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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Good One, India Donaldson [Cannes 2024]

    || Críticas | Cannes 2024 | ★★★☆☆ ½
    Good One
    India Donaldson
    Una nueva perspectiva


    Rubén Téllez Brotons
    Cannes |

    ficha técnica:
    Estados Unidos, 2024. Título original: Good One. Duración: 90 min. Dirección: India Donaldson. Guion: India Donaldson. Música: Celia Hollander. Fotografía: Wilson Cameron. Compañías: International Pigeon Production, Smudge Films, Tinygiant. Reparto: Lily Collias, James Legros, Danny McCarthy.

    En el cine, el aparataje simbólico que se le suele atribuir a la ciudad y al campo se construye siempre desde una oposición de conceptos cuyo sentido último sólo puede entenderse desde el antagonismo que los organiza, que convierte las piezas deshilachadas y a veces contradictorias de cada entorno en un puzle cerrado y ordenado, escenario perfecto cuyo carácter estable permite la germinación de las emociones y la articulación de un discurso. Resulta difícil encontrar obras en las que se subvierta radicalmente el significado de dichos términos, ya sea porque se ha creado un marco dentro del cual se edifica la visión que uno tiene de cada lugar, y cuya existencia permite la supervivencia y transmisión de dichas asociaciones (es decir, que uno relacione siempre el campo con la tranquilidad y el descanso porque desde que era pequeño ha visto películas en las que se le atribuían esas características); porque haya un fuerte andamiaje de realidad detrás de dichas agrupaciones o, posiblemente, por una mezcla de ambas. El ejemplo más extremo de inversión de dichos términos se puede encontrar en la filmografía de Lars Von Trier, para quien el campo, el bosque, lo natural, siempre está indisociablemente unido al caos, la destrucción y la muerte —véase Anticristo. Evidentemente, pese a que una cinta que se desarrolle en el campo asocie dicho espacio, al menos de manera superficial, con el silencio y la parsimonia, por detrás de sus imágenes fluyen muchos y variados temas: ahí están, como ejemplo paradigmático, todas las obras del nuevo cine español que convierten los entornos rurales en su escenario predilecto y que, pese a eso, no tienen que ver nada las unas con las otras, ni a nivel temático ni estético.

    Good One, el debut cinematográfico de India Donaldson, se levanta, precisamente, desde la piel de la superficialidad de la simbología que constituye la raíz conceptual de la ciudad y el campo. Dicho de otra forma, la cineasta coge la idea de la naturaleza como lugar al que ir para escapar de la rutina, del ruido ensordecedor de la urbe, de los problemas que se acumulan unos encima de otros hasta conformar una maraña de ansiedad difícil de deshacer, y, desde ahí, diseña una obra humilde en su perfecta sencillez, que busca en todo momento capturar esos pequeños matices gestuales que no son sino la cristalización de las emociones de los personajes. La protagonista, Sam (Lily Collias), es una adolescente que se va de excursión por la montaña junto con su padre (James Legros) y un amigo de este (Danny McCarthy). Lo que en un principio se presentaba como un viaje relajante en el que los tonos verdes del bosque, la frescura húmeda de las hojas mojadas por la lluvia y el sonido monocorde y suave del río iban a coser una red de tranquilidad en la que los personajes pudiesen mecerse hasta olvidar por completo todas sus preocupaciones, termina deviniendo en un recorrido silente por los caminos de la incomodidad: los dos adultos, bastante gañanes, no sólo son incapaces de comunicarse con la joven, sino que, con sus comentarios rancios —a veces machistas, otras tantas, homófobos— no dejan de molestarla, sin darse siquiera cuenta.

    Donaldson apuesta por escribir sobre la pantalla un haiku cinematográfico en el que la contemplación del paisaje en el que sucede la acción tiene, por momentos, más importancia que los pequeños conflictos que surgen entre los personajes. La idea es, primero, subrayar el carácter edénico y sanador que tienen, por lo general, este tipo de viajes para, después, puntear el relato con briznas de incomunicación entre los personajes que, lejos de solucionarse al albor de la montaña, se hacen más grandes, con momentos desagradables que hacen que Sam, en vez de desear que el fin de semana dure eternamente, ansíe que termine cuanto antes. Desde un enfoque entomológico, la directora rastrea esas miradas que se pierden en esquinas de dolor y esos silencios que se ahogan en la garganta, que contrastan con las capacidades catárticas que se le atribuyen a este tipo de lugares. Y es de ese contraste entre la inmensidad del paisaje y la sutileza de los gestos de los personajes, desde donde se cimenta la particular atmósfera de Good One, al mismo tiempo lírica y acogedora; y opresiva y punzante. La escena en la que Sam y el amigo de su padre se quedan charlando antes de irse a dormir es el perfecto ejemplo de esto, en tanto que el intimismo dulce del momento lo rompe bruscamente un comentario bastante turbio del adulto. India Donaldson descubre así una nueva perspectiva desde la que narrar —y observar— el dualismo en apariencia antagónico que surge entre la ciudad y la naturaleza. ♦


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