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    Crítica | Wrong

    Wrong

    NO SECUESTRES A MI PERRO… POR FAVOR

    crítica de Wrong | Quentin Dupieux, 2012

    sección Atlas | Atlántida Film Fest

    Hace apenas tres años, Mr. Oizo enquistó uno de los subgéneros más irreverentes del cine —la comedia de terror grotesca—, mediante el uso de un objeto inanimado que se adivinaba risiblemente diabólico. Se trataba de la última creación de Quentin Dupieux (nombre real del mecenas musiquero Mr. Oizo), un autor que bebía del underground electrónico y de ciertas escuelas posmodernas que traducían el humor netamente prosaico y entendible a un lenguaje oblicuo, cercano a la languidez formal que prestigian determinados círculos independientes. Aquel filme, titulado Rubber, provocó asombro en muchos festivales de género, donde suelen mirar con lupa el principal ingrediente que los sustenta: la pasión de una cinefagia que se resiste al paso del tiempo. Y, aunque pueda parecer una idea demasiado psicotrópica, Rubber nos mostraba a un personaje de caucho, de goma que gira sobre el alquitrán o espera en montañas y torres de goma habitualmente negra. En resumidas, se trataba de un neumático de coche cuyos poderes extrasensoriales daban muerte a cualquiera que se cruzase en su ruta. Vértigo y golpe a la rigidez, buscando las coordenadas de la memoria colectiva de su público. Terror, surrealismo supurante y, entre tanto, la intervención, nada divina, de una mujer. Desde París, pero sin amor. Al estilo Dupieux.

    Cambiado el registro (que no los rasgos), este singular director regresa con otra dosis de comedia perturbada —y perturbadora—, a través de los infortunios de un hombre que, de la noche al día, se convierte en el depositario de múltiples esperpentos. Su perro ha desaparecido sin dejar rastro, la palmera que había en su jardín se ha transformado en un triste abeto sin luces de Navidad ni bolitas ni estrella de Belén; y, para más sorna, hace mucho que fue despedido de su trabajo pero él sigue acudiendo a esa agobiante oficina donde llueve sin parar, qué digo llueve, diluvia pero los ordenadores o cualquier dispositivo electrónico funcionan sin problemas, y los tristes y maliciosos currantes se calan hasta los huesos mientras conversan vía telefónica y sin parpadear, evidenciando que esa borrasca invisible, además de responder a un estado de ánimo nada impermeable, resume punto por punto el sentimiento irracional de esa misma estancia donde nunca es bienvenido nuestro protagonista, un Earl Hickey con alma de hipster, sin camisas de leñador ni camisetas de AC/DC o Motörhead, pero con un bigote y un peinado traviesos, bonachón (demasiado bonachón) y solitario en un hábitat sospechoso del que se desmarca por higiene mental. La base onírico-cómica de Wrong demuestra que todavía hoy —lejos, quizá en un reducto cada vez más apartado y con un público mínimo—, existe lugar para la imaginación sin concesiones, disparatada, adormecedora, intangible a primera vista, sentimental, y a ratos tristemente inocua. Miren a Steve Little intercambiando frases con su vecino, que le suelta preguntas desconcertantes cuando este primero, en bata y recién levantado, en mitad de la calle le cuenta que ha perdido a su perro, no ya su fiel amigo sino el único: un rasgo que jugará en su favor o en su contra, pues eso lazos casi fraternales sólo se comprenden cuando los has sentido en el pecho.
     
    Wrong

    Poco después, Dolph (Steve Little) llama a una pizzería para peguntar sobre el logotipo: un conejo repartidor que conduce a cien por hora una de esas motos con caja en la parte trasera. Dolph pregunta el porqué de ese conejo a una chica que, ay, no le cuelga porque está muy receptiva. Ya saben. En el tercer acto se suceden una serie de acontecimientos incomprensibles, que me hacen creer que al guionista se le ha ido la olla en un alarde de originalidad. Grave error. Incluso el papel de William Fichtner, quien interpreta a un gurú de la psicología canina, que ha escrito dos libros en los que habla de la posibilidad de comunicarse telepáticamente con tu mascota, posee un alto grado de caricatura. Entre sueños posibles, tal vez hipotéticos alrededor de una intriga que sortea la densidad propia de su ADN, Wrong aúna diversas capas de ficción —el vecino que conduce por el fin del mundo, en “un sobrecogedor desierto donde no hay ni se ve nada” más que un horizonte interminablemente blanco; el jardinero que recoge la pizza de la basura; o ese despertador que suma sesenta minutos— que se difuminan en un exceso de incoherencia estructural: falta cordura para ser realmente loco. Habrá quien opine que es una tontería. Su particular universo, sin embargo, invita a pensar en una tontería con no pocos triunfos. ★★★★★

    Juan José Ontiveros.
    crítico de cine.

    Francia, 2012. Dirección, guión y fotografía: Quentin Dupieux. Música: Tahiti Boy, Mr Oizo. Reparto: Steve Little, Arden Myrin, Jack Plotnick, William Fichtner, Eric Judor, Alexis Diseña.

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