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    Cine Alemán Siglo XXI

    Crítica | Chime (スパイの妻. Kiyoshi Kurosawa, 2024)

    || Críticas | ★★★★☆
    Chime
    Kiyoshi Kurosawa
    Vuelven los fantasmas


    Miguel Martín Maestro
    Valladolid |

    ficha técnica:
    Japón, 2024. Titulo original: スパイの妻. Dirección y guion: Kiyoshi Kurosawa. Música: Takuma Watanabe. Fotografía: Koichi Furuya. Intérpretes: Mutsuo Yoshioka, Tomoko Tabata, Ilkkei Watanabe. Productor: Misaki Kawamura, Hideyuki Okamoto. Sonido: Norihito Sorimachi. Diseño de producción: Hidetoshi Ando. Edición: Azusa Yamazaki. Compañías productoras: Roadstead, Sunborn. Duración: 45 minutos.

    Con Chime, Kurosawa regresa al cine que le hizo conocido mundialmente: al cine de Charisma, Cure o Kairo o a las no menos perturbadoras pero menos sutiles Creepy o Le secret de la chambre noire, películas todas ellas, como Chime en las que la tensión creciente se transforma en marca propia; tensión enlazada con lo sobrenatural e inexplicable. La película se ambienta exclusivamente en dos espacios y un tercero residual pero igualmente trascendente para explorar la mente del protagonista. Una escuela de cocina, el domicilio del profesor y una cafetería donde Matsuoka (Mutsuo Yoshioka) intenta convencer a un inversor que es la persona adecuada para asumir la cocina de un restaurante de cocina francesa en Tokio. Si la puesta en escena es esencial para dar calidad a una obra cinematográfica en Chime resulta primordial para dejarnos atrapar por las incontables incógnitas y sorpresas con las que Kurosawa infecta la mente del espectador.

    Infección porque siempre rodea algo malsano a la persona del protagonista, algo amenazador que nos cuesta determinar si le acosa o proviene de él mismo. En apenas 45 minutos sentimos el desasosiego creciente que nos provoca un personaje que asumimos inicialmente como víctima pero que, poco a poco, se transforma en verdugo. El sonido, inevitable recurso efectista y, no siempre efectivo, cuando de películas de terror psicológico se trata, condiciona al espectador para interpretar que lo que está viendo viene lastrado por algo oscuro que, más pronto o más tarde, surgirá sin posibilidad de escape, pero en el caso de esta obra resulta esencial para identificar los mecanismos insanos que condicionan a Matsuoka. Pequeños elementos delatan la anormalidad de ciertos personajes, pero ¿son personajes dañados de antemano o son daños que provoca el propio Matsuoka? ¿Es la maligna influencia del profesor la que provoca reacciones incomprensibles en sus alumnos? ¿y en su familia? ¿y en quien comparte con él el espacio mientras sufre la mayor humillación imaginable en público? ¿Y si todo fuera producto de la locura y nada fuera lo que parece?

    Hay esquinas, dobleces, imágenes, presencias, frases que permiten seguir cualquiera de estos caminos; hay guiños, incluso, a películas anteriores del propio director como ese final que parece el anticipo del brutal colofón de Kairo, pero lo realmente interesante es apreciar la incomodidad del egoísmo, del egocentrismo de un personaje ensimismado en sus delirios y sus inseguridades que va proyectando en todos con quienes se cruzan en su camino parte de su propia putrefacción. Cabría pensar si no estaremos con Chime, traslación anglófila al japonés de la palabra “crime” en un episodio de epidemia psicótica, donde se recibe y transmite un virus capaz de desembocar en la violencia inesperada. Las opciones se multiplican cuanto más tiempo pasa y se pasa cerca del protagonista, sólo el personaje del inspector del policía parece resistir el influjo nocivo de este profesor de cocina desvencijado, pusilánime, derrotado pero imprevisible.

    Todos los espacios frecuentados por Matsuoka parecen cobrar vida a través de la banda sonora, transmitir ondas a un cerebro perturbado que necesita muy poco para desbarrar hacia el título de la película. Los lugares se transforman en penetrantes sensaciones de opresión, incomodidad e incomunicación. Si el cine de Kurosawa había emprendido una senda de ligero optimismo o confianza en las relaciones humanas (Before we vanish Viaje hacia la orilla El fin de cada tiempo, el principio del mundo) salvando el patinazo de La mujer del espía, película en la que la narrativa del director nunca se encuentra cómoda en ese academicismo pseudotelevisivo; con Chime retoma sus ambigüedades y temores del pasado. La incertidumbre mundial, una pandemia que ha aumentado la soledad y la neurastenia generalizada han confluido, quizás, en el retroceso del director hacia territorios más conocidos y donde ha de encontrarse más cómodo. En Kurosawa el hogar familiar termina siendo fuente de conflicto en su cine de horror fantástico y en Chime no podía ser de otra manera con ese hijo y esa esposa que parecen sacados de las montañas de la locura. Con una filmografía de más de 60 obras volver la mirada hacia atrás no significa, en este caso, retroceder sino afianzarse en lo conocido para regresar a nuestro imaginario cinéfilo a la espera de su remake de The serpent path. ♦


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