|| Críticas | ★★★★☆
La asistenta
Paul Feig
Secretos bajo la alfombra
José Martín León
ficha técnica:
Estados Unidos, 2025. Título original: The Housemaid. Dirección: Paul Feig. Guion: Rebecca Sonnenshine (Novela: Freida McFadden). Producción: Paul Feig, Laura Allen Fischer, Todd Lieberman. Productoras: Feigco Entertainment, Hidden Pictures, Lionsgate. Fotografía: John Schwartzman. Música: Theodore Shapiro. Montaje: Brent White. Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Indiana Elle, Elizabeth Perkins, Amanda Joy Erickson, Megan Ferguson.
Estados Unidos, 2025. Título original: The Housemaid. Dirección: Paul Feig. Guion: Rebecca Sonnenshine (Novela: Freida McFadden). Producción: Paul Feig, Laura Allen Fischer, Todd Lieberman. Productoras: Feigco Entertainment, Hidden Pictures, Lionsgate. Fotografía: John Schwartzman. Música: Theodore Shapiro. Montaje: Brent White. Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Indiana Elle, Elizabeth Perkins, Amanda Joy Erickson, Megan Ferguson.
Asistimos a historia de Millie, una joven que esconde un pasado tormentoso, que incluye una larga estancia en prisión, y que malvive en el interior de un coche, buscando una oportunidad laboral que cambie su vida. Y esta oportunidad parece llegar cuando es elegida por Andrew y Nina Winchester, un matrimonio adinerado, padres de una niña, para que sea su sirvienta en una mansión de ensueño. Como podrá adivinar cualquier espectador un poco curtido en intrigas domésticas de sobremesa, lo que en principio parece idílico, caras amables y promesas de un futuro mejor, poco a poco, se irá destapando como algo turbio y peligroso, ya que los Winchester esconden más de un secreto que hará que la experiencia laboral de nuestra protagonista sea poco más que una pesadilla. Conviene no desentrañar nada más de su argumento, pero La asistenta comienza siendo demasiado parecida a esa multitud de telefilmes que invaden las tardes y que se devoran con la misma facilidad con la que luego se olvidan, solo que aquí se nota la mano de un buen director detrás y cuenta con un cuarteto de actores de lo más atractivo, aunque sean las dos actrices quienes se hagan dueñas y señoras de la función. Este es otro de los grandes aciertos de la cinta, la elección de Sydney Sweeney y Amanda Seyfried para los roles antagónicos (o no tanto) de Millie y Nina, respectivamente. Sweeney es toda carisma y no cae en el dibujo fácil de pobre víctima indefensa, ya que su personaje presenta, casi, tantos claroscuros como los de esa Nina que borda una Seyfried pletórica, capaz de dar auténtico miedo en sus escenas más extremas, aquellas que la presentan como una mujer altamente perturbada, tóxica, celosa y controladora. Por su parte, Brandon Sklenar y Michele Morrone poco pueden hacer para no desaparecer ante semejante duelo interpretativo entre féminas, especiamente el segundo, cuyo personaje del jardinero Enzo queda reducido a una presencia meramente decorativa, a pesar de ser la única persona que conoce lo que se cuece en esa casa y trate de prevenir a Millie. Mejor suerte corre Sklenar, cuyo rol del perfecto señor Winchester gana peso en la segunda mitad de la película y no lo hace nada mal.
La asistenta podía haber sido un thriller psicológico más, de esos que evocan a clásicos noventeros como La mano que mece la cuna (Curtis Hanson, 1991) o Mujer blanca soltera busca (Barbet Schroeder, 1992), de no ser por el modo en que Feig y el juguetón guion de Rebecca Sonnenshine se entregan, en su segundo acto, a una entretenidísima catarata de revelaciones, giros sorprendentes y situaciones de lo más retorcidas, cuyo sadismo coquetea, sin rubor, con el torture porn. El filme posee todos los ingredientes para convertirse en un placer culpable. Actores guapos sin miedo a desnudarse en escenas eróticas gratuitas, unos escenarios cargados de lujo y glamour, subtramas y secretos familiares más propios de culebrones tipo Dinastía que de una película seria... Y, sin embargo, consigue que no puedas apartar los ojos de todo lo que sucede en pantalla, gracias a la elegante dirección de Feig y de la fantástica dupla que forman Sweeney y Seyfried. Es un trabajo honesto, que ofrece todo lo que se espera de él, teniendo en cuenta el material del que proviene, aunque es cierto que desaprovecha un personaje tan importante en el libro como el de la pérfida madre de Andrew, a la que la veterana Elizabeth Perkins, no obstante, dota de una contundente presencia, con un look muy Carolina Herrera. La asistenta no es una obra cinematográfica destinada a ganar premios prestigiosos –aunque Amanda Seyfried lo merece todo por su magnífica interpretación y es que a la actriz se le dan de fábula este tipo de personajes turbios, como ya demostró en Chloe (Atom Egoyan, 2009)–. Tampoco tiene vocación de hacerse con los aplausos de la crítica más sesuda, esa que la mira por encima del hombro por lo poco en serio que se toma a sí misma. La única motivación de este divertidísimo circo de tres pistas es la de contentar a los millones de seguidores de la (hasta ahora) trilogía literaria de McFadden, algo que, sin duda, consigue holgadamente. Con un presupuesto de 35 millones de dólares, va camino de los 200 de recaudación, por lo que ya tenemos en el horizonte el rodaje de El secreto de la asistenta. Todo un triunfo. ♦














