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    Luther Special

    Condensada vuelta al mundo de John Luther

    crítica de Luther | Cuarta temporada.

    BBC / 4ª temporada: 2 capítulos | Reino Unido, 2015. Creador: Neil Cross. Director: Sam Miller. Guionista: Neil Cross. Reparto: Idris Elba, Dermot Crowley, Michael Smiley, Rose Leslie, Joanna Croll, Laura Haddock, John Hefferman, Patrick Malahide, Darren Boyd, Warren Brown. Fotografía: John Conroy. Música: Paul Englishby.

    Idris Elba es una estrella, y como tal, encadena rodajes y promociones con asiduidad. Esa es una de las razones por las que, en apenas cinco años, solo se hayan hecho 16 episodios de Luther, y la principal causa de que esta temporada haya sido la más corta hasta la fecha. Tan corta (solo dos episodios de los habituales 58 minutos) que aunque sea muy buena no puede sino quedarse a medio camino. La ambición de la trama que plantea el retorcido creador Neil Cross le queda grande a dos horas de metraje, pero conociendo la serie se ve con claridad que es la única opción. El hombre gusta de meter a su fascinante protagonista en los apuros más grandes, y cada temporada consiste, más que en las investigaciones de los diferentes casos, en contemplar a John Luther atendiendo a varios calderos en el fuego. En esta ocasión, al siniestro villano de turno (un caníbal que lo es porque está afectado del Síndrome de Cotard, una enfermedad mental donde uno cree estar muerto, tanto figurada como literalmente) se suman impactantes noticias sobre Alice, que llevan a Luther a meterse con un capo criminal de la zona y a mirar atrás inesperadamente, a un caso de 1999 que cobra importancia de nuevo en su vida. Lo más consistente de esta breve temporada es, como siempre, la excelente interpretación de Elba, así como la escritura de Cross, que no pierde su talento para describir las peculiaridades de su protagonista y su entorno profesional.

    Un protagonista al que conocemos desde hace un tiempo pero que sigue siendo bastante enigmático para nosotros, la audiencia. Sólo sabemos con seguridad que, como todos los policías que la televisión refleja, quiere atrapar a los malos. Tiene una de las mejores caras de póquer de la historia del medio y desborda energía por los cuatro costados, de ahí que Elba lo encarne como un cable pelado que suelta chispas y se agita nervioso. Más que un personaje es un estado emocional, uno que funciona mejor en pequeñas dosis y que cumple a rajatabla la máxima del protagonista antiheroico que la llamada “televisión de calidad” lleva años mostrándonos. De lo que sí puede presumir el creador y uno de sus toques de distinción en esta era dorada del medio es de una galería de antagonistas memorable, criaturas retorcidas con grandes problemas mentales y métodos que supuran terror y violencia. Que en esta ocasión llegue el turno de un caníbal no debería sorprendernos, pero Cross se las ingenia para que ya desde su primera aparición se nos quede en el recuerdo este Steven Rose, y para que la explicación de su frenesí asesino tenga incluso hasta un matiz espiritual.

    por Anónimo
    enero 24, 2016

    Crítica en serie | Luther (T4)

    por Anónimo | enero 24, 2016

    De aprendices y maestros

    crítica de Jonathan Strange & Mr. Norrel.

    BBC | 1ª temporada: 7 episodios | Reino Unido, 2015. Creador: Susanna Clarke. Directores: Toby Haynes. Guionistas: Susanna Clarke, Peter Harness. Reparto: Eddie Marsan, Bertie Carvel, Marc Warren, Enzo Cilenti, Charlotte Riley, Paul Kaye, Ariyon Bakare, Samuel West, Alice Englert, Edward Hogg, Vincent Franklin, John Heffernan, Brian Pettifer. Fotografía: Stephan Pehrsson, Lukas Strebel. Música: Benoît Charest, Benoît Groulx. Productoras: BBC / Cuba Pictures / BBC America / Bell Media / Cité-Amérique / Far Moor / Feel Films / Screen Yorkshire.

    Antes de que causaran furor las sagas distópicas sobre Estados totalitarios que se ensañan con jóvenes líderes revolucionarios; o antes de que se pusieran en boga los triángulos amorosos un tanto inverosímiles entre vampiros, humanos y hombres lobos benevolentes; o de que el multifacético Neil Gaiman fuese masivamente reconocido y reverenciado por todo Occidente –por quienes lo han leído y por aquellos que no lo han hecho, pero que aún así lo ponderan-; o antes incluso de que los interminables avatares del estigmatizado Potter conocieran finalmente un desenlace, existió una novela, un único tomo de exquisitas ochocientas páginas que renovó la forma de concebir el género fantástico. Su trama no se desarrollaba en ningún futuro postapocalíptico o presente paralelo (como era el caso de todo ese mundo mágico que se desenvolvía a espaldas de las mundanas vidas muggles, en la obra de J. K. Rowling), sino que transcurría en el pasado, más precisamente en los albores de la Época Victoriana. Para narrar los grandiosos acontecimientos fantásticos que allí tenían lugar, la autora, una casi desconocida Susanna Clarke, utilizó una prosa que remitía a la comedia social de Jane Austen, y a la que complementó con una estructura de estilo ensayístico, compuesta de notas al pie sobre la historia de la magia, referencias a personajes célebres de las artes ocultas y cuentos cortos vinculados a la temática. Esta experiencia narrativa y literaria le valió a Clarke no solo el reconocimiento de sus lectores y la crítica, también la obtención de numerosos galardones y la nominación al Premio Booker.

    Pero al tiempo que crecía su favorable recepción, también se agigantaba su fama de novela incapaz de ser filmada, como en el pasado lo había sido la trilogía de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, o como todavía lo siguen siendo algunas producciones del propio Gaiman. Por eso cuando en 2015 la BBC confirmó el estreno de una versión televisiva de Jonathan Strange y el señor Norrell, las expectativas tras el anuncio se dispararon inmediatamente. Desoyendo todas las evidencias que sugieren jamás ilusionarse de antemano con las adaptaciones fílmicas de novelas de esta envergadura, los amantes del libro no pudieron hacer otra cosa que maravillarse, sobre todo teniendo en cuenta los logros que la misma cadena británica había obtenido con la adaptación de la obra de Arthur Conan Doyle en la miniserie Sherlock. Y a juzgar por los resultados finales, es necesario reconocer que la BBC, lejos de decepcionar, ha conseguido trasladar a la pantalla pequeña la esencia de un libro cuya escritura le demandó a su autora más de diez años. La primera razón de ello se debe a que la serie mantiene los lineamientos argumentales básicos de la compleja novela que la inspiró: corre el año 1806 y en Inglaterra el ejercicio de la magia lleva varios siglos sin practicarse, siendo los únicos magos reconocidos los caballeros que integran la Sociedad de Magos de York, selecto grupo de eruditos que solo se dedican a historiar sobre la magia medieval. Hasta que un día aparece un enigmático hombre llamado John Childermass (Enzo Cilenti), quien osa proclamar que en Inglaterra aún existe un mago practicante, y que dicha persona es nada más y nada menos que su propio empleador, el desconocido señor Gilbert Norrell (interpretado por el genial Eddie Marsan). Para aplacar el escándalo que esta afirmación desata en los miembros de la Sociedad de Magos de York, Childermass propone un desafío: si el señor Norrell logra ejecutar un acto de magia, los integrantes de la sociedad de York deberán disolver su grupo y renunciar a su autoadjudicada condición de magos.

    por EAM
    enero 17, 2016

    Crítica en serie | Jonathan Strange y el señor Norrel (T1)

    por EAM | enero 17, 2016
    Cucumber

    Un estudio del Instituto del Sexo de Suiza dividió los estados de la erección masculina en cuatro. La primera fase, la flacidez, se llamó Tofu. El comienzo de la erección recibió el nombre de Banana (sin pelar). Le sigue la Banana (ya pelada), y por último Pepino, la erección máxima. El popular guionista británico Russell T Davies –responsable de la Queer as folk original (1999-2000) y resucitador de las franquicias Doctor Who (2005-), en la que trabajó hasta 2010; y Torchwood (2006-2011)–, encontró el estudio tan curioso como divertido, y tuvo la brillante idea de crear una trilogía de series que deberían su nombre a los alimentos metafóricos y que tratarían la sexualidad en la actualidad, poniendo especial foco en el colectivo LGTB y sin muchos tapujos a la hora de representar el sexo. El resultado, que por supuesto compró la atrevida Channel 4, es una narrativa que funciona con independencia pero que se disfruta mejor cómo se ha emitido: junta. El experimento terminó hace unos días, y merece la pena ser destacado y analizado, más concretamente en el mismo macrotexto, respetando el espíritu juguetón de Davies. Esto es Cucumber – Banana – Tofu.

    por Anónimo
    marzo 22, 2015

    Crítica en serie | Cucumber / Banana / Tofu

    por Anónimo | marzo 22, 2015
    Downton Abbey

    El culebrón más exquisito

    crítica a Downton Abbey (2010-) | Quinta temporada / ★★★

    ITV | 5ª temporada: 9 capítulos | Reino Unido, 2014. Creador: Julian Fellowes. Directores: Catherine Morshead, Minkie Spiro, Philip John, Michael Engler. Guionista: Julian Fellowes. Reparto: Hugh Bonneville, Laura Carmichael, Jim Carter, Brendan Coyle, Michelle Dockery, Kevin Doyle, Joanne Froggatt, Robert James-Collier, Allen Leech, Phillys Logan, Elizabeth McGovern, Sophie McShera, Lesley Nicol, Maggie Smith, Penelope Wilton, Lily James, Raquel Cassidy, Tom Cullen, Julian Ovenden, David Robb, Jeremy Swift, Douglas Reith, Jonathan Coy, Matt Barber, Daisy Lewis, Penny Downey, James Faulkner, Sue Johnston, Richard E. Grant, Rade Sherbedgia, Howard Ward, Catherine Steadman, Ed Speleers. Fotografía: Nigel Willoughby, Graham Frake, Michael McDonough. Música: John Lunn.

    El prestigio es un fenómeno muy curioso, capaz de cambiar percepciones y juicios, tanto para bien como para mal. Con el permiso de Doctor Who o Sherlock (2010-), Downton Abbey es probablemente la serie británica actual más popular y exitosa, bañada en premios y nominaciones (logró entrar en la categoría de Drama en los premios norteamericanos, algo nada habitual porque las series británicas suelen presentarse como miniseries o TV-Movies) y con un alcance internacional, una operación creativa y de producción que le ha salido redonda al creador Julian Fellowes, recordemos oscarizado guionista por Gosford Park (Robert Altman, 2001) y al productor Gareth Neame. En su quinta temporada, y con una sexta ya asegurada, la serie detiene un poco sus habituales saltos temporales (ha cubierto 12 años de acción en apenas 43 capítulos) y se centra en narrar el 1923/1924 en el hogar que da título a la serie, centrando como siempre la atención en la vida y relaciones de la familia Crawley y el servicio del sitio. Fellowes, creador que firma cada episodio, algo habitual en la televisión inglesa, sigue logrando la hazaña de administrar ejemplarmente los 47 minutos de rigor por episodio, los poco más de 60 de los principios y finales de temporada y los 90 del especial de Navidad para que casi una veintena de personajes regulares tengan tramas propias, material con el que trabajar para el estupendo y muy compacto reparto. El tema del prestigio sale a colación al hablar de Downton Abbey porque, esencialmente, la serie es un culebrón. Un culebrón exquisito, precioso, con los mejores medios a su disposición, unos diálogos más que decentes y unos intérpretes entregados a la causa. Sí, todo eso es cierto, pero no deja de ser un culebrón. Prestigioso, eso sí, y por tanto no denostado como muchos de los culebrones que asolan la parrilla televisiva. Es verdad que la serie tiene un nivel de calidad que muchos de estos seriales histéricos no logran ni por asomo, pero no se puede obviar que cada vez sufre más los problemas de toda serie que basa su atractivo en las relaciones personales de los protagonistas. Los vaivenes sentimentales, las revelaciones sorpresa, los enamoramientos, los crueles sucesos del destino, el sufrimiento constante, las dudas de infidelidad, los cotilleos... un culebrón de manual, que en un principio deslumbraba por su coartada histórica y por lo bien hecho que está todo pero que ya, en una quinta temporada, parece que no tiene otra opción que la de seguir creciendo en intensidad, dramatismo e histerismo, forzando la paciencia del espectador. Aunque también, suponemos, enganchando a los propensos a seguir esta concatenación de eventos sorprendentes con la boca abierta y ganas de saber más.

    Poco después de la presentación en sociedad de Lady Rose con que se despidió la cuarta temporada, la quinta tanda arranca con los personajes en medio de sus ajetreadas existencias en Downton. Una de las cosas más llamativas de la serie es que para Fellowes manda la historia y la lógica imperante de los acontecimientos, de manera que no se debe coger especial cariño a ningún personaje, especialmente si es parte del servicio, porque puede desaparecer si la trama así lo requiere. Así, para cuando terminen estos nueve episodios, Jimmy, Tom y parece que Rose estarán fuera de la historia. El primero por ser despedido tras acostarse con una invitada que le acosaba; el segundo porque al fin toma la decisión de emigrar a América a vivir su vida de idealista y hombre común y la última porque, para sorpresa de todos, conoce a un joven que para el final de la temporada será su marido. Es curioso que el personaje de Rose, que representaba la juventud salvaje e irresponsable, haya acabado domesticándose hasta ser “mujer de”. Eso sí, siendo esto Downton Abbey, el creador no puede dejar escapar la oportunidad de incluir un comentario sobre el antisemitismo al casar a Rose con un joven judío y chocar convencionalismos en las familias. El aspecto más interesante de la serie ha residido siempre en cómo Fellowes filtra los acontecimientos históricos y sociales en el clan familiar protagonista y su servicio, y en esta ocasión se hablará de las oleadas de inmigrantes rusos tras la Revolución, de la progresiva aceptación de conductas “inmorales” para la época, del peso del apellido, la honra de jóvenes tras la guerra o los horizontes de los miembros del personal que sienten cómo se aproxima un cambio de orden.

    por Anónimo
    enero 15, 2015

    Crítica en serie | Downton Abbey (Temporada 5)

    por Anónimo | enero 15, 2015
    Derek (2012-2014)

    Bondad en un mundo cínico

    crítica a Derek (2012-2014).

    Channel 4, Netflix / 2 temporadas y un especial: 14 capítulos | Reino Unido, 2012, 2013, 2014. Director: Ricky Gervais. Guionista: Ricky Gervais. Reparto: Ricky Gervais, Kerry Godliman, David Earl, Tim Barlow, Arthur Nightingale, Margaret Towner, Ninette Finch, Sheila Collings, Barry Martin, Prem Modgil, Blanche Williams, Brett Goldstein, Holli Dempsey, Karl Pilkington, Kay Noone, Laura June Hudson, Tony Rohr. Fotografía: Martin Hawkins. Música: Ludovico Einaudi.

    Derek no es una buena serie. Es blanda, sentimentaloide, muy funcional en la escritura y tan obvia en sus intenciones que uno piensa que el gran Ricky Gervais está proponiendo la más sofisticada de las bromas. Pero no. Oírle hablar de la serie, su proyecto del que está más orgulloso, supone darse cuenta de que Derek es lo que ves, y lo que ves no es nada perdurable. Ahora, dentro de la serie hay un elemento tan interesante, casi trangresor, que justifica el visionado de sus escasos 14 episodios: el personaje de Derek y lo que despierta en cada miembro de la audiencia. Tras cultivar una maravillosa carrera retratando con acierto personajes descreídos que son capaces de humillarse ante el infinito por un minuto de gloria pública, y crear una imagen de superdotado cómico cuyos dardos están cargados de veneno, Gervais ha decidido dejar que su lado más sentimental, aquel que estaba presente en sus criaturas televisivas y cinematográficas, sea el que tome el control casi absoluto a la hora de poner en pie una nueva serie, la primera sin la compañía de Stephen Merchant, que a su vez ha desembarcado sin éxito en HBO con Hello ladies (2013-2014). Así nace Derek, un personaje que es todo bondad, que no tiene una pizca de mala leche en su cuerpo, y que es el trabajo de mayor entrega del Gervais actor, por el que ha sido nominado a un Emmy y a un Globo de Oro que podría ganar en unas semanas. Lástima que el Gervais guionista parezca haber puesto esta vez el piloto automático, desde el primer episodio de prueba, que el hombre-orquesta hizo y difundió en 2012 para ver si la gente respondía bien a su nuevo concepto, hasta el habitual especial de despedida de mayor duración con el que cierra sus series, nunca más allá de dos temporadas, y que se emitió hace unos días.

    A Derek le chiflan los animales, los vídeos de gatitos en Youtube, la música, la gente mayor, hacer lucha libre, preguntar cosas y ser amigo de alguien. Cada día es una aventura, y tiene la mejor de las disposiciones ante todo. Tiene tics y camina encorvado, pero no sufre necesariamente un retraso mental. Piensa con la rapidez de cualquiera y tiene una curiosidad incansable. Es toda una inspiración. El ánimo del personaje es lo que ha movido, siempre hacia delante, una comedia con alma que buscaba la lágrima, a veces hasta impúdicamente. En su cruzada por transmitir la verdad de un personaje más grande que la vida, aunque nunca imposible, el creador ha emplazado la acción de la serie en una residencia de ancianos, reflejando la relación del protagonista con los miembros, con el personal –en especial con Hannah, su amor platónico y puro– y con el personaje más extremo de la serie y el encargado de poner las notas de humor, aunque a veces sea puro desbarre: Kev, alcohólico, de higiene cuestionable y obseso sexual. En la primera temporada, el colaborador habitual de Gervais, Karl Pilkington, interpretó al conserje manitas de la residencia, Dougie, pero parece ser que el hombre se ponía muy nervioso actuando y pidíó a su amigo que escribiese su salida de la trama. El sustituto fue Geoff, personaje que como pasará en varias ocasiones en la serie, acabará rendido ante los encantos del protagonista. El inglés nos viene a decir que su personaje, con su desbordante humanidad y cero pose, es capaz de contagiar su ánimo al resto del mundo. Es ese pulso constante donde la serie encuentra sus momentos más interesantes, aunque se tiene todo el rato la duda de si lo que está haciendo el director/guionista/protagonista es un ejercicio mayúsculo de egocentrismo o un reto tanto para sí mismo como para el espectador.

    por Anónimo
    enero 14, 2015

    Crítica en serie | Derek (2012-2014). Análisis final

    por Anónimo | enero 14, 2015

    Recomiéndala a tus clones

    crítica de Orphan Black (2013-) | Temporada 1 | ★★★★★ |

    BBC America | Canadá, EE.UU, 2013. 1ª temporada: 10 capítulos. Creadores: Graeme Manson & John Fawcett. Directores: Graeme Manson, John Fawcett, T.J. Scott, David Frazee, Ken Girotti, Brett Sullivan, Grant Harvey. Guionistas: Graeme Manson, John Fawcett, Alex Levine, Karen Walton. Reparto: Tatiana Maslany, Skyler Wexler, Jordan Gavaris, Dylan Bruce Kevin Hanchard, Inga Cadranel, Maria Doyle Kennedy, Michael Mando, Drew Davis, Millie Davis, Kristian Bruun. Música: Trevor Yuile. Fotografía: Aaron Morton.

    Imagínense un verdadero caleidoscopio argumental que surca sofisticados laboratorios, turbios callejones, sórdidas jaulas, pelucas camaleónicas y un cóctel de acentos inusuales; una historia adictiva como pocas, capaz de mezclar clímax socarrones y repletos de tensión, erotismo, drama y violencia, chantajes y experimentos bizarros, conspiraciones y hurtos de identidades, humor negro y carcajadas, clones, y, por supuesto, una única actriz que se desdobla magistralmente para interpretar a todas las protagonistas. Sí, estamos hablando de Orphan Black, el serial canadiense de BBC América que, sin grandes pretensiones a priori, se ha ganado el favor de crítica y parrilla gracias a combinar de forma novedosa y potente la ciencia-ficción, el thriller adrenalínico, el sarcasmo y las emociones, amparándose en una estética con tintes cyber-punk que logra que los fans de lo “pulp” se rindan a sus encantos. Y a la cabeza del fenómeno, un nombre que reluce con mayúsculas: Tatiana Maslany, toda una sorpresa interpretativa, pues nos topamos con una mujer carismática y talentosa que se desinhibe entre dialectos, peinados y expresiones faciales, mostrándonos las diferentes caras de este intrincado juego de clones en el que cada capítulo se abre como una matrioshka, y donde ella solita copa casi todo el reparto principal. Hablar de Orphan Black es también mentar a priori la relevancia de sus creadores: Graeme Manson, guionista del maravilloso filme de culto Cube (Vincenzo Natali, 1997), y John Fawcell, autor de Ginger Snaps (2000), una de las obras más queridas por el público fanático del terror de mujeres lobo. Tomando prestadas como reclamo para el nombre de cada capítulo de esta primera temporada citas pertenecientes al libro El origen de las especies, de Charles Darwin, el origen de la historia lo hallamos en la revelación con la que se choca Sarah Manning, la máxima protagonista de la serie: En torno a la treintena, siempre metida en líos y con una vida personal caótica y desordenada, esta joven huérfana inglesa se choca con el suicidio de Beth Childs ante las vías del tren, y huye usurpando la identidad de la susodicha (cuenta bancaria y trabajo en la comisaria de policía incluidos), sorprendida de que los rasgos de Beth sean exactamente iguales a los suyos. Sarah había vuelto a la ciudad tras un año de ausencia con los bolsillos vacíos y la esperanza de vender una bolsa de cocaína hurtada a su ex novio drogadicto, con la idea de recuperar a su pequeña de seis años y escapar con ella en busca de una vida normal. Sin embargo, ya desde el comienzo el enigma se presenta suculento: la suma de dinero que contiene la cuenta de Beth es desorbitada, y su caja fuerte resguarda partidas de nacimiento de algunas mujeres de su misma edad, las cuales forman parte de un proyecto genético experimental de los años 70.

    Así pues, una trama compleja en espiral de ritmo trepidante y múltiples frentes abiertos nos descubre paulatinamente (y ganando puntos con el añadido de cada nueva entrega) a Kira, la risueña y empática hija de Sarah, al cuidado de la misteriosa Mrs. S; su hermanastro de crianza y mejor amigo Felix (interpretado por un soberbio Jordan Gavaris), un joven artista buscavidas un tanto snob pero de carácter adorable que pinta cuadros en un apartamento garabateado de graffitis y que protagoniza las líneas más ingeniosas de diálogo; los experimentos del turbio Instituto DYAD (responsable de la creación de las clones, y su vigilancia mediante “monitores” secretos); el siniestro e inteligente Doctor Leekie; los encuentros de neoevolucionistas; los compañeros del cuerpo de policía de Beth Childs, y la relación de ésta con la muerte irresoluta de la civil Maggie Chen; Paul, el atractivo ex-novio de Beth con un pasado militar velado; o Thomas, un proletariano de oscuras convicciones religiosas. Este entramado de personajes secundarios completa a las clones protagonistas, cuyo pasado y origen será cuestionado por nosotros a la vez que por ellas mismas. Además de Sarah (la más salvaje, impulsiva y valiente), conoceremos a la entrañable Cosima, una científica alegre y espiritual de aspecto hippy que investiga el desarrollo evolutivo junto a la magnética Delphine; a la maruja frustrada Allison, ama de casa genuina y encantadora con vocación teatral que cuida de sus hijos y vive en una urbanización residencial (ya al sonar su leitmotiv nos recuerda irremediablemente a Desperate Housewives (2004-2012) y protagoniza la vertiente más cómica de la serie, gracias a ese perfil neurótico que la muestra enganchada a las pastillas, las copas de vino y como inusual amante de las armas) y a la asilvestrada y terrorífica Helena, criada en un convento ucraniano y asesina profesional con impulsos psicóticos, hambre voraz por la comida, y conducta un tanto animal, la cual cree ser la original y el resto, abominaciones de la naturaleza a las que hay que eliminar, sin olvidarnos de las apariciones de la alemana Katja o de la fría y “proclonada” ejecutiva Rachel.

    por Anónimo
    septiembre 13, 2014

    Crítica en Serie | Orphan Black (Temporada 1)

    por Anónimo | septiembre 13, 2014
    The Honourable Woman

    Exquisito y comprometido thriller político

    crítica de The Honourable Woman | ★★★★

    BBC, Sundance Channel | Miniserie de 8 capítulos | Reino Unido, EE.UU, 2014. Dirección y guión: Hugo Blick. Reparto: Maggie Gyllenhaal, Lubna Azabal, Stephen Rea, Katherine Parkinson, Andrew Buchan, Genevieve O´Reilly, Janet McTeer, Igal Naor, Eve Best, Martin Hutson, Lindsay Duncan, Philip Arditti, Tobias Menzies, Oliver Bodur. Productora: Drama Republic, Eight Rooks LTD, BBC Worldwide, Sundance Channel. Fotografía: Zac Nicholson, George Steel. Música: Martin Phipps.

    “¿En quién confías? ¿Cómo lo sabes? ¿Por lo que parecen? ¿Por lo que hacen? ¿Cómo? Todos tenemos secretos. Y todos decimos mentiras, para ocultarlos a los demás... y a nosotros mismos. Pero a veces, muy a menudo, algo sucede que no te deja otra opción que revelarlas. Dejar que el mundo vea cómo eres de verdad. Tu yo secreto. Pero en general mentimos, escondemos nuestros secretos de los demás y de nosotros mismos. Y la manera más sencilla de hacerlo es ni siquiera saber cuáles son. Así que cuando lo piensas así, es increíble que seamos capaces de confiar en alguien”. Con esta brillante reflexión se abre The honourable woman, y durante sus ocho episodios oiremos la narración o partes de ella acompañando a los sucesos de los episodios anteriores, que cada vez se acumulan más. La cuestión ahí planteada es la de la confianza, tema universal y peliagudo sobre el que Hugo Blick compone esta portentosa miniserie. Su protagonista, esa “mujer honorable” del título, es ¿o no es? Nessa Stein. Nessa, de raíces israelís, ha decidido aportar lo que pueda para mejorar las relaciones entre Israel y Palestina. Junto a su hermano Ephra vio como su padre era cruelmente asesinado en una escena magistral y retorcidamente hermosa, y el trauma de esto se suma a otra experiencia en 2006 que la lleva a presidir su empresa con objetivos claros: educar, instalar Internet para unir y ser conciliadora.

    A veces el mundo real se adelanta a los acontecimientos ficticios de una forma inesperada, haciendo que la idoneidad del estreno de algo cobre otro nivel de sentido. The honourable woman se ha estrenado en medio de un recrudecimiento del conflicto palestino-israelí que ha convertido Gaza en foco de decenas de muertes y fuente constante de noticias. Es difícil ver la miniserie sin tener esto en mente, y más cuando Blick no bordea el conflicto ni lo usa como mera excusa narrativa. El director y guionista tiene su propia opinión sobre el tema, y lo traduce a la pequeña pantalla con un amplio abanico de personajes que expresan puntos de vista nada complacientes y componen un poliedro de opciones, amén de una demoledora charla final “entre ambos países”, personificados en Nessa y el abuelo de Kasim. El talento de Blick reside en que es capaz de compaginar un material dramático de peso con una apuesta visual igualmente potente, con un cuidado para la composición del encuadre encomiable. Es un sabio escénico, capaz de gastar minutos y minutos de metraje en crear momentos de gran suspense, aunque no hagan avanzar mucho la historia (la muerte de la amante falsa, el tramo final de la búsqueda de Nathaniel). Es en ese cuidado por el equilibrio de la historia y su representación visual donde The honourable woman encuentra su toque de distinción. Un equilibrio que el creador ya logró en su anterior miniserie, la maravillosa The shadow line (2011), ejemplo de neonoir donde la corrupción policial era examinada con cristalina lupa. Desde la rítmica cabecera de la miniserie que nos ocupa, con importantes frases e imágenes aisladas, se puede ver el interés de su responsable por la narración como puzzle y el clásico binomio acción/consecuencia.

    por Anónimo
    agosto 25, 2014

    Crítica en Serie | The Honourable Woman

    por Anónimo | agosto 25, 2014

    PRIMERA TEMPORADA DE DOCTOR WHO

    1963-1964
    especial 50 Aniversario de Doctor Who

    En un verano infernal de hace varios años mi padre construyó una TARDIS. Con unas cuantas maderas y unos cartones pintados de azul pronto tuvo en pie una cabina de policía británica de los años sesenta. Para los conocedores de la serie Doctor Who, esto es una TARDIS (Time And Relative Dimensions In Space: tiempo y dimensiones relativas en el espacio): una nave espacial capaz de viajar no solo por los universos, el nuestro y alguno que otro paralelo, sino también por el tiempo. Quizá la más icónica de las naves temporales compitiendo en nuestro imaginario fantástico con esa otra cuya forma asemeja una antena parabólica con un sillón decimonónico algo kitsch adosado a ella: la que todos conocemos gracias a la magnífica película El tiempo en sus manos (The Time Machine, 1960), en la que el genial George Pal, su director, nos mostraba a un Rod Taylor en el papel del mismo Herbert George Wells, el autor de la novela original en la cual se inspiraba el film, viajando a través del tiempo y fascinándonos tanto con las maravillas como con los horrores que una experiencia así podría enseñarnos.

    Pero no dejemos de viajar en el tiempo y volvamos a ese verano del pasado, a esa rudimentaria TARDIS que se erguía solitaria ante una casa perdida en mitad del campo. Me veo a mí mismo saliendo al sol de la tarde con las piedras calcinándose en lo más crudo del día. De pronto, escucho un ruido procedente del interior de la, en fin, llamémosla nave. Abro la puerta y encuentro sentada en su suelo a mi sobrina María, entonces tenía siete años, enredando con los cables, teléfonos rotos y demás cachivaches pseudo futuristas con los que mi padre había adornado las paredes de la TARDIS.

    -María, ¿qué haces aquí sola?

    -Nada, tito, voy a viajar en el tiempo.

    -Ah, muy bien. ¿Y a qué año vas a ir?

    -Al año 2.163.

    Me echo a reír por la rapidez de la respuesta, tan concreta además.

    -Vaya, 2.163, ¿por qué ese año?- le pregunto intentando burlarme un poco de ella, inocente de mí.

    -¿Y por qué no?

    Y mi sobrina me mira y sonríe como haría quien tuviera que dirigirse a alguien un poco tonto al que hay que explicárselo todo. Claro, ¿por qué no ese año? ¿Por qué no viajar por el espacio y el tiempo en una cabina de policía británica? Esta anécdota creo que es la esencia de mi serie de televisión favorita de todos los, valga decirlo, tiempos. Somos niños ante ella, y en ella todo es posible y es verdad. ¿Y por qué no?

    por José Luis Forte
    marzo 10, 2014

    Especial Doctor Who | Doctor Who, Temporada 1 (1963-1964)

    por José Luis Forte | marzo 10, 2014
    The Day of the Doctor

    THE DAY OF THE DOCTOR

    dirigido por Nick Hurran, 2013
    Episodio especial 50 aniversario (50th Anniversary Special)

    Tras una espera que asemejó una larga estadía en el infierno, al fin llegó el mes de noviembre del año 2013: el mes del Doctor Who. El día 23 se estrenaba el episodio especial que conmemoraba el 50 aniversario de la serie y abandonamos la isla perdida en la que nos habíamos ocultado, nos afeitamos nuestras luengas barbas, nos aseamos como corresponde y nos vestimos con nuestras mejores galas. Ya estábamos listos para volver a la vida de nuevo. Nueve días antes la BBC había presentado un breve mini episodio de poco más de siete minutos de duración como introducción a lo que estaba por venir, arrojando un poco de luz sobre el tremendo cliffhanger con el que se había puesto fin a la séptima temporada: un nuevo Doctor había surgido de las nieblas del pasado y todo el mundo se preguntaba quién demonios era ese anciano de mirada fiera que tras los poderosos rasgos del actor John Hurt nos obligaba a cambiar la numeración con la que se reconoce a los doctores a falta de nombre. The Night of the Doctor (John Hayes, 2013) comienza con una nave espacial en llamas y una cámara nerviosa que se mueve de un lado a otro y no se detiene ni un instante en su afán por transmitirnos el caos del momento. La nave está cayendo hacia un planeta casi anhelando su destrucción. La piloto clama por la necesidad de un doctor, y entonces hace su magistral entrada el octavo Doctor, Paul McGann, diciendo en voz alta una frase magnífica dirigida al anonadado espectador que jamás hubiera esperado verle de nuevo en el serial: “Yo soy un Doctor, pero probablemente no soy el que esperabas.” La nave se estrella y a partir de ahí asistimos a cuatro minutos en tiempo real en los cuales se nos explica el gran porqué de ese nuevo Doctor. Sigue el rodaje con la cámara al hombro y aquí ya molesta un poquito más, pero es tan emocionante lo que empezamos a adivinar que se avecina que no nos detenemos ni a respirar: la regeneración del octavo Doctor en su sucesor, que no será Christopher Eccleston como todos habíamos supuesto, sino John Hurt, presentando un giro de guion tan espectacular que uno olvida que tuvo su origen en la negativa de Eccleston de volver a la serie, por lo que este personaje concebido para él hubo de resolverse creando un nuevo Doctor sobre el que volcar toda la proyectada trama. Paul McGann ha tenido así su regeneración, el único Doctor del que nos había sido arrebatada, y podemos comprobar la intensidad y la emoción que su actuación impone en tan pocos minutos. El Doctor que solo tuvo una película de televisión, dirigida por Geoffrey Sax en 1996, pero que apareció en cuatro temporadas de audio libros generando su propia mitología se despedía con una llamarada tan épica como desesperada. 

    por José Luis Forte
    febrero 18, 2014

    Especial Doctor Who | The Day of the Doctor

    por José Luis Forte | febrero 18, 2014
    Sherlock - The Sign of Three (3x02)

    ¿Y ahora qué?

    crítica de Sherlock (2010-) [BBC One] | Temporada 3

    Con esta pregunta arranca, dos años después, la nueva temporada del fenómeno Sherlock. Sabiendo que Holmes fingió su propia muerte, tenemos tres nuevos capítulos de casi 90 minutos y que sus protagonistas han rodado entre película y película. La serie es, y se nota en pantalla, como volver al hogar para todos los implicados. No puede ser casualidad que la pareja de Martin Freeman y los progenitores de Benedict Cumberbatch interpreten personajes en esta tanda de episodios. Es ya como una empresa familiar. Las nuevas historias, adaptaciones de nuevo del trabajo de Conan Doyle, ponen a nuestros protagonistas en diversos apuros. Pero en esta ocasión los casos están algo desdibujados en detrimento de perfilar mejor la nueva dinámica personal de la pareja central de la serie. Watson se casa y veremos como esto influye en Sherlock.

    La temporada es muy divertida y contiene más de una bienvenida sorpresa, como el retorno de Moriarty en más de una forma, una breve relación de Sherlock con una dama de honor de Mary Watson o el vistazo a un club de fans del detective que cavilan sobre qué pasó con él. John Watson será sometido indirectamente a un pequeño psicoanálisis y Sherlock va a buscar pistas bajo los efectos del alcohol. Tras establecer unas negras circunstancias, la pregunta que titula este escrito también vale para el cierre, pues un enigmático ¿regreso? se materializa en los últimos segundos de la serie.

    por Anónimo
    enero 22, 2014

    Crítica en Serie | Sherlock (Temporada 3)

    por Anónimo | enero 22, 2014

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