Introduce tu búsqueda

S8
FICX Imatge Permanent
  • Cine Alemán Siglo XXI
    Mostrando entradas con la etiqueta Paul Feig. Mostrar todas las entradas
    Paul Feig
    Paul Feig
    || Críticas | ★★★★☆
    La asistenta
    Paul Feig
    Secretos bajo la alfombra


    José Martín León
    Telde (Las Palmas) |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2025. Título original: The Housemaid. Dirección: Paul Feig. Guion: Rebecca Sonnenshine (Novela: Freida McFadden). Producción: Paul Feig, Laura Allen Fischer, Todd Lieberman. Productoras: Feigco Entertainment, Hidden Pictures, Lionsgate. Fotografía: John Schwartzman. Música: Theodore Shapiro. Montaje: Brent White. Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Indiana Elle, Elizabeth Perkins, Amanda Joy Erickson, Megan Ferguson.

    Con más de veinte millones de copias vendidas en todo el mundo, La asistenta ha sido, sin duda, uno de los éxitos editoriales más aplastantes de los últimos años. Su autora, Freida McFadden, ha sabido rentabilizarlo con dos secuelas, El secreto de la asistenta y La asistenta te vigila, publicadas en 2023 y 2024, respectivamente, viendo, además, como Hollywood ponía sus ojos en la primera novela para ser adaptada a la gran pantalla en una película que, como no podía ser de otra manera, ha terminado consolidando el fenómeno, convirtiéndose en uno de los triunfos de taquilla más destacados de la actualidad, plantando cara al mismísimo James Cameron y a su Avatar: Fuego y cenizas (2025). Si la clave del éxito de aquel bestseller residía en una historia repleta de sorpresas y giros inesperados, narrada desde diferentes perspectivas y alternando pasado y presente, de manera fluida y muy, muy adictiva, su adaptación cinematográfica no se queda atrás a la hora de ofrecer elementos más que suficientes para edificar un thriller psicológico de lo más disfrutable. Tras las cámaras tenemos a Paul Feig, un cineasta curtido en grandes series de televisión, como Freaks and Geeks, Mad Men o The Office, que ha sabido labrarse una interesante trayectoria en el cine, destacando en su filmografía La boda de mi mejor amiga (2011), una de las comedias más divertidas de los últimos tiempos, o el díptico formado por Un pequeño favor (2018) y su secuela Otro pequeño favor (2025), que, protagonizadas por Blake Lively y Anna Kendrick, mezclaban con ingenio humor y misterio, dentro de un ambiente de lujo que también podría remitirnos a su último trabajo, La asistenta. Feig, excelente director de actrices (ha sabido sacar lo mejor de Melissa McCarthy en algunos de sus vehículos cómicos más hilarantes), abandona momentáneamente el género de la comedia para entregarse a la puesta en imágenes de una de esas novelas creadas para lectores poco exigentes, rápidas y directas, que parecen diseñadas para amenizar cualquier viaje en avión de larga duración, por su facilidad pasmosa para enganchar desde el primer capítulo.

    Asistimos a historia de Millie, una joven que esconde un pasado tormentoso, que incluye una larga estancia en prisión, y que malvive en el interior de un coche, buscando una oportunidad laboral que cambie su vida. Y esta oportunidad parece llegar cuando es elegida por Andrew y Nina Winchester, un matrimonio adinerado, padres de una niña, para que sea su sirvienta en una mansión de ensueño. Como podrá adivinar cualquier espectador un poco curtido en intrigas domésticas de sobremesa, lo que en principio parece idílico, caras amables y promesas de un futuro mejor, poco a poco, se irá destapando como algo turbio y peligroso, ya que los Winchester esconden más de un secreto que hará que la experiencia laboral de nuestra protagonista sea poco más que una pesadilla. Conviene no desentrañar nada más de su argumento, pero La asistenta comienza siendo demasiado parecida a esa multitud de telefilmes que invaden las tardes y que se devoran con la misma facilidad con la que luego se olvidan, solo que aquí se nota la mano de un buen director detrás y cuenta con un cuarteto de actores de lo más atractivo, aunque sean las dos actrices quienes se hagan dueñas y señoras de la función. Este es otro de los grandes aciertos de la cinta, la elección de Sydney Sweeney y Amanda Seyfried para los roles antagónicos (o no tanto) de Millie y Nina, respectivamente. Sweeney es toda carisma y no cae en el dibujo fácil de pobre víctima indefensa, ya que su personaje presenta, casi, tantos claroscuros como los de esa Nina que borda una Seyfried pletórica, capaz de dar auténtico miedo en sus escenas más extremas, aquellas que la presentan como una mujer altamente perturbada, tóxica, celosa y controladora. Por su parte, Brandon Sklenar y Michele Morrone poco pueden hacer para no desaparecer ante semejante duelo interpretativo entre féminas, especiamente el segundo, cuyo personaje del jardinero Enzo queda reducido a una presencia meramente decorativa, a pesar de ser la única persona que conoce lo que se cuece en esa casa y trate de prevenir a Millie. Mejor suerte corre Sklenar, cuyo rol del perfecto señor Winchester gana peso en la segunda mitad de la película y no lo hace nada mal.

    La asistenta podía haber sido un thriller psicológico más, de esos que evocan a clásicos noventeros como La mano que mece la cuna (Curtis Hanson, 1991) o Mujer blanca soltera busca (Barbet Schroeder, 1992), de no ser por el modo en que Feig y el juguetón guion de Rebecca Sonnenshine se entregan, en su segundo acto, a una entretenidísima catarata de revelaciones, giros sorprendentes y situaciones de lo más retorcidas, cuyo sadismo coquetea, sin rubor, con el torture porn. El filme posee todos los ingredientes para convertirse en un placer culpable. Actores guapos sin miedo a desnudarse en escenas eróticas gratuitas, unos escenarios cargados de lujo y glamour, subtramas y secretos familiares más propios de culebrones tipo Dinastía que de una película seria... Y, sin embargo, consigue que no puedas apartar los ojos de todo lo que sucede en pantalla, gracias a la elegante dirección de Feig y de la fantástica dupla que forman Sweeney y Seyfried. Es un trabajo honesto, que ofrece todo lo que se espera de él, teniendo en cuenta el material del que proviene, aunque es cierto que desaprovecha un personaje tan importante en el libro como el de la pérfida madre de Andrew, a la que la veterana Elizabeth Perkins, no obstante, dota de una contundente presencia, con un look muy Carolina Herrera. La asistenta no es una obra cinematográfica destinada a ganar premios prestigiosos –aunque Amanda Seyfried lo merece todo por su magnífica interpretación y es que a la actriz se le dan de fábula este tipo de personajes turbios, como ya demostró en Chloe (Atom Egoyan, 2009)–. Tampoco tiene vocación de hacerse con los aplausos de la crítica más sesuda, esa que la mira por encima del hombro por lo poco en serio que se toma a sí misma. La única motivación de este divertidísimo circo de tres pistas es la de contentar a los millones de seguidores de la (hasta ahora) trilogía literaria de McFadden, algo que, sin duda, consigue holgadamente. Con un presupuesto de 35 millones de dólares, va camino de los 200 de recaudación, por lo que ya tenemos en el horizonte el rodaje de El secreto de la asistenta. Todo un triunfo. ♦


    por José Martín León
    enero 17, 2026

    Crítica | La asistenta

    por José Martín León | enero 17, 2026
    Ghostbusters

    Un perfecto entretenimiento de verano

    crítica de Cazafantasmas (Ghostbusters, Paul Feig, EE.UU., 2016).

    En plena fiebre de secuelas, remakes, reboots y nostalgia ochentera, era inevitable que las vacas sagradas de la época acabaran apareciendo en el punto de mira de los estudios, siempre dispuestos a sacar el máximo provecho de la mínima inversión. Y, admitámoslo, Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984), con su eternamente pospuesta tercera secuela, era una candidata ideal: el concepto de la franquicia permite crear nuevas historias de forma casi indefinida, y su reparto, si bien icónico, no estaba sujeto a las restricciones que suponen asociar un actor a un personaje de forma indeleble. De hecho, podía ser alterado o sustituido por rostros más jóvenes y/o solventes en taquilla, algo que puede ser arriesgado, pero que también puede evitarle al espectador tener que asistir al espectáculo, siempre un tanto bochornoso, de ver a sus antiguos héroes renqueando por la pantalla mientras pretenden no haber perdido un ápice de aquello que fueron hace treinta años. Y así se hizo: la nueva generación de Cazafantasmas forma parte de la realeza cómica de hoy día. Y ese es, sin duda, el punto fuerte de la película.

    Paul Feig consigue sacar todo el partido a su cuarteto de actrices, convirtiendo sus trabajos cómicos en el puntal sobre el que se erige el filme. Sin necesidad de recurrir al humor de sal gruesa de La boda de mi mejor amiga (aunque hay algún que otro gag de ese estilo, pero muy suavizado), Feig ha sabido mantener el espíritu cómico “made in Saturday Night Live” del material original, dando además cancha a todo su reparto para protagonizar momentos de gloria propios. Y es que, si bien el epicentro de Cazafantasmas son los personajes de Kristen Wiig y Melissa McCarthy, el resto de la tropa no se ve ni mucho menos empequeñecida por ellas. Wiig y McCarthy tienen los personajes más desarrollados, y la relación entre ellas es lo que articula el metraje (por cierto, una vez más Feig ha sido capaz de mostrar en pantalla una relación de amistad femenina que no resulta artificial ni absurda); sin embargo, la “MVP cómica” de la película es, sin lugar a dudas, Kate McKinnon. La neoyorquina, quizá uno de los rostros más populares del SNL actual, consigue sacar oro cómico puro de un personaje que apenas está desarrollado; su presencia en pantalla es tan caótica y divertida como su aspecto físico, y hay instantes en los que apenas necesita hablar o moverse demasiado para arrancar la carcajada al espectador. Será, sin duda, el personaje que más recuerde la mayoría de la gente a pesar de estar en una relativa segunda fila, y sólo cabe esperar que, si de verdad hay una secuela en camino, su personaje consiga más empaque. Un peldaño por debajo, aunque eso no sea necesariamente malo, están Leslie Jones y Chris Hemsworth. La primera consigue elevarse por encima del estereotipo racial de rigor, aunque la mayoría de sus highlights ya han sido mostrados en los tráileres, lo que les resta bastante efecto. Hemsworth, por su parte, demuestra una vis cómica sensacional, consiguiendo aguantar el tipo de forma admirable ante el cuarteto protagonista, lo que no es tarea sencilla.

    por Unknown
    agosto 31, 2016

    Crítica | Cazafantasmas

    por Unknown | agosto 31, 2016

    Espía como puedas

    crítica a Espías (Spy, Paul Feig, 2015).

    Parece que al cine de espías le ha salido un bufón imitador. Y lo cierto es que ya no miramos a los súper agentes especiales con el mismo respeto y admiración con los que lo hacíamos A.A.P. (antes de Austin Powers). Paul Feig nos mete de lleno, con su nueva película, Espías, en el entramado procedimental de un comando secreto que, por lo paupérrimo de sus instalaciones y lo excéntrico de sus miembros, no parece emanar el aura misteriosa y “súper cool” con la que identificábamos a la CIA a través de las ficciones cinematográficas clásicas, sino que más bien refleja las pobres condiciones de trabajo en las que se encuentran bastantes empleados cuyo entorno es mucho más parecido al de la delirante “TIA” de Ibañez. El director no sólo aprovecha esta comicidad contextual para denunciar la precariedad laboral, también el machismo vigente en las estructuras jerárquicas empresariales. Feig parece que continúa con su empeño de romper los moldes establecidos en su defensa del feminismo y la representación de la mujer en el cine y en la sociedad moderna. Resulta innegable que el realizador se ha convertido en uno de los estandartes del cine cómico-feminista por medio de productos que antes parecían dedicados exclusivamente a un público masculino. Esto ya quedó claro en su fantástica comedia La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids, 2011), en la que se mostraban las aventuras pre-matrimoniales de un grupo de amigas, y posteriormente en Cuerpos especiales (The Heat, 2013), donde se adentraba en la comedia de acción —no romántica—, cuyos personajes no quedaban relegados desde el comienzo al rol de damiselas en apuros deseando ser rescatadas por el gran héroe. Parece pues evidente que la próxima y esperadísima entrega de la mítica saga Los cazafantasmas —siguiente proyecto de Feig—, presentará originalidad a raudales en cuanto a la acción anti-ectoplasma y, sobre todo, un punto de vista muy femenino.

    Con las mismas premisas que sustentan a la comedia slapstick, Espías comienza presentando a su protagonista: Susan Cooper, cuya principal función dentro de la CIA es la de asistir remotamente desde una oficina, atestada de ratas y alimañas varias, a su compañero, la estrella del equipo y superespía: Bradley Fine, por quien siente una fuerte atracción. La mujer parece hipnotizada por los aires de galán moderno de Fine, pero éste sólo responderá a sus insinuaciones con arrogantes flirteos, que siempre terminan chocando con la fría y decepcionante realidad. Por medio de satélites y radares, la agente es capaz de alertar a su compañero de cualquier amenaza que pueda aparecer, ofreciendo una enorme ventaja —o viles artimañas que atentan contra la pureza del legendario oficio de espionaje (dependiendo de lo quisquillosos que seamos)— frente a sus enemigos. Y mientras ella hace el trabajo sucio, su protegido en el campo de batalla disfruta de todas las comodidades que la empresa puede ofrecerle —a cambio, claro está, de arriesgar su vida—, como placenteros hoteles de lujo, ropa a medida o los gadgets más asombrosos e innovadores. Un desgraciado giro de los acontecimientos obligará a Susan a trocar su segura posición como agente de oficina para involucrarse de lleno en la acción a pie de campo, y enfrentarse a la malvada Rayna Boyanov, única conocedora de la localización de una potente arma nuclear.

    por Alberto Sáez Villarino
    junio 27, 2015

    Crítica | Espías

    por Alberto Sáez Villarino | junio 27, 2015
    Cuerpos especiales

    COLEGAS A LA FUERZA

    crítica Cuerpos especiales | The Heat, Paul Feig, 2013

    La boda de mi mejor amiga (2011) supuso hace un par de temporadas una de las sorpresas más gratificantes de la cartelera, ofreciendo una especie de alternativa femenina a esas comedias gamberras y habitualmente varoniles de Judd Apatow. Con un reparto de actrices en estado de gracia y un guión chispeante que dosificaba muy bien algo de humor escatológico y unos diálogos subiditos de tono que rompían con el encorsetamiento propio de la comedia romántica más tradicional, la cinta no sólo fue un gran éxito comercial (más de 288 millones de dólares en todo el mundo), sino que fue calurosamente recibida por la crítica, colocando el nombre de su director, Paul Feig, como uno de los realizadores a tener en cuenta dentro del género. En 2013 ha vuelto a repetir la jugada con Cuerpos especiales (traducción muy particular del título original The Heat), comedia policiaca que empareja a dos de las actrices más representativas del humor actual, Sandra Bullock y Melissa McCarthy.

    En el caso de Bullock, su carrera se encuentra totalmente consolidada y en los últimos tiempos se ha preocupado de ampliar registros con personajes dramáticos como los de Crash (2009), The Blind Side (2009) –por la que ganó su discutido Oscar– y, este mismo año, Gravity (2013), la ciencia ficción de Alfonso Cuarón que tantas alegrías promete traerle en la temporada de premios que se avecina. Por su parte, Melissa McCarthy se encuentra en pleno despegue como protagonista después de eclipsar a sus compañeras de La boda de mi mejor amiga con aquella genial caracterización de Megan que le valió una sorprendente nominación al Oscar como mejor actriz secundaria. A McCarthy le sucede lo mismo que a Zach Galifianakis, descubrimiento de Resacón en las Vegas (2009) y que dio el salto a los papeles protagonistas junto a Robert Downey Jr. en Salidos de cuentas (2010). Es una infalible máquina para arrancar la carcajada del espectador en pequeñas píldoras como las de Si fuera fácil (2012) o R3sacón (2013), pero corre el riesgo de resultar demasiado intensa (y pelín cargante) si lleva sobre sus hombros el peso de una película –es el caso de Por la cara (2013), donde le complicaba la vida hasta extremos insoportables al bueno de Jason Bateman–. Afortunadamente, el director de Cuerpos especiales es consciente de ello y ha diseñado un vehículo para lucimiento de la estrella emergente McCarthy, pero con un compartido protagonismo con una Sandra Bullock en su salsa. Ambas salen victoriosas de este duelo interpretativo, demostrando una magnífica química. Se nota que se lo pasaron bien haciéndola y ese buen rollo se contagia al público.

    por José Martín León
    septiembre 02, 2013

    Crítica | Cuerpos especiales

    por José Martín León | septiembre 02, 2013

    Estrenos

    S8

    Cannes 2026

    la residencia
    PUBLICIDAD
    FestivalScope
    PUBLICIDAD

    Streaming

    Suscripción