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    Crítica | En solitario

    En solitario

    La aventura ante lo inesperado

    crítica de En solitario | En solitaire, de Christophe Offenstein, 2013

    La Vendée Globe es una competición deportiva celebrada cada cuatro años consistente en una vuelta al mundo en vela. Los participantes de la regata han de dirigir su embarcación completamente solos, sin asistencia y siendo los únicos responsables de los contratiempos y reparaciones que sean necesarios hacer durante los más de dos meses en alta mar. El recorrido comienza y termina en la costa francesa, debiendo cruzar el océano Atlántico de norte a sur y atravesando el sur de África, Oceanía y América antes de regresar al viejo continente. En solitario recrea por primera vez la aventura que supone esta competición en y contra la naturaleza, el hombre solitario que gracias a los avances tecnológicos pero sin más combustible que el viento, es capaz de recorrer los ricos y diversos parajes en busca de la hazaña por la que muchos deportistas se ven obligados a abandonar. Tal es la dureza y el riesgo a los que se somete Yann, el sustituto de su compañero Franck, quien debía realizar la carrera pero que finalmente no pudo por una lesión. Así, de manera inesperada, Yann cumple su sueño de enfrentarse él solo al mar.

    Quien protagoniza esta historia no es otro que François Cluzet, ese magnífico actor que ya sorprendió por su papel en Intocable (2011). Tras una larga trayectoria, es justo ahora cuando mayor prestigio está consiguiendo, y sin duda este papel será uno por los que también será recordado. Una regata de tantísimos días requiere un dominio de sí mismo para aguantar el duro trabajo físico con el que dirigir el barco sin ninguna ayuda, venciendo corrientes y tormentas, y un duro trabajo mental para aguantar la presión, la soledad y los contratiempos. Es a estas condiciones a las que se adapta el personaje que interpreta Cluzet en los ochenta días que pasa en alta mar, y por los que mostrará múltiples registros: desde el buen humor pese al cansancio y la falta de sueño al comienzo, pasando por la furia ante el intruso que cambia las normas establecidas de su participación en la carrera, hasta la resignación e incluso la ternura. El descubrimiento de un polizón a bordo será el factor que cambie el rumbo de los acontecimientos y plantee interrogantes y debates morales. Mano Ixa es un adolescente mauritano que se aprovecha de la única oportunidad que tiene para intentar llegar a Francia en barco. Lo que no sabe es que ese velero con la bandera tricolor en el mástil que ha hecho una parada técnica en la costa canaria no se dirige a Francia en ese preciso momento, sino sólo después de dar toda la vuelta al mundo. Mano decide llegar a Francia para curarse de su enfermedad, una especie de maldición para el muchacho, pero algo con fácil tratamiento en el mundo occidental.

    En solitario

    En solitario coloca interesantes premisas sobre la mesa. En primer lugar, qué hacer con el polizón que puede costarle caro a Yann para seguir compitiendo en la Vendée Globle. En una carrera en la que no pueden tener ninguna clase de ayuda ni compañía, el ahora capitán del barco decide esconderlo en el camarote para que nadie lo vea. Esto plantea problemas, pues el chico no aguanta estar encerrado, se marea por el oleaje y no entiende que alguien desee dar la vuelta al planeta sin ningún motivo aparente. El choque entre culturas es evidente, pues uno necesita viajar por salud y supervivencia, mientras que para el otro es una cuestión de trabajo y pasión por el deporte que practica. El hecho de que finalmente Yann se haga cargo del chico (incluso negando la ayuda de Franck que se lo podía haber llevado sin que nadie los viera) indica un posicionamiento importante en la relación con el muchacho. Comparten comida, finge estar enfermo para ayudar a la verdadera víctima… y crea así un vínculo por el que ha de pasar con plena consciencia de sus actos pese al riesgo de ser descalificado. El desvío obligado que deben hacer para ayudar a otra competidora cuyo barco ha naufragado, no hace más que incidir en el lado solidario de Yann (y del deporte) y en la diferencia abismal que separa a éstos del chico africano. El miedo de ella ante la soledad en la mar se opone radicalmente al miedo de Mano ante su descubrimiento del primer mundo de esta peculiar manera.

    En solitario

    Sin duda el factor en el que más hincapié hace En solitario es el dilema ante lo inesperado. La aventura que supone esta competición no es más que una lucha contra lo imprevisible, ya sea por el clima, los contratiempos que surgen durante la navegación, el combate personal de uno mismo para aguantar las duras condiciones de la carrera… Lo que no se esperaba Yann era el conflicto moral al verse en la situación de atender a un adolescente indefenso durante la etapa más importante de su vida. Por ello la genialidad de En solitario consiste en saber cómo conectar los polos opuestos de una manera original que afecta a la visión occidental, para quien esta película va dirigida, con aquellos problemas de otras culturas y territorios que nos inmiscuyen de una u otra forma. La intención moralista es evidente, lo cual convierte a esta película en un éxito seguro entre la audiencia (nótese el premio del público recibido en el último Festival de Cine de Gijón). No obstante, la calidad técnica, incluso en las difíciles condiciones de rodaje, es favorable al resultado final, un relato que se aproxima a las necesarias distancias: el fuera de campo de la Francia a la que aspira el chico y de su país dejado atrás, la familia de Yann con la que se comunica vía internet, la distancia evidente entre las diferentes visiones del mundo de los dos protagonistas… Sin embargo, pese a recalcar los opuestos y sus dificultades, hay un acercamiento cuyo objetivo es común, y que al final, pese a recalcar lo que ya ha sido subrayado durante la película, consigue dar por finalizada una narración potente y de unas benevolentes intenciones. Otra maravillosa actuación de François Cluzet, unida a la visión cotidiana que el espectador siente de su personaje, otorga naturalismo a una historia que casi pretende convertirse en una epopeya, y que sin embargo su sentido épico la convierte en un relato cercano y reconocible. | ★★★

    Redacción
    redacción Barcelona

    Francia, España, Bélgica, 2013. En solitaire. Dirección: Christophe Offenstein. Guion: Jean Cottin, Christophe Offenstein, Thomas Bidegain (Idea: Frédéric Petitjean). Productora: Les Films du Cap / Gaumont. Fotografía: Guillaume Schiffman. Intérpretes| François Cluzet, Guillaume Canet, Samy Seghir, Virginie Efira, Jose Coronado.

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