Un bromance en 7 etapas
Crítica ★★★★☆ de «The Climb», de Michael Angelo Covino.
Estados Unidos. 2019. Título original: «The Climb». Director: Michael Angelo Covino. Guion: Michael Angelo Covino, Kyle Marvin. Productores: Michael Angelo Covino, Kyle Marvin, Noah Lang. Productora: First Look, Watch This Ready, Ad Astra Films (Distribuidora: Sony Pictures Classics). Fotografía: Zach Kuperstein. Música: Jon Natchez, Martin Mabz. Montaje: Sara Shaw. Reparto: Michael Angelo Corvino, Kyle Marvin, Gayle Rankin, Talia Balsam, George Wendt, Judith Godrèche, Daniella Covino, Eden Malyn, Sondra James.
¿Qué cinéfilo aficionado a la buena comedia no recuerda aquella turbulenta convivencia bajo el mismo techo de un apartamento de Nueva York entre el maniático e hipocondriaco Felix (Jack Lemmon) y el mucho más descuidado Oscar (Walter Matthau) en la divertidísima
La extraña pareja (Gene Saks, 1968)? Es cierto que ambos hombres chocaban continuamente por sus caracteres opuestos, parecían no soportarse y las broncas entre ambos eran monumentales, pero también es verdad que el valor de la amistad triunfaba por encima de cualquier rencilla y que aquel clásico podría considerarse uno de los primeros bromances cinematográficos, o, al menos, uno de los que abordaron con más contundencia cuáles son los códigos de este tipo de relaciones. El bromance es una forma de romance entre amigos que, en los últimos años, ha tenido gran auge en la comedia, gracias, por ejemplo, a las valiosas aportaciones de Judd Apatow, ya sean en su faceta como director –
Virgen a los 40 (2005),
Hazme reír (2009)– o como productor –
Supersalidos (Greg Mottola, 2007)–, o Edgard Wright con su exitosa trilogía del Cornetto –
Zombies Party (2004),
Arma fatal (2007),
Bienvenidos al fin del mundo (2013)–, con los geniales Simon Pegg y Nick Frost repitiendo, prácticamente, idéntico colegueo en subgéneros distintos. El amor entre dos (o más) amigos varones, unidos por un vínculo invisible afectivamente intenso, sin que haya, por ello, algún tipo de atracción sexual de por medio, encuentra en
Cima a la amistad (Michael Angelo Covino, 2019), que causó una más que agradable sensación en su paso por festivales como los de Cannes o San Sebastián, a una de las representantes más originales y auténticas del cine independiente actual. Siempre es bienvenida la irrupción en el panorama cinematográfico de nuevas voces con inquietudes y cosas interesantes que decir y este es el caso de Michael Angelo Covino y Kyle Marvin, amigos en la vida real que han sido los artífices de una comedia que sorprende (siempre positivamente) por numerosos motivos, empezando por su condición de ópera prima. Una primera película que, desde su modestia, no renuncia a cierta ambición de trascender y aportar momentos muy genuinos a un género que parecía excesivamente encorsetado a las mismas reglas y lugares comunes.
El germen de esta cinta tuvo lugar en 2017, cuando Covino, después de haber vivido la amarga experiencia de cómo un amigo se acostaba con su exnovia, decidió subirse en su bicicleta y subir una montaña, con el fin de aclarar sus ideas. A partir de ese suceso, coescribió un guion junto a su colega Kyle Marvin, y ambos protagonizaron el que sería el cortometraje
The Climb, posterior primer episodio de los siete que compondrían la película homónima. Interpretando a dos personajes que tienen muchísimo de ellos mismos, incluidos sus mismos nombres, Mike y Kyle comienzan el relato montados en sus bicis mientras, con no pocas dificultades, tratan de llegar a la cima de una empinada carretera de montaña francesa. Una estampa muy normal y cotidiana en la que ambos hombres hablan distendidamente de la cercana boda de Mike, que se muestra ilusionadísimo con el importante paso que va a dar junto a su novia, y que se ve inesperadamente trastocada por una confesión de Kyle, que aprovecha que lleva la delantera a su compañero de pedaleo en la pendiente para soltar la bomba: ha mantenido relaciones sexuales con la prometida de su amigo del alma. Esta traición funciona como detonante para que una amistad de tantos años estalle por los aires y, a través de seis episodios más, el espectador asista, a lo largo de los años, a las distintas idas y venidas de ambos personajes, siempre unidos, por diferentes circunstancias, en los momentos relevantes de sus vidas. Desde el primer instante, el filme pone sus cartas sobre la mesa y presenta lo que podría denominarse una relación de amistad tóxica, en la que uno de los dos colegas, en este caso Mike, es el típico pobre diablo ingenuo y apocado, mientras que Kyle es el amigo caradura que se aprovecha, seguramente sin malicia, del carácter débil del otro para manipularle y llevarle a su terreno siempre que puede.
Cima a la amistad está planeada, como si de una vuelta ciclista se tratara, por etapas. Las que tendrán que atravesar para conseguir encarrilar de nuevo una amistad que a veces causa daño pero que, sin duda alguna, necesitan. El guion de Covino y Marvin se revela como una maquinaria de gran precisión, en la que el humor absurdo (incluso cayendo en el gag físico) está perfectamente integrado dentro de un relato que transcurre de manera ágil y muy natural, manteniendo un tono mordaz y bastante inteligente.