Galería de lo etéreo
Crónica de la séptima jornada de la 70ª edición del Festival de Cannes.
El odio y la intolerancia se adueñaron hoy del certamen aunque, por desgracia, no fue a causa de una película. El festival se vestía de luto como señal de protesta contra los atentados ocurridos en Mánchester, y programaba un minuto de silencio en las proyecciones de media mañana por solidaridad hacia todas las víctimas. La realidad nos entregaba un mensaje de desprecio y terror que siempre debería estar reservado para las ficciones. Un mensaje muy diferente al que la realizadora Naomi Kawase enviaba con su nueva película
Hikari, un filme sobre la tolerancia y el respeto que envuelve un bello homenaje al cine para invidentes tan entrañable como delicado. Posteriormente acudíamos a la presentación de la película póstuma del magnífico director Abbas Kiarostami;
24 Frames compone una sutil pieza de experimentación artística e intertextualidad que, si bien puede resultar difícil de conectar con un aficionado exclusivamente cinematográfico, deleitará a todos los amantes de lo estético. Un trabajo sobre lo excelso y lo bello que se encuentra en las antípodas del segundo filme de sección oficial.
Rodin traicionaba por completo la promesa artística que se extraía de su título. Doillon destruía la visión magnánima de uno de los artistas del cincel más importantes de todos los tiempos, y condenaba a su protagonista a la mediocridad sensacionalista de un relato chocarrero. Por suerte, con
Jeune Femme podíamos resarcirnos del mal trago gracias a una
Frances Ha parisina muy acertada.