Closing time
Crónica de la décima jornada de la 70ª edición del Festival de Cannes.
I
En la sala de prensa ya no queda agua. Ni refrescos. Ni tampoco leche. No hay más que café solo en el coqueto y minimalista stand de Nespresso. El personal del festival, siempre con una sonrisa, te contesta con un
désolé que lamentablemente no les queda nada más que ofrecer. Aunque lo cierto es que a estas alturas poco más necesita uno. El festival va poco a poco apagándose y eso se nota no solo en el cansancio imperante, sino también en la cantidad de periodistas que quedan en la Croissette. Desde la misma sala de prensa y con un café (solo) al lado, escribimos estas líneas rodeados por una extraña calma. Ya no hay problemas para encontrar sitio ni tampoco para enchufar un cargador. La ilusión de los primeros días se ha ido desvaneciendo por culpa de la sensación generalizada de que, en esta edición, nos ha faltado una sección oficial con más riesgo, con el nervio de presentar verdaderas obras maestras. Se respira en el ambiente que este año no será recordado por la calidad y excelencia de su concurso. Puede que las velas de aniversario hayan deslumbrado al cine, que todavía se resiste a mostrar alguna sorpresa en esta recta final. Hoy incluimos en esta crónica tres películas que basculan de lo pasable a lo correcto. En sección oficial, Fatih Akin presenta
In the fade, un intento un tanto fallido de retratar la problemática actual del terrorismo. De Un Certain Regard destacamos la búlgara
Posoki, un viaje en taxi por la idiosincrasia del país balcánico, y
La novia del desierto, una historia de descubrimiento personal en un paisaje árido con una Paulina García excepcional. Queda un día más. No perdemos la esperanza. Aguantamos.
II
“Closing time, time for you to go out go out into the world”. Cerramos otro año más este universo paralelo de caos, agitación y cine, con un balance general que, quizá no destacará por la excesiva presentación de obras maestras, pero que, sin duda, ha mantenido un nivel medio bastante correcto. La despedida venía orquestada por
You Were Never Really Here, de la realizadora Lynne Ramsay, un sensacional relato sobre la fragilidad de la mente y la justificación de la violencia que nos permitía relajarnos para afrontar la última jornada; en la que asistimos al estreno de
D’après une histoire vraie, donde Roman Polanski quizá no presumiera de su repertorio imaginativo más generoso, pero en el que volvió a demostrar que es un maestro de la temporalización y el manejo de la tensión. Por último, sólo quedaba tiempo para el apoteósico final, que llegaría con la cinta
Wind River, de Taylor Sheridan; un western posmoderno, donde se aprecia la afición del director por el realismo sucio, en el que se señala como principales responsables del holocausto del nativo americano al sistema organizativo postcolonial, encargado de condenar a las reservas de poblaciones indígenas a zonas incomunicadas que compondrían el primer estrato marginal de los estados independientes de américa. Una clausura que motivaba a todos los asistentes a permanecer, aunque fuera por sólo unos instantes más, respirando un cine que se disipaba. Como cantó el grupo Semisonic: Hora de cerrar, no hay tiempo para más, hora de salir al mundo real.