|| Críticas | FICX 2025 | ★☆☆☆☆
Por la mañana escribo
Valérie Donzelli
Experiencias envasadas al vacío
Rubén Téllez Brotons
ficha técnica:
Francia, 2025. Título original: «À pied d'œuvre». Dirección: Valérie Donzelli. Guion: Valérie Donzelli y Gilles Marchand (a partir de la obra y autobiografía de Franck Courtès). Compañías productoras: Pitchipoï Productions. Fotografía: Irina Lubtchansky. Música: Jean-Michel Bernard. Reparto: Bastien Bouillon, André Marcon. Duración: 92 minutos.
Francia, 2025. Título original: «À pied d'œuvre». Dirección: Valérie Donzelli. Guion: Valérie Donzelli y Gilles Marchand (a partir de la obra y autobiografía de Franck Courtès). Compañías productoras: Pitchipoï Productions. Fotografía: Irina Lubtchansky. Música: Jean-Michel Bernard. Reparto: Bastien Bouillon, André Marcon. Duración: 92 minutos.
Y es curioso, porque eso es lo que, en teoría, hace el personaje: vivir la realidad de la clase trabajadora. Es ahí donde su propósito y el de la cineasta toman caminos diferentes que, sin embargo, volverán a encontrarse al final del metraje. A pied d´oeuvre avanza en constante estado de contradicción, puesto que la negativa de su responsable a estudiar la realidad que su personaje quiere vivir hace que termine habitando una falsedad. El protagonista se proletariza porque considera que la rutina burguesa es monótona y fría y que la verdadera vida, la verdadera libertad, está en la pobreza, en el día a día de los obreros más explotados. Así, se divorcia, deja su piso debido a sus nuevas dificultades económicas –“sólo gano doscientos cincuenta euros al mes en concepto de derechos de autor”, expone convenientemente en otro momento— y se muda a un pequeño estudio situado en un sótano. Como quiere tener tiempo para escribir su nueva novela, se descarga una aplicación en la que le llegan ofertas de trabajo temporales pagados por horas: arreglar jardines en una sola tarde, ayudar a una pareja a bajar a la calle un mueble viejo y pesado desde un quinto piso sin ascensor, hacer encargos de fontanería y bricolaje, trabajar en una obra; trabajos físicos, duros, que le dejan el cuerpo magullado, en algunos casos lleno de heridas, que le provocan problemas de espalda y por los que apenas gana veinte euros al día. Sin embargo, él es feliz: “eso es la verdadera vida”, arguye cuando su hermana le pregunta por qué no vuelve a trabajar como fotógrafo.
La distancia que separa al protagonista y a la cineasta se hace patente, pero también, ya se ha dicho, el origen común de sus miradas: él se acerca a un supuesto de la clase obrera, ella trabaja con su arquetipo: ambos la miran desde arriba, desde fuera de un escaparate en el que permanece expuesta como una mercancía más. El resultado es cuanto menos problemático: los trabajadores son siempre una sombra, una silueta desenfocada en el último tercio del encuadre, un contraplano que apenas tiene unos pocos segundos de duración; su forma de ver el mundo aparece completamente irrealizada. El protagonista, en consecuencia, no hace sino vivir en una ilusión, en una conjunción de prejuicios paternalistas. Además, como ejerce de catalizador del mundo, como todo pasa por él y todo existe a través de él, todo cuanto los espectadores conocen está filtrado por su cuerpo y su mirada. La pobreza, por tanto, sólo existe en la narración porque forma parte de su propia experiencia, y esa experiencia le es útil porque puede utilizarla como vivencia exótica o como combustible para el sufrimiento del protagonista de la novela que está escribiendo: un protagonista que es él mismo. Así, la explotación laboral, en la película, no es más que una experiencia envasada al vacío que el personaje puede abandonar en cualquier momento. Sólo eso puede explicar que encuentre placer en no llegar a fin de mes, en las magulladuras que le provocan las pésimas condiciones en las que trabaja, en los sueldos bajos, en el frío, en el sueño, en el cansancio constante.
El gran problema de A pied d´oeuvre radica en que su responsable trabaja con una idealización irreal del mundo que le impide ofrecer un discurso preciso, concreto y matizado del mismo. El furor de sus imágenes desemboca en una romantización de la miseria que pretende hacerse pasar por alegato proletario. Donzelli no comprende que la honradez y la dignidad se encuentran en los trabajos que lleva a cabo su personaje, no en las condiciones en las que los realiza; que la libertad que tanto busca no se halla en los horarios abusivos, en los salarios bajos, ni en la ausencia de las medidas de protección y de seguridad necesarias para desempeñar una labor, sino en la erradicación de la explotación del ser humano por el ser humano, en la conversión del trabajo en la primera necesidad vital y no en un medio de vida, en aquello que Blas de Otero definió como la “igualdad de condiciones para el desarrollo de todo hombre”. No deja de ser paradójico que la película sea la más viva expresión de todo aquello de lo que su protagonista pretende alejarse. ♦










