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    Crítica | Babi Yar. Context

    Introducción al horror

    Crítica ★★★★☆ de «Babi Yar. Context», de Sergei Loznitsa.

    Ucrania, Países Bajos, 2021. Director: Sergei Loznitsa. Guion: Sergei Loznitsa. Productores: Sergei Loznitsa, Maria Choustova. Producción: Atoms & Void, Slot Machine. Montaje: Sergei Loznitsa, Danielius Kokanauskis, Tomasz Wolski. Fotografía: Jonas Zagorskas, a partir de una imagen restaurada. Duración: 120 minutos.

    «El control político y legal se ejercita no solo sobre la erección de estatuas y monumentos públicos, sino sobre la exposición de toda una serie de imágenes, ya sean artísticas o no, a un público real o potencial».
    W.J.T Mitchell.

    Primo Levi hizo notar cómo apenas existían testimonios de los trabajadores de campo de concentración. Su labor diaria estaba encaminada a conseguir un privilegio cuyo mecanismo nunca suele parte de los testimonios oficiales. En Babi Yar. Context Sergei Loznitsa responde a esa pregunta y a otras tantas. Proyecto comisariado para convertirse en Memorial de las víctimas ejecutadas por los nazis en 1941, el trabajo del cineasta bielorruso se instala en una extraña modernidad: sus imágenes aparentemente sin otro objetivo que la barbarie puede llevar a pensar en el fracaso de toda intención artística; sin embargo, no llegar a una conclusión es el mejor misterio de este documento demoledor. Transformar el testimonio histórico —en sus múltiples fuentes escritas y audiovisuales— es convertirlo en literatura. Resulta arriesgado ya que canalizar la marabunta del pasado histórico con el fin de darle una estructura oficialista y digerible tiene la pega de absorber en el proceso todos los pequeños matices que verdaderamente importan; ya saben, en realidad algunos libros de historia subrayan el detonante, obviando las fuerzas subterráneas que discurrieron bajo él. Loznitsa siempre ha huido de la literatura histórica y del discurso oficial proponiendo ejercicios de montaje que, buceando en diversos archivos, construyen vivificaciones antropológicas e históricas.

    Babi Yar. Context expone las contradicciones de todo discurso oficialista, en especial el soviético, a partir del exterminio de más de 30.000 judíos fusilados, enterrados y sepultados por las autoridades de todos los bloques. Hoy día todo el mundo tiene una voz y Loznitsa sabe que no es suficiente con el testimonio de supervivientes puesto que corren el riesgo de homogeneizar la memoria colectiva: el recuerdo siempre es una arista, la historia una herramienta debería eliminarlo. Así, se adentra en el archivo y reconstruye con precisión todos los episodios que condujeron a la masacre. Es un montaje de ideas que sabe operar con su material hasta el punto de que esa figura de memoria llamada Babi Yar, auténtico punto fijo que recuerda un evento histórico y su memoria no tiene una connotación monolítica y unívoca. Es una película construida a posteriori. La idea surge a partir de la revisión del archivo, y no al revés, es decir, adecuando las imágenes a una idea preconcebida. Loznitsa expande su memorial en lugar de concentrarlo en un lugar de memoria. Babi Yar es tanto un evento como un recuerdo y conciliar la historicidad del primero con la ficcionalidad del segundo es el gran reto. La película lo consigue desmontando los encuadres sociales que marcan la forma en la que un grupo define qué debe ser recordado. Se alternan lacerantes testimonios individuales con largas secuencias de archivo que, poco a poco, proporcionan una pluralidad testimonial que habla por sí misma: un verdugo nazi, una superviviente, la destrucción de hogares, etc. La intención es llenar una laguna en la memoria soviética que decidió esconder su «ambigua» gestión de la matanza y el trato a la minoría judía.

    El funeral de Stalin en State Funeral y los visitantes del campo de concentración de Austerlitz servían al director para pensar la experiencia del espectador y el punto de vista transmutado por el tiempo. Esa inquietud sigue, pero en el caso de Babi Yar. Context la reflexión de Loznitsa va más encaminada hacia la construcción de un espacio de memoria audiovisual en el que la libertad del espectador es menor. Loznitsa nunca se había mostrado tan implacable a la hora de vertebrar el archivo como experiencia tortuosa. No es un reportaje, ni un ensayo: es un memorial en los victimarios tienen su peso y en el que la violencia no estalla, solo responde a una lógica enferma en la que es consecuencia natural, así es la guerra. Visibilizar esa lógica enfermiza y la racionalidad de la barbarie le sirve al cineasta para reflexionar sobre la memoria de Europa y una confianza optimista en una imagen que pueda modificar la memoria, y no al revés. Es debatible la posición dialéctica de Loznitsa y su tratamiento de temas complejos, pero es justo reconocer su capacidad para proponer esa mediación descrita por W.J.T Mitchel en forma de un diálogo permanente con la memoria cultural, las reminiscencias del pasado histórico y la condición del medio audiovisual. El documento del director media con el pasado en el momento en el que interroga a la imagen de archivo para desmontar la familiaridad cultural y social con cierta mitología universal del Holocausto.

    Incomodar, pese a todo, porque el olvido de Babi Yar. Context permite a Loznitsa proponer un punto cero en el recuerdo histórico de la matanza. Un acto de responsabilidad cinematográfica que eleva la dialéctica del montaje hasta el punto de que el relato se confunde con la historia en uno de los ejercicios de equidad de memoria alternativa más descarnados de los últimos años.


    Javier Acevedo Nieto |
    © Revista EAM / 18ª edición del Festival de Sevilla


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