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  • Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | The Fence

    || Críticas | FICX 2025 | ★★☆☆☆
    The Fence
    Claire Denis
    De abstracciones y culpas eludidas


    Rubén Téllez Brotons
    Gijón |

    ficha técnica:
    Francia, 2025. Título original: «Les Cris des Gardes». Dirección: Claire Denis. Guion: Claire Denis, Andrew Litvack y Suzanne Lindon. Compañías productoras: Vixens, Curiosa Films, Saint Laurent, Arte France Cinéma, Goodfellas Media. Fotografía: Eric Gaultier. Música: Tindersticks. Reparto: Matt Dillon, Isaach de Bankolé, Mia McKenna-Bruce, Tom Blyth, Brian Begnan. Duración: 109 minutos.

    De entrada sorprende que, siendo Claire Denis una directora que trabaja un cine de la ausencia y el fuera de campo, su nueva película sea un gran subrayado, una explicitación constante de lugares comunes y certezas enunciadas superficialmente. The Fence quiere ser una cinta sobre el neocolonialismo, pero como no tiene muy claro lo que quiere decir sobre el mismo, ni tampoco asume la duda, el cuestionamiento y el deseo de conocer como perfectos puntos de partida, termina siendo una enunciación de su propia dificultad para decir algo sobre su objeto de estudio. La película, además, puede verse como una aglutinación de los elementos más cuestionables de la filmografía de su directora, empezando por su dificultad para desligarse del punto de vista occidental en un relato que pedía un narrador y un lenguaje fílmico que fuesen capaces de asumir sin dudarlo la culpabilidad y el sentimiento de culpa de su protagonista.

    Desde su ópera prima, a Denis le ha costado condenar las estrategias y movimientos colonialistas que Francia ha llevado a cabo en distintos países africanos. De hecho, Chocolat, en el fondo, no era sino un relato utópico sobre la reconciliación de clases filmado desde el punto de vista de una niña francesa que observaba los comportamientos racistas de los adultos con recelo, intuyendo que había algo mal en ellos, pero sin ser capaz de entender concretamente el qué. Algo parecido sucede en The Fence. Basada en una obra teatral, la cinta narra el reencuentro entre un capataz estadounidense que trabaja en una gran compañía constructora en África Occidental y su esposa. Mientras él intenta convencer al hermano de uno de sus trabajadores, fallecido en un supuesto accidente laboral esa misma mañana, de que no puede entregarle el cadáver de su familiar hasta el día siguiente debido al protocolo de la empresa, ella intenta adaptarse a un entorno que le parece hostil, lleno de peligros potenciales y carente de las comodidades de las que disponía en Estados Unidos. El punto de vista del capataz y el de su esposa es uno y el mismo: ambos ven África como un espacio violento, salvaje y misterioso en el que sólo pueden aspirar a sobrevivir y enriquecerse. La única diferencia es que él no duda en utilizar la violencia para salvaguardarse de unos nativos cuya mera presencia representa, a sus ojos, un peligro, actitud que a ella le repele.

    ¿Comparte The Fence el mismo punto de vista que sus protagonistas? Sí, puesto que Denis es incapaz de alejarse de la visión de sus personajes para poder racionalizarla. La forma de observar el espacio que proponen las imágenes es un reflejo de lo que ven los personajes estadounidenses: el mero hecho de que nunca se sepa en qué país y ciudad de África sucede la acción demuestra el poco interés que la cineasta tiene en analizar cualquier especificidad contextual que le permita decir algo concreto sobre el neocolonialismo. Así, en las imágenes de The Fence se atisba una extraña sensación de fractura; la narración da vueltas sobre sí misma mientras busca su origen e intenta formular su malestar visualmente, pero no lo consigue. El carácter abstracto de las coordenadas dramáticas impide que Denis pueda indagar en la realidad con verdadera profundidad. El caparazón teatral del material original tampoco ayuda: la directora no es capaz de encontrar una traducción fílmica del lenguaje literario en el que se basa el núcleo de la película, lo que desemboca en un estatismo narrativo que condena a los personajes a repetir una y otra vez las mismas frases; no hay matices, tampoco variaciones, y como la cineasta no se acerca a ellas desde una actitud crítica, The Fence termina convertida en un espejo que refleja de forma acrítica racismo de sus personajes. A la cinta le sucede lo mismo que Jonathan Rosenbaum le achacaba a las películas bélicas de Hollywood: que, mientras intenta afirmar a gritos su carácter anticolonialista, sus imágenes son la más clara expresión de una mirada colonial. Así, aunque Denis intenta formular la rabia de los colonizados a partir de la gestualidad de Isaach de Bankole, su personaje no deja de ser una sombra, una silueta recortada en mitad de un paisaje que la cinta insiste en todo momento en presentar como un espacio liminal y peligroso. ♦


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