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    Berlinale 2015 | Día 7. Críticas: Aferim!, Eisenstein in Guanajuato & Gone with the Bullets

    Greenaway en Berlín

    Diez días.

    Crónica de la séptima jornada de la 65ª edición de la Berlinale.

    Aunque parece una estancia en un yate de lujo, donde uno solo come, bebe, ve cine y, con suerte, pone un par de banderillas, un festival es un evento bastante complejo. Una especie de reality donde la soledad es una fiel compañera, y más en país extranjero. La única y bendita compañía es el cine. El ánimo, por tanto, a veces depende del capital emocional que porte el film en cuestión. Es la mejor manera de superar las habituales complicaciones. En esta 65ª edición está costando encontrar dicha película —el año pasado por estos pasillos recordaba Boyhood o El gran hotel Budapest; o mi compañero Emilio Luna intentaba convencer a los checos de las bondades de La desaparición de Eleanor Rigby en Karlovy Vary— ya que el programa no ofrece razones de peso para levantar los ánimos. Mal vamos. La presencia de Gone with the bullets en competición ha sido, visto el resultado, bastante cuestionable, y Greenaway ha puesto el dedo en la llaga riéndose de nosotros con un humor harto marciano, aunque con una sinceridad de emociones admirable. Solo Aferim! ofrece algo de congruencia con un trayecto entre los campos de la antigua Valaquia, visualmente muy sugerente y unos diálogos muy afilados. En general, el séptimo día ha sido revuelto y extraño, tanto mental como profesionalmente.

    «Siempre he sentido un gran interés por este hombre y su obra. La pregunta que me hice fue: ¿Cómo podemos ser originales y creativos después de casi 120 años de cine? Para mí era importante volver a Eisenstein, porque él fue una pieza clave del desarrollo de este arte. Fue un gran teórico y además tenía mucho sentido del humor. En mi opinión él es la última figura materna del cine mundial». Peter Greenaway en la rueda de prensa de la Berlinale.

    Aferim! de Radu Jude

    AFERIM!

    Radu Jude, Rumanía, 2015 | COMPETICIÓN

    El cineasta rumano Radu Jude ha dado lo más sensato del día de lejos, aunque la comparativa con la programación de hoy le ayude. Su guion, que aborda la caza y captura de un esclavo gitano en las tierras de la antigua Valaquia, cuenta, con un marcado tono de comedia, los prejuicios y los principios que imperaban en el país meridional hacia mediados del siglo XIX, en una época todavía de feudalismo. Todo en perfecto blanco y negro y poniendo la puntilla en el arisco carácter rumano. Entre conversaciones y paseos, Jude va asentando este amago de western europeo con un humor agradable y cínico que parece funcionar como reflejo retrospectivo de dos sociedades no demasiado alejadas entre ellas, donde unos se insultan a otros y todos tienen claro las debilidades de los demás. Constandin y su hijo son el vehículo que nos guía a lo largo de un camino tumultuoso al que, no obstante, le falta algo de emoción que no lo limite al retrato social minoritario al que parece estar destinado; aunque acierte de pleno en su escritura, inteligente y amena, que consigue no ser cargante ni aleccionadora y da la debida importancia a la individualidad de los personajes y a cómo aceptan situaciones con las que no simpatizan aunque tampoco se paran a cuestionarlas. Su pase de prensa fue bastante bien recibido, con un cálido aplauso y buenos comentarios de la crítica. 67|100.

    Einsenstein in Guanajato

    EISENSTEIN IN GUANAJUATO

    Peter Greenaway, Países Bajos, 2015 | COMPETICIÓN

    Era de esperar que Greenaway estrenará en Berlín con su habitual libertad estilística. Desencajando las expectativas de muchos, y despertando ovaciones a su termino, con un ejercicio de brutales licencias creativas, con secuela confirmada, en torno a la figura de Eisenstein y su estancia en México para el frustrado rodaje de una película que finalmente nunca se materializó oficialmente a pesar de los montajes que, posteriormente, se han realizado con el material sobrante. La idea es abordar, desde la peculiar perspectiva del cineasta, la homosexualidad y locura de un personaje escrito a la manera de un Amadeus del nuevo siglo, verborreico y excéntrico, y su historia de amor con un nativo de la zona en un affaire que duró un total de 10 días, aludiendo al subtítulo de su filme Octubre: ‘Ten Days that Shocked the World’. Todo es tan caótico que es difícil ver una lógica a las elecciones formales, a pantallas triplicadas en vertical que muestran la misma imagen o a la manera tan diferente de afrontar cada escena, destacando una secuencia central con Eisenstein y su pareja en la cama rodada en continuo travelling circular, con gran angular y casi como si fuera el montaje de un escenario, con los actores deambulando acorde al recorrido de la cámara, que produce un efecto extraño, pues se diferencia muchísimo del resto en cuanto a concepción y ritmo. Como casi todo el filme, que parece no responder a un patrón claro más allá de la experimentación y el vuelo libre, jugando con un personaje carismático tratado sin la solemnidad que se suele atribuir a estas figuras en los biopics más convencionales, genero en el que no me atrevería a incluirla a pesar de reunir todos los ingredientes. En Eisenstein in Guanajuato la buena composición visual sigue presente y da lugar a imágenes muy poderosas, algo en lo que Greenaway pocas veces ha defraudado a pesar de la extravagancia de sus trabajos. 70|100.

    Gone with the bullets, de Jiang Wen

    GONE WITH THE BULLETS

    Yi bu zhi yao / Jiang Wen, China, 2015 | COMPETICIÓN

    Iniciada como una saga de pretensiones épicas dedicada al público chino, Gone with the Bullets es la segunda parte de una historia que abarca, en esta entrega, el crimen y posterior rodaje que darían lugar a la primera película de la historia del país. Lo hace con un exageradísima pomposidad visual y una fuerte tendencia al vuelo fantástico, permitiéndose numerosas parodias que referencian directamente al cine americano y algunos de sus grandes clásicos (como la apertura sacada directamente de El Padrino); acabando en un conjunto de sinsentidos argumentales que parecen no ir a ninguna parte, con los personajes siendo tragados por el decorado y un diseño visual de fuerte tono kitsch en el que entran desde lunas gigantes rodando sobre la tierra, coches voladores, ciudades enteras recreadas en CGI y muchísimo dorado.

    El argumento importa poco, pues todo es engullido por el contexto. No hay drama ni tensión más que una incesante sucesión de atracciones de parque temático a ritmo endiablado. Lo que llama la atención de Gone with the bullets es el fenómeno que representa para su propio país. Una producción de 20 millones de dólares cuya primera parte, Let the Bullets Fly, recaudó el doble de su presupuesto sólo el fin de semana de su estreno, asentándose con un carrera total de aproximadamente 100 millones, algo que la convierte en un éxito incuestionable de fronteras adentro. Gone with the Bullets luce con orgullo su insólito estilo pero está claro que su sitio en la Competición es injustificable. Cerca de una treintena de personas abandonaron la sala antes de tiempo. Sencillamente insoportable. 20|100.


    Gonzalo Hernández Espinosa
    Enviado especial al 65ª edición del Festival de Berlín



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