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El último verano
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    Cine Alemán Siglo XXI

    THE REEF (ANDREW TRAUCKI, 2010)

    A ESPERA DEL JEFE BRODY

    "Tenso y claustrofóbico thriller acuático que cuenta con todos los estereotipos del género pero que traslada de manera fidedigna uno de los terrores marinos por excelencia."

    Dibujado cómo una bestia insaciable por Peter Benchley y Steven Spielberg, el tiburón ha sido uno de los recurrentes temas del cine de suspense de las últimas décadas. Animal elegante y misterioso cuya fama nunca ha correspondido a la realidad. Pez de origen prehistórico y de mágica evolución que es parte indispensable en el ecosistema marino actual. De las 368 especies que habitan los diferentes océanos y mares (y algunos ríos) del mundo solo una minoría ha tenido encuentros fatales con el ser humano. Las especies más conocidas son el tiburón tigre, toro (que asciende por ríos de gran caudal), martillo, oceánico y el más conocido y temido, el gran tiburón blanco. En mayor o menor afluencia estas especies son todos los años protagonistas en zonas de aguas templadas y también en la gran pantalla donde siempre han sido retratados cómo seres humanizados con actitudes que sólo las personas poseen.

    El cine ha sido cruel con un animal que cada año se acerca más a la extinción. El tiburón es el reflejo de este cambio climático-social que provoca un desequilibrio imparable en la naturaleza. Sin embargo, en la mayoría de obras literarias y cinematográficas el tiburón sólo es una simple amenaza para el bañista o buceador en costas tropicales. Después de la magnífica Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975) que revolucionó el género, pocas producciones con este majestuoso animal de protagonista han guardado la calidad suficiente. Tan sólo la secuela del propio filme de Spielberg, Tiburón II (Jaws 2, Jeannot Szwarc, 1978) es una más que decente cinta de suspense. El resto, películas de escaso presupuesto o creaciones de Serie B que agotaron a un protagonista y un género (el de criaturas y bestias) que solo tenía cabida en el mercado doméstico.

    Es innegable la capacidad de atracción de este voraz pez cuyos esporádicos episodios anuales tienen un enorme celeridad mediática. Los sucesos acaecidos en Nueva Jersey y Matawan Creek en 1916 que sirvieron de inspiración a Peter Benchley y los hechos descritos por Robert Shaw (el capitán Quint) en Tiburón (1975) -que narraban el hundimiento del USS Indianápolis y donde perecieron más de cuatrocientos soldados devorados por diferentes especímenes-; son parte viva de la historia de la humanidad y que han sido impresos en celuloide con mayor o menor fantasía. Un miedo del ser humano al encontrar a una criatura que no sometemos en un medio hostil y misterioso: el océano. Recientemente tras las inundaciones en Queensland (Australia) se divisaron varios tiburones toro (o sarda) en calles de las ciudades afectadas. Un respeto que se convierte en miedo, un miedo que conlleva a la admiración cómo demostraba el personaje de Matt Hooper (Richard Dreyfuss) en Tiburón. Una enigmática silueta que levanta expectación allá por donde pasa y que es clave en el equilibrio marino.

    De Australia, precisamente, llega The Reef (Andrew Traucki, 2010), filme presentado en el festival de Sitges 2010 y que narra un hecho real que sucedió cerca de Isla Tortuga (Queensland). Con el tópico argumento de un grupo de amigos cuyo bote encalla en arrecifes se arma esta pequeña producción. Los náufragos deberán decidir si esperan ayuda o emprenden un viaje imposible a nado buscando la salvación en forma de islote. El patrón del bote ya avisaba, en un escueto diálogo, de la peligrosidad de las aguas de la zona. Ésta se hará patente durante el resto del metraje con un gran tiburón blanco acechando a estas potenciales víctimas. The Reef no esconde en ningún momento su falta de pretensiones. La acción se desarrolla de forma unidireccional durante gran parte de la trama. Su éxito o fracaso depende de la extrapolación de la tensión de los protagonistas al espectador. Algo que ya ofreció ese éxito viral llamado Open Water (Chris Kentis, 2003) pero de manera más realista y agresiva.

    La primera aparición del escualo (un Carcharodon Carcharias de cinco metros) es el momento culmen que acelera la angustia. Mostrado con tino por su director, la aparición de un pez (real) de ese tamaño, tras desvanecerse las burbujas y el acomodo del enfoque visual marino marca de manera positiva el visionado de The Reef. Todo, revelado con detalles y eficiente autenticidad. Los movimientos de ataque, las teorías territoriales y la situación límite de los protagonistas están representadas fidedignamente. Ese es el gran y único mérito de The Reef. Su interés dependerá del nivel de adicción que produzca la situación. Poco importa la manida dirección de Traucki o los rostros atemorizados de intérpretes amateurs. Todo se basa en la credulidad del espectador y el inherente nivel de selacofobia.

    Con ligeros asuetos tanto para los protagonistas como el público, la tensión de The Reef es palpable en su inicio. Cada inmersión es un drama hasta que con el paso de los minutos acaba pareciendo repetitivo y el suspense se adormece. En ese momento, sólo esperamos conocer el desenlace de la trama. Un filme atractivo y llevadero, muy cercano a la serie B pero que ofrece un retrato verídico, sin héroes, ni estridencias. Puro realismo, pura modestia. Pese a la negativa visión del señor de los mares, The Reef le devuelve la identidad que el cine se ha encargado de artificializar estas últimas décadas con un más que digno producto de terror fóbico.

    Lo Mejor: La tensa primera aparición del escualo.

    Lo Peor: Reúne todos los tópicos posibles.

    Puntuación: 6/10 CINE OCEANÍA/SERIE B.
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