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    Cannes 2015 | Día 4. Críticas: Carol / Mia madre / As 1001 noites (Volume 1, o inquieto) / Nahid

    Matthew McConaughey en la presentación de The Sea of Trees

    Love is the warmest color

    crónica de la cuarta jornada de la 68ª edición del Festival de Cannes

    Cannes amanecía con aroma neorrealista y los aplausos para el italiano Nanni Moretti en el Gran Teatro Lumière gracias a Mia Madre, película que nos zambullía de lleno en los conflictos personales y laborales de una directora de cine. Posteriormente, vendrían la iraní Nahid y la portuguesa As 1001 Noites, dos valiosas películas, muy diferentes entre sí, que aportaban un esquema muy diferente al que estamos acostumbrados a ver en el circuito más comercial. La primera de ellas versa sobre la historia de lucha y sacrificio de una madre que busca la libertad en un sistema despótico y machista; la segunda es un experimento muy ingenioso y astuto aunque con algún problema de ajuste de tempos. El broche lo ponía Carol, la última creación de Todd Haynes cerraba de forma maravillosa una cuarta jornada donde hemos respirado muy buen cine.

    Imagen del día / «Un viaje sobrenatural a través del purgatorio, nihilista, para conseguir su salvación y finalmente enfrentarse a la vida». Matthew McConaughey, sobre la defenestrada The Sea of Trees | Crítica.

    Mia madre

    Mia Madre

    Nanni Moretti, Italia / Competición

    Nanni Moretti es uno de los exponentes más valiosos del cine italiano contemporáneo. Esta afirmación no quiere decir que sus obras sean siempre las más aclamadas, ya que dentro de la crítica y del propio público, solemos encontrar todo tipo de opiniones contrastadas. Mia Madre se ajusta a las principales marcas de identidad de este realizador en tanto que presenta una narración intencionadamente imprecisa que relaciona ficción y realidad de una manera tan abstracta que, por momentos, resulta fácil perderse en la hiperrealidad del relato. El guion resulta una reflexión inconclusa de varios temas, ligados con la metacinematografía y las relaciones materno-filiales. Se nos presenta a Margherita, una directora que trata de filmar una película en un momento delicado, pues su madre sufre una enfermedad que la mantiene hospitalizada, y se ve obligada a luchar con Barry, un prolífico actor excéntrico y algo incompetente.

    Esta temática se desarrolla en todo momento de manera abierta, seremos capaces de observar cualquier detalle concerniente a los conflictos argumentales, aunque será el propio espectador quien tenga que emitir los juicios interpretativos de las imágenes que ve en pantalla, ya que no conocerá más detalles de los protagonistas de los que vaya mostrando el presente de la película, salvo algún flashback o imagen onírica que arroje algo de luz sobre la trama. En este aspecto las obras de Moretti son fieles a los mismos temas: las relaciones personales, la pérdida de seres queridos, la política, la paternidad, la medicina, la moralidad, la industria cinematográfica y, naturalmente, la crítica costumbrista de la sociedad italiana, invariablemente intransigente, poco comunicativa y falta de afectividad. La estructura puede resultar algo compleja, debido a que hay múltiples narraciones y conexiones entre personajes con los que, en muy pocas ocasiones, llegamos a empatizar. Una manera de afrontar el drama de la situación sin incurrir en demagogias ni condicionantes concesivos que lleven al espectador a posicionarse de uno u otro lado, así llegaremos a un desenlace poco concluyente del que tendremos que sacar las conclusiones una vez terminemos de procesar mentalmente la película. Esta crudeza dramática encuentra en el personaje de Barry, John Turturro, un claro elemento narrativo con función suavizadora. Sus cómicas apariciones, rayando en el histrionismo burlesco, son presentadas como un medio de hacer soportable la densidad narrativa y la actitud crítica con la que Moretti ataca a varios sectores de la sociedad italiana incluido, por supuesto, su propia realidad laboral, el mundo del cine, como ya había hecho anteriormente en, Abril (Aprile, 1998), y Sueños dorados (Sogni d’oro, 1981). [60/100]

    Nahid

    Nahid

    Ida Panahandeh, Irán / Un Certain Regard

    En la categoría Un Certain Regard hemos podido asistir al estreno de Nahid, película dirigida por la novel realizadora iraní Ida Panahandeh, quien retoma ese indignado grito de socorro que aboga por la libertad y emancipación política de la mujer en una sociedad de costumbres arcaicas. La protagonista, cuyo nombre da título a la cinta, desea la independencia a toda costa. Tras un matrimonio de 10 años con un adicto a la heroína, la mujer se encuentra ahora tratando de rehacer su vida con su hijo. Privilegio al que sólo pudo acceder renunciando a cualquier tipo de compensación económica. Leyes tan incomprensibles como esta no dejarán de sorprendernos durante toda la historia, y será la propia protagonista quien tenga que plantar cara a un sistema misógino cuya legislación no le pondrá las cosas nada fáciles. Así, la mujer se encuentra a punto de ser desahuciada por un avaro casero, con un hijo pequeño que parece empieza a desviarse del camino responsable, y un exmarido que no deja de presentarse en sus vidas como una terrible influencia para el muchacho y que, además, está dispuesto a disputar a Nahid la custodia legal del menor por mero despecho.

    Retrato de la mujer que trata de escapar de la posición servil y dedicada al hombre heredada de generación en generación. Una posición/decisión muy difícil y únicamente asumible por medio de un fuerte temperamento que le impide aceptar favores de nadie. Sin embargo, cuando se ve a las puertas de la calle, aceptará casarse con un hombre de manera temporal (un contrato matrimonial de un mes de validez) para conseguir un lugar donde vivir y no perder la custodia de su hijo. Ese gran carácter que define a la protagonista, la llevará a tratar a su hijo con una excesiva y rigurosa disciplina, poniendo de este modo a Amir Reza en su contra y acercándolo al inmaduro de su exmarido, que lo atrae con caprichos y visitas a locales perniciosos para su educación. Al mismo tiempo, la debilidad de Nahid por las compras, la pondrá en una posición problemática de constante deuda y enfrentamiento con sus conocidos. Mostrando así, de manera completamente original en este tipo de películas, que la mujer no tiene por qué ser perfecta, ni comportarse de forma extraordinaria, ya que no debería ser un requisito ni una obligación para poder acceder a los mismos derechos y libertades que los hombres. Panahandeh no plantea un debate sobre quién es el menos apto para hacerse cargo de un hijo —diálogo explícitamente apreciable en la cinta—, ni tampoco sobre la perfección de la mujer sensata e inteligente, sino sobre la igualdad en el trato y en la sujeción a las leyes de todas las personas, independientemente de sus defectos, virtudes o sexo. [68/100]

    As mil e uma noites

    As 1001 noites - Volume 1, o inquieto

    Miguel Gomes, Portugal / Quincena de Realizadores

    El director portugués Miguel Gomes, conocido por su estilo experimental, regresa a Cannes con su filme As 1001 Noites que, sin lugar a dudas, continúa con esa estética mockumentary y una narrativa enmarcada que, aunque emula la estructura de la recopilación de relatos medievales homónima, no guarda relación argumental con ella como bien se puede leer al comienzo del metraje. La temática principal, de este primer volumen de una cinta de seis horas de duración dividida en tres episodios para su proyección —ya veremos cómo se resuelve la distribución—, gira en torno al drama del desempleo y la consecuente crisis del trabajador.

    Desde el inicio, Gomes rompe con la cuarta pared al presentar a los miembros del equipo técnico en un ejemplo de metacinematografía documental. Una vez hecho esto, todavía añadirá otro segundo prólogo sobre los estibadores de un gran puerto que se encuentran en una posición delicada para mantener sus puestos de trabajo, un fragmento con una fotografía intencionadamente turbia y pulso impreciso que viene a resaltar esa estética de falso documental. Tras esa introducción da comienzo la verdadera ficción fílmica. Un relato dividido en varios subrelatos que se relacionan, se yuxtaponen y llevan hasta extremos enfermizos y surrealistas esta crisis laboral: desde el grupo de avaros políticos a los que se les obsequia con una cura contra la impotencia, y luego se ven extorsionados por el curandero que vuelve para ofrecerles un nuevo remedio para recuperar su flacidez genital y poder librarse de la incansable e incómoda erección, hasta el baño de los valientes —o magníficos— en pleno invierno, pasando por la el triángulo amoroso infantil, la niña pirómana y todo tipo de historias inverosímiles que se caracterizan por lo ingenioso del diálogo y la sutil crítica voraz de la sociedad capitalista actual.

    Todas las historias comparten un narrador múltiple que explica, unas veces complementando los diálogos, otras confrontándolos y otras anulándolos por completo, la excéntrica teoría que existe tras las inverosímiles imágenes. Dos horas de un metraje de difícil lectura y asimilación que, para el espectador desentrenado en el campo de las artes abstractas y conceptuales, resultarán muy difíciles de sobrellevar, sobre todo teniendo en cuenta que, aun habiendo episodios de una maravillosa potencia satírica y dialéctica, hay otros (concretamente al final, y correspondientes a tres larguísimos monólogos), demasiado sobrios y faltos de energía. [69/100]

    Carol

    Carol

    Todd Haynes, Estados Unidos / Competición

    El autor Todd Haynes parece muy centrado en la creación una imagen propia que lo defina. Su propósito principal siempre es partir de una imagen banal, y modelarla hasta obtener un producto único y atractivo. Este recurso puede funcionarle mejor o peor, pero siempre es efectivo para fortalecer su imagen como director de género. Con Carol, Haynes logra una magnífica composición con semejanzas a su anterior trabajo Lejos del cielo (Far From Heaven, 2002), al tiempo que aporta un toque estético y narrativo más maduro y un planteamiento mucho más moderno y dinámico. El guion adapta la novela The Price of Salt, de Patricia Highsmith, y cuenta la historia de dos mujeres de clases sociales diferentes que se conocen de manera casual y desarrollan de forma instantánea una fuerte conexión que se va intensificando progresivamente.

    Un relato apasionado y lleno de fuerza que se apoya en dos pilares básicos: Cate Blanchett, dando vida al personaje epónimo del filme, una exitosa mujer muy decidida, segura de sí misma, atractiva y lo suficientemente poderosa como para no pestañear a la hora de coger lo que cree que le pertenece por pleno derecho, y Rooney Mara, representando a Therese Belivet en una de las interpretaciones más extraordinarias de su carrera. Ambas lograrán a partes iguales, una total empatía y convicción, y una actuación sublimemente atractiva con cierto aire a las heroínas clásicas —con una Mara hepburiana—. Dos actrices que se complementan de maravilla gracias a la fantástica labor de un director capaz de dar vida a un género tan empalagoso como el melodrama, que se vio rejuvenecido con la mencionada Lejos del cielo, gracias a la eliminación de la demagogia barata y diálogos interminables y vacíos. En esta ocasión, Haynes continua insistiendo, como no podría ser de otra forma, en los más turbios problemas de pareja, mostrando la figura del exmarido despechado capaz de todo por hacer imposible la vida de su mujer, si ésta se niega a seguir a su lado fingiendo llevar una vida de felicidad y satisfacción.

    El tema de la homosexualidad, tan recurrente en el cine del director como lo es su obsesión por los trenes, sigue siendo mostrado como un estigma ignominioso del que no conviene presumir, ni tan siquiera exteriorizar públicamente, sobre todo si se trata de dos mujeres, ya que podrían terminar acusados de una falta tan sorprendente como la “cláusula de moralidad”, bajo la cual una mujer puede ser considerada no apta, por su actitud libidinosa, para la correcta educación de sus hijos. Una imagen que unirá el comienzo de la película con el desenlace creará el clímax absoluto de la trama en un final tan emotivo como esperanzador. Sin lugar a dudas, una de las grandes propuestas del festival. [80/100]

    Alberto Sáez Villarino
    Enviado especial a la 68ª edición del Festival de Cannes


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