Cuaderno de viaje
Análisis visual y narrativo de Twin Peaks: The Return (Episodios 1-6).
Esto no es una crítica. Convenimos en llamarlo cuaderno de viaje por darle algún nombre a un texto que, en los esquemas que habitualmente manejamos al escribir sobre cine/TV, no encaja en ninguna categoría definida. Evitaremos cualquier sentencia evaluativa escudándonos en que estamos hablando de una obra que no hemos visto en su totalidad, si bien esta excusa oculta también un acto de pura comodidad. Evaluar implica aplicar unos estándares que permiten situar una obra respecto a otras creadas mediante mecanismos similares de producción, convenciones estructurales de base y expectativas de recepción. Pero esta es una creación que, habiéndose pergeñado bajo mecanismos similares, se resiste a la aplicación de los mismos estándares evaluativos. Aparcaremos, por tanto, la tentación de la evaluación como modo de maquillar nuestra propia incapacidad para hallar estándares con los que enfrentarnos al regreso de
Twin Peaks. Quizá en las próximas entregas. Este es, además, un texto bien surtido de
spoilers. Detallaremos información importante tanto de la trama de los seis primeros capítulos que llevamos vistos como de algunas obras previas de David Lynch. La idea es que pueda complementar experiencias de visionado ajenas a la aquí descrita. Este aviso de
spoilers no es solo una advertencia. Es una declaración de principios que intuimos en el director y de la que nos apropiamos. El concepto de
spoiler no es solo un mecanismo creado para evitar el destripe de argumentos, sino la piedra angular de la forma que hemos asumido de consumir (nótese el verbo) series de televisión. La obligación sagrada del
spoiler-free genera el sobreentendido de que la experiencia de visionado se basa en la espera para desvelar uno mismo, antes de que nos lo estropee otro, los giros inesperados que aguardan en el camino. Como con las famosas tazas de Chip, la idea es vivir la experiencia en primera persona en lugar de ver cómo otros lo hacen, y para ello nos creamos la necesidad de ser los primeros en llegar. Lo de menos es que la vivencia de esa experiencia sea algo profundamente estandarizado, o como mucho polarizado. Ante la última muerte de
Juego de tronos o
The Walking Dead, uno puede hacer poco más que completar el ritual de ojiplatismo y manos a la cabeza antes de posicionarse con un mero a favor o en contra.
No negamos, quede claro, que los ejemplos mencionados tengan más capas y lecturas. Pero sí nos atrevemos a aseverar que esta presencia del
spoiler como chute de un nuevo giro electrizante previo a la larga espera de uno nuevo se ha consolidado como el principal mecanismo para mantener la fidelidad que por su naturaleza episódica necesita toda serie. Recordemos que el
spoiler no solo esconde giros inesperados, sino también respuestas a preguntas previamente generadas. La
Twin Peaks original, por supuesto, no se libraba de estos esquemas. El «¿quién mató a Laura Palmer?» escondía el interrogante más obvio de toda intriga criminal. Cuando la serie adelantó la respuesta dieciséis capítulos antes de terminar, el público quedó libre del mecanismo de enganche y las cifras de
share cayeron en perfecta consecuencia. La reacción del propio Lynch al desentenderse una vez fue obligado a desvelar el misterio nos habla de una evolución creativa que en aquella época estaba por fraguarse: en los noventa, el propio director no supo (o no quiso) enfrentarse al vacío tras el gran
spoiler. Lo pospuso veinticinco años. Ahora bien, en la
Twin Peaks de los noventa ya había una sustancia que trascendía al simple esquema de intriga y resolución. En términos nominales, la respuesta a «¿quién mató a Laura Palmer?» es Leland Palmer. Como en la mayoría de películas de Lynch, ello implica que en el nivel más superficial existe un crimen y un asesino. Pero, si enredamos un poco más la madeja, el asesino suele ejecutar el crimen de manera indirecta, contratado o directamente poseído por otra entidad. En el caso de Leland Palmer, esa entidad es Bob. Si a Laura Palmer la mató Bob, la pregunta que queda en el aire entonces es la de quién es exactamente Bob. Y ahí empieza el salto al vacío.