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    Crítica | En un lugar sin ley

    Ain't Them Bodies Saints

    CAMPO DE TRIGO SEGADO Y SESGADO

    crítica de Ain't Them Bodies Saints | David Lowery, 2013

    48º Festival de Karlovy Vary

    Hay un plano cada vez más característico y frecuente en el cine: el de un lejano sol a media altura parcialmente ocultado por los árboles, pero no lo suficiente como para no dejar pasar sus cegadores rayos. A veces es un plano más subjetivo y a veces uno más descriptivo, pero el contenido suele asemejarse bastante, mostrando una conjunción tan vital como nebulosa entre claridad y frondosidad. Desconozco en qué película se pudo ver por primera vez uno de estos planos, pero lo cierto es que el imaginario colectivo suele asociarlo con el estilo de Terrence Malick, sobre todo después de la tan radical como magistral El árbol de la vida (2011). Desde entonces, muchos son los directores con vocación autoral y trascendental que parecen copiar tal imagen, multiplicándose los casos hasta aparecer en cintas incluso más comerciales o en las que un plano así resulta visible e injustamente fuera de lugar. De hecho, en los últimos años la otrora única visión del cineasta de Illinois cada vez es fuente de mayor inspiración: aunque nadie más ha alcanzado aún sus extremos de abstracción y esplendor, algunos van incorporando cada vez más elementos reminiscentes de su filmografía. Y el último y más llamativo caso es el de David Lowery y su Ain't Them Bodies Saints.

    Esta nos cuenta una historia bastante sencilla, que se pasa volando: la de un fugitivo que duda sobre si volver o no al pueblo donde le esperan su mujer y su hija a la que aún no conoce, pero donde sabe que también están pendientes de su llegada las fuerzas de seguridad. La trama tiene pues tres puntos de actividad o interés, cada uno de ellos articulado a través de un personaje relevante: el bandido que ha huido de la cárcel (Casey Affleck), la esposa cómplice que lo aguarda melancólicamente (Rooney Mara) y el agente local decidido a aplicar la ley (Ben Foster). Sin embargo, el protagonismo decrece de uno a otro, de forma que gran parte de la película sigue las peripecias del delincuente, acogido temporalmente por un amigo en su aislado restaurante, mientras que otra parte relevante del metraje descansa en la interacción entre su hija y su mujer y en la correspondencia entre ésta y él. Al personaje de Ben Foster se le dedica menos tiempo, aunque el mismo también esconde un conflicto claro: piensa que es el de Casey Affleck el que le disparó durante la emboscada que le condujo entre rejas, y por ello en parte quiere vengarse, pero en realidad quién disparó fue el de Rooney Mara, entonces compinchada con su marido, y a ella progresivamente le está cogiendo cariño. Con todo, este embrollado resumen le otorga una complejidad engañosa a una historia que, como de hecho hemos adelantado, no tiene mucho misterio y se encamina de manera consecuente hacia un desenlace tan aligerado como significativo.

    Ain't Them Bodies Saints

    Lo más valioso de la película reside, al menos a primera vista, en su poderío visual. La referencia de Malick se plasma no solo en el detalle con el que introducíamos este texto, sino en una iluminación natural y crepuscular, en una grácil cámara casi siempre en movimiento, en un montaje invertido, en el lirismo rural o incluso en los temas que toca, aunque ello sea más una bendición que un defecto. Además, Lowery lógicamente aporta un talento propio, alejándose lo suficiente de su maestro mediante una narrativa más llana, una estética más áspera o una música más popular. Por otro lado, algunos han comparado Ain't Them Bodies Saints con las primeras películas de Malick, pero en la obra del cineasta de Milwaukee están ausentes la mágica luminosidad y la perspectiva infantil que definían a éstas. El resultado es aquí más oscuro, más claustrofóbico en cierto modo. Es cierto, por ejemplo, que el operador de cámara diseña movimientos envolventes, pero algunos planos también vibran con un ímpetu y una ansiedad alejados de la sabia delicadeza de Malick (véase en particular la primera secuencia entre los personajes de Mara y Affleck, caminando en medio del campo en un encuadre bastante cerrado).

    Ain't Them Bodies Saints

    Así pues, estamos ante un melodrama criminal que no trata de ocultar la fuente de la que bebe, lo cual es meritorio, pero que a la vez nos encandila con recursos propios. De esta forma, aunque ocasionalmente el drama y sus caracterizaciones tienen un trazo un poco grueso, el magnífico trabajo de sus actores y la conmovedora coherencia del conjunto dotan de una envidiable relevancia humana a esta balada elegíaca y hermosísima. Por poner otro ejemplo al respecto, destacan la ternura y la fuerza de cada momento que la madre pasa con su hija: la naturaleza a la vez rebelde y cariñosa de aquella se pone de manifiesto en un par de breves acciones cotidianas como el paseo yendo a la iglesia o la lectura de un cuento en la cama, sin que sea necesario para ello alargar tales gestos. Simplemente con su inclusión momentánea y su poético tratamiento nos proporcionan ya la suficiente información y emoción. Con todo, puede que este filme causase sensación en Sundance antes que nada por la mezcla de poso y frescura que nos deja su trágico romance, algo que se constata más bien de manera general y posterior, relativizando o alterando algunas de las críticas que se hayan podido hacer en un principio. Por ejemplo, hemos realizado una insistente comparación con el anterior trabajo de Malick pero no hemos valorado hasta ahora el inteligente ambiente de western que tiene la película: la misma transcurre en la actualidad, pero todos sus elementos son atemporales y no hay en ella rastro de moderna tecnología, por lo que parece sacada de mediados o incluso principios del siglo XX. Y ello le imprime a su contenido una fuerza duradera, no efímera como ese sol esporádico... Al fin y al cabo, quién empieza un análisis fijándose en un tipo concreto de plano corre el riesgo de tener una visión distorsionada del alcance global de una película. ★★★★

    Ignacio Navarro.
    enviado especial a la República Checa | crítico cinematográfico.

    Estados Unidos, 2013. Director: David Lowery. Guion: David Lowery. Productora: Sailor Bear / Parts and Labor / Primary Productions / Evolution Independent / Paradox Entertainment / Lagniappe Films. Presentación: Festival de Sundance 2013. Fotografía: Bradford Young. Música: Daniel Hart. Montaje: Craig McKay & Jane Rizzo. Intérpretes: Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Keith Carradine, Rami Malek.

    Ain't Them Bodies Saints poster
    A media voz

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