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    El castigo de Hedoné.
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    Epicedio appassionato.
    Solo el fin del mundo, de Xavier Dolan.

    Karlovy Vary 2015 | Día 3. Críticas: Song of the songs / Bridgend / Home care / Impressions of a drowned man

    George A. Romero en Karlovy Vary

    Amor de madre

    Crónica de la tercera jornada de la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary.

    No hay demasiados zombies en la capital mundial de las aguas termales y ferruginosas. Al menos no como los que gestara George A. Romero durante los sesenta. Si el creador de La noche de los muertos vivientes se pasara por los aledaños y las proyecciones del Thermal Hotel sí que encontraría sucedáneos; víctimas derivadas de la estancia compulsiva en cócteles o huidizos espectadores vagando entre los pasillos del Kinosal B buscando una salida desesperada que les evite el sufrimiento. La contestación de público al KVIFF es colosal, también lo es su evasión. El checo de a pie deja clara su disconformidad, si fuera necesario, tras los treinta minutos de rigor. Afuera, esperan Lobkowicz —la cerveza oficial— y hot dogs; tonterías las justas puestos a perder al tiempo, declaman con hieratismo. Eso sí, si hablamos del cine de su país, nadie abandona la butaca. Y resulta incomprensible, viendo el estatus de su cinematografía. ¿Chovinismo? ¿postureo? ¿o simple amor de madre? Como ya hablábamos el año pasado, el checo aplaude –a rabiar— las películas facturadas en su nación, incluso si están coelaboradas con sus vecinos —eslovacos y polacos—, y se ríen, vaya si se ríen, con el humor más cateto y absurdo. Sus producciones se acercan demasiado a la denominación de telefilme que se tiene en España o Francia. En ellas suelen abundar las paradojas y visiones positivistas de la muerte. No dejan de ser tragicomedias cruzadas con el slapstick gestual y emocional. No hay filme checo malo para el espectador medio en Karlovy Vary. ¿Qué pensaría sobre ellas el señor Romero? Probablemente, ni sepa que existan. Su paso fugaz por el KVIFF dejó una masterclass y el prólogo a Los cuentos de Hoffman (The Tales of Hoffmann, 1951), la excelente obra de Michael Powell y Emeric Pressburger que se ha proyectado remasterizada en una sesión especial.

    Y, ¿qué hay de nuestro día? ¿ganas también de huida? Muchas, no se las vamos a negar. La competición no termina de arrancar pese a que el nivel general es superior al del 2014. Ayer fue el turno de una interesante cinta ucraniana, Song of the Songs, y de una checa, Home Care. La primera, artísticamente interesante pero de plomiza narrativa. La segunda, mejora las prestaciones del citado cine checo pero carece de algo mínimamente memorable. Como aderezo, dos largometrajes que pasaron por el Festival de Róterdam: la griega Impressions of a drowned man y la británico-danesa Bridgend. Ambas, llenas de hallazgos visuales pero convertidas en un dislate gracias a un libreto ininteligible. Y, ¿dónde están las masterpieces? Pues tendrán que esperar, si las hubiera. El sold out se ha impuesto en las primeras exhibiciones de The Lobster y La juventud y el deber llama; todo lo programado proveniente de Cannes fue narrado en su momento por mi compañero Alberto Sáez. Por tanto, toca hacer de cazatesoros y seguir buscando. No será sencillo. No se descarta la emulación de la imagen del tráiler de esta 50ª edición —en la parte inferior de este artículo—. Por suerte, llegó la lluvia y Anders Celsius bajó sus pretensiones. Así transcurrió esta tercera jornada de promesas incumplidas:

    Song of the Songs

    SONG OF THE SONGS

    Pesn pesney, Eva Neymann, Ucrania / Competición.

    Éste es uno de los estrenos de los que más orgullosa se muestra la organización. No hay nada como dar un segundo empujón a la filmografía de un director. Supone la última corrección del maestro a su pupilo, previa a la graduación. Eva Neymann ya triunfó por estos lares en 2012, en el estante de East of the West, la antigua sección oficial del certamen, con House with a turret (Dom s bashenkoy), un drama ambientado en la Unión Soviética stalinista que nos descubría el poderío visual de una realizadora que aún no ha despuntado en Occidente. Song of the songs podría ser una buena oportunidad. Neymann debuta en la competición con su tercera película, una fábula interpretada por niños que adapta libremente las historias cortas de Sholem Aleijem, afamado novelista judío-ruso que redactó toda su obra en yidís, la lengua de los judíos askenazíes. En su entera bibliografía, el humor negro aplicado a su pueblo era una constante; algo que refleja Neymann en este Cantar de cantares, un filme preciosista contextualizado en una bella zona rural de la Rusia septentrional de 1903 donde se asienta un shtetl judío. A través de estampas que nos recuerdan a los lienzos de Pieter Brüeghel, nos adentramos en una historia de amor infantil que va más allá del tiempo. Neymann logra componer toda una exposición de postales que, con mayor o menor acierto, se apoderan de la retina de forma instantánea. Lástima que a mitad del metraje el embrujo se marchite y la sensación de vacío no nos abandone hasta el fundido a negro. Hasta ese momento, Neymann atiza con dulce sorna al pueblo judío y su folclore a la vez que subraya su orgullo. Song of the Songs demuestra el talento visual de una cineasta que tiene mucho qué decir. Sea en yidís, ruso o el dialecto que sea. [68/100]

    Home Care

    HOME CARE

    Domácí péče, Slávek Horák, República Checa / Competición.

    El joven cineasta de Zlín, Slávek Horák, debuta en Karlovy Vary con su primer largometraje, Home Care, una suerte de tragicomedia que aborda todos los clichés que está habituado a transitar el cine checo. Con la grata diferencia de que esta ópera prima guarda un pequeño as en su manga. Ya desde su comienzo todo nos remite a otra producción que pasó el año pasado por las tierras del Carlsbad: Nowhere in Moravia, comedia costumbrista de Miroslav Krobot tan inane como indolora. Mismos intérpretes –con la siempre notable Tatiana Vilhelmová—, contexto –zona rural— y humor –citado en la introducción— para esta elegía sobre la fina línea que separa la vida y la muerte con tintes autobiográficos. Horák, segunda unidad en Kolya (2006) de Jan Sverák, nos describe episodios extraídos de la experiencia de su madre, una abnegada visitante médica a la que un día, tras un curioso accidente, se le es diagnosticado un cáncer terminal. La incredulidad, la rebelión y la aceptación son las fases por las que el director checo nos hace caminar, alternando sonrisas con lágrimas. Ambas de canon, sin lugar para la inspiración. Sin embargo, la naturalidad de Vlasta —una cercana Alena Mihulová—, la enfermera en cuestión, y la relación de ésta con sus allegados y pacientes, convierten a Home Care en un trabajo agradable, culminado con una elipsis más que decente. Con ella, finaliza una película que no cambiará la cinematografía de la nación centroeuropea, pero sí que mereciera atravesar sus fronteras. Aún queda mucho camino por recorrer, mal que le pese al entregado respetable del Congress Hall. [60/100]

    Bridgend

    BRIDGEND

    Jeppe Rønde, Dinamarca / Another View.

    Maravilla, aturde y decepciona. Este podría ser el titular perfecto para describir Bridgend, debut en el largometraje del danés Jeppe Rønde tras una larga carrera audiovisual trufada de comerciales, cortometrajes, documentales y trabajos fotográficos. Un currículum que queda patente en cada uno de los sensacionales fotogramas de este thriller basado en un hecho real –presentado en el Festival de Róterdam y triunfador en Tribeca— que nos acerca a un condado galés homónimo donde se suceden extraños suicidios —hasta 39 muertes— de adolescentes desde 2007. ¿Las causas? Aún por determinar. Como pueden apreciar, el punto de vista no puede ser más prometedor. Y más atendiendo a una fotografía –que moldea increíbles secuencias acuáticas o boscosas— de colores azulados que introduce al espectador inmediatamente en la trama. Es tal el prodigio que su guion pasa a un segundo plano. Desgraciadamente, cuando éste debe tomar las riendas de este lúgubre caleidoscopio, saltan todas las costuras y llega el derrumbe. Lo hace de forma ciclópea, sin pausas. Lo estulto se apodera de esos bosques, de esas nebulosas calles y de unos personajes de gestos extremos, casi barrocos. Algo que remarca su actriz principal, Hannah Murray –mundialmente conocida por su rol de Gilly en Juego de tronos—, totalmente descompasada y a merced de sus labios. Bridgend recuerda vagamente a Obietnica de Anna Kazejak, presentada en la misma sección en 2014, producto Sundance de estética videoclipera y sentencias televisivas. El envoltorio como único regalo. Habrá que constatar en un segundo visionado si el insulto de Rønde a la inteligencia del público es tal. [55/100]

    Impresions of a drowned man

    IMPRESSIONS OF A DROWNED MAN

    Oi entyposeis enos pnigmenou, Kyros Papavassiliou, Grecia / Another View.

    «Sobre la arena se levantan las grandes obras de los hombres, y como un niño pequeño el tiempo las derriba con el pie».

    Es innegable que a la par que la economía y sociedad griega descendía a los infiernos, han surgido varios movimientos cinematográficos meritorios. Y no sólo hablamos de autores tan conocidos como Yorgos Lanthimos (Canino) o Athina Rachel Tsangari (The Capsule), también de Panos H. Koutras (Xenia), Penny Panayotopoulou (September), Michalis Konstantatos (Luton), Ektoras Lygizos (Boy eating a bird's food) o Stathis Athanasiou (Dos). Una nueva ola –de la que reniegan, por cierto— que traslada a la pantalla la descomposición del ser en múltiples dimensiones. Empero Kyros Papavassiliou se aparta rotundamente de esta tendencia para ofrecernos una insólita película biográfica cercana a la exaltación del yo que proponía el citado Athanasiou en la críptica Alpha. Impressions of a drowned man es una surrealista aproximación a la figura de Kostas Karyotakis, poeta griego que se suicidó en 1928 y dejó como legado una compleja obra compilada en Nepenthe (1921). Papavassiliou juega con nuestros sentidos arrojando un gran número de teselas que ordenar, consiguiendo un resultado subyugante y magnético. Pero una vez descifrado el dilema, llega el momento del homenaje absoluto, y ahí el interés se esfuma, el espectador es plenamente consciente de que está ante un experimento que pondrá a prueba su paciencia. Y el cine no es una prueba agonista. Una lástima que cineasta heleno rebaje sus pretensiones. El desenlace pudiera haber sido memorable. [50/100]


    Emilio Martín Luna
    © Revista EAM / Enviado especial a la 50ª edición del Festival de Karlovy Vary


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