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    KRULL (PETER YATES, 1983)

    Crítica de Krull, Krull review
    CABALLEROS VS. ALIENÍGENAS
    Krull (Peter Yates, 1983)

    Cuando hablamos del cine de fantasía y aventuras de los 80 siempre tendemos a nombrar Legend (1985), Lady Halcón (1985), Dentro del Laberinto (1986) o Willow (1988), posiblemente, las más populares y queridas por el cinéfilo que ronda los treinta años. Todos estos títulos irán pasando por nuestra sección, inevitablemente, pero también pretendo hacer justicia con algunas obras menos conocidas y peor valoradas. Y si tienen méritos suficientes para ser sacadas del olvido, mejor que mejor. Este es el caso de nuestro primer plato de esta noche.

    Krull es una típica historia de caballeros y princesas, magos y brujas, reinos enfrentados y luchas de espada. Podría decirse casi que seguía la estela de la exitosa Excalibur de John Boorman, la versión de 1981 sobre el mito del Rey Arturo, mezclada con algunas pinceladas del Tolkien de El señor de los anillos. En Krull, dos reinos enemigos deciden unirse mediante la boda entre el príncipe Colwyn y la princesa Lyssa. De esta manera, harán frente común contra un enemigo aún mayor que atemoriza a todos. El día del enlace matrimonial, el ejército invasor ataca el castillo llevándose presa a la novia. Colwyn deberá emprender un camino lleno de peligros para liberar a su amada. Todo suena de lo más convencional sobre el papel, pero algo no cuadra. Krull no es el nombre de un reino, sino un planeta. Sobre los preciosos paisajes donde se asientan los castillos brillan dos Soles. Los caballeros utilizan pistolas láser en lugar de espadas y el enemigo no es una horda de bárbaros sino un ejército alienígena gobernado por un monstruoso ser. Es cuando nos percatamos de otras muchas “influencias” como Star Wars, Alien (1979) o Flash Gordon (1980), entre otras. Sin duda, Krull no brilla por su guión original. Stanford Sherman escribió un libreto de lo más rutinario, que bebía descaradamente de algunos de los grandes éxitos de la época, y cuya única gracia residía en la combinación de aventura medieval y sci-fi. En la dirección, un buen artesano como Peter Yates, que merece nuestra confianza por el simple hecho de haber realizado un clásico de la talla de Bullitt (1968). Suyo fue el mérito de que semejante popurrí llegara a buen puerto sin caer en el ridículo.

    Krull still

    Hay que aclarar que no estamos hablando de una serie B, ya que su presupuesto fue bastante generoso (más de 27 millones de dólares), y dicho dinero no fue empleado en pagar a grandes actores precisamente. En los papeles protagonistas tenemos a Ken Marshall y Lysette Anthony, dos intérpretes que dan el pego en pantalla pero que quedan lejos del status de estrella. Marshall, de gran parecido físico con Patrick Swayze, da la talla como el heroico príncipe Colwyn, mientras que la chica poco puede hacer con su personaje de la princesa Lyssa, bastante desdibujado y meramente decorativo. Su caracterización, con un vaporoso vestido blanco, recuerda a otras posteriores heroínas del género como Mia Sara en Legend o Jennifer Connelly en Dentro del Laberinto. Las caras más reconocibles que podemos encontrar entre los secundarios son las de unos jóvenes Liam Neeson y Robbie Coltrane (el Rubeus Hagrid de Harry Potter).

    Como en algún sitio se tiene que ver reflejado el presupuesto, hay que reconocer que técnicamente, Krull tiene un buen acabado formal. Puede presumir de una preciosa fotografía, hermosos escenarios naturales (algunos de ellos filmados en Lanzarote) y una elaborada dirección artística. Muy imaginativos son los interiores de la fortaleza donde está prisionera Lyssa, que tienen forma de ente monstruoso. Los decorados se construyeron en los famosos estudios Pinewood de Inglaterra. Hay que reconocer que los efectos visuales son bastante irregulares, aunque el nivel medio en esta película es más que aceptable, hay aspectos como el diseño del villano que es bastante decepcionante. Yates es consciente de ello y lo muestra poco. Tampoco convencen demasiado unos caballos que dejan una estela de fuego al correr e incluso vuelan (momento E.T.). En cambio, hay pasajes mucho más memorables como la aparición de la viuda de la red (encarnada por Francesca Annis), custodiada durante décadas por una araña gigante de cristal que la mantiene cautiva a causa de una terrible maldición. Animación, stop motion, transparencias, miniaturas, los efectos especiales de Krull tienen el sabor añejo de las películas de Ray Harryhausen como Jason y los Argonautas (1963) o Furia de Titanes (1980). De hecho, al igual que aquellos clásicos, se trata de una producción británica. Pero si hay un elemento de la cinta que destaque sobre el resto y merezca ser innegablemente reconocido, es el trabajo de James Horner en la banda sonora. Podemos estar ante uno de sus mejores trabajos, y recordemos que suyas son las partituras de éxitos como Braveheart (1995), Titanic (1997) o La máscara del Zorro (1998). Horner contó con la ayuda de la Orquesta Sinfónica de Londres para otorgar toda la épica y sentido de la maravilla que necesitaban sus imágenes. Una auténtica obra maestra.

    Krull, cult movie

    Krull fue un gran fracaso crítico y comercial en un año en que El retorno del Jedi se llevó a su terreno a todo su potencial público. Con los años, sin embargo, ha adquirido la categoría de título de culto entre los aficionados al cine fantástico. Y es de justicia reconocer que fue un entretenimiento más que digno, combinando con buen pulso romance, aventura, fantasía y algunos toques de humor a cargo del patoso mago Ergo el magnífico. Sus divertidos momentos en que acaba convertido por error en los más diversos animales, sirven para compensar algunas sorprendentes dosis de violencia. Resulta especialmente terrorífica la escena de la suplantación del vidente ciego por una de las criaturas enemigas, que recuerda bastante a La Cosa (1982) de John Carpenter. En definitiva, un filme en el que encontramos un Cíclope que tiene el don de conocer el momento exacto de su propia muerte o una fortaleza enemiga capaz de cambiar de ubicación cada día, no puede ser tan malo. No aburre en sus dos horas de metraje, equilibra muy bien todos los ingredientes y consigue manejar todas sus influencias, homenajes y plagios de manera que el resultado final tenga entidad propia.

    Fue una de las películas de mi infancia y al volver a verla hace unos días, me pareció mucho más ingenua y familiar que el recuerdo que tenía de ella. La facilidad con la que Colwyn va alistando para su causa a los distintos personajes que se va encontrando en el camino y los lazos de amistad que se establecen entre ellos, me sacaron una sonrisa de complicidad. Sí, Krull puede estar desfasada, pero mantiene gran parte de su encanto y dignidad. Y sí, la volví a disfrutar como cuando era un crío, como el cuento de hadas que en el fondo es. Si no la han visto aún, ahí va mi recomendación desde esta humilde sección. Ustedes juzgarán si merece el olvido o una nueva juventud.

    José Antonio Martín

    Ficha técnica:

    Reino Unido, 1983. Título original: “Krull”. Director: Peter Yates. Guión: Stanford Sherman. Productora: Columbia Pictures. Presupuesto: 27.000.000 dólares. Localización principal: Reino Unido. Música: James Horner. Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ray Lovejoy. Intérpretes: Ken Marshall, Lysette Anthony, Freddie Jones, Francesca Annis, Alun Armstrong, John Welsh, Liam Neeson, Robbie Coltrane, David Battley, Bernard Bresslaw.

    Krull poster
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