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    Crítica | Agente doble

    Shadow Dancer
    “Esto es traición, cambiar de fé de acuerdo con la cambiante fortuna. La justicia de mi causa me incitó a resistir condiciones adversas.”
    Ulrich Von Hutten.

        Cuando Tom Bradby, periodista, escritor y editor político de la ITV, tuvo un encuentro con un oficial de los servicios de inteligencia británicos (más conocido como MI5), la idea para una de sus próximas novelas empezó a fraguarse. En la conversación mantenida, se habló sobre la dificultad psicológica de reclutar y utilizar como topos a activistas del IRA para beneficio del gobierno británico. El mismo día, Tom Bradby asistió a una conferencia de prensa llevada a cabo por una agraciada joven del partido republicano irlandés. Ambos hechos propiciaron que este editor empezara a escribir Shadow Dancer. En ella (al igual que ocurre en su posterior adaptación al cine), Colette, una activista del IRA es cazada por el MI5 mientras planeaba atentar en Londres, ofreciéndole la colaboración con el Servicio de Inteligencia Británico a cambio de eludir la cárcel y así, volver a Belfast junto a su hijo. Pronto se verá envuelta en una crisis de conciencia plagada de dilemas morales, personales e ideológicos. A primera vista, parece que el idóneo realizador para la adaptación de esta novela debía ser Jim Sheridan, no ya por su origen dublinés, sino por su incursión en este, llamémoslo subgénero dentro del thriller como es la temática del conflicto norirlandés (recordemos que Sheridan dirigió tanto In The Name of The Father (1993) como The Boxer (1997), ambas tratando el tema del conflicto en el Ulster desde prismas diferentes). Sin embargo, el guión de esta adaptación, escrito por el mismo Bradby, cayó en manos de James Marsh, director que parece moverse como pez en el agua tanto en el formato documental como en el llamado por los anglófonos feature film (si bien ha cosechado mejores éxitos en la rama documental). De hecho, los combina con una facilidad pasmosa. Jan Svankmajer: The Animator of Prague (1990) fue su primera incursión en el séptimo arte. Y se trataba de un documental. Acto seguido se atrevió con una película interpretada por Gael García Bernal llamada The King (2005). El año 2008 marcó un antes y un después en la trayectoria del cineasta inglés. Man on Wire fue alabado por la crítica y el público en certámenes de renombre como Sundance o Toronto, consiguiendo el premio BAFTA al mejor filme británico y el Oscar al mejor documental. Ya acostumbrado a combinar el documental con el feature film, firmó Red Riding 1980: part 2 para la televisión y Project Nim (2011) para terminar con la que es su último largometraje hasta la fecha: Shadow Dancer (2012). Si bien podríamos esperar un tono cercano al documental con planos tomados con cámara en mano creando así una mayor sensación de realismo, en esta película, Marsh decide apostar por planos fijos y más cuidados, para quizás detenerse más en la psique de cada personaje y no reflejar de forma tan directa el problema político (o hacerlo, pero desde el trasfondo), puesto que, al igual que ocurre en otras cintas que abordan el mismo tema, al final siempre acabamos hablando de individuos con conflictos internos exteriorizados en los Troubles. Aparte del trabajo destacable de Rob Hardy como director de fotografía (podemos encontrar un cierto parecido en los tonos grisáceos con los de la estupenda Tinker Taylor Soldier Spy (2011) a cargo de Hoyte Van Hoytema), el gran acierto de la película ha sido contar con una maravillosa Andrea Riseborough llena de matices, y un muy correcto Clive Owen (en papeles destinados, en un principio, para Rebecca Hall y Guy Pearce, respectivamente).

    Shadow Dancer




        Lo que quizá cabría esperar de Marsh en la dirección, tras la vibrante Man On Wire, sería un toque más trepidante, más intenso que tan bien funcionó con su oscarizado documental, aún conociendo el desenlace de aquella proeza del funambulista francés Philippe Petit. De cualquier manera, Marsh nos demuestra aquí que es capaz de retratar los hechos desde otra perspectiva más intimista manteniendo una tensión alimentada por ciertos giros en la narración que mantienen en vilo al espectador hasta el final. ★★★★★

    Julio Mogollón.
    crítico de cine.

    Reino Unido, 2012. Director: James Marsh. Guión: Tom Bradby. Productora:  BBC Films / Element Pictures / UKFS. Presentación: fuera de competición en Sundance y Berlín 2012. Música: Dickon Hinchliffe. Fotografía: Rob Hardy. Intérpretes: Andrea Riseborough, Clive Owen, Aidan Gillen, Gillian Anderson, Domhnall Gleeson, Stuart Graham, Martin McCann.

    Shadow dancer poster


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