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    Cannes 2014 | Séptima jornada. Críticas: 'Dos días, una noche', 'Whiplash' y 'Coming Home'

    Deux jours, une nuit

    El jazz de Chazelle conquista la Quincena

    crónica de la séptima jornada de la 67ª edición del Festival de Cannes
    Críticas: Dos días, una noche (Jean-Pierre y Luc Dardenne), Coming Home (Zhang Yimou) y Whiplash (Damien Chazelle).

    Llegamos ya al séptimo día. Los Dardenne despertaban curiosidad pero no expectación máxima. El público parecía esperar algo bueno pero carente de sorpresas y, pese a que en parte se cumplieron esas sensaciones, lo cierto es que con su propuesta han pasado engrosar la lista de favoritos. Ya hay quién deja caer su posible tercera Palma. Y no sería descabellado. Los cineastas han entregado un filme muy interesante, que apela antes a la moral que al oportunismo, aunque por el contexto en el que lo sitúa ya hay quién no ha tardado ni dos segundos en tildarla de roja o socialista. Hay visiones de todo tipo aquí en Cannes pero Dos días, una noche en absoluto busca ser un filme incendiario. Aún con todo hay quien parece guardar ciertas reservas en ese aspecto. A los Dardenne les siguió el pase fuera de competición de Coming Home, lo último de Zhang Yimou. Una cinta que hacía gala de una delicada épica romántica que dejó fuera a muchos pero que también nos encandiló a otros merced a un ejercicio de dirección intachable, tal vez demasiado perfeccionista. Por lo demás, el pase de Lost River levantó broncas en su estreno. La expectación era máxima con el nuevo James Dean del cine —porque el tratamiento que los medios y el público le están dando a Gosling pasa ya de castaño a oscuro en su aura de actor de culto—, y el debut del actor se saldaba con un llenó absoluto que nos dejó fuera a algunos tras algunos incidentes desagradables que evidenciaron la exageración con la que algunos periodistas abordan Cannes. En su lugar, nos esperaba la última ganadora de Sundance, Whiplash. La película más refrescante y con más vitalidad del Festival entero levantaba una energía en la sala que explotó nada más terminar la proyección. Damien Chazelle se llevó una ovación de cinco minutos que sobrepasó lo esperado y, por supuesto, a la alegría y excitación general del público, practicamente unánime, no tardaron en unirse voces discordantes muy descontextualizadas. Whiplash gana en visión conjunta porque notas que las ganas de moverte se transmiten. La sala transpiraba el sudor de la música y varios compañeros salimos queriendo dar saltos del cine. Por mi parte, lo mejor que he visto hasta ahora de todo el certamen.

    Deux jours, une nuit, de Jean-Pierre y Luc Dardenne

    DOS DÍAS, UNA NOCHE

    Deux jours, une nuit
    dirigida por Jean-Pierre y Luc Dardenne
    intérpretes: Marion Cotillard, Fabrizio Rongione, Catherine Salée, Olivier Gourmet, Christelle Cornil.
    Bélgica, Francia, 2014 | Competición

    Los hermanos Dardenne son junto a Nuri Bilge Ceylan los cineastas de mayor crédito en la Competición. Han estado en Cannes ya cinco veces y todas sus películas aquí estrenadas se han llevado galardón a casa. Dos premios del Jurado Ecuménico, dos Palmas de Oro, un premio al Mejor Guión y un Gran premio del Jurado. Son un seguro en el programa y, como era de esperar, Dos días, una noche no ha defraudado. Sandra (Marion Cotillard) pide conservar su trabajo. Es viernes y sólo queda un fin de semana para la votación que hará decidir a sus compañeros si optan entre quedarse la prima extra del salario o renunciar a ella en favor de que su compañera conserve su puesto. Para ello, Sandra se propone convencerlos a lo largo de esos dos días visitándolos uno por uno y exponiéndoles la situación. Suena a una excusa de amargo cariz político-social y sí, no se equivocan. Los comentarios socialistas no se han hecho esperar en las primeras etiquetas de la prensa. El filme de los Dardenne habla del paro. ¡Qué sorpresa! Pero al contrario de la facilidad por la que han optado algunos críticos de teñir el filme de rojo sno creo que eso sea lo que más capta la atención de los directores. Sandra visita las viviendas de cada uno de sus compañeros y eso permite a los directores ofrecer visiones muy diferentes de cada uno. Una vive en una urbanización de clase media alta, otro acaba de tener un bebé, otro es entrenador de fútbol y otro es un chico negro con el único contrato temporal. Hay visión de conjunto, sí. Eso pone en bandeja eso de “esto es un filme proletario” pero más que eso hay principios. A los Dardenne les preocupa más hablar de ideales. De cómo la crisis europea ha desgastado la solidaridad de los trabajadores. No es para menos, pero es triste. Sandra expone su situación con la mayor humildad posible pero le resulta tan difícil enfrentar esa situación que le entran ataques de pánico y evidencia, a través del soberbio trabajo de la actriz, la ansiedad de la situación. Debe asumir que está mendigando trabajo, pidiéndoles a sus compañeros un compromiso que no es fácil. En esta diatriba todas las decisiones son comprensibles pero aún así hay algunas claramente enervantes y que implican por su cercanía. Esto podrá ser cine francés pero su realidad no nos queda tan lejos a los españoles. En su discurso podría relacionarse con la misma Hermosa juventud de Rosales, pero expuesta con mayor sutileza. Porque por mucho que los Dardenne hablen de trabajo también hablan de integridad ética y moral. De rechazar formar parte de un sistema podrido, que sólo utiliza a sus trabajadores para el beneficio de un solo jefe. La decisión última que toma Sandra al respecto es digna de aplauso y admiración. Es el broche perfecto para un recorrido duro que opta antes por la defensa de unos valores sociales escasos que por el egoísmo material y la frialdad de emociones. Su recibimiento ha sido muy cálido y ya se postulan muy seriamente para su tercera Palma de Oro. | ★★ | 85/100 |

    Coming Home

    COMING HOME

    Guilai
    dirigida por Zhang Yimou
    intérpretes: Gong Li, Chen Daoming.
    China, 2014 | Fuera de competición

    A segunda hora y fuera de competición se estrenaba lo último de Zhang Yimou. Película de espíritu clásico sobre la separación de un matrimonio en plena Revolución Cultural y su reencuentro años más tarde, cuando ésta ya ha terminado. El marido regresa a casa tras veinte años de arresto y se encuentra con que su mujer no puede reconocerle. A lo largo de toda la casa hay recordatorios de las acciones más básicas apuntadas en pequeñas hojas de papel pegadas a la puerta o la lámpara. La reconquista o mejor dicho, el cuidado de él para con ella será el único consuelo que el marido encuentre y nunca será el suficiente. Él se convierte por decisión propia en un amigo que le ayude a sobrellevar el consuelo de la ausencia. Sí, todo es material de lágrima, pero Yimou conoce estas hiladuras y las maneja con una soltura envidiable. Su labor de dirección es intachable y muy delicada. Preciosa visualmente y con una recreación de época muy bien construida, el director sostiene a dos actores dando una réplica que busque emocionar al publico. Gong Li con una caracterización envejecida y aportando una interpretación muy conmovedora. De hecho, el largometraje emociona más por su trabajo que por la labor de realización en sí misma. Un buen papel que podría otorgarle más de un reconocimiento a la actriz. Pese a que la historia de Coming Home tiene esa épica romántica de ligera visión americana y marcado carácter formulaico, no pueden negarse sus virtudes narrativas y su buena composición de planos. Utilizando la excusa amnésica en un matrimonio maduro que podría recordar en su tratamiento al que Richard Eyre abordó en Iris o al de Nick Cassavettes en El diario de Noa. Yimou lleva este discurso a su terreno. Una visión con planos a contraluz y mucho piano de fondo donde si entras en su juego caes sin mucha dificultad. Se comenta que Coming Home tuvo un pase privado para Steven Spielberg en la que el director se emocionó notablemente. Con ese dato el filme se publicita con una credibilidad dudosa entre los críticos pero, por mi parte, puestos a elegir entre las sensibilidades asiáticas de Cannes yo me quedo con Yimou. | ★★ | 75/100 |

    Whiplash, de Damien Chazelle

    WHIPLASH

    dirigida por Damien Chazelle
    intérpretes: Miles Teller, JK Simmons.
    Estados Unidos, 2014 | Quincena de los Realizadores

    Como último plato del día, un filme de la Quincena de los Realizadores. Whiplash llegaba con el pedigrí obtenido en la última edición de Sundance —Premio del Público y Mejor Película—. Y lo diré sin medias tintas, es lo mejor que ha proyectado el certamen. En una Competición Oficial adocenada, donde los autores de mayor renombre apenas han entregado trabajos superlativos, continuístas en su mayor parte aunque con excepciones —me quedo con los Dardenne y el siempre estimulante Cronenberg—, ningún cineasta ha dejado huella. Como decíamos, son los pequeños nombres los que suenan con más fuerza en Cannes. Hay muchas esperanzas en Lisandro Alonso, cuya Jauja ha dejado un reguero de elevadísimas notas por parte de la prensa internacional y, ahora, Damien Chazelle se ha sumado a la lista. Whiplash es una orgía musical vibrante, de una energía que desborda y contagia. Lo hace a través del jazz y su montaje. Del tempo y el ritmo que posee gracias al talento de un Chazelle que la construye a la manera de las partituras musicales, cambiando según el momento pero siempre en un punto muy alto, sin permitir nunca que la película se vuelva perezosa. La música es la otra mitad del truco —jazz y batería sin retoques y mostradas con una pasión desbordante— y J.K. Simmons su maestro de orquesta, cercano a la tradición de un Doctor House del mundo de la música, malhablado, cínico, irónico, sincero y muy duro. Se gana al público a los primeros cinto minutos y a partir de ahí uno se deja llevar de la mala leche con que Chazelle trata la relación maestro-alumno, sacando sudor y sangre —literalmente— de las manos de Miles Teller, el pasa-páginas de la orquesta con ínfulas de Buddy Rich. Su labor tiene el carisma y el espíritu generacional con el que John Cusack interpretó Alta fidelidad, otro filme repleto de música y amor que se convirtió con los años en cita de referencia de la indeterminada generación de los 80.

    Como su joven personaje, el director dirige Whiplash con la excitación de alguien que está dando su primer sólo, aunque en teoría esta sea su segunda película. Ya su ópera prima tenía mucho del filme de Frears y acercándose también a refrescantes ejercicios de estilo como el de Richard Aoyade en Submarine. Romances adolescentes llenos de música y parques en pleno otoño que buscan contagiar lo vibrante de esa emoción a través de una banda sonora que se convierta en parte esencial de cómo el protagonista exterioriza sus sentimientos. Damien Chazelle, jovencísimo director nacido en el 85, ha entrado con Whiplash en la nómina de futuras promesas norteamericanas a tener muy en cuenta cara al futuro. Su segundo trabajo se ha descubierto como una fiesta en torno al jazz de tira al espectador del asiento y obliga a levantarse y aplaudir en pleno filme. Así ocurrió en el pase que tuvo lugar en el Teatro Lumiere a las 19:45 —con 15 minutos de retraso en el estreno— que levantaron tal energía entre la asistencia que los vítores no se hicieron esperar. La gente tenía ganas de aplaudir de verdad, sin imposturas ni excusas. A Whiplash nadie le regaló aplausos. Se los ganó durante cinco minutos ininterrumpibles al final de la proyección. Pocos filmes tan divertidos y excitantes veremos en esta edición. | ★★ | 90/100 |

    Gonzalo Hernández
    enviado especial al Festival de Cannes 2014

    Ryan Gosling en la presentación de Lost River
    Feelmakers

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