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    Crítica | The Ticket

    Ceguera moral

    crítica ★★★ de The Ticket (Ido Fluk, Estados Unidos, 2016).

    Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”. Con estas contundentes palabras, el escritor portugués José Saramago resume el espíritu de lo que quiso transmitir en su impactante obra sociológica Ensayo sobre la ceguera , donde una pandemia en forma de repentina ceguera se expandía por todo el mundo, haciendo que afloraran los peores instintos del ser humano. Una parábola que, más allá de la anécdota de la enfermedad física, escondía una agresiva reflexión sobre la pútrida y egoísta sociedad actual. Aquella novela fue llevada a la gran pantalla por Fernando Meirelles en A ciegas (2008), irregular adaptación en la que Julianne Moore fue la encargada de dar vida a la única mujer que conserva la vista tras la epidemia, testigo de las atrocidades de un mundo caótico y sumido en la más absoluta oscuridad. Pues bien, si en este filme la falta de visión fue la excusa para sacar la cara menos amable de sus personajes, todo lo contrario ocurre en The Ticket (2016), el segundo largometraje del realizador israelí Ido Fluk después de la poco conocida (fuera de los ambientes festivaleros) Af Paam Lo Meuchar (2011). Estamos ante un drama que, por su temática, bien podría confundirse con cualquier propuesta televisiva de sobremesa, pero al que sus responsables han tratado de imprimirle cierto estilo para hacerlo trascender como un interesante cuento moral en el que Dan Stevens, el rubio protagonista de The Guest (Adam Wingard, 2014) tiene una oportunidad de oro para lucirse como actor dramático, demostrando ser algo más que esa cara bonita explotada en empresas tan facilonas como la reciente versión de La bella y la bestia (Bill Condon, 2017).

    La historia nos presenta a James, un tipo que lo tiene todo para ser feliz. Un trabajo cómodo y una familia que le quiere y cuida, compuesta por su abnegada esposa Sam y su pequeño hijo, son sus más importantes tesoros dentro de una vida propia del más común de los mortales, si no fuese por esa ceguera a la que se ha visto condenado desde la más tierna infancia. Sin embargo, esta apacible etapa como invidente del personaje solo es retratada, a grandes rasgos, en la escena de apertura de The Ticket , que, entre confusas luces y sombras, deja constancia de que James es una persona rica en amor, mientras una voz en off nos cuenta una historia con moraleja que se convierte en el resumen perfecto de lo que será, a continuación, su recorrido vital. Dicha historia habla de un hombre necesitado que, cada día, rezaba para ganarse una lotería, y Dios, pese a estar dispuesto a concederle su deseo, nada podía hacer, ya que el pobre incauto ni siquiera compraba un ticket (el que da título a la cinta), ese que podría cambiarle la existencia. Este billete funciona como metáfora del regalo que, sin buscarlo, le es concedido al protagonista cuando una mañana, al despertar, descubre que ha recuperado la vista, como si de un milagro divino se tratase. Desde ese momento, cuando los ojos de James pueden volver a ver el mundo, comienza a sufrir una ceguera aún peor y más profunda, la del alma, buscando “mejorar” su vida a través de un ascenso laboral que le reporta mayor fortuna económica, dedicar más horas al cuidado físico en el gimnasio y, lo que es peor, dar de lado a esa familia que hasta ese momento suponía su principal apoyo, poniendo sus ojos en una atractiva compañera de oficina. Una espiral de tentaciones mundanas y superficiales y un cambio de prioridades que le hacen olvidar cuáles son, en verdad, las cosas importantes de la vida.

    ❝El guion de Fluk funciona muy bien en la vertiente psicológica, sacando a la luz los demonios interiores de sus criaturas sin caer en maniqueísmos, pero su mensaje sobre la fácil corruptibilidad del ser humano y sus ideales está presentado de forma demasiado obvia y sin excesivos alardes de originalidad.❞


    The Ticket no es otra cosa que el cruel retrato de la conversión de un ciego familiar y con fuertes valores morales en un ejecutivo depredador y sin escrúpulos que es capaz de pisar cabezas con tal de alcanzar una posición más privilegiada. Dan Stevens ofrece una elaborada interpretación en la piel de este antipático personaje que, en el fondo, resulta terroríficamente humano y cargado de debilidades. Él es el auténtico motor de un producto en el que tiene dos apoyos tan sólidos como los de Malin Akerman y Oliver Platt en la piel de dos roles antagónicos, que representan a los cadáveres que James va dejando en el camino a lo largo de su meteórico ascenso profesional. La primera, como la bondadosa esposa que, de la noche a la mañana, se siente inútil sin un marido al que servir de guía, y el segundo como el compañero de trabajo, también invidente, que, al mismo tiempo, reprocha a James su nueva actitud y envidia su recién adquirido estatus de persona que puede ver. El guion de Fluk funciona muy bien en la vertiente psicológica, sacando a la luz los demonios interiores de sus criaturas sin caer en maniqueísmos, pero su mensaje sobre la fácil corruptibilidad del ser humano y sus ideales está presentado de forma demasiado obvia y sin excesivos alardes de originalidad. Un relato en el que el personaje principal recorre el camino inverso al que realizó Harrison Ford en A propósito de Henry (Mike Nichols, 1991) –allí un percance de salud acercaba a un ambicioso abogado a su familia rota–, con un tono mucho más frío y tenebroso, que podría haber sido totalmente olvidable de no ser por el elegante tratamiento que Zack Galler le aporta a su labor fotográfica, colocando, en ocasiones, al espectador en las condiciones visuales de James, y por el ya mencionado buen rendimiento de sus actores, cualidades capaces de elevar a la película a un nivel superior al habitual de este tipo de producciones con argumentos dignos de los más temibles estrenos TV. | ★★★ |


    José Martín León
    © Revista EAM / Madrid


    Ficha técnica
    Estados Unidos. 2016. Título original: The Ticket. Director: Ido Fuk. Guion: Ido Fluk, Sharon Mashihi. Productores: Claude Dal Farra, Lawrence Inglee, Matthew J. Malek, Oren Moverman, William H. Walton, William L. Walton. Productoras: BCDF Pictures / Cave Pictures/ Initiate Productions. Fotografía: Zack Galler. Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans. Montaje: Phillip Kimsey. Diseño de producción: Gino Fortebuono. Reparto: Dan Stevens, Malin Akerman, Kerry Bishé, Oliver Platt, Peter Mark Kendall, Skylar Gaertner.

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