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    San Sebastián 2018: Número 7 | Críticas: Entre dos aguas, The Third Wife, Marilyn

    Crónica Número VII del 66SSIFF

    Día 7 en el Donostia Zinemaldia.

    Fuera de campo, en una escena de la película china Breeze, suena difuminada y diegéticamente una versión de Every breath you take, el clásico de The Police. Concretamente, la de Puff Daddy y Faith Evans renombrada I’ll be missing you en memoria de Notorious Big, un tema indispensable de la escena comercial de los 90. El corte en cuestión podría encuadrarse en una de las primeras corrientes de remasterización para las nuevas generaciones de los hitos artísticos de los 70 y 80. Una tendencia que superado el umbral del nuevo milenio se ha convertido en una constante: sea de forma bruta o sutil, un amplio catálogo musical y cinematográfico adapta cánones y formas ya creados. Una sentencia con la que podríamos definir a Nuevos Directores, el segundo apartado en importancia del festival, algo en lo que ya incidimos en nuestro artículo previo. Nuevos Directores trae a San Sebastián quince premieres mundiales o internacionales con primeros y segundos trabajos de directores y directoras y, pese a su anatomía de outsiders, es raro no asistir a una revisión de algo anteriormente proyectado o estructurado sobre los estilemas de un autor o cine concretos. Señal, por otro lado, inequívoca sobre la escasa originalidad de las propuestas cinematográficas contemporáneas, adscritas a movimientos (sean estéticos, ideológicos o filosóficos) ligados a la actualidad e incapaces de romper mínimamente el patrón. A partir de esto, y dejando a un lado esos anhelos críticos difícilmente alcanzables, sí que podemos discriminar la valía de trabajos que, en su amplia mayoría, apuestan por la honestidad y/o por el virtuosismo técnico. En este último caso han surgido filmes como The Third Wife, protagonista de esta crónica, Meteorite, Julia y el zorro, Oreina o Jesus. Más sobrias se muestran Viaje al cuarto de una madre, Midnight Runner, A Decent Man o la citada Breeze. Todas creaciones que si bien pasarán desapercibidas en el circuito –salvo las producciones españolas, resultará complicado que encuentren distribución en nuestro país—, se pueden calificar de meritorias. Es el cine del mañana; hay motivos para el miedo, pero también para la esperanza.

    Prólogo: Emilio Luna.
    Crítica de The Third Wife: Jose Luis Forte.
    Crítica de Entre dos aguas: Miguel Muñoz Garnica.
    Crítica de Marilyn: Juan Roures.

    ENTRE DOS AGUAS

    Isaki Lacuesta, España | Competición.

    Entre dos aguas se articula sobre una estructura de avance lineal que, sin embargo, juega con algunas digresiones arrojando flashbacks de la niñez de sus dos hermanos protagonistas, Isra y Cheíto. Lo llamativo es que esos saltos temporales apelan a una experiencia visual compartida previa, La leyenda del tiempo (2006), rodada doce años atrás con los mismos protagonistas (en su primera parte, al menos). Vemos al Isra preadolescente tatuarse en el brazo el nombre de su padre y, tras el corte, vemos el mismo tatuaje en el brazo del Isra adulto, y la conexión entre sendas temporalidades ya no es un mecanismo narrativo sino una memoria que el cine —y he aquí lo mágico de la operación— puede revivir en bruto. Lacuesta convierte el mero corte de montaje en una herramienta fascinante limitándose a aprovechar la lectura tan distinta que inspira sobre las imágenes el «esto pasó realmente, ya estuvimos allí». Quizá el corte más hermoso de toda la cinta ocurre cuando Lacuesta repite otra escena de La leyenda del tiempo, una conversación entre Isra y Cheíto en la que el primero habla al otro lado de un visillo. El filme corta en un instante en el que el visillo cubre la figura de Isra y, tras unos momentos de plano vacío, quien lo descorre es el Isra adulto. Hasta que el personaje no reaparece uno no es consciente del cambio de plano, y este pequeño retraso del corte perceptivo respecto al de montaje cuaja un pequeño milagro. En otros momentos, Lacuesta introduce también secuencias rodadas para La leyenda del tiempo que no formaron parte de la versión final, y aquí ya no solo opera esa memoria mestiza de la que hablábamos, sino también el descubrimiento. En una parte no mostrada antes de las conversaciones con Saray (la muchacha de la que el pequeño se enamoraba), el Isra «del pasado» le cuenta en detalle su plan para vengar a los asesinos de su padre. El luto que subyacía en La leyenda del tiempo se desvela, doce años después, en la rabia contenida que define al Isra de Entre dos aguas, pero que también hace encontrar la latencia de su versión adulta en La leyenda del tiempo.

    En otro plano de 2006 que ve la luz ahora, Isra juega a un shooter en las recreativas después de haberle contado a Saray sus intenciones. Y aquí, la lectura es la opuesta: en los dos Isras hay un niño que no ha dejado de ser tal, y que así se manifiesta en escenas tan encantadoras como el reencuentro entre los dos hermanos después de que Isra haya cumplido condena, en la que se limitan a compartir un baño y ahogadillas en la ría (de nueva, una reminiscencia de La leyenda del tiempo). El volver a los mismos escenarios gaditanos doce años después parece servirle a Lacuesta, en fin, no solo para retomar a sus personajes, sino para volver sobre sus propias imágenes filmadas, para descubrir en el pasado capturado unas señales del presente que solo ahora son interpretables. Por lo demás, Entre dos aguas se siente de algún modo una obra más depurada que su «precuela», una cinta que confía más en la potencia de sus situaciones filmadas sin necesidad de partir en dos su estructura central. A la vez, la parte ficticia parece tener esta vez más peso que la documental (aunque parece claro que seguimos estando ante dos personajes que se interpretan a sí mismos), y eso permite no solo un arco narrativo más identificable que realza los momentos emocionales, sino también una planificación visual más eficiente. Lacuesta se abona a la cámara en mano sin aspavientos pero no renuncia a punteos de paisajismo que sacan enorme partido del paisaje marítimo andaluz (en la secuencia del baño, la cámara pasa de bañarse junto a los dos hermanos a filmarlos desde un barco en la orilla). Los movimientos que siguen la dinámica de las conversaciones se detienen en algunos primeros planos de proximidad que extraen de los personajes-actores una apertura emocional plena de honestidad. Al final, Lacuesta consigue aquello en lo que muchos directores supuestamente comprometidos suelen fallar: filmar la realidad de dos personajes que habitan entre la chatarra de un sistema económico para el que no cuentan, y se limita a acercarse a ellos, a constatar su existencia, a afirmar sus afectos y sus deseos. Dejaremos de lado la etiqueta de cine necesario. Es, más que eso, cine verdadero en todos los sentidos posibles. [75/100]

    España, 2018. Director: Isaki Lacuesta. Guion: Isaki Lacuesta, Isa Campo, Fran Araújo. Productoras: La Termita Films, BTeam Prods, All Go Movies, Mallerich Films, Bord Cadre Films, SC Studio Indie SRL. Música: Raül Refree, Kiko Veneno. Fotografía: Diego Dussuel. Montaje: Sergi Dies. Reparto: Israel Gómez Romero, Francisco José Gómez Romero, Rocío Rendón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea, Manuel González del Tanago. Duración: 136 minutos.

    THE THIRD WIFE

    Ash Mayfair, Vietnam | Nuevos Directores.

    May es una niña de 14 años que es elegida para ser la tercera esposa de un rico hacendado en el Vietnam del siglo XIX. La llegada a su nuevo hogar supondrá la inmersión en un entorno hostil del que no tendrá total consciencia en un principio: ese es su destino como mujer, de hecho incluso mejor que el de otras pues ella al menos disfrutará del lujo y las comodidades de la riqueza. Una jaula de oro que enseguida comenzará a presionarla con sus barrotes. La boda se celebrará con los rituales de rigor, demostración pública de virginidad incluida. La primera noche con su nuevo amo vendrá acompañada por el dolor de la primera vez y su comprensión de no ser sino un objeto de lujo más de su marido. Para expresar los sentimientos de May la directora de The Third Wife, Ash Mayfair, se valdrá de una analogía visual con unos gusanos de seda: el invertebrado representará sus inicios en la gran casa señorial, los capullos dorados los primeros problemas y la comprensión de su condición y las mariposas la aceptación de su nueva vida. Con delectación por la elegancia en el encuadre y una narración prístina, Mayfair construye su película sobre la base de la belleza sin evadirse de la realidad. Cierto es que muestra también una tendencia al preciosismo excesiva, pero al no perder el contacto ni con sus personajes ni con sus tribulaciones se eleva por encima de ella.

    El descubrimiento del sexo y del primer amor, prohibido y a la vez imposible, y su deseo de dar a luz un varón para convertirse de manera definitiva en la favorita del señor marcarán los primeros meses de casada. Por edad hará pronto amistad con las dos hijas de la segunda esposa, pero poco a poco se sentirá atraída por la personalidad de esta, una mujer que ha sido capaz de dar salida a sus pulsiones sin necesidad de descubrirse ante los demás. Será con la tercera esposa con quien tendrá más roces, pero Mayfair huye de lo que hubiera sido el lugar común, el enfrentamiento de las tres por la supremacía al servicio del patriarcado y las mostrará aprendiendo a convivir y ayudarse entre ellas, al fin y al cabo víctimas de un ambiente que las deshumaniza. La descripción pausada y sencilla de su devenir cotidiano acaba impregnando de vida cada secuencia, donde el esteticismo está al servicio de una historia que sabe reivindicar y denunciar sin perder de vista el cuidado por el carácter de sus protagonistas. La más pequeña de las niñas de la casa declarará en cierto momento que ella de mayor lo que quiere ser es hombre. Solo así concibe que pueda desarrollarse de manera completa como persona. En la excelente escena final la veremos cortándose el pelo con unas enormes tijeras, terminando con una sonrisa a cámara, un gesto simple de rebeldía que marca ya un futuro en el que la mujer será libre. O cómo lanzar todo un discurso con tan solo una mirada. 70/100

    Vietnam, 2018. Título original: The Third Wife. Directora: Ash Mayfair. Guion: Ash Mayfair. Productora: An Nam Productions. Música: Tôn Thât An. Fotografía: Chananun Chotrungroj. Montaje: Julie Béziau. Intérpretes: Nguyên Phuong Trà My, Trân Nhu Yên-Khê, Mai Thu Huong Maya, Nguyên Nhu Quỳnh.

    MARILYN

    Martín Rodríguez Redondo, Argentina-Chile | Horizontes Latinos.

    En 2009 tuvo lugar en Argentina un dramático suceso en torno a un joven trans peón de campo del que es difícil hablar sin hacer spoiler del primer largometraje de Martín Rodríguez, quien por lo visto decidió dedicarse a él al no encontrar ninguna producción argentina centrada en un joven transexual en pleno proceso de cambio. Sus intenciones, sin duda, eran buenas, pero los resultados dejan bastante que desear, quedando la propia temática trans relegada a las primeras escenas para devenir difusamente en mera homosexualidad el resto del tiempo, al menos en los ojos de quienes no conocen a la persona real (Marcos, a quien tratan despectivamente en su barrio como “Marilyn”). Pero no nos adelantemos. De tono costumbrista y estilo austero, Marilyn nos sumerge en la Argentina profunda con realismo, haciéndonos partícipes del día a día de sus habitantes hasta contagiarnos nosotros mismos de rutina, frustración y anhelo por algo mejor. Eso, sobra decirlo, es un punto a favor de la propuesta. Como lo es el elegido para encarnar a su protagonista: Walter Rodríguez, quien, considerando que nunca antes había interpretado papel alguno, ofrece un trabajo bastante potente, ganándose la empatía del espectador sin necesidad de grandes aspavientos. La crisis de su personaje, a fin de cuentas, es fácilmente reconocible: ser LGTB (su identidad exacta no queda clara, aunque sabemos que nació chico, se enamora de chicos y disfruta vistiéndose de mujer, quizá incluso pasando por una —siendo una—, lo que en principio lo torna en chica transexual heterosexual aun cuando la película da por momentos la impresión de presentar a un chico homosexual a quien gusta vestirse de mujer) en un entorno hostil, o sea, fuertemente LGTBófobo.

    La homofobia/transfobia constituye el indiscutible tema central de Marilyn, donde se presentan los dos tipos: la activa (ataques verbales y físicos perpetrados por otros chicos del pueblo) y la pasiva (incomprensión y acoso psicológico por parte de su madre y su hermano). No hay, sin embargo, interés alguno por ahondar en ambas, pues se llevan al extremo sin posibilidad alguna de redención: los chicos de la zona acosan y violan al protagonista cuando sale vestido (o vestida) de mujer sin mostrar jamás signos de duda o arrepentimiento; la madre y el hermano desprecian una y otra vez a su hijo/hermano sin sentimiento apaciguador de ningún tipo. Ni se explique ni se entrevé qué lleva a unos y otros a actuar como actúan, más allá de la evidente mezcla de tradicionalismo e incomprensión. En la otra cara de la moneda, tenemos a la mejor amiga y el primer amor (con quien, todo hay que decirlo, Marcos —porque, con él, es siempre Marcos— tiene verdadera química), ambos apoyos incontestables y perfectamente complacientes (y, en el caso del segundo, poseedor de un ambiente igualmente respetuoso que mantiene viva la llama de la esperanza). Vamos, que la escala de grises brilla por su ausencia, situando a unos en el cielo, a otros, en el infierno, y a Marcos/Marilyn, en el centro, con una actitud harto pasiva (que no cobarde: sale de fiesta vestido/a tal y como le viene en gana e invita a su novio a casa aun sabiendo lo que le espera, algo que, todo hay que decirlo, carece de sentido más allá de que los guionistas lo necesitan para que su puzle encaje) hasta la llegada del impactante desenlace, el cual resulta tan inesperado (para quien no conozca la historia real, claro) como desconcertante (nada hay en el resto de la narración que nos prepare). Y es que, aunque hemos empatizado con Marcos/Marilyn y nos hemos preocupado por él/ella, no hemos llegado a entender sus pensamientos y motivaciones, básicamente porque el propio cineasta tampoco parece tenerlas del todo caras pese a llevar años documentándose sobre el tema. Y eso, tratándose de un filme que busca ser pionero en denunciar una realidad tan cruda como tabú, se antoja preocupante. 55/100

    Argentina, 2018. Título original: Marilyn. Director: Martín Rodríguez. Guion: Mariana Docampo, Mara Pescio, Martín Rodríguez. Productores: Giancarlo Nasi, Paula Zyngierman. Fotografía: Guillermo Saposnik. Montaje: Felipe Gálvez Haberla. Música: Laurent Apffel. Intérpretes: Walter Rodríguez, Catalina Saavedra, Germán de Silva, Ignacio Giménez, Rodolfo García Werner. Duración: 79 minutos.

    Pueden consultar las notas numéricas de esta 66ª edición en este enlace.
    Y pueden seguir nuestra cobertura en el siguiente enlace.

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