de esa guerra que deforma parcialmente su rostro -tras un impacto de bala- le confiere un aspecto conveniente para el engaño, una cara algo hinchada y desfigurada con la que se presenta ante los aldeanos.

    La mujer-hombre porta unos documentos oficiales que le hacen heredero de una granja del lugar. Pese a las sospechas iniciales de los habitantes, su porte recto y vestimenta distinguida, la sobriedad y confianza en sí mismo le confieren tal respeto que pronto lo interpelaran con el calificativo reverencial de “maestro”. La credibilidad del ardid reside en un firme y comedido comportamiento del personaje interpretado por Sandra Hüller, la actriz europea del momento, excepcional en su voz ligeramente arrugada, su caminar algo renqueante que nunca se asoma a la impostura o sobreactuación. Su sombrero y su continuo mascar (que no tabaco sino la bala que le fue extirpada, como recordatorio del pasado) casi la convierten en una arquetípica a la par que nada convencional cowgirl.

    Si hay algo común a los tres filmes de Schleinzer es el reflejo de la otredad, la representación de personajes marginales: el pedófilo en Michael, el sirviente africano durante la época del absolutismo monárquico europeo en Angelo y ahora una mujer soldado “reconvertida” a hombre con el fin de vivir. Otro director germanoparlante, Christian Petzold, preguntado en una ocasión sobre por qué el protagonista en sus películas eran siempre mujeres, alegó que le resultaban más interesantes dado que (dixit) “Männer leben, Frauen überleben”: los hombres viven, las mujeres sobreviven. Como sobrevive el espíritu de Carl Theodor Dreyer en Rose, por la nitidez de un paisaje rural y de hermosa vegetación, por su referencia directa a La pasión de Juana de Arco y por incorporar el milagro como lo hizo Ordet. Un milagro aquí distinto, pero también biológico. A nivel formal y sin ánimo de caer en la retranca hiperbólica, el blanco y negro de luz bergmaniana de Rose es una apuesta visual espléndida.

    En un mundo dominado por los hombres y marcado por su ambición, “el maestro” se comporta como tal queriendo construir un pequeño imperio. Así, con tal de expandir sus terrenos, acepta un matrimonio con una joven ignorante de nombre Suzanna, quien guarda sus propios secretos. La actriz novel Caro Braun debuta como un magnífico contrapunto al protagonista, uno inocente y dulce que va girando hasta evocar las hipnóticas secuencias de silencio y conversaciones junto a la chimenea de Daniel Day Lewis y Vicky Krieps en El hilo invisible (2017). Pero Schleinzer, a diferencia del filme de Paul Thomas Anderson, dota a su narración de un ritmo ágil en una excelente labor de montaje, una cámara tranquila que sabe observar paciente a la vez que evita siempre recrearse, eligiendo siempre ser breve. Un equilibrio remarcable. En esta coproducción austroalemana, Rose y Suzanna logran crear su propio rincón de libertad en un mundo que, por lo demás, niega a las mujeres casi cualquier cosa. Así, la hermosa voz en off prosigue hasta el final su historia, con el tono constante de fatalismo habitual de estos relatos. El guion es el resultado de una copiosa labor de investigación del propio cineasta austriaco, donde se recopilaron decenas de casos reales de los últimos siglos de mujeres que se hicieron pasar por hombres. Así, Rose es la reencarnación de muchas historias de muchas mujeres, trasportadas ahora al cine en forma de una especie de pareja queer pionera que ha encontrado una forma de sortear una miseria a la que, de otro modo, estarían destinadas. Un minúsculo, pero al fin y al cabo, oasis de libertad otorgado por los pantalones. ♦


    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026
    febrero 23, 2026

    Crítica | Rose

    por Carlos Ibarra Grau | #Venecia2026 | febrero 23, 2026

    Yellow Letters, Oso de Oro

    Palmarés de la 76ª edición de la Berlinale.

    El cineasta berlinés de origen turco İlker Çatak ha conseguido, con su quinto largometraje, el Oso de Oro de la Berlinale. Lo ha hecho con Yellow Letters (Gelbe Briefe), una de las mejores películas en competición, un drama familiar que pivota sobre el arte como último asidero vital. Çatak ya demostró su talento a la hora de retratar ambientes opresivos con la magnífica Sala de profesores (Das Lehrerzimmer, 2023). El joven realizador da el salto en esta Berlinale de excelente nivel, como demuestran títulos programados en distintas secciones como Rose, Queen at Sea, Nina Roza, Everybody Digs Bill Evans, Salvation, Good Luck, Have Fun, Don't Die o la española Iván & Hadoum, ganadora del Premio Teddy. |

      SECCIÓN OFICIAL


    • Oso de Oro a la Mejor Película: Yellow Letters (Gelbe Briefe), de İlker Çatak. (Alemania, Francia, Turquía).
    • Oso de Plata - Gran Premio del Jurado: Salvation, de Emin Alper. (Turquía, Francia).
    • Oso de Plata - Premio del Jurado: Queen at Sea, de Lance Hammer. (Reino Unido, Estados Unidos).
    • Oso de Plata a la Mejor Dirección: Grant Gee, por Everybody Digs Bill Evans. (Irlanda, Reino Unido).
    • Oso de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista: Sandra Hüller, por Rose. (Austria, Alemania).
    • Oso de Plata a la Mejor Interpretación de Reparto: Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall, por Queen at Sea. (Reino Unido).
    • Oso de Plata al Mejor Guion: Geneviève Dulude-de Celles, por Nina Roza. (Canadá).
    • Oso de Plata a la Contribución Artística: Anna Fitch y Banker White (Dirección/Fotografía), por Yo (Love is a Rebellious Bird). (Estados Unidos).

    PERSPECTIVES (MEJOR ÓPERA PRIMA)


    • GWFF Best First Feature Award: Chronicles from the Siege, de Abdallah Alkhatib. (Argelia, Francia, Palestina).
    • Mención Especial: Forêt Ivre (Forest High), de Manon Coubia. (Bélgica, Francia).

      GENERATION Kplus - CHILDREN'S JURY


    • Oso de Cristal a la Mejor Película: Feito Pipa (Gugu’s World), de Allan Deberton. Brasil.
    • Mención Especial: Not a Hero, de Rima Das. India.
    • Oso de Cristal al Mejor Cortometraje: Whale 52 – Suite for Man, Boy, and Whale, de Daniel Neiden. Estados Unidos.
    • Mención Especial Cortometraje: Under the Wave off Little Dragon, de Luo Jian. China.

    • GENERATION Kplus - JURADO INTERNACIONAL


    • Gran Premio a la Mejor Película: Feito Pipa (Gugu’s World), de Allan Deberton. Brasil.
    • Mención Especial: Atlasul universului (Atlas of the Universe), de Paul Negoescu. Rumanía.
    • Premio Especial al Mejor Cortometraje: Spî (White), de Navroz Shaban. Irak.
    • Mención Especial Cortometraje: Under the Wave off Little Dragon, de Luo Jian. China.

    • GENERATION 14plus - YOUTH JURY


    • Oso de Cristal a la Mejor Película: Chicas tristes (Sad Girlz), de Fernanda Tovar. México.
    • Mención Especial: A Family, de Mees Peijnenburg. Países Bajos.
    • Oso de Cristal al Mejor Cortometraje: Memories of a Window, de Mehraneh Salimian y Amin Pakparvar. Irán.
    • Mención Especial Cortometraje: Allá en el cielo (Nobody Knows the World), de Roddy Dextre. Perú.

    • GENERATION 14plus - JURADO INTERNACIONAL


    • Gran Premio a la Mejor Película: Chicas tristes (Sad Girlz), de Fernanda Tovar. México.
    • Mención Especial: Matapanki, de Diego "Mapache" Fuentes. Chile.
    • Premio Especial al Mejor Cortometraje: The Thread, de Fenn O'Meally. Reino Unido.
    • Mención Especial Cortometraje: Memories of a Window, de Mehraneh Salimian y Amin Pakparvar. Irán.

      PANORAMA AUDIENCE AWARD - FICCIÓN


    • Primer premio: Staatsschutz (Prosecution), de Faraz Shariat. Alemania.
    • Segundo premio: Vier minus drei (Four Minus Three), de Adrian Goiginger. Austria, Alemania.
    • Tercer premio: Mouse, de Kelly O’Sullivan y Alex Thompson. Estados Unidos.

    • PANORAMA AUDIENCE AWARD - DOCUMENTAL


    • Primer premio: Traces, de Alisa Kovalenko y Marysia Nikitiuk. Ucrania, Polonia.
    • Segundo premio: The Other Side of the Sun, de Tawfik Sabouni. Bélgica, Francia, Arabia Saudí.
    • Tercer premio: Bucks Harbor, de Pete Muller. Estados Unidos.

    por Emilio M. Luna
    febrero 21, 2026

    Palmarés de la 76ªedición de la Berlinale: «Yellow Letters», Oso de Oro

    por Emilio M. Luna | febrero 21, 2026

    Berlinale 2026

    | Selección oficial |


    Esta mañana, Tricia Tuttle, directora de la Berlinale, y su equipo de programación, representado por los codirectores del apartado Jacqueline Lyanga y Michael Stütz, han desvelado la parrilla competitiva de la 76ª edición del certamen germano. «Hemos encontrado mucho de lo que enamorarnos en la excelente programación de Competición de este año. Y tenemos tanta confianza en los encantos de estas veintidós películas que decimos desafiantemente: 'Si no encuentras aquí algo que te maravilles, no amas el cine'. Estamos ansiosos por descubrir las películas que recibirán el Oso de Oro y los Osos de Plata de la mano de Wim Wenders». Declaración de intenciones de la directora británica, que cumple su segundo año en la Berlinale repitiendo patrones: marcado perfil bajo y apuesta por nuevos nombres que revitalicen la máxima competición del evento teutón.

    Del 12 al 22 de febrero desfilarán por las pantallas del Palast y del Cinemax, entre otras muchas sedes, las últimas creaciones de cineastas como Kornél Mundruczó, Alain Gomis, Eva Trobisch, İlker Çatak, Angela Schanelec, Fernando Eimbcke, Markus Schleinzer, Anthony Chen o Warwick Thornton, realizadores y realizadoras reconocibles pero lejos de la primera línea mediática. Puestos a competir con Cannes quizá sea el momento de reformular las reglas, parece proponer Tuttle. De entre los debutantes en Competición, hay que destacar el segundo largo de Beth de Araújo, Josephine, que dos semanas antes será proyectado en Sundance; o la primera ficción del documentalista musical Grant Gee, Everybody Digs Bill Evans, biográfico del pianista Bill Evans protagonizado por Bill Pullman y Anders Danielsen Lie. El único debut en el largometraje lo firma el japonés Yoshitoshi Shinomiya, animador del éxito Your name (2016), que presentará en la capital alemana A New Dawn.

    A continuación, listamos la Competición y la sección Perspective, dedicada a las óperas primas, de la 76ª Berlinale.

    COMPETICIÓN


    • At the Sea, de Kornél Mundruczó (Hungría)
    • Dao, de Alain Gomis (Francia, Senegal)
    • Dust, de Anke Blondé (Bélgica)
    • Etwas ganz Besonderes (Home Stories), de Eva Trobisch (Alemania)
    • Everybody Digs Bill Evans, de Grant Gee (Reino Unido)
    • Gelbe Briefe (Yellow Letters), de İlker Çatak (Alemania)
    • Josephine, de Beth de Araújo (Estados Unidos)
    • Kurtuluş (Salvation), de Emin Alper (Turquía)
    • The Loneliest Man in Town, de Tizza Covi y Rainer Frimmel (Austria, Italia)
    • Meine Frau weint (My Wife Cries), de Angela Schanelec (Alemania)
    • Moscas (Flies), de Fernando Eimbcke (México)
    • Une aube nouvelle (A New Dawn), de Yoshitoshi Shinomiya (Francia, Japón)
    • Nina Roza, de Geneviève Dulude-de Celles (Canadá)
    • Queen at Sea, de Lance Hammer (Estados Unidos)
    • Rosebush Pruning, de Karim Aïnouz (Brasil)
    • Rose, de Markus Schleinzer (Austria)
    • Soumsoum, la nuit des astres, de Mahamat-Saleh Haroun (Chad, Francia)
    • À voix basse, de Leyla Bouzid (Túnez, Francia)
    • Wo Men Bu Shi Mo Sheng Ren (We Are All Strangers), de Anthony Chen (Singapur)
    • Wolfram, de Warwick Thornton (Australia)
    • YO Love Is a Rebellious Bird, de Anna Fitch y Banker White (Estados Unidos)
    • Yön Lapsi (Nightborn), de Hanna Bergholm (Finlandia)


    PERSPECTIVES


    • 17, de Kosara Mitić (Serbia)
    • Animol, de Ashley Walters (Reino Unido)
    • Chronicles From the Siege, de Abdallah Alkhatib (Palestina)
    • El tren fluvial (The River Train), de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale (Argentina)
    • Filipiñana, de Rafael Manuel (Singapur, Filipinas)
    • Forêt ivre, de Manon Coubia (Francia)
    • Hangar rojo (The Red Hangar), de Juan Pablo Sallato (Argentina)
    • Der Heimatlose (Trial of Hein), de Kai Stänicke (Alemania)
    • Nosso segredo (Our Secret), de Grace Passô (Brasil)
    • A Prayer for the Dying, de Dara Van Dusen (Estados Unidos)
    • Take Me Home, de Liz Sargent (Estados Unidos)
    • Truly Naked, de Muriel d’Ansembourg (Bélgica)
    • Where To ?, de Assaf Machnes (Israel)


    ▼ Moscas; Meine Frau weint (My Wife Cries).
    Everybody Digs Bill Evans; Dao .

    por Emilio M. Luna
    enero 20, 2026

    Berlinale 2026 | Selección oficial

    por Emilio M. Luna | enero 20, 2026

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