|| Críticas | FICX 2025 | ★★★☆☆
The girl in the snow
Louise Hémon
La gramática fría de un informe
Rubén Téllez Brotons
ficha técnica:
Francia, 2025. Título original: «L'engloutie». Dirección: Louise Hémon. Guion: Louise Hémon, Maxence Stamatiadis y Anaïs Tellenne. Compañías productoras: Take Shelter, Arte France Cinéma, Canal+, Ciné+OCS, Indéfilms 13, Cinéaxe 5, CNC, Région Provence-Alpes-Côte d'Azur, Fondation GAN pour le Cinéma. Fotografía: Marine Atlan. Música: Emile Sornin. Reparto: Galatéa Bellugi, Samuel Kircher, Oscar Pons. Duración: 98 minutos.
Francia, 2025. Título original: «L'engloutie». Dirección: Louise Hémon. Guion: Louise Hémon, Maxence Stamatiadis y Anaïs Tellenne. Compañías productoras: Take Shelter, Arte France Cinéma, Canal+, Ciné+OCS, Indéfilms 13, Cinéaxe 5, CNC, Région Provence-Alpes-Côte d'Azur, Fondation GAN pour le Cinéma. Fotografía: Marine Atlan. Música: Emile Sornin. Reparto: Galatéa Bellugi, Samuel Kircher, Oscar Pons. Duración: 98 minutos.
Así, The girl in the snow busca establecer una genealogía relacional a partir de las emociones que definen los vínculos que los habitantes del pueblo tienen entre ellos y con el propio paisaje en el que viven. La mirada Hérmon tiene algo de antropológica: hay en ella una curiosidad, una pulsión por comprender las relaciones que se establecen en el ecosistema en el que sitúa la acción dramática de la cinta, y, al mismo tiempo, una distancia que le impide acercarse a sus personajes desde un ángulo que no sea el del estudio. La cineasta llega a la montaña, realiza su investigación de campo y, una vez que la ha terminado, se marcha sin mirar atrás. Sus imágenes están atravesadas por una frialdad académica, por una planificada no intervención, por un inmenso esfuerzo por no dejarse llevar por la realidad ni ofrecer valoración alguna de la misma. Las relaciones de los personajes son las que son y, posiblemente, haya algo detrás; posiblemente estén determinadas por factores que a la cineasta no le interesan; posiblemente en la forma de actuar de los habitantes del pueblo haya un pasado, un dolor o una oquedad que los hace revestirse con diversas máscaras, con ese hieratismo que todos comparten; pero a Hérmon eso le da igual.
Sus imágenes se asemejan a la gramática de un informe sesgado: buscan lo que les interesa —o hasta donde les interesa—, describen lo que encuentran y cierran la narración con un brusco punto y final que plantea más interrogantes sobre el carácter de su mirada que sobre el mundo que ha presentado. Los alumnos de la protagonista le preguntan siempre por Argelia, le piden que señale en el mapa dónde se encuentra y que les cuente cosas del país. Los padres de los pequeños se marcharon allí para trabajar, pero nada más se sabe de ellos. Como no hay ninguna coordenada contextual que permita identificar la época y el lugar en el que tiene lugar la película, como la montaña en la que sucede es poco más que un ecosistema cerrado cuyo interés radica en su clima extremo y en su completo aislamiento, y como, además, nada se desvela del pasado de esos niños ni del de sus padres, porque la ausencia de los segundos —en teoría— no condiciona de forma directa el funcionamiento del pueblo, las emociones de los pequeños permanecen contenidas en todo momento en un fuera de campo. Sólo algunos destellos en la mirada de los actores, algún titubeo en su voz o un temblor dubitativo en sus gestos consigue expresar un dolor que nunca pasa de ser un dato emotivo que le da veracidad al informe antropológico.
Por tanto, todo aquello que la cineasta considera que no afecta a las relaciones que se establecen en el pueblo se queda fuera de la narración o sólo es enunciado con rapidez y no demasiado interés. Lo mejor de la película es el modo en que consigue capturar el deseo de conocer de los niños, el archivo cultural de los personajes, lleno de relatos de transmisión oral, o la manera en que sus trabajos nacen siempre como respuesta a un clima hostil y extremo. Hay también valiosos apuntes sobre la forma en que la joven profesora observa un entorno atravesado por un oscurantismo irracional, y viceversa. Sin embargo, la limitación que la cineasta le impone a la película, su insistencia en no filmar nada más que lo evidente, su empecinamiento en borrar cualquier tipo de ausencia o en olvidarse de presentar las condiciones materiales, geográficas y climatológicas como productoras de las relaciones del pueblo, impiden que su informe alcance a tocar el núcleo de la realidad que describe. Al final, el principal problema de la cinta radica precisamente ahí: en su insistencia en describir y en su negativa a indagar, a mirar más allá. Hérmon presenta imágenes sin trasfondo, cristalizaciones que, para ella, no tienen un origen concreto: los habitantes del pueblo se rigen por una lógica oscurantista que a veces desemboca en acciones violentas, y la profesora es incapaz de comprender dicha situación, de mirar a sus alumnos sin condescendencia, pero no hay un porqué detrás de esas formas de actuar. Así, las limitaciones intrínsecas del método de estudio empleado por la directora terminan reduciendo y sesgando el alcance de sus resultados. ♦










