Desde los lejanos tiempos de
Porky´s (1981) de Bob Clark, donde Pee Wee y sus amigotes contrataban los servicios de la mítica Chichi Forever para satisfacer sus bajos instintos sexuales, muchas han sido las películas que, con mayor o menor fortuna, han planteado en clave de humor el despertar hormonal adolescente. En 1999, Paul Weitz nos presentó en la reivindicable
American Pie a un grupo de jóvenes inexpertos que vivían una auténtica odisea para conseguir su ansiado deseo de perder la virginidad. El enorme éxito de este producto propició una de las sagas más rentables (y vilipendiadas) de los últimos años, pese a que en ninguna de las secuelas se mostró con tanta frescura el tema de la camaradería como en la original. El chiste dio hasta para una versión gay del tema,
Another Gay Movie (2006). El pasado 2012, una pequeña gran película titulada
Las sesiones se basaba en un hecho real para contarnos la historia de un treintañero tetrapléjico (descomunal John Hawkes) que contrataba los servicios de una adorable profesional del sexo (no menos genial Helen Hunt) para tener su primera relación carnal. La combinación de sexo y discapacidad fue tratada con tal delicadeza, naturalidad y buen gusto que alejaron a la película de cualquier controversia. Algo que también se podría extender a esta producción flamenca que consiguió convertirse en una de las mayores sorpresas de 2011 al ser considerada la mejor película en Valladolid (Espiga de Oro) y Montreal, además obtener el Premio del público a la mejor película europea de los Premios del Cine Europeo.