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    Fantomas
    Fantomas
    Fantômas Le faux magistrat poster affiche
    El quinto y último episodio del serial dirigido por Louis Feuillade, Fantomas, es el titulado El falso magistrado (Le faux magistrat, 1914). Es el capítulo que se encuentra peor conservado, con alguna escena muy deteriorada, una de ellas sustituida por una fotografía y varias por extensos textos explicativos. Esto provoca saltos en la acción y la trama y cambios de ritmo bruscos, pero en cualquier caso debido al terrible mal del cine mudo: la destrucción de grandes cantidades de negativos originales. Estos eran de nitrato, un material inestable de corta vida, y en los inicios del cine este no era considerado un arte y jamás se pensó en su conservación. Hay películas que nos han llegado mutiladas y otras que se han perdido para siempre. Un legado que ha sido tragado por el tiempo.

    Pero disfrutemos de lo que ha permanecido con nosotros. El falso magistrado va a centrar la trama por primera vez, aunque parezca increíble, en Fantomas, siendo este el protagonista absoluto y no el inspector Juve y su ayudante y amigo el periodista Fandor, que aunque tienen su relevancia en la trama andan desaparecidos durante casi todo el metraje. La historia da comienzo con los marqueses de Tergall, los cuales están empezando a saborear la hiel de la ruina y deciden vender sus joyas. Su sirvienta Rosa (la guapa actriz Suzanne Le Bret) los espía. Es la amante de Paulet (Laurent Morléas), un esbirro de Fantomas que ya conocemos del episodio anterior, el asesino del martillo, aquí bastante más comedido y torpón. Fantomas está en una prisión de Bélgica, por lo que sus secuaces deciden robar el dinero y las joyas de los marqueses sin contar con él. Eso sí, su plan es digno del maestro: un disfraz de sacerdote y un boquete en la pared de un hotel les hará dueños del botín.

    por José Luis Forte
    junio 03, 2012

    FANTOMAS - EL FALSO MAGISTRADO (1914)

    por José Luis Forte | junio 03, 2012
    Fantômas contre Fantômas poster affiche
    El cuarto episodio del serial Fantomas (Fantômas, 1913-14) es el titulado Fantomas contra Fantomas (Fantômas contre Fantômas, 1914). Como los dos primeros, comienza con un plano medio del actor René Navarre encadenando toda la colección de disfraces que su papel del terrible criminal le hará llevar en esta ocasión. En este episodio recuperamos el protagonismo del inspector Juve, el cual en el anterior apenas si aparecía pues el peso de la acción recaía casi en su totalidad en su compañero el periodista Fandor (George Melchior). Se agradece, pues el actor Edmond Bréon impone una gran fuerza a su personaje, el policía que persigue de manera incansable a Fantomas, y se nota su peso y su presencia en esta aventura.

    Y eso que en esta ocasión Juve lo va a pasar mal de verdad. Como no es capaz de atrapar a Fantomas, la prensa y la opinión pública lo acusan de ser él mismo Fantomas. Tal es así que lo encierran en la cárcel. Será Fandor entonces quien investigue por su cuenta para ayudar a su amigo, demostrar su inocencia e intentar descubrir la verdadera identidad del despiadado criminal.

    En este episodio se entremezclan el tono de aventura trepidante del magnífico segundo episodio (Juve contra Fantomas) con el detallismo y cuidado de una trama criminal al uso (al uso ahora, se entiende, que en aquella época, no nos cansaremos de decirlo, el lenguaje del cine se estaba inventando) del tercero (El muerto que mata). Eso sí, este Fantomas contra Fantomas es el que ofrece una trama más enloquecida. Louis Feuillade se muestra brillante en la dirección, pero la historia que nos cuenta aquí es toda una locura genial que deviene en todo un juego de confusiones divertidas y delirantes con detalles de desarmante violencia. Nada más empezar, por ejemplo, los malvados ya se están quitando de en medio a un mensajero bancario… ¡a martillazos! Su desaparición iniciará la aventura, un guion como siempre escrito por el propio Feuillade adaptando una novela de la serie Fantomas obra de Pierre Souvestre y Marcel Allain.

    por José Luis Forte
    mayo 27, 2012

    FANTOMAS - FANTOMAS CONTRA FANTOMAS (1914)

    por José Luis Forte | mayo 27, 2012
    Le mort qui tue 1913 poster
    La tercera entrega del serial Fantomas, titulada El muerto que mata (Le mort qui tue, 1913), se abre con un desesperado Fandor, el periodista ayudante del inspector de policía Juve, en la cama de un hospital. Él es la única persona que ha escapado de la tremenda explosión que provocara Fantomas al final del episodio anterior donde hizo volar por los aires a un puñado de policías junto a Fandor y Juve. El gran Louis Feuillade, guionista y director de este magnífico serial basado en las novelas de Pierre Souvestre y Marcel Allain, opta aquí por dar un giro sorprendente al tono y la forma de contarnos la historia. No solo porque nos encontramos ante el episodio más extenso de la serie, noventa y dos minutos, todo un largometraje, algo inhabitual para el año de su rodaje y estreno (1913), sino porque se deja a un lado el ritmo trepidante y enloquecido del episodio anterior para adoptar un tono mesurado, tranquilo, detallista y minucioso para ir desarrollando una trama de misterio criminal que nada tiene que envidiar a cualquier clásico de cine negro rodado treinta años después.

    En seguida la acción se centra en el artista Jacques Dollon, que cómo no tiene su estudio en el barrio de Montmartre, el cual es atacado por un Fantomas enmascarado y sus secuaces. Lo dejan dormido y durante su sueño narcótico le dejan allí a su lado, sentado en una silla como si acabara de tomarse el té, el cadáver de la baronesa de Vibraye. Cuando llega la policía, esta no duda en tomar al pobre Dollon por el asesino y se lo llevan detenido. Feuillade, con un tono casi documental, procede a mostrarnos todo el proceso de la detención y el de hacer una ficha policial. La toma de las huellas digitales de Dollon está rodado de manera tal que haría las delicias de un Robert Bresson por su morosa delectación en mostrar el detalle.

    Con el asesinato de Dollon en su celda, un crimen imposible, da inicio la macabra historia que Feuillade irá desarrollando con una lentitud y una elegancia magníficas. La trama es compleja: en esta ocasión no se nos ha mostrado al principio a los protagonistas con sus diversos disfraces, por lo que debemos adivinar quién es quién en cada momento. Vale que no resulta en extremo difícil, pero también ayuda la increíble claridad expositiva de Feuillade que hace que la trama fluya con un ritmo y una cadencia que hace pensar que rodaba con un metrónomo justo al lado de la cámara.

    Como ya nos está enseñando Feuillade, y de paso enseñaba al mundo, en qué iba a consistir el hacer una película en el futuro nos resulta fácil ver que todo aquello en lo que su cámara se detiene, observadora y minuciosa, será de vital importancia en los hechos que se desarrollarán posteriormente. Importantísimo en este aspecto cómo se nos enseña durante la película cómo es fundamental la toma de huellas y la ficha de un criminal para su identificación en un crimen. Esto mismo es de lo que se servirá Fantomas en esta ocasión para reírse una vez más de la policía.

    Le mort quie tue, Fantomas, 1913
    Fotograma de Fantomas: el muerto que mata (Le mort qui tue, Louis Feuillade, Francia, 1913)
    El rodaje en interiores y exteriores se entremezclan con naturalidad. Feuillade siempre busca el realismo tanto en las situaciones como en los escenarios. Otra cosa es que nos esté narrando una historia delirante, pero en esta ocasión todo es contención. Varias historias se van desarrollando en paralelo y muestra en todo momento un fantástico cuidado en no confundir al espectador. Hoy en día esto nos puede parecer lo más normal del mundo, pero en la época, ya lo hemos comentado en las anteriores entregas, el cine se está formando como lenguaje y el espectador no está educado en cómo entender las imágenes en movimiento. El público aprende al mismo ritmo que el propio cine, y resulta apasionante ver cómo Feuillade lo estaba haciendo crecer a pasos de gigante.

    Pero Feuillade va más allá. Aquí hasta se permite momentos intimistas rodados con una delicadeza desarmante. Elizabeth Dollon, la hermana del artista asesinado cuyo cuerpo ha desaparecido ante los ojos de la policía, visita el estudio de su hermano. Contempla la habitación, pasa sus manos por su mesa de trabajo, abre sus libros, acaricia sus objetos personales… En su mirada sentimos el dolor de la pérdida y cómo con sus actos en ese momento busca encontrar algo que la acerque a su hermano perdido, recuperarlo por un instante y volverlo a tener junto a ella.

    Por supuesto no dejan de sucederse apasionantes escenarios: alcantarillas donde se refugian los malhechores, los tejados de París como lugar de evasión de cadáveres invisibles, las mansiones de la alta sociedad y sus magníficas fiestas y los antros más sórdidos donde los criminales desarrollan sus ilícitas actividades. Resulta gratificante, divertido y, por qué no, hasta gamberro ver que la personalidad que adoptará Fantomas en este episodio es el de un acaudalado banquero, Nauteuil, tan repugnante, avaricioso, inhumano, estafador y ladrón como los de cualquier director de caja de ahorros fugado de esos que abundan en España. Es curioso que hace un siglo la figura del director de banco resultara tan fácil de asociar con un despiadado criminal sin entrañas tal que si fuera hoy mismo. Ojo, no dudamos de que haya alguno honrado, pero desde luego no en España ni en las películas de Fantomas.

    Le mort quie tue, Fantomas, Feuillade
    Le mort qui tue (1913) es la tercera entrega del serial Fantomas, obra culmen de la segunda década del siglo XX.
    Vemos aparecer personajes de entregas anteriores, reforzando así la idea de serial, pero solo hay que detenerse en cómo es tratada aquí la princesa Sonia Danidoff (interpretada de forma excelente, muy moderna, por la actriz Jane Faber) para entender el paso de gigante que ha dado Feuillade en su forma de mostrar y hacernos comprender las motivaciones de uno de ellos. En todo el episodio los actores están muy bien dirigidos, caracterizados de manera excelente y mostrando detalles y matices ante las cámaras propios de una película que cuesta creer rodada en este tempranísimo 1913.

    Feuillade prefiere en todo momento mantener el misterio de la trama y así conservar el interés del espectador antes que dejarlo fuera de combate con escenas de acción furibundas como hiciera en el episodio anterior. Una apuesta radicalmente distinta, lo cual habla muy bien de la pericia y pretensiones del director. Cada historia requiere su forma de ser contada, y Feuillade, que recordemos jamás se pretendió autor sino un narrador para todo tipo de público, demuestra así tener una marcada personalidad. La forma de hacer de un autor no sale de lo que nos explica que quiere hacer ni de forzar hasta la extenuación su método para contarnos una historia. Nace, como en Feuillade, en su deseo puro de narrar y ser comprendido. Por eso quizá sea que su obra pervive inmortal mientras otros modernos de hace dos días son olvidados en el río de la actualidad.

    La sorpresa final, el desenlace sencillamente brutal, tiene la fuerza de una bofetada en el rostro sobre todo porque el tono hacía esperar un relato más tranquilo, sin detalles escabrosos y más centrado en la trama de misterio. Pero no olvidemos que esto es un serial basado en un folletín y el espectador tiene que gritar de horror.

    (Continuará)

    Separador
    Imdb Fantômas - Le mort qui tue, 1913Por José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    llosef13 [@] gmail.com
    La décima víctima

    SeparadorPelícula:

    por José Luis Forte
    mayo 22, 2012

    FANTOMAS - EL MUERTO QUE MATA (1913)

    por José Luis Forte | mayo 22, 2012
    Juve contre Fantomas poster
    La segunda entrega del mítico serial Fantomas (Fantômas, 1913-14) lleva por título Juve contra Fantomas (Juve contre Fantômas). Dirigido el mismo año que la anterior, 1913, el salto cualitativo es sin embargo abrumador. Feuillade se muestra contagiado de toda la fiebre narrativa de los creadores del personaje, Pierre Souvestre y Marcel Allain, e impone un ritmo de vértigo a las escenas. De una duración mayor que el anterior episodio (los casi sesenta y dos minutos de esta frente a los cincuenta y cuatro de A la sombra de la guillotina, À l’ombre de la guillotine), la sensación no es que hayan pasado unos pocos meses entre el rodaje de uno y otro, sino años. Estamos asistiendo al apasionante nacimiento del lenguaje cinematográfico tal y como lo conocemos hoy día, todavía sus leyes no escritas no están asentadas y el cine es en parte experimento narrativo, busca la forma de expresarse de manera diferente al teatro. Tan solo dos años después llegaría El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915) en la cual el director norteamericano David Wark Griffith resumiría en una sola película todos los avances narrativos dispersos en películas anteriores y daría norma a lo que es el relato cinematográfico tradicional. Normalizaría un lenguaje, el cinematográfico, en su ideológicamente detestable oda a la esclavitud y al Ku Klux Klan que, no lo olvidemos, narrativamente fascinó a un director tan opuesto en esencia al contenido de esta película como fue Serguéi M. Eisenstein (1898-1948). Durante la primera media hora la cámara de Feuillade parece haber enloquecido. Los barrios de París, rodados de forma absolutamente naturalista, se ven atravesados por personajes que se persiguen unos a otros disfrazados, por mujeres de mala vida, por maleantes, criminales y, cómo no, por nuestros héroes el inspector Juve (un siempre excelente Edmond Bréon) y su ayudante el periodista Jérôme Fandor (Georges Melchior) y sus eternos rivales Fantomas (René Navarre, un actor quizá carente del carisma que exigía su fascinante personaje) y aquí la bella Josephine (Yvette Andréyor). Es la realidad violentada por la ficción, pero consiguiendo de manera admirable que esta fluya de manera natural. Todo París es un tablero en el que Fantomas mueve sus peones para desesperación de Juve. ¡Pero también es el tablero de Feuillade! Las localizaciones se suceden a ritmo de vértigo, no duda incluso en montar un plano rodado dentro de un tren solo como parte de una persecución, para después, en otro tren distinto, rodar una de las secuencias más emocionantes del episodio. La primera media hora es un vendaval de genio y emoción, con Feuillade y su equipo lanzados a la calle sin importarles que en algunos planos los viandantes miren a la cámara y a los actores deteniéndose a ver qué diablos están haciendo aquellos locos con una cámara en el centro de París.

    El episodio comienza como el anterior: un plano medio de Fantomas mostrándonos por medio de sobreimpresiones todos los disfraces de los que hará gala en esta ocasión. Pero ojo, no solo él, porque a continuación viene el turno de Juve, que se disfraza casi tanto como su némesis. Enseguida la acción se traslada al punto en el cual terminó la primera entrega: Juve solo en su despacho de la Sûreté. Y enseguida, todos a la calle a ofrecernos la que sin duda es la más brillante media hora de estas dos entregas.

    Juve contre Fantomas
    Fotograma de Juve contre Fantômas (Louis Feuillade, 1913)
    La acción se dispara nada más empezar con el hallazgo de un cadáver atrozmente asesinado. Juve lee un informe que le entrega Fandor: un texto informativo a lo bestia que introduce al espectador de lleno en la trama y lo arrastra en un viaje apasionante. El asalto al tren antes apuntado es pura trepidación. La capacidad de Feuillade para escoger encuadres es sorprendente a cada plano. Y de regalo… ¡comienzan a aparecer enmascarados comandados por Fantomas por todas partes! El tremendo choque de trenes pone fin a una secuencia que quita el aliento. Pero eso no es todo, porque a continuación, en un crescendo que es un prodigio, Fantomas tiende una trampa a Juve y Fandor en un almacén de vinos en la que quizás es la secuencia más celebrada de toda la serie. A la orilla del mar se extienden volcados cientos de toneles creando un paisaje que no sorprende que volviera locos a los surrealistas. De entre ellos, a intervalos, se van asomando los secuaces de Fantomas disparando sin compasión a nuestros héroes que escapan como pueden. Una secuencia visualmente maravillosa que da lugar a los planos más bonitos, originales e impactantes del episodio, y cuyo único defecto es… ¡que dura muy poco!

    Pero no hay respiro, porque acto seguido la acción se traslada a un local elegante al cual han llegado Juve y Fandor persiguiendo a Josephine. Esta delata a Fantomas y nuestros héroes lo detienen. Y entonces, cuando se lo llevan detenido cada uno por un brazo… ¡Ay, creedme! La forma en que Fantomas se escapa de ellos es sencillamente genial: uno de los momentos más pretendidamente divertidos y folletinescos de este episodio que supone todo un regalo para los amantes del cine.

    Yvette Andréyor, Juve contre Fantomas
    Yvette Andréyor en un viaje en tren por el extrarradio parisino en Juve contra Fantomas (1913)
    La segunda media hora es algo más tranquila: resulta impensable mantener el nivel de la primera todo el tiempo. De nuevo planos algo extensos con la cámara fija en plano general, aunque los insertos de detalles narrativos sorprenden al acercar la cámara a los actores. Lo dicho: Griffith tenía de dónde tomar recursos narrativos novedosos para la época. La secuencia final en el refugio secreto de Fantomas retoma la acción trepidante y la planificación sorprendente. Juve y un montón de gendarmes bajo su mando acorralan a Fantomas en la mansión de Lady Beltham (la actriz de rubensianas formas Renée Carl). Feuillade ha tenido mucho cuidado de mostrarnos con detalle cada rincón de la casa para que cuando se produzca el mencionado asalto podamos reconocer cada escenario por el que se desatará la persecución final. Este afán por el detalle tiene así su recompensa para el espectador, una forma de hacer que es la esencia del cine mismo.

    Cuando parece que ya no podrá escapar, de manera increíble Fantomas se escabulle y con unos cartuchos de dinamita vuela toda la casa por los aires con Juve, Fandor y los gendarmes en su interior. Esta vez sí deja Feuillade al espectador con la intriga a la espera del episodio siguiente con un continuará de órdago: “¿Habrán encontrado Juve y Fandor la muerte después de la explosión de la mansión de Lady Beltham?” ¡Pronto lo veremos!

    (Continuará)

    Separador
    Imdb Fantômas - Juve contre Fantômas, 1913Por José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    llosef13 [@] gmail.com
    La décima víctima

    SeparadorPelícula:

    por José Luis Forte
    mayo 15, 2012

    FANTOMAS - JUVE CONTRA FANTOMAS (1913)

    por José Luis Forte | mayo 15, 2012
    Fantomas poster
    Las series de televisión están de moda, es un hecho. Sobre todo las de procedencia anglosajona, más aún las norteamericanas. Todos las vemos, las comentamos y admiramos (o no): por su calidad técnica, por sus historias, por su acabado en muchas ocasiones elegante y en no pocas artístico. Ha desplazado en parte al cine, al menos entre cierto público de más edad que prefiere quedarse en casa viendo un producto bien facturado o cuando menos entretenido antes que ir al cine a enfrentarse a la posibilidad de ver un bodrio de película. Es la edad de oro de las series, nos dicen. Parece algo nuevo, como si viviéramos una época única en la historia de la televisión. Y sí, esto es así en lo que a la televisión se refiere. Pero si de lo que hablamos es del formato de serial… Oh, esto ya es casi tan viejo como el mismo cine. Contar una historia en una serie de episodios enlazando unos con otros con un continuará o bien episodios independientes protagonizados por un mismo grupo de personajes ya se hacía cien años atrás. Solo que no se veían en casa: había que ir al cine. Y la gente iba. Los seriales ya entonces gozaban de un gran éxito.

    Si nos remontamos a la Francia de un siglo atrás, descubriremos a un personaje que era todo un maestro a la hora de realizar seriales, una figura gigantesca que el tiempo ha transformado en mítica: el gran Louis Feuillade. Enemigo de quienes veían en el cine una herramienta con posibilidades artísticas, valedor del concepto de cine como forma de entretenimiento puro y duro, hoy es recordado irónicamente por tres seriales considerados tres obras maestras del cine, tres joyas perladas de momentos emocionantes y hermosos. Tres obras de arte, en fin: Fantomas (Fantômas, 5 episodios, 1913-14), Los vampiros (Les vampires, 10 episodios, 1915-16) y Judex (12 episodios, 1916-17). Dirigió cientos de películas más, pero para la memoria cinéfila estos tres seriales son los más recordados.

    Iniciamos aquí una serie de comentarios en los que revisaremos uno a uno cada capítulo de Fantomas: en cinco entregas, cual si se tratara de un folletín o un serial. No podíamos pensar mejor homenaje.

    El primer capítulo o entrega del serial Fantomas es el titulado A la sombra de la guillotina (À l’ombre de la guillotine, 1913). Estamos ante cinco episodios que cuentan historias independientes aunque se busca una continuidad en el protagonismo de los mismos personajes y en las transiciones de un episodio a otro. A la sombra de la guillotina se basa en la primera novela de la saga creada por Pierre Souvestre y Marcel Allain publicada en el año 1911 y que supuso un éxito tremebundo en Francia. El serial no hizo sino convertir en inmortal al personaje, el genio del mal y del crimen sin conciencia, sin sentimientos, capaz de las mayores atrocidades, de ocultarse tras miles de disfraces y siempre perseguido por su némesis, el inspector de la Sûreté Juve. (Puedes leer un comentario sobre la novela en mi blog La décima víctima siguiendo el enlace AQUÍ).

    El episodio comienza con una imagen de Fantomas, un plano medio, y a continuación se van encadenando imágenes de Fantomas con sus diferentes caracterizaciones. Al contrario que en la novela, en la cual siempre se juega con el desconcierto del lector que nunca sabe quién es Fantomas, en el serial se opta de manera inteligente, pues lo contrario hubiera obligado a un exceso de intertítulos explicativos, a dejar claro qué personalidades adoptará el rey del crimen. Y enseguida se da paso a la escenificación de una de los momentos más brillantes del libro: el robo en el Royal Palace Hotel. La narración es más sencilla y lineal, evitando los retruécanos y sorpresas continuas de la novela, buscando la efectividad de las imágenes antes que lo apabullante de la trama original.

    Fantomas still
    Fotograma restaurado y de coleccionista de Fantomas (Louis Feuillade, 1913)
    Lo mismo sucede con la desaparición de Lord Beltham, otro crimen tras el que está nuestro antihéroe Fantomas. La puesta en escena de Feuillade todavía es deudora de las formas cinematográficas de la época: planos generales de larga duración en los que se desarrolla la acción en plano fijo de clara herencia teatral. Pocos exteriores, pero siempre rodados de forma naturalista, cuando precisamente será en la elección y forma de rodar los mismos donde Feuillade impondrá su forma única de mostrar la acción posteriormente. Forjado en el rodaje de películas y seriales de fuerte raigambre realista, dramas sociales o históricos, pues eso era lo que él tenía por bueno para el cine, la falta de éxito de los mismos le llevó a probar con una trama criminal con ribetes fantásticos que sí le daría lo que antes se le negaba: la aclamación y el reconocimiento popular. Pero en este primer episodio todavía no ha explotado su genio.

    Esto no quita para que esta primera entrega resulte apasionante de ver. La utilización de planos detalle vigoriza la secuenciación de los planos generales más teatrales. Consiguen la buscada efectividad y en algunos casos reflejan a la perfección grandes aciertos folletinescos de la novela. Así en el robo en el hotel, Fantomas deja una tarjeta en blanco a una de sus víctimas. Esta mira y remira la extraña tarjeta hasta que vemos cómo en ella se sobreimpresiona un siniestro nombre: Fantomas.

    Lo mejor de este episodio está en su plano final. Juve, cuya única obsesión es atrapar al fantasmal criminal, está sentado solo en su despacho presa de la desolación pues Fantomas acaba de engañar a toda la policía de París con una ocurrente y delirante treta, cuando de pronto, surgiendo de la nada, aparece una figura, un hombre en traje de etiqueta, sombrero de copa y antifaz en el rostro que se burla de él. ¡Es Fantomas! Juve se lanza sobre él pero justo cuando parece que va a atraparlo desaparece de entre sus manos. En este plano contemplamos la esencia misma del folletín y de toda la serie: Fantomas está más allá de lo humano. Es una pesadilla tornada realidad que avanza por las calles y edificios de la ciudad inaprensible y terrible, una sombra inalcanzable y portadora del mal. El rey de los antihéroes.

    En fin, preparaos para las siguientes entregas: creedme que lo bueno está por llegar. ¡Y de qué arrolladora manera!

    (Continuará)

    Pero antes, el episodio completo de Fantômas - À l'ombre de la guillotine (Louis Feuillade, 1913).



    Separador
    Imdb Fantômas - Á l'ombre de la guillotine, 1913Por José Luis Forte

    Escribe encerrado en una cueva, nunca entra el sol.
    Proyecta películas en la pared, ni que fuera Platón.
    Cuando sale se divierte, aunque solo piensa en volver.
    Cuando por las noches llueve, también le gusta leer.

    llosef13 [@] gmail.com
    La décima víctima

    Separador
    por José Luis Forte
    mayo 08, 2012

    FANTOMAS - A LA SOMBRA DE LA GUILLOTINA (1913)

    por José Luis Forte | mayo 08, 2012

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