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    Crítica | Mimosas

    Mimosas

    The road not taken

    crítica ★★★★ de Mimosas (Oliver Laxe, España, 2016).

    No hace mucho comentábamos la elocuencia demostrada por Paolo Sorrentino para derribar los pilares sobre los que se asienta la fe cristiana. El joven realizador, Oliver Laxe, parece haberse propuesto el objetivo diametralmente opuesto pues, con su última película, Mimosas, pretende hacer una radiografía ceremonial acerca de los límites dogmáticos de la certidumbre humana. La creencia religiosa como base argumental de un ejercicio poético-místico que nos acerca hasta el lirismo pesimista de Robert Frost. Laxe nos sitúa en el mismo bosque amarillo por el que discurrió dubitativo Lawrance Thompson, de arena en este caso en lugar de árboles, mientras reflexionaba sobre la disyuntiva moral que se le había presentado al tener que elegir uno de los dos posibles caminos que surgieron a su paso. El personaje se lamentaba considerando que cualquier decisión tomada sería la incorrecta, ya que la respuesta a lo que no podemos ver está en el camino no tomado. Este razonamiento pesimista condenaba a Thompson al arrepentimiento eterno. El director, como ya hizo el poeta estadounidense, plantea con su película un viaje ulisiaco cuya estructura pretende confeccionar una cavilación más elaborada, no ya referente al enigma moral de la encrucijada y la repercusión de la fe para creer en lo invisible, sino sobre el tortuoso camino hacia esa invisibilidad, la trascendencia procedimental de aquel cuya fortaleza espiritual resulta inquebrantable y no le queda más remedio que enfrentarse a ella, con porfía y poniendo a prueba la tolerancia de su ánimo.

    La trama nos introduce desde el comienzo en la esencia fundamental de la tradición litúrgica más vetusta. Un anciano, que ya ha renunciado a todo ánimo de continuar con su existencia terrenal y ha asumido la finalización de su empresa en la tierra, encara su ritual de preparación para la siguiente etapa incorpórea mediante el traslado, en caravana de peregrinación, hacia su pueblo natal donde ha de ser enterrado junto a sus raíces primigenias. Entre esos peregrinos que acompañan al moribundo jeque se encuentra Ahmed, un joven sin verdadera vocación religiosa cuya contemplativa figura representará los tiempos del escepticismo contemporáneo y la pérdida de unos valores devotos obsoletos. Sin embargo, la elocuente lucidez —o la transitoria vesania de un viejo agónico—, consigue establecer un fuerte vínculo entre ambos personajes. De algún modo, Ahmed se sentirá hechizado por la misteriosa determinación de un hombre en busca de su merecida gracia eterna. Así, cuando Shakib muera en el camino sin la posibilidad de cumplir su propósito, y el resto de la expedición decida abandonar a su exangüe líder como si de un animal que ha marchado para afrontar su fatal destino se tratase, el protagonista será el único que acepte la voluntad del anciano, activando así dos procesos: uno tangible, correspondiente a la reanudación de esa caravana, ahora con una notable ausencia de peregrinos; y otro emocional, simbolizado por ese viaje iniciático con el que Ahmed comienza su proceso de mutación.

    Mimosas

    «Laxe trenza un ejercicio de una gravedad visual portentosa, lleno de simbolismos metafóricos, y dotado de un acertadísimo laicismo dramático y satírico pues, pese a mostrarse muy correcto y solemne en todo momento con las formas del mensaje, sí que es cierto que la contención dramática y la controvertida contradicción terminológica juega un papel primordial de desconcierto e ironización».


    La película ahonda en la representación de un espacio que, literalmente, devora al sujeto. El escenario cobra vida para personificar el proceso de penitencia y de búsqueda de la fe, disponiendo un sinfín de obstáculos en el sendero y sometiendo la moral de nuestro héroe improvisado que ahora, además de su fiel escudero, cuenta con la ayuda de un misterioso y excéntrico edecán que se ha unido a la misión. Este nuevo personaje permite que se conecten las historias que hasta entonces parecían independientes y demasiado distantes, tanto en el espacio como en el tiempo y hasta en su propio argumento. Una empresa de taxis actúa de vehículo conector entre la realidad mundana y el esoterismo etéreo, preparando así un desenlace fílmico cuya diégesis definitiva dependerá de las interpretaciones previas y las conclusiones que hayamos sacado de esa empresa de transporte y la función narrativa de los automóviles en el difuso espectro de la realización personal y la satisfacción espiritual. La inmensidad del paisaje se extiende sobre un plano bidimensional para acentuar la longitud de las distancias y destrozar la motivación del migrante mucho antes de que comiencen a fallar sus fuerzas. Del mismo modo que el deambular urbano propio de los bohemios personajes de la Nouvelle Vague se podría interpretar como un enfrentamiento del hombre a sus raíces, y a lo tedioso y melancólico de la vida urbana, el desierto supone la transición del nómada, su encuentro con la fe, con sus creencias religiosas o con la destrucción de todas ellas a causa de una revelación espontánea. El proceso de aprendizaje trágico del héroe finaliza cuando comprende el significado de sus propios pasos, que queda representado metafóricamente con esa llegada a casa, donde se produce un encuentro con su propia sombra y se acepta el cambio definitivo, dando así sentido al proceso de permutación conceptual y empírico que dio inicio a la intriga principal. Ahmed es una figura mesiánica destinada a salvar la honra de un viejo con presumibles delirios efímeros, cuya última voluntad fue asumida por el protagonista como el destino ineludible de su inmediata existencia. Laxe trenza un ejercicio de una gravedad visual portentosa, lleno de simbolismos metafóricos, y dotado de un acertadísimo laicismo dramático y satírico pues, pese a mostrarse muy correcto y solemne en todo momento con las formas del mensaje, sí que es cierto que la contención dramática y la controvertida contradicción terminológica juega un papel primordial de desconcierto e ironización. | ★★★★ |


    Alberto Sáez Villarino
    © Revista EAM / 69º Festival de Cannes


    * Versión extendida del artículo publicado el 18 de mayo durante la 69ª edición del Festival de Cannes.

    Ficha técnica
    España, Francia, 2016. Título original: «Mimosas». Director: Oliver Laxe. Guion: Oliver Laxe, Santiago Fillol. Productoras: Zeitun Films, Rouge International. Productores: Lamia Chraibi, Julie Gayet, Felipe Lage, Michel Merkt, Rodrigo Ruiz Tarazona, Nadia Turincev. Presentación oficial: Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Fotografía: Mauro Herce. Montaje: Cristóbal Fernández. Diseño de vestuario: Nadia Acimi. Diseño de producción: Delphine De Casanove. Ayudante de dirección: Hicham Haidar. Reparto: Ahmed Hammoud, Shakib Ben Omar, Said Aagli, Ikram Anzouli, Ahmed El Othemani, Hamid Fardjad, Margarita Albores, Hwidar. Duración: 96 minutos. PÓSTER OFICIAL.


    Rosalie Blum
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