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    Crítica | Sophie Jones

    || CRÍTICAS | AMERICANA FILM FEST 2022 | ★★☆☆☆
    Sophie Jones
    Jessie Barr
    Chica, interrumpida


    Júlia Gaitano i Mendizábal
    Barcelona | Americana Film Fest |

    Estados Unidos, 2020. Dirección: Jessie Barr. Guión: Jessica Barr, Jessie Barr. Producción: The Sounding Board. Fotografía: Scott Miller. Montaje: Naomi Sunrise Filoramo. Música: Nate Heller. Reparto: Natalie Shershow, Elle Layne, Skyler Verity, Chase Offerle, Sam Kamerman, Jonah Kersey, Tristan Decker, Katie Prentiss, Sharae Foxie, Kyle Stoltz, Jessica Barr. Duración: 85 minutos.

    Hace solamente unos seis meses escribí en esta misma publicación sobre el debut de una jovencita francesa, Suzanne Lindon, con Spring Blossom (Seize Printemps, 2020). La película de Lindon, que pudimos descubrir en el marco del Festival D’A de Cine de Autor de Barcelona, capturaba de una forma muy simple y bella algunas de las características de la experiencia adolescente en nuestros tiempos. Jessie Barr, directora de Sophie Jones, a diferencia de Suzanne Lindon, no tiene la misma edad que su protagonista. Quién sí la tiene es Jessica Barr, prima de la realizadora norteamericana, con quién firma el guión a cuatro manos. Jessica es la encargada de encarnar su respectivo drama adolescente, como lo era Suzanne Lindon en su ficción. Por lo tanto, podemos decir que nos encontramos ante dos casos de características similares. Aunque esto no suponga forzosamente que sus ficciones tengan que ser más ciertas u honestas que otras con las que no compartan esa parte de verdad, partir de experiencias que son cercanas para aquellas que las escriben ayuda a arraigar los argumentos a una sinceridad necesaria. No se puede negar que la adolescencia es una etapa especialmente delicada a la hora de ser representada en la gran pantalla. En el audiovisual, se tiende a tratar dicha época vital o bien desde el drama desorbitado, que solo puede existir en términos tremendistas, o bien desde la banalidad, mostrando adultos no funcionales siempre víctimas de ridículos arrebatos insustanciales. La convivencia de ambas condiciones es terreno poco (y mal) explorado. Es curioso, pues, observar las raras ocasiones en las que encontramos territorio fértil en dichas contradicciones.

    Sophie Jones es un fragmento de la vida de la ya mentada muchacha. Así como la experiencia vital de Suzanne en Spring Blossom estaba marcada por un primer enamoramiento complejo e inviable, la de Sophie lo está por el duelo, que la empuja a explotar su lado más irreflexivo. Se da a entender que la madre de Sophie ha fallecido recientemente —¿Hará un año?, ¿Seis meses?, el tiempo en Sophie Jones se siente incierto—, dejando tras de sí un marido algo desorientado y dos hijas de 15 y 16 años, respectivamente. Sophie es la mayor, y se ve abocada a tener que hacer frente a todo el dolor que la ausencia de su madre le provoca mientras navega por esta complicada etapa bisagra. Inmersa en su tramo final en el instituto, tendrá que compaginar dicha carga emocional, que intenta disimular en todo momento, con sus primeras experiencias sexoafectivas y la vida de estudiante. Uno de los aspectos más sugerentes en Sophie Jones es que a pesar de que en cualquier momento se podría entregar sin reparos a su faceta más dramática, nunca llega a caer del todo en la trampa. La experiencia de Sophie es auténtica y universal, ni más ni menos dura de lo que sería para una adolescente real. Desde las tentativas incipientes para descubrir los intríngulis del mundo del sexo, aunque sea como forma de enmascarar un dolor no gestionado, hasta las fiestas y las borracheras, los enfados y desenfados con sus amigas, la relación con su hermana… todo ello puede resultar familiar.

    En otras palabras, como dramedy indie adolescente, lo tiene todo para funcionar como tal. Jessica Barr resulta una Sophie más que creíble, así como el resto de personajes que, aunque no tienen espacio suficiente para desarrollarse al margen de la protagonista, no desentonan en el filme. La película, formada por una suma de secuencias en ese todo vital de Sophie, transcurre sin tregua y tiene una razón de ser. Sin embargo, le falta «eso», aquello que los angloparlantes denominan el «it factor». Un je ne sais quoi que transforme Sophie Jones en algo sobresaliente, y no simplemente correcto. Su mayor lacra es que no es memorable. Su fotografía, los diálogos, las formas, son las de cualquier otro dramedy indie. Siguiendo la estela de figuras muy influenciales en las jóvenes creadoras de hoy en día, como Greta Gerwig, con sus protagonistas atolondradas, contradictorias y perdidas, o las Girls de Lena Dunham, que rezuman feminidad y ambigüedad por partes iguales, parece que hacer lo que ellas hicieron fuera tarea fácil. Exportar un mumblecore millennial a otras generaciones, mostrar una rebanada de la vida de cualquiera y que genere interés solo por contener verdad. Eso, sin embargo, no sucede sin más, tiene que contener ese «algo». Sophie Jones, si bien tiene buenas intenciones, con alguna salida brillante e incluso instantes especialmente inspirados, como esa escena final en la playa casi observacional, al final se pierde en un océano de medianía. ⁜


    Sophie Jones, Jessie Barr
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