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    Crítica | The Canyons

    The Canyons, de Paul Schrader

    TURBIO PENTÁGONO AMOROSO EN HOLLYWOOD

    crítica de The Canyons | Paul Schrader, 2013

    Hablar de la importancia de Paul Schrader como guionista en el cine moderno es hacerlo con palabras mayores. Ha escrito para Martin Scorsese algunas de sus mejores obras. Taxi Driver (1976), Toro salvaje (1980) o La última tentación de Cristo (1988) han salido de su cabeza. Como director, sin embargo, siempre se ha caracterizado por una elección cuanto menos discutible de sus proyectos, desde un pomposo remake de La mujer pantera de Jacques Tourneur a mayor gloria de la belleza felina de Nastassja Kinski a una controvertida secuela de El exorcista, rebautizada como “la versión prohibida” –fue completamente remontada y estrenada en cines con un acabado más comercial firmado por Renny Harlin–. Hardcore: Un mundo oculto (1979), Posibilidad de escape (1992) y, especialmente, Aflicción (1997) pueden considerarse sus mejores trabajos tras las cámaras. Bret Easton Ellis, por su parte, es uno de los novelistas posmodernos más discutidos de los últimos tiempos. Amado y odiado a partes iguales, ha ofrecido crudísimas radiografías de la clase alta norteamericana, con una fauna de personajes sin escrúpulos ni ningún tipo de moral. Hollywood, siempre tan avispado, rápidamente vio en sus obras un material más que interesante para explotar en el cine. Algunos de los filmes más destacados que han salido de sus libros son los muy polémicos American Psycho (2000) o Las reglas del juego (2002).

    Con estos antecedentes, la unión de Paul Schrader en la dirección y Easton Ellis en el guión de The Canyons (Estados Unidos, 2013) hacía presagiar un resultado final cuanto menos curioso y sugerente. La elección de la niña terrible Lindsay Lohan como principal protagonista del proyecto tampoco debería hacer saltar las alarmas. Siempre he sentido debilidad por las ovejas descarriadas de la industria. Actores a los que la fama les llega demasiado jóvenes como para saber asimilarla con sensatez y se ven arrastrados a una espiral de drogas y escándalos. No olvidemos que el mismísimo Robert Downey Jr. nos dio durante los 90 algunos de los titulares más jugosos de la prensa sensacionalista. Hoy, completamente rehabilitado, protagoniza los mayores blockbusters. El caso de Lohan no debería ser diferente. Comenzó siendo una de las más jóvenes promesas de la factoría Disney con Tú a Londres y yo a California (1998) o Ponte en mi lugar (2003), donde demostró una estupenda vis cómica. Llegó a trabajar con el gran Robert Altman en su título póstumo, El último show (2006). En los últimos años, sus continuos problemas con la ley y sus continuadas operaciones de cirugía estética terminaron oscureciendo una prometedora carrera. The Canyons podría haber sido esa tabla de salvación para su maltrecho prestigio pero, tristemente, está más cerca de ser una piedra más sobre su tumba como intérprete.

    The Canyons

    Lohan encarna a Tara, una antigua modelo y aspirante actriz que vive bajo el continuo control de su pareja, Christian, un prepotente y egocéntrico joven adinerado que se dedica a financiar películas de terror de serie B. A pesar de la afición de la pareja por contactar con personas anónimas a través de internet para compartir sexo, él muestra unos celos enfermizos y trata a su novia como si fuera un objeto más de su propiedad, dentro de su lujosa mansión en una colina de Hollywood. Por otro lado están Gina, asistente personal de Christian y el novio de ésta, Ryan, actor principiante del próximo proyecto del productor. Como si se tratara de un culebrón tipo Melrose Place –eso sí, con ínfulas de thriller erótico a lo Fuego en el cuerpo (1981)–, aún queda una quinta integrante de esta maraña de amores pasados, infidelidades y bajas pasiones. Se trata de Cynthia, la monitora de yoga amante de Christian, personaje clave para que se desencadene la tragedia. Sobrevuela por encima de The Canyons una triste sensación de estar ante una idea interesante y con mucho potencial, pero muy mal ejecutada. Hay algo de femme fatale del cine negro de los 40 en esa Tara que interpreta con voluntad Lindsay Lohan, a la que los primerísimos planos no le hacen ninguna justicia. Los estragos del botox han hecho mella en su rostro, restándole expresividad. El exceso de maquillaje añade un toque grotesco a su caracterización. Aun así, podría decirse que es la única integrante del reparto que parece esforzarse en salvar los papeles.

    La elección del actor porno James Deen para el goloso personaje del frívolo y superficial Christian –tiene aristas más que suficientes para compararse con otros monstruos paridos por Ellis como el Patrick Bateman de American Psycho o su hermano Sean en Las reglas del juego– es un error de casting letal para el resultado de la cinta. Ni siquiera en las escenas sexuales –hay varias donde muestra generosamente su anatomía– se muestra creíble. Su actuación no puede ser más plana, lo que es una absoluta lástima, ya que en manos de un actor más experimentado este rol habría encontrado buenas posibilidades para lucirse dramáticamente. También resulta especialmente pésimo Nolan Gerard Funk en su papel de Ryan, que tampoco se salva de la ambigüedad moral al no tener ningún reparo en ofrecer sus favores sexuales a cambio de trabajo, independientemente del sexo de la persona que se lo dé. De nuevo, un personaje con gran potencial, totalmente tirado por tierra por la elección del actor. Richard Gere, sin ir más lejos, triunfó en 1980 con un papel bastante similar en otro de los éxitos de Schrader, American Gigoló. Mucho camino le queda por delante a Funk para alcanzar una cuarta parte del carisma de Gere.

    The Canyons

    Al final, lo que podría haber sido una potente visión de los entresijos más amorales de la industria del cine, con su fauna de depredadores sexuales aprovechándose de jóvenes incautos, dispuestos a vender su alma al diablo con tal de alcanzar la fama, termina desvaneciéndose a causa de una realización de lo más chapucera. En otras palabras, esto no es El juego de Hollywood (1992) de Robert Altman. La estética es fea y su estilo de cinta independiente amateur, con mucha cámara al hombro, no casa bien con la atmósfera de thriller clásico que pretende crear. Parece que todos los apartados técnicos, desde la fotografía a la música, pasando por el montaje, estén diseñados para hacer de The Canyons una experiencia de lo más anticlimática. Schrader ha tenido muchos trabajos fallidos pero con esta última obra parece haber tocado fondo, mostrando serios síntomas de ineptitud como director. Resulta penoso que, contra todo pronóstico, el desastre final sólo sea atribuible a él y que, precisamente, sea Lindsay Lohan –la apuesta más discutible del asunto– la única que se salve de la quema. ★★★★

    José Antonio Martín.
    crítico de cine.

    Estados Unidos. 2013. Título original: The Canyons. Director: Paul Schrader. Guión: Bret Easton Ellis. Productora: Canyons/ Prettybird/ Sodium Fox. Presupuesto: 250.000 dólares. Localización principal: Los Ángeles. Fotografía: John DeFazio. Música: Brendan Canning. Montaje: Tim Silano. Intérpretes: Lindsay Lohan, James Deen, Nolan Gerard Funk, Amanda Brooks, Tenille Houston, Gus Van Sant, Jarod Einsohn. Estrenada en VOD en Estados Unidos. Premiere: Venezia 70 y TIFF 2013.

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