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    I will not let you go into the unknown alone

    crítica ★★★★★ de la primera temporada de Taboo.

    BBC | Reino Unido, 2017. 1 temporada/ 8 episodios. Creador: Steven Knight. Director: Kristoffer Nyholm, Anders Engström. Guion: Steven Knight, Tom Hardy, Chips Hardy. Fotografía: Mark Patten. Montaje: Serkan Nihat, Matt Platts-Mills, Guy Bensley, Beverley Mills, Katie Weiland, Jason Krasucki, Mark Davis. Música: Max Richter. Reparto: Tom Hardy, Oona Chaplin, Leo Bill, David Hayman, Michael Kelly, Jonathan Pryce, Richard Dixon, Edward Hogg, Jessie Buckley, Stephen Graham, Franka Potente, Tom Hollander.

    Bajo la indolente virulencia de una tormenta de intensidad nunca antes registrada, aparecía en el puerto de Whitby, un 8 de agosto en las postrimerías del siglo XIX, una misteriosa goleta rusa de la que escapó, según cuentan las confusas voces de los abrumados testigos, un perro que comparado en envergadura dejaría al sabueso de los Baskerville reducido a un inofensivo Yorkshire. No era la primera vez que un suceso de semejante tenebrosidad rompía la apacible monotonía de las costas inglesas; casi un siglo antes, en unas condiciones meteorológicas de idéntico vigor y anomalía, un enigmático encapuchado llegaba a Londres recorriendo océanos de tiempo y tomaba tierra, a lomos de un caballo blanco, para ratificar la veracidad de las numerosas leyendas que recaían sobre su hermética figura que, con pesada agilidad, iba sembrando sangre donde hasta entonces sólo habían murmuraciones y patrañas. Los cuerpos destripados arrojados como mensajes autoritarios en medio de la ciudad por James Delaney certifican, como posteriormente lo harían la sangre y la virginidad de Lucy Westenra arrancadas por el Conde Drácula, la llegada de un nuevo orden jerárquico dispuesto a derribar del ignominioso trono de libertades e impunidades a la infame East India Company. Steven Knight presenta con su nueva serie de BBC, Taboo, a su vampiro particular bajo un marco histórico mucho más apologético que el usado por Bram Stoker. Todavía con un presunto vínculo con la mortalidad, Delaney regresa de un dilatado y escabroso periplo africano a su tierra natal, donde ya se le daba por muerto, con los ecos del fallecimiento de su padre. El conocimiento de esta funesta noticia es el principal misterio que plantea una trama llena de ritualidad, brujería, ocultismo, superstición y nigromancia. Encontramos en las confesiones del protagonista a Brace, el servicial lacayo de la familia Delaney, la confirmación de que, pese a su prolongada ausencia, las conversaciones con su padre se dieron de manera regular por medio de una vía de comunicación espiritual. “La noticia de su defunción la supe de inmediato por el fuego”, estas palabras habrán de cobrar en el desenlace una importancia primordial para valorar la posible continuación de la trama y la implicación de otros personajes que pueden o no haber sido suprimidos: “si estuviera en el agua, yo lo sabría”.

    Horace Delaney ha fallecido en misteriosas circunstancias, y no menos enigmática es la aparición de su primogénito de entre los muertos —“Creí que estabas muerto.” “Lo estoy”— para conocer las causas de su reciente orfandad. Entonces comienza a surgir una abrumadora cantidad de personajes que puede aturdir con prontitud al espectador en contacto con este entramado de acciones y relaciones, tanto por su cantidad como por las diferentes posiciones políticas que mueven a cada uno de ellos. En primer lugar conocemos a Zilpha Geary, de quien intuimos tuvo una relación sentimental con el héroe por las breves palabras que cruzan ambos en su reencuentro. Sin embargo, poco después de establecerse esa evidente tensión erótica, se confirma que Zilpha es, a su vez, hija de Horace, habiendo cambiado su apellido al contraer matrimonio, por lo que el enredo se hace patente al desmantelarse la relación incestuosa mantenida por los hermanos (de diferente madre). Tras el entierro se presentará el elemento narrativo principal sobre el que girará desde entonces todo el eje de la acción: la isla de Nutka. James es, por testamento, el único heredero de las posesiones de su padre, entre las que se encuentra un pequeño territorio, en apariencia inservible, habitado por peligrosas tribus indígenas. Como medida de prevención, el abogado familiar le recomienda que ceda ese terreno para evitar cualquier problema futuro. Pero el protagonista parece conocer algo acerca de esa isla que se nos escapa al resto, algo que será desvelado, al final del primer capítulo, con un magistral razonamiento estratégico, cuando James se entreviste con los dirigentes de la poderosa East India Company quienes, por muy empeñados que se muestren en resaltar la invalidez de la mencionada zona geográfica heredada, no podrán esconder unas evidentes ansias de ser los propietarios legales de la misma, por lo que sospechamos que el valor de esa isla es lo suficientemente elevado para hacer que los burgueses luchen por ella. En principio, parece la ubicación de Nutka, como punto conflictivo entre Estados Unidos y el imperio británico, lo que mueve a La Compañía a desear su adquisición cuanto antes, y así se lo hacen saber al “ignorante” James quien, después de tanto tiempo fuera del país, es posible que ande desinformado sobre la guerra imperante que esos dos bandos llevan a cabo desde hace dos años, la guerra anglo-estadounidense. No obstante, tras aguardar con cinismo un período prudencial de silencio, regocijándose en su superioridad hasta que Sir Stuart Strange y sus hombres terminaran la infantil explicación sociopolítica, el protagonista manifiesta su conocimiento, no sólo sobre la contienda vigente, sino también acerca del acuerdo de paz que se ha fijado, y la intención de ambos bandos de delimitar la frontera canadiense a la espera de lo que ocurra con Nutka, una isla insignificante que, por su situación, puede otorgar al propietario la legítima propiedad de todo Vancouver. Esto supone, a su vez, la principal vía de comercio con China. Con todas las cartas puestas en orden encima de la mesa, James rechaza la oferta sellando un claro tratado de guerra con La Compañía y con la corona británica, quienes pondrán precio a su cabeza.

    por Alberto Sáez Villarino
    marzo 20, 2017

    Crítica | Taboo (1ª temporada)

    por Alberto Sáez Villarino | marzo 20, 2017

    Las almas que penan

    crítica de River | Primera temporada.

    BBC | 1ª temporada: 6 episodios | Reino Unido, 2015. Creador: Abi Morgan. Directores: Jessica Hobbs, Tim Fywell, Richard Laxton. Guionistas: Abi Morgan. Reparto: Stellan Skarsgård, Nicola Walker, Georgina Rich, Lesley Manville, Eddie Marsan, Adeel Akhtar, Owen Teale, Sorcha Cusack, Jim Norton, Michael Maloney, Turlough Convery, Steve Nicolson. Fotografía: Hubert Taczanowski. Música: Harry Escott. Productoras: Kudos Film and Television.

    Nacemos solos y morimos solos
    Solo a través del amor y la amistad podemos, por momentos,
    crear la ilusión de que no estamos solos
    Por favor, no te preocupes por mí
    Mi querida bello
    Mi hermosa, mi amor
    Mi hermosa esposa
    Hay cosas que nunca te dije
    Hay cosas que nunca salpiqué
    ¿Cómo un hombre, un hombre como yo
    puede salpicar su corazón en su boca?
    No estamos hechos para esto
    Todo lo que sé es que cuando cierro los ojos,
    es a ti a quien veo
    Cuando voy a dormir,
    es a ti a quien siento pegada junto a mí
    Llueve hoy,
    y todo lo que puedo pensar es ‘te extraño’.

    El poema que sirve de epígrafe a esta crítica integra uno de los momentos más emotivos que pueden verse en la televisión actual. No pertenece a una historia romántica, al menos no en el sentido convencional del término. Tampoco sería apropiado ubicarlo dentro de ese amplio y heterogéneo grupo que la crítica autómata se empeña en aglutinar bajo el rótulo de “género dramático” (actitud que también puede extenderse y afectar a otras categorías, como lo demuestra la inentendible y múltiple nominación de The Martian para los apartados de comedia en los últimos Globos de Oro). Después de todo, el mayor error quizás consista en querer encasillar determinadas obras que no entienden de etiquetas. Lo justo, entonces, sería decir que el trozo de papel que lleva escritas —de manera urgente y necesitada— aquellas palabras de amor y una profunda autoconciencia confesional forma parte del corpus de evidencias perteneciente a un complejo caso policial. Combinando los recursos narrativos de la voz en off con la presencia visualizada, la serie nos ofrece la lectura del poema en boca de su propio autor, Haider Jamal, un inmigrante somalí llegado a Londres persiguiendo un futuro mejor. En su búsqueda, Jamal no solo se verá obligado a abandonar a su familia en su país de origen, sino que además terminará por perder su vida asesinado en circunstancias misteriosas. Su muerte pasará a engrosar la lista de misteriosos acontecimientos que el detective John River deberá investigar.

    River, encarnado por el curtido Stellan Skarsgård, presenta algunas características recurrentes en los policiales contemporáneos. Como primera observación deberíamos destacar que es un detective sueco, país desde el cual provienen hoy en día algunas de los mejoras obras de este género. Y, como no podría ser de otra manera, los resabios de una infancia dolorosa son los facilitadores para la disposición de traumas que intervienen activamente en su trabajo. Pasados turbulentos y presentes con secuelas, esas parecen ser las propiedades comunes a la mayoría de los detectives modernos que han visto y vivido sucesos demasiado oscuros. En el caso de River, esas secuelas se expresan en forma de visiones de aquellos que han muerto, de aquellos que ya no están. Pero no, no son alucinaciones las que sufre, ni mucho menos fantasmas los que ve. Son, según sus propias expresiones, manifestaciones que se le presentan, y en las cuales confluyen los sentimientos y las emociones que nunca se atrevió a confesar con su tendencia a ocultar datos e información relevantes para la investigación. Como consecuencia de lo que pareciera ser una disputa en el interior de su aparato psíquico, se le aparecen aquellos individuos que, directa o indirectamente, han pasado por su vida y a los cuales indefectiblemente perdió. 

    por EAM
    febrero 05, 2016

    Crítica en serie | River (T1)

    por EAM | febrero 05, 2016
    Luther Special

    Condensada vuelta al mundo de John Luther

    crítica de Luther | Cuarta temporada.

    BBC / 4ª temporada: 2 capítulos | Reino Unido, 2015. Creador: Neil Cross. Director: Sam Miller. Guionista: Neil Cross. Reparto: Idris Elba, Dermot Crowley, Michael Smiley, Rose Leslie, Joanna Croll, Laura Haddock, John Hefferman, Patrick Malahide, Darren Boyd, Warren Brown. Fotografía: John Conroy. Música: Paul Englishby.

    Idris Elba es una estrella, y como tal, encadena rodajes y promociones con asiduidad. Esa es una de las razones por las que, en apenas cinco años, solo se hayan hecho 16 episodios de Luther, y la principal causa de que esta temporada haya sido la más corta hasta la fecha. Tan corta (solo dos episodios de los habituales 58 minutos) que aunque sea muy buena no puede sino quedarse a medio camino. La ambición de la trama que plantea el retorcido creador Neil Cross le queda grande a dos horas de metraje, pero conociendo la serie se ve con claridad que es la única opción. El hombre gusta de meter a su fascinante protagonista en los apuros más grandes, y cada temporada consiste, más que en las investigaciones de los diferentes casos, en contemplar a John Luther atendiendo a varios calderos en el fuego. En esta ocasión, al siniestro villano de turno (un caníbal que lo es porque está afectado del Síndrome de Cotard, una enfermedad mental donde uno cree estar muerto, tanto figurada como literalmente) se suman impactantes noticias sobre Alice, que llevan a Luther a meterse con un capo criminal de la zona y a mirar atrás inesperadamente, a un caso de 1999 que cobra importancia de nuevo en su vida. Lo más consistente de esta breve temporada es, como siempre, la excelente interpretación de Elba, así como la escritura de Cross, que no pierde su talento para describir las peculiaridades de su protagonista y su entorno profesional.

    Un protagonista al que conocemos desde hace un tiempo pero que sigue siendo bastante enigmático para nosotros, la audiencia. Sólo sabemos con seguridad que, como todos los policías que la televisión refleja, quiere atrapar a los malos. Tiene una de las mejores caras de póquer de la historia del medio y desborda energía por los cuatro costados, de ahí que Elba lo encarne como un cable pelado que suelta chispas y se agita nervioso. Más que un personaje es un estado emocional, uno que funciona mejor en pequeñas dosis y que cumple a rajatabla la máxima del protagonista antiheroico que la llamada “televisión de calidad” lleva años mostrándonos. De lo que sí puede presumir el creador y uno de sus toques de distinción en esta era dorada del medio es de una galería de antagonistas memorable, criaturas retorcidas con grandes problemas mentales y métodos que supuran terror y violencia. Que en esta ocasión llegue el turno de un caníbal no debería sorprendernos, pero Cross se las ingenia para que ya desde su primera aparición se nos quede en el recuerdo este Steven Rose, y para que la explicación de su frenesí asesino tenga incluso hasta un matiz espiritual.

    por Anónimo
    enero 24, 2016

    Crítica en serie | Luther (T4)

    por Anónimo | enero 24, 2016

    De aprendices y maestros

    crítica de Jonathan Strange & Mr. Norrel.

    BBC | 1ª temporada: 7 episodios | Reino Unido, 2015. Creador: Susanna Clarke. Directores: Toby Haynes. Guionistas: Susanna Clarke, Peter Harness. Reparto: Eddie Marsan, Bertie Carvel, Marc Warren, Enzo Cilenti, Charlotte Riley, Paul Kaye, Ariyon Bakare, Samuel West, Alice Englert, Edward Hogg, Vincent Franklin, John Heffernan, Brian Pettifer. Fotografía: Stephan Pehrsson, Lukas Strebel. Música: Benoît Charest, Benoît Groulx. Productoras: BBC / Cuba Pictures / BBC America / Bell Media / Cité-Amérique / Far Moor / Feel Films / Screen Yorkshire.

    Antes de que causaran furor las sagas distópicas sobre Estados totalitarios que se ensañan con jóvenes líderes revolucionarios; o antes de que se pusieran en boga los triángulos amorosos un tanto inverosímiles entre vampiros, humanos y hombres lobos benevolentes; o de que el multifacético Neil Gaiman fuese masivamente reconocido y reverenciado por todo Occidente –por quienes lo han leído y por aquellos que no lo han hecho, pero que aún así lo ponderan-; o antes incluso de que los interminables avatares del estigmatizado Potter conocieran finalmente un desenlace, existió una novela, un único tomo de exquisitas ochocientas páginas que renovó la forma de concebir el género fantástico. Su trama no se desarrollaba en ningún futuro postapocalíptico o presente paralelo (como era el caso de todo ese mundo mágico que se desenvolvía a espaldas de las mundanas vidas muggles, en la obra de J. K. Rowling), sino que transcurría en el pasado, más precisamente en los albores de la Época Victoriana. Para narrar los grandiosos acontecimientos fantásticos que allí tenían lugar, la autora, una casi desconocida Susanna Clarke, utilizó una prosa que remitía a la comedia social de Jane Austen, y a la que complementó con una estructura de estilo ensayístico, compuesta de notas al pie sobre la historia de la magia, referencias a personajes célebres de las artes ocultas y cuentos cortos vinculados a la temática. Esta experiencia narrativa y literaria le valió a Clarke no solo el reconocimiento de sus lectores y la crítica, también la obtención de numerosos galardones y la nominación al Premio Booker.

    Pero al tiempo que crecía su favorable recepción, también se agigantaba su fama de novela incapaz de ser filmada, como en el pasado lo había sido la trilogía de El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, o como todavía lo siguen siendo algunas producciones del propio Gaiman. Por eso cuando en 2015 la BBC confirmó el estreno de una versión televisiva de Jonathan Strange y el señor Norrell, las expectativas tras el anuncio se dispararon inmediatamente. Desoyendo todas las evidencias que sugieren jamás ilusionarse de antemano con las adaptaciones fílmicas de novelas de esta envergadura, los amantes del libro no pudieron hacer otra cosa que maravillarse, sobre todo teniendo en cuenta los logros que la misma cadena británica había obtenido con la adaptación de la obra de Arthur Conan Doyle en la miniserie Sherlock. Y a juzgar por los resultados finales, es necesario reconocer que la BBC, lejos de decepcionar, ha conseguido trasladar a la pantalla pequeña la esencia de un libro cuya escritura le demandó a su autora más de diez años. La primera razón de ello se debe a que la serie mantiene los lineamientos argumentales básicos de la compleja novela que la inspiró: corre el año 1806 y en Inglaterra el ejercicio de la magia lleva varios siglos sin practicarse, siendo los únicos magos reconocidos los caballeros que integran la Sociedad de Magos de York, selecto grupo de eruditos que solo se dedican a historiar sobre la magia medieval. Hasta que un día aparece un enigmático hombre llamado John Childermass (Enzo Cilenti), quien osa proclamar que en Inglaterra aún existe un mago practicante, y que dicha persona es nada más y nada menos que su propio empleador, el desconocido señor Gilbert Norrell (interpretado por el genial Eddie Marsan). Para aplacar el escándalo que esta afirmación desata en los miembros de la Sociedad de Magos de York, Childermass propone un desafío: si el señor Norrell logra ejecutar un acto de magia, los integrantes de la sociedad de York deberán disolver su grupo y renunciar a su autoadjudicada condición de magos.

    por EAM
    enero 17, 2016

    Crítica en serie | Jonathan Strange y el señor Norrel (T1)

    por EAM | enero 17, 2016

    Ciencia-ficción de personajes

    crítica a Refugiados (2015).

    La Sexta, BBC | The Refugees | Miniserie de 8 capítulos | España, Reino Unido, 2015. Creadores: Ramón Campos & Gema R. Neira & Cristóbal Garrido & Adolfo Valor. Directores: David Pinillos, Elías León. Argumentistas: Ramón Campos, Gema R. Neira, Cristóbal Garrido, Adolfo Valor. Dialoguistas: Gema R. Neira, Adolfo Valor, Ramón Campos, Cristóbal Garrido, María José Rustarazo. Reparto: Natalia Tena, Will Keen, David Leon, Dafne Keen, Jonathan D. Mellor, Ken Appledorn, Charlotte Vega, Gillian Apter, Brendan Price, Benjamin Nathan-Serio, Gary Piquer, Morgan Symes, Nick Devlin, Reg Wilson. Productoras: Bambú Producciones, Atresmedia Televisión, BBC Worldwide. Fotografía: Jacobo Martínez. Música: Federico Jusid.

    Rodeada de un bombo mediático considerable y con promesas de cambio llegaba a las pantallas españolas Refugiados, una de las mayores apuestas de la ficción de nuestro país. Una apuesta cuyos resultados han sido a la vez irregulares y estimulantes, que parecía destinada a no poder ser todo lo que se nos vendió que era, pero que demuestra que existe la capacidad y talento para hacer cosas diferentes. Esta miniserie, creada por Ramón Campos, Gema R. Neira, Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, fue anunciada enfatizando sus aspectos de ciencia-ficción, aunque el posterior desarrollo ha sido más el de un drama de personajes. La interesante premisa, el viaje en el tiempo de un gigantesco grupo de personas para escapar de un virus mortal en 2064, se ha vivido a través de las consecuencias de este suceso en un pequeño pueblo, y más específicamente en dos familias y algunos hombres del lugar (dos policías y el dueño de un tienda de armas). Una de esas familias, formada por Sam, Emma y la joven Annie, ha sido la fuente de la mayoría de las tramas. En medio de la noche, el misterioso Álex llega a su puerta, enviado por la Annie de 2064 para evitar un suceso traumático. Aunque cualquiera sabe, como pura matemática de la ciencia-ficción en particular y la televisión en general, que no se puede cambiar el pasado sin consecuencias, y las de su intervención serán rotundas. Si Refugiados es un producto tan especial es porque es una co-producción entre Atresmedia y la BBC, hecha más que nada para poder sacar estructuralmente adelante una idea tan arriesgada para nuestra industria. De los ingleses hemos heredado el idioma, parte del reparto y la duración (50 minutos por entrega frente a los 70/90 de nuestro país), y se diría que los creadores han trabajado con gran libertad porque la miniserie está repleta de hallazgos de guión que escasean en la producción propia, como el uso de las elipsis o las acciones fuera de campo para hacer avanzar la trama.

    Rodada en España y con equipo técnico patrio, Refugiados empieza con mucha garra y personalidad, con un doble episodio (decisión enteramente de la cadena) que aúna tensión, misterio y una ambientación de primera. Los múltiples enigmas que su argumento despertaban, así como las esquivas intenciones de los refugiados, crearon unas expectativas que en perspectiva han quedado algo infundadas. Y es que pasados unos capítulos lo macro se hizo micro y todo se encalló en una fórmula de repetición (el discurso de Óscar de Ellos contra Nosotros, la enemistad de los padres de Sophie contra Christian) y se tomó una decisión muy discutible al convertir el drama en casa de la familia protagonista en un triángulo amoroso de trágicas consecuencias. Al final reinaba una cierta indefinición argumental, y la jugosa premisa ha quedado desaprovechada. Se comienza documentando con fuerza las circunstancias y consecuencias de un acontecimiento así, la llegada súbita y masiva de millones de personas del futuro, pero siete semanas después quedan demasiadas preguntas en el aire y subtramas desatendidas como para quedar satisfecho, como para no pensar que hay otra historia (mejor) que podría haberse contado. La abundancia de parches (una madre muere y otra la sustituye) y puntos suspensivos hacen mella en la calidad global del proyecto, y es una pena que se diluya un punto de partida tan prometedor por no administrar mejor el tiempo y no equilibrar las subtramas.

    por Anónimo
    junio 18, 2015

    Crítica en serie | Refugiados

    por Anónimo | junio 18, 2015
    Episodes

    La dilatada pesadilla

    crítica a Episodes (2011-) | Temporada 4

    Showtime, BBC / 4ª temporada: 9 capítulos | EE.UU, Reino Unido, 2015. Creadores: David Crane & Jeffrey Klarik. Director: Iain B Macdonald. Guionistas: David Crane & Jeffrey Klarik. Reparto: Matt LeBlanc, Tamsin Greig, Stephen Mangan, Kathleen Rose Perkins, John Pankow, Mircea Monroe, Andrea Savage, Joseph May, Daisy Haggard, Andrea Rosen, Fiona Glascott, Niger Planer. Fotografía: Rob Kitzmann. Música: Mark Thomas, Oli Julian.

    La cuarta temporada de Episodes arranca justo donde nos dejó la tercera. Beverly y Sean se ven obligados por contrato a regresar a Estados Unidos para rodar seis capítulos más de Pucks!; Matt pierde su trabajo de ensueño en el drama de la NBC y la agente Eileen Jaffe (una estupenda Andrea Rosen) volverá con su campaña de acoso y derribo para que los británicos vendan su fabuloso guión a alguna cadena. Tras el despido de Castor, el jefe de la cadena contrata a Helen Basch, volviendo a relegar a la pobre Carol (fabulosa Kathleen Rose Perkins, actriz con un olfato cómico de primera) a ser la segunda de abordo. Y la amante, aunque esto es elección suya. Y en esta línea se desarrollarán las tramas de estos magníficos nueve capítulos, donde los creadores David Crane & Jeffrey Klarik siguen explorando los tejemanejes de los despachos de Hollywood con tanta mala baba como veracidad. También aprovechan la oportunidad para adentrarse en una cara menos conocida de la estrella televisiva, su variante de posible gloria pasada. Matt LeBlanc ha conjugado a la perfección comedia y drama (sin aspavientos ni sobreactuaciones en ninguna variante) en su encarnación de “sí mismo”, y trabaja desde un sabia serenidad que apunta a un interior tormentoso. Y banal. A la vez.

    La serie mantiene su política de no hacer amigos y sigue engordando su universo referencial, plagado de chistes recurrentes, pautas de comportamiento ya vistas y, en definitiva, una dinámica que ha probado ser efectiva en el pasado. Recordemos que los creadores son los únicos guionistas, que tienen la temporada escrita antes de rodar y por ello pueden supervisar el proceso en persona. Ruedan en función de las localizaciones para ahorrar, y esta temporada ha repetido por primera vez un director. Iain B Macdonald, nominado al Emmy por su trabajo en la tercera tanda, se encarga de la cuarta y lo hace siguiendo el patrón visual de siempre. Sin alardes pero sin que tampoco parezca todo funcional, o rodado con el piloto automático. Lo que más sorprende de Episodes es que genuinamente sorprende. Las tramas son impredecibles, no así tanto los comportamientos de los personajes, pero los creadores se las ingenian para crear constantemente “situaciones-trampa”, en las que el cuarteto protagonista (Merc y Morning no están en cada capítulo) se ven atrapados por compromiso o necesidad. Es la esencia de la buena comedia, la descripción de unas características plausibles, aunque suenen extravagantes, que parecen llevar inexorablemente a X punto. Y solo lo parece, porque en realidad todos están tomando decisiones. La promesa de una vida mejor, de la felicidad o de la fama y abundancia mueven sus acciones, aunque estén tan ciegos que no (quieran ver) vean y se sientan después desgraciados por el resultado final. Pero cargas de profundidad aparte, esto es una comedia y de las más divertidas. El oficio de Crane y Klarik es palpable tanto en la construcción de los chistes como de los momentos cómicos en sí. Aprovechan el potencial incómodo del silencio (el momento del tiramisú) y del conflicto, de manera que la serie está presidida por un tono de humor, lo cual no afecta al realismo de lo contado, que contagia cada segundo de metraje. Es una serie de ritmo tranquilo, pero recorrida por un fino trenzado de diversión. Saben jugar con las expectativas del espectador y han demostrado no tener piedad alguna con sus personajes. Las odiseas en las que se ven cada uno metidos (Matt pierde la mitad de su dinero; Sean y Beverly se vuelven a ver arrastrados al negocio; Carol se lía con su jefa y ésta resulta ser una novia celosa y agobiante) son prueba de esto, y gran parte de nuestro deleite como audiencia es verlos pasar por eso.

    por Anónimo
    marzo 19, 2015

    Crítica en serie | Episodes / Temporada 4

    por Anónimo | marzo 19, 2015
    The Casual Vacancy

    De puertas para fuera

    crítica a Una vacante imprevista

    BBC, HBO | Miniserie de 3 capítulos | Reino Unido, 2015, The Casual Vacancy. Dirección: Jonny Campbell. Guión: Sarah Phelps, basada en la novela homónima de J.K. Rowling. Reparto: Michael Gambon, Julia McKenzie, Abigail Lawrie, Joe Hurst, Brian Vernel, Rory Kinnear, Keeley Forsyth, Rufus Jones, Keeley Hawes, Lolita Chakrabarti, Monica Dolan, Simon McBurney, Richard Glover, Marie Critchley, Michelle Austin. Productora: Brontë Film and TV. Fotografía: Tony Slater Ling. Música: Solomon Grey.

    Apenas tres años ha tardado el engranaje del mundo del espectáculo en volver a adaptar una obra de la escritora J.K. Rowling, madre del fenómeno superventas Harry Potter. En 2012 publicó la novela que da base a ésta algo decepcionante miniserie, que ha contado con la supervisión de la mujer en su faceta de productora. Rodada el verano pasado, llega a nuestras pantallas Una vacante imprevista, co-producción de la BBC y HBO que se ha emitido primero en Reino Unido. Al canal estrella de cable de Estados Unidos llegará el 29 de abril. Nos encontramos con casi 180 minutos de metraje, dividos en tres partes, para una obra de más de 600 páginas, lo que ha obligado a la guionista Sarah Phelps a condensar elementos, eliminar subtramas y quedarse con lo que ha considerado esencial. Pero también, y esto es lo más sorprendente, se han eliminado personajes importantes, se han inventado parentescos y cambiado la personalidad y destino de otros tantos. Esto llama poderosamente la atención a cualquier lector, pero la miniserie, como cualquier adaptación de un formato previo (libro, cine, teatro, etc) debería ser valorada como una entidad independiente, como una historia que nunca hemos oído (o leído).

    Una historia que comienza con la decisión que debe tomar el consejo parroquial de un pequeño pueblo inglés sobre qué hacer con su zona más conflictiva, un grupo de viviendas lleno de drogas y pobreza. Cuando uno de los mayores defensores de mantener Los Prados, Barry Fairbrother, muere súbitamente, se abre un puesto en el consejo que desencadena una batalla local de posturas enfrentadas. Surge así un proceso que expondrá lo peor de los personajes y dejará sus miserias al descubierto. Directa o indirectamente, porque la historia es lo suficientemente amplia como para tener distintos personajes en las áreas afectadas por esta crucial decisión, así que la intención es mostrarnos múltiples perspectivas. Una vacante imprevista es eficaz como mosaico de personajes cruzados porque entendemos los problemas que cada uno tiene, pero también es insuficiente para el tiempo del que dispone. Tres entregas no son suficientes si se están observando hasta siete núcleos familiares de varios miembros, cuando existe un intento de análisis penetrante de las cosas más vergonzosas que cada familia tiene, y que tratan de ocultar de cara al exterior. Convocadas prácticamente todas las edades, queda más bien un recorrido superficial por una serie de elementos que hemos visto ya en otras ocasiones.

    por Anónimo
    marzo 07, 2015

    Crítica en serie | Una vacante imprevista

    por Anónimo | marzo 07, 2015
    The Honourable Woman

    Exquisito y comprometido thriller político

    crítica de The Honourable Woman | ★★★★

    BBC, Sundance Channel | Miniserie de 8 capítulos | Reino Unido, EE.UU, 2014. Dirección y guión: Hugo Blick. Reparto: Maggie Gyllenhaal, Lubna Azabal, Stephen Rea, Katherine Parkinson, Andrew Buchan, Genevieve O´Reilly, Janet McTeer, Igal Naor, Eve Best, Martin Hutson, Lindsay Duncan, Philip Arditti, Tobias Menzies, Oliver Bodur. Productora: Drama Republic, Eight Rooks LTD, BBC Worldwide, Sundance Channel. Fotografía: Zac Nicholson, George Steel. Música: Martin Phipps.

    “¿En quién confías? ¿Cómo lo sabes? ¿Por lo que parecen? ¿Por lo que hacen? ¿Cómo? Todos tenemos secretos. Y todos decimos mentiras, para ocultarlos a los demás... y a nosotros mismos. Pero a veces, muy a menudo, algo sucede que no te deja otra opción que revelarlas. Dejar que el mundo vea cómo eres de verdad. Tu yo secreto. Pero en general mentimos, escondemos nuestros secretos de los demás y de nosotros mismos. Y la manera más sencilla de hacerlo es ni siquiera saber cuáles son. Así que cuando lo piensas así, es increíble que seamos capaces de confiar en alguien”. Con esta brillante reflexión se abre The honourable woman, y durante sus ocho episodios oiremos la narración o partes de ella acompañando a los sucesos de los episodios anteriores, que cada vez se acumulan más. La cuestión ahí planteada es la de la confianza, tema universal y peliagudo sobre el que Hugo Blick compone esta portentosa miniserie. Su protagonista, esa “mujer honorable” del título, es ¿o no es? Nessa Stein. Nessa, de raíces israelís, ha decidido aportar lo que pueda para mejorar las relaciones entre Israel y Palestina. Junto a su hermano Ephra vio como su padre era cruelmente asesinado en una escena magistral y retorcidamente hermosa, y el trauma de esto se suma a otra experiencia en 2006 que la lleva a presidir su empresa con objetivos claros: educar, instalar Internet para unir y ser conciliadora.

    A veces el mundo real se adelanta a los acontecimientos ficticios de una forma inesperada, haciendo que la idoneidad del estreno de algo cobre otro nivel de sentido. The honourable woman se ha estrenado en medio de un recrudecimiento del conflicto palestino-israelí que ha convertido Gaza en foco de decenas de muertes y fuente constante de noticias. Es difícil ver la miniserie sin tener esto en mente, y más cuando Blick no bordea el conflicto ni lo usa como mera excusa narrativa. El director y guionista tiene su propia opinión sobre el tema, y lo traduce a la pequeña pantalla con un amplio abanico de personajes que expresan puntos de vista nada complacientes y componen un poliedro de opciones, amén de una demoledora charla final “entre ambos países”, personificados en Nessa y el abuelo de Kasim. El talento de Blick reside en que es capaz de compaginar un material dramático de peso con una apuesta visual igualmente potente, con un cuidado para la composición del encuadre encomiable. Es un sabio escénico, capaz de gastar minutos y minutos de metraje en crear momentos de gran suspense, aunque no hagan avanzar mucho la historia (la muerte de la amante falsa, el tramo final de la búsqueda de Nathaniel). Es en ese cuidado por el equilibrio de la historia y su representación visual donde The honourable woman encuentra su toque de distinción. Un equilibrio que el creador ya logró en su anterior miniserie, la maravillosa The shadow line (2011), ejemplo de neonoir donde la corrupción policial era examinada con cristalina lupa. Desde la rítmica cabecera de la miniserie que nos ocupa, con importantes frases e imágenes aisladas, se puede ver el interés de su responsable por la narración como puzzle y el clásico binomio acción/consecuencia.

    por Anónimo
    agosto 25, 2014

    Crítica en Serie | The Honourable Woman

    por Anónimo | agosto 25, 2014
    The Day of the Doctor

    THE DAY OF THE DOCTOR

    dirigido por Nick Hurran, 2013
    Episodio especial 50 aniversario (50th Anniversary Special)

    Tras una espera que asemejó una larga estadía en el infierno, al fin llegó el mes de noviembre del año 2013: el mes del Doctor Who. El día 23 se estrenaba el episodio especial que conmemoraba el 50 aniversario de la serie y abandonamos la isla perdida en la que nos habíamos ocultado, nos afeitamos nuestras luengas barbas, nos aseamos como corresponde y nos vestimos con nuestras mejores galas. Ya estábamos listos para volver a la vida de nuevo. Nueve días antes la BBC había presentado un breve mini episodio de poco más de siete minutos de duración como introducción a lo que estaba por venir, arrojando un poco de luz sobre el tremendo cliffhanger con el que se había puesto fin a la séptima temporada: un nuevo Doctor había surgido de las nieblas del pasado y todo el mundo se preguntaba quién demonios era ese anciano de mirada fiera que tras los poderosos rasgos del actor John Hurt nos obligaba a cambiar la numeración con la que se reconoce a los doctores a falta de nombre. The Night of the Doctor (John Hayes, 2013) comienza con una nave espacial en llamas y una cámara nerviosa que se mueve de un lado a otro y no se detiene ni un instante en su afán por transmitirnos el caos del momento. La nave está cayendo hacia un planeta casi anhelando su destrucción. La piloto clama por la necesidad de un doctor, y entonces hace su magistral entrada el octavo Doctor, Paul McGann, diciendo en voz alta una frase magnífica dirigida al anonadado espectador que jamás hubiera esperado verle de nuevo en el serial: “Yo soy un Doctor, pero probablemente no soy el que esperabas.” La nave se estrella y a partir de ahí asistimos a cuatro minutos en tiempo real en los cuales se nos explica el gran porqué de ese nuevo Doctor. Sigue el rodaje con la cámara al hombro y aquí ya molesta un poquito más, pero es tan emocionante lo que empezamos a adivinar que se avecina que no nos detenemos ni a respirar: la regeneración del octavo Doctor en su sucesor, que no será Christopher Eccleston como todos habíamos supuesto, sino John Hurt, presentando un giro de guion tan espectacular que uno olvida que tuvo su origen en la negativa de Eccleston de volver a la serie, por lo que este personaje concebido para él hubo de resolverse creando un nuevo Doctor sobre el que volcar toda la proyectada trama. Paul McGann ha tenido así su regeneración, el único Doctor del que nos había sido arrebatada, y podemos comprobar la intensidad y la emoción que su actuación impone en tan pocos minutos. El Doctor que solo tuvo una película de televisión, dirigida por Geoffrey Sax en 1996, pero que apareció en cuatro temporadas de audio libros generando su propia mitología se despedía con una llamarada tan épica como desesperada. 

    por José Luis Forte
    febrero 18, 2014

    Especial Doctor Who | The Day of the Doctor

    por José Luis Forte | febrero 18, 2014
    Sherlock - The Sign of Three (3x02)

    ¿Y ahora qué?

    crítica de Sherlock (2010-) [BBC One] | Temporada 3

    Con esta pregunta arranca, dos años después, la nueva temporada del fenómeno Sherlock. Sabiendo que Holmes fingió su propia muerte, tenemos tres nuevos capítulos de casi 90 minutos y que sus protagonistas han rodado entre película y película. La serie es, y se nota en pantalla, como volver al hogar para todos los implicados. No puede ser casualidad que la pareja de Martin Freeman y los progenitores de Benedict Cumberbatch interpreten personajes en esta tanda de episodios. Es ya como una empresa familiar. Las nuevas historias, adaptaciones de nuevo del trabajo de Conan Doyle, ponen a nuestros protagonistas en diversos apuros. Pero en esta ocasión los casos están algo desdibujados en detrimento de perfilar mejor la nueva dinámica personal de la pareja central de la serie. Watson se casa y veremos como esto influye en Sherlock.

    La temporada es muy divertida y contiene más de una bienvenida sorpresa, como el retorno de Moriarty en más de una forma, una breve relación de Sherlock con una dama de honor de Mary Watson o el vistazo a un club de fans del detective que cavilan sobre qué pasó con él. John Watson será sometido indirectamente a un pequeño psicoanálisis y Sherlock va a buscar pistas bajo los efectos del alcohol. Tras establecer unas negras circunstancias, la pregunta que titula este escrito también vale para el cierre, pues un enigmático ¿regreso? se materializa en los últimos segundos de la serie.

    por Anónimo
    enero 22, 2014

    Crítica en Serie | Sherlock (Temporada 3)

    por Anónimo | enero 22, 2014

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